Abrazo a las tres

@animalitosocial

Recientemente leía un titular de ésos que le hacen sonreír si no fuera porque son verdad: “La escuela que no quería abrazos ahora prohíbe a los niños subirse las mangas”. De no haberlo leído en uno de sus blogs de referencia, Cooking ideas, habría pensado que se trataba del comienzo de un relato de realismo mágico. Una escuela que no quiere abrazos. Vaya. Y, como sucedáneo, al no poder desterrar estas demostraciones de afecto ante la airada reacción de los progenitores, el director, inasequible al desaliento, decide al menos prohibir que los menores se arremanguen. Algo es algo, debió de pensar triunfal tras la pataleta. La anécdota de la australiana William Duncan State School, es real. Ya ven. Cómo una escuela privada puede imponer las normas que desee en virtud de la observancia moral y las sanas costumbres. Pobre. A ella no le dejarían poner un pie ni a cien metros del recinto. Para ella los abrazos son una manera de relacionarse, de amar, de consolar. No se le ocurre nada más bello, más beatífico, más generoso a pesar de su gratuidad. Ni le cabe en la cabeza que alguien vea improcedente o indecoroso que dos críos se abracen para celebrar un gol en el patio de un colegio. Aunque sea en las antípodas. Pero no hace falta irse tan lejos. El contacto físico no siempre es bienvenido. Le pasó aquí al lado, en un aparcamiento de Burjassot. Regresaba de un mes de  vacaciones y, a la salida del trabajo, no pudo evitar abrazar a traición al compañero con el que se cruzaba. Aquel chico, que sólo contaba con los dos besos de rigor, lanzó un “huy” tan sonoro que le hizo dudar sobre la conveniencia de derrochar tanto cariño, según con quién. Lo confiesa: siempre fue un poco invasiva y, además, reincidente. Meses antes. Tres de la tarde. Mismo aparcamiento. Distinto compañero de idéntico programa. Después de un día duro y una conversación inacabable, su amigo le espetó tristemente: “Valiente, me voy antes de que me abraces”. Y aquel gato frío y huidizo se largó. Y la dejó, allí, clavada con su abrazo inconcluso con la terrible sensación de que el problema lo tenía ella.

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
lasprovincias.es