Las Provincias
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Fecha: junio, 2015
El 'modelo Benidorm'
Víctor Soriano 30-06-2015 | 3:57 | 1

Esta semana hemos sabido que Benidorm es la ciudad española con una movilidad laboral más sostenible, liderando el ranking de las urbes en que los trabajadores se desplazan a pie a sus empleos. También se ha conocido que, por enésimo año consecutivo, la capital mundial del turismo de Sol y playa, a la que sólo Londres y París ganan en capacidad hotelera en Europa, vuelve a ser la tercera ciudad española en número de pernoctaciones, pisándole ya los talones a Madrid por la segunda plaza. Benidorm es el paradigma del éxito de una ciudad turística, nacida por y para el turismo estival, que ha sabido desestacionalizar hasta convertirse en un referente durante todo el año, a pesar de competir en el mercado europeo con algunos de los mejores destinos del planeta. Aún con todo, la ciudad valenciana de los rascacielos no se ha granjeado sino críticas, por un modelo que se ha tomado como ejemplo de  ‘pelotazo’, cuando es prototipo de urbanismo sostenible.

Y es que, sí, Benidorm puede ser kitsch, beauf… pero su urbanismo compacto, el de sus reconocidísimos rascacielos, no sólo es la causa de su brutal éxito turístico y económico, sino también es un modelo de desarrollo sostenible, de respeto al territorio, que minimiza los impactos de la urbanización –frente al modelo contrario, el del derroche de suelo, de la urbanización de baja densidad, típico también del norte de la costa Blanca, muy insostenible pero preferido por los defensores de la ideología ‘clorofila’- y reduce, hasta casi eliminar por completo, la dependencia del vehículo privado. En un territorio, además, que destaca por la importancia de sus espacios naturales, que se han preservado ajenos a la urbanización gracias a la elección de ese modelo compacto, a diferencia de lo ocurrido en otros municipios turístico-costeros (pienso en Dénia o Xàbia y el Montgó, o en Cullera y la muntanya de les Raboses)

El ‘Manhattan’ del Mediterráneo es un caso singular. Para algunos –y no lo comparto-, incluso merecedor del reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad. Fuera de nuestras fronteras, el ejemplo de un deseadísimo éxito para muchas autoridades locales de ciudades costeras en países en vías de desarrollo, que ven a Benidorm como el modelo a seguir. Mientras tanto, aquí, sigue siendo el mantra de los males del urbanismo de barra de bar o de tertulia de café. Rompo una lanza por Benidorm. Y os invito a que, la próxima vez que queráis poner un ejemplo de urbanización irresponsable, os alejéis de la costa y echéis un vistazo a los suburbios de Madrid.

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La legislatura de la bici contra el tiempo del peatón
Víctor Soriano 09-06-2015 | 10:04 | 9

Decir que Valencia no es una ciudad propicia para el paseo sería falso. Así lo atestigüa el hecho de que, en el reparto modal del Cap i Casal, una amplia mayoría de los desplazamientos sean peatonales. Pero si bien caminar por nuestra ciudad, con su consabidas cualidades para el peatón, verbigracia su clima excepcional y su orografía más que plana, es sin duda la forma más agradable, sana y, sobre todo, sostenible de moverse, las modas y los tiempos parecen no acompañar al goce del peatón.

Por si las auténticas carreras de obstáculos que suponen zonas como la del llano y puente del Real o el sufrimiento constante por la propia integridad que sobreviene al pasar un par de minutos en las aceras de cualquiera de las avenidas de la ronda de Tránsitos no fuesen suficientes, con la irrupción de ‘Valenbisi’ -con su nombre hortera donde los haya para bautizar al bike-sharing valentino- se acabó de consolidar una tendencia creciente hacia la ocupación masiva del espacio peatonal por ciclistas incívicos.

Y es que la bicicleta -sea particular o compartida- es un vehículo excepcional para desplazarse, que nadie piense lo contrario. Pero la clave de la cuestión está en que es un vehículo. Y como tal, su lugar es la calzada, no la acera ni las calles peatonales (donde los ciclistas deben apearse de la bici y empujarla). Sin embargo, los peatones tienen en Valencia una obligación adicional de un tiempo a esta parte, incluso en las aceras estrechas o en las calles tranquilas: tener la precaución de no ser atropellados (también) por una bicicleta.

Se anuncia la inminencia de “legislatura de la bici”, con un próximo alcalde que la lleva a todas partes y que prometió en campaña crear una «Agencia Municipal de la Bicicleta» -que suena a organismo absurdo en el que malgastar el dinero público, pues la política de movilidad no se puede hacer ni promoviendo un solo modo de transporte ni gestionando cada uno por un lado, sino que sólo puede tener éxito si se aborda de forma integral-. Tengo miedo a que el clorofilismo bourgeois-bohème de una clase política que se sube a la moda de la bici acabe por condenar a la tendencia del urbanismo contemporáneo de primar el uso ciudadano sobre los desplazamientos, y los peatones sobre todo tipo de vehículos, y de entre estos, el transporte público sobre los vehículos privados (coche, moto y también bicicleta). ¿Acaso no toca ya inaugurar la legislatura del peatón?

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Sobre el autor Víctor Soriano
Víctor Soriano i Piqueras es Abogado en una de las principales firmas españolas, urbanista y doctorando en Derecho Administrativo en la Universitat de València. Tras graduarse en Derecho y en Geografía y Medio Ambiente realizó un máster en Derecho Ambiental en la Universidad 'Tor Vergata' de Roma, además de otros estudios de postgrado, y ha publicado el libro "La huerta de Valencia: un paisaje menguante".