Muertos de hambre


La Comunitat ha sido la autonomía en la que más ha crecido el número de personas en riesgo de pobreza y de exclusión social. Así las cosas, 1,3 millones de valencianos, que se dice pronto, vive con ese riesgo. No quiere decir con esto, no se lleven a engaño, que uno de cada cuatro valencianos esté debajo de un puente, no es eso. Pero la situación es muy grave. Si las cosas vienen mal dadas, y la situación del mercado laboral no tiene visos de mejora en 2012, muchos de quienes engrosan ese 26,3% de valencianos que viven al límite de sus posibilidades pueden ir derechos a la pobreza más cruda o lo que es peor a la invisibilidad. A la exclusión social, ese destierro del que es casi imposible regresar.

Son datos que la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, la EAPN, recabó entre 2009 y 2010. En él contemplan diversos grados de necesidad: Los que bordean el umbral de la pobreza, que no son pobres pero casi, los que padecen privación severa o vive en hogares con baja intensidad laboral, es decir, que tiene a todos sus miembros en paro. La situación en el resto de España tampoco es muy halagüeña. Cataluña y Murcia, nos siguen de cerca. Y Extremadura se corona.

El monto de la desesperación en ese período, según el informe, ascendía en toda  España a 11,7 millones. 11,7 millones de españoles que viven con ese riesgo de asomarse al abismo del hambre, de la pobreza. No quiere ni imaginarse qué cifras les deparará 2010, 2011 y 2012, este último, el más feroz de la crisis. Ella lee cómo la EAPN apremia a España para que acometa una profunda transformación de la red asistencial para proteger a los más desfavorecidos aunque apunta que las competencias están transferidas. Cuánta candidez.

Le recuerda a la bienintencionada vecina de su madre quien le confesaba el otro día más que su indignación, su decepción. Con una sinceridad infantil, abrumadora, le comentaba que a ella no le parecían mal tantos eventos: la Fórmula 1, el tenis, los barcos, los caballitos, la visita del Papa, si eso era bueno para Valencia porque pensaba que lo más básico estaba cubierto. Y ahora resultaba que no. Porque no lo está. Y no les habla del céntimo sanitario, del posible copago en la Sanidad o en la Justicia, ni siquiera de que los niños vayan a clase con mantas, ella ya asistió a clase con bufanda y abrigo cuando gobernaban otros. Les habla de algo más duro: de desesperación. La Comunitat, que ahora está en boca de todos tratando de quitarse el San Benito de la Grecia española, a pesar del oropel y el relumbrón de antaño, ha resultado estar –lo que faltaba- por encima de la media nacional en cuanto a crecimiento potencial de la pobreza. Con lo que eso afea. Y lo bonita que está Valencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enviado desde Valencia.
Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
lasprovincias.es