Algo a cambio

No sabe por qué regla de tres los superhéroes han de ser delgados. Es como si, además de sobrellevar la carga que les ha tocado en suerte- con lo que debe de pesar salvar a la Humanidad- tuvieran que pasarse el día contando calorías. Pues no es plan. De hecho, recuerda, un estudio fundamental que denunciaba que todas las heroínas del universo Marvel tenían un índice de masa corporal más que preocupante. Es decir, sus cinturas eran demasiado estrechas y ellas, insultantemente delgadas para su complexión. Vaya, que jamás habrían pasado el filtro como modelos de la extinta pasarela Cibeles –actual MFW-, a pesar de su poderío. Pero, ya ven, hay un superhéroe que desafía toda esta tiranía de la estética. Es el Spiderman gordo de la Plaza Mayor de Madrid.

 Su primer trabajo –ni de los de Hércules, oigan- encontrar un traje de su talla en el que enfundar semejante perfil. Su gracia y su poca vergüenza le han valido que se haga un hueco en el selvático mundo de la Plaza Mayor. Sobrevivir del arte en la calle no es fácil. El rotundo hombre araña lo ha hecho durante tres años. Y tan bien que muchos medios le han tentado para que se siente en un plató a desnudarse, a contar su historia. La historia de un actor que vino de Lisboa a probar suerte, que habla cinco idiomas, que ha trabajado como doblador y, que, incluso, ha llegado a interpretar algún papelito secundario en una gran serie de moda. Pero la fama requería su peaje: desvelar su identidad. Que mostrara su rostro. Si lo hacía, ahí acababa todo.

Porque nadie le conoce. Cada día deja de ser quién es para convertirse en un Peter Parker disfrazado, embutido y cómico. A pesar de las tentaciones y del frío de la calle, ha decidido preservar su identidad. Su dignidad. Ha triunfado. Parapetado en su gordura y protegido por su careta, se ha burlado de todos nosotros. Finalmente, el joven director Peris Romano ha decidido contar la historia del enmascarado en “Llámame Parker”, uno de los cortos finalistas del festival Notodofilmfest.com.

Sin duda, el secreto del éxito del superhéroe gordo radica en lo que nos hace sentir. Cuando alguien se desprende de unas monedas en la calle quiere obtener algo a cambio. Es lo mezquino de la malentendida caridad. Es el mismo precepto que explota el magnífico proyecto “Pastillas contra el dolor ajeno”, de Médicos Sin Fronteras. “Ayudo, sí, pero me llevo algo a cambio”. En un caso, algo tan simple como una píldora sugar free. En el otro, algo tan difícil de encontrar como una sonrisa amable. En los tiempos que corren. Una sonrisa regalada de alguien que se ríe de sí mismo porque se sabe artista y que -a pesar de estar pidiendo en la calle- diferencia los superhéroes de los derrotados.

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