Estos días en los que empieza la campaña para las elecciones generales del 20-N y que, casualmente, se cumplen tres años de la llegada de Obama a la Casa Blanca, acaba de merendarse un libro que le ha impactado. “En la campaña de Obama”, del periodista Jordi Pérez Colomé, es más bien un reportaje largo y ameno sobre una campaña histórica. La de las presidenciales de 2008 que llevarían al primer hombre negro a dirigir el país más importante del mundo. De acuerdo que, después, no todo salió como esperaba el Nobel de la Paz. Pero hoy no quiere hablarles de decepciones. Quiere comparar campañas, medios, y actitudes. Actitudes de políticos pero sobre todo la de ustedes, la de ella, la de los ciudadanos. La situación de desgaste económico y político, de desencanto, que llevó a Obama a la Casa Blanca no es muy diferente a la española. El impacto de la crisis tal vez no fuera tan importante allí y, aquí, Dios nos libre, no tenemos a Bush. Ni a una guerra. Pero tenemos a Zapatero. Y a su torpe gestión. Pero la actitud de los ciudadanos deja mucho que desear. No, no se refiere al movimiento 15-M, que la dejó boquiabierta y esperanzada, y al que asocia, sin remedio, a aquel anuncio de Pirelli: “La potencia sin control no sirve de nada”. Porque los indignados han dejado pasar una gran oportunidad de cambiar las cosas. No quisieron constituirse en formación para poder atacar el sistema desde dentro porque torpedeaba el leitmotiv del movimiento. Qué contrasentido. Es lo que tiene ser antisistema y convocarse por whatsapp para ir a Sol. Si aquí todo ese descontento se hubiera canalizado para reaccionar, para crear, como preconizaba Héssel, se habría sacado algo en claro de toda aquella alegría participativa que tomaba calles y desbordaba plazas.
En cambio, ella que siempre se queja de la lacra de la americanización y, en esto, qué poquito se nos ha pegado del americanito medio, oigan. De su capacidad de organización, de liderazgo. De su creencia en el “self made man” y que la mentalidad del esfuerzo no está reñida con soñar. Esa actitud, que supo jalear y ordenar Obama, fue la que le llevó a la Casa Blanca.
Consiguió que cinco millones de personas realizaran millones de llamadas, recabaran datos, acogieran a voluntarios o llevaran en su coche a los más desfavorecidos a votar. Todo un ejército de voluntarios recorriendo los barrios, cuestionario en mano, preguntando a extraños a quién iban a votar. Todo un ejemplo de civismo y cultura democrática. Procuren hacer lo propio aquí, con un vecino, un cuñado, a ver qué o, mejor, cómo les contesta. Probablemente les responda que Zapatero tiene la culpa de todo. Y que el 20-N no piensa molestarse en ir a votar. Ese domingo estará demasiado ocupado en casa maldiciendo su suerte…


