Las Provincias
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Fecha: septiembre, 2015
Borracho de carril bus
Víctor Soriano 23-09-2015 | 12:41 | 2

Cien días del Cap i Casal en manos del nuevo gobierno, en el que no pocos habían puesto grandes expectativas, y empezamos a ver los resultados. Valencia es pionera, por ejemplo, en descubrir que el aparcamiento en el carril bus “fomenta el consumo de alcohol”. Suena a chiste, puede que lo sea -nos lo debería aclarar el Sr. Grezzi, que pese a sus maneras de cómico es teniente de alcalde de esta ciudad-, pero no se me ocurre un mejor ejemplo de la improvisación con la que la Corporación municipal está abordando las políticas más relevantes de entre las que son competencia de una administración local: el urbanismo y la movilidad. Comparto muchas de las ideas que, en materia de movilidad, puedan tener los partidos del gobierno –y de la oposición, pues es una materia que, en debates sosegados y alejados de todo sectarismo, genera grandes consensos-. Lo saben los lectores de este blog, pero no puedo compartir las formas.

El nuevo equipo de gobierno, no es que sólo se haya lanzado a la piscina de la improvisación en tantos temas importantes (desde el Cabanyal hasta el reparto modal), sino que además ha dejado improvisar a personas de dudosa competencia en la materia: el mencionado señor Grezzi, concejal de movilidad, sin formación conocida en movilidad –aunque se presente como experto-, y el señor Sarrià, concejal de urbanismo, pero que no exhibe más que el bachillerato en su currículo.  No quiero hacer un alegato partidista, porque el problema no es de los partidos que forman el gobierno municipal. Ellos mismos, en la Generalitat, han elegido a personas de indudable capacidad profesional como Josep Vicent Boira, el número dos de la conselleria con competencia en urbanismo e infraestructuras, o Elena Cebrián, que carga la cartera de Medio Ambiente.

Claro, de esos polvos vienen estos lodos. Que aparcar en el carril bus emborrache es sólo la última, que no la única, de las propuestas un tanto marcianas que han venido y que vendrán, sin estudios previos, sin consenso y contra el criterio de los técnicos municipales –muchos pusieron el grito en el cielo ante la ocurrencia del edil-, que parecen más ideas pancartistas que proyectos de gobierno. Algo que tampoco tendría relevancia si, casualmente, el concejal acertara, pero no lo hace –lo que el alcalde ya se ha encargado de confirmar, desmintiéndole-.

¿Tan urgente, tan preocupante, tan nefasto es el aparcamiento en el carril bus? No, no lo es. Y no es que yo defienda el aparcamiento en el espacio público, más bien al contrario, a diferencia de muchos que han aplaudido la propuesta. Pero la clave para la movilidad sostenible no es borrar los coches de la ciudad, ni el absurdo empeño en la bicicleta –que, por cierto, como tantas veces he dicho, también es un vehículo privado que no puede estar en la pirámide de la movilidad por encima del peatón y del transporte público, por mucho que les pese en el ayuntamiento-, sino adecuar los modos a las necesidades reales, de forma que no se generen ineficiencias –ambientales, económicas- en el sistema, utilizando el medio más adecuado para cada situación.

En Valencia, el problema del tráfico nocturno de coches es casi anecdótico y, además, no hay una alternativa real de movilidad por la noche –no hay transporte público, mucho menos al área metropolitana y puede que más allá del ‘car-sharing’ (un Valenbisi con coches eléctricos) y líneas de autobús ‘a la demanda’, no sea viable implantarlo-. El aparcamiento en los carriles bus, totalmente vacíos por la noche ante la únicamente simbólica presencia de autobuses nocturnos, se convierten, por tanto, en  la única alternativa que, a día de hoy, existe para la mayoría de los vecinos del área metropolitana y muchos en la ciudad, para desplazarse hasta sus puestos de trabajo (parece que nadie se acuerde, pero sí, hay gente que trabaja de noche) o hasta las zonas de ocio. Incluso el socialista Marino, compatriota de nuestro concejal, en Roma, ha tenido que acceder al acceso nocturno de coches en sus zonas de tráfico limitado, ante la evidencia de que el transporte público nocturno no satisfacía las necesidades reales.

Al contrario que la mayoría de las grandes ciudades europeas, en materia de movilidad, Valencia –que cuenta con el reparto modal más sostenible del continente, gracias a los desplazamientos peatonales, hegemónicos en la ciudad, y que parece que este gobierno quiera dejar de lado- no sufre una urgencia tal que justifique políticas improvisadas, menos todavía cuando tenemos aprobado un plan de movilidad urbana sostenible redactado por técnicos competentes. No es desde el sectarismo sino desde el consenso como se consiguen los grandes cambios. Que tomen nota en el ayuntamiento.

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Sobre el autor Víctor Soriano
Víctor Soriano i Piqueras es Abogado en una de las principales firmas españolas, urbanista y doctorando en Derecho Administrativo en la Universitat de València. Tras graduarse en Derecho y en Geografía y Medio Ambiente realizó un máster en Derecho Ambiental en la Universidad 'Tor Vergata' de Roma, además de otros estudios de postgrado, y ha publicado el libro "La huerta de Valencia: un paisaje menguante".