Las Provincias

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Regresión adolescente
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Sònia Valiente | 04-03-2012 | 11:14


¿Recuerdan cómo eran de adolescentes? Con todos esos miedos e inseguridades… Todo, cualquier nimiedad, era un mundo. El peinado, la ropa, la actitud. Una montaña rusa de emociones, una guerra hormonal en la que una se daba cuenta que no sabía nada de nada. Que las pautas aprendidas de niña ya no valían y que los padres eran marcianos.

Recientemente tuvo una regresión al país de la inseguridad. Volaba con RyanAir. No les dice más. Por supuesto no facturaron el equipaje de mano. Y de pronto todo fueron interrogantes y sudores fríos. “¿Habré impreso bien las tarjetas de embarque? ¿La maleta será del tamaño adecuado?” pensaban todos y cada uno de los integrantes de aquella cola inacabable. Ya en el avión, continuó con El mundo amarillo, del que les hablaba hace unos días. Que, entre otras cosas, habla de reconciliarse con el yo pasado. Con quien fuimos de adolescentes, de niños. Asumir las decisiones que tomamos en cada momento y que ha contribuido a ser quienes somos.

De niña siempre fue un pelín inadaptada. La típica que, en el recreo, se quedaba con las profesoras en lugar de jugar a pillar con el resto de niños. Le aburrían tanto… En cambio, los mayores hablaban de cosas importantes que no entendía pero que le abrían una ventana a un mundo mucho más interesante. Las profesoras a veces la recibían bien. Otras, no tanto. Querían desconectar, contarse sus problemas, sus  enredos de cama, sus cosas. Entonces no entendía que el recreo también era recreo para ellas. Las profesoras eran profesoras las veinticuatro horas al día.

Se recuerda un día en el patio, a los doce, discutiendo con otra niña, Carlota, sobre la heredabilidad genética de las características adquiridas. Ella defendía a ultranza que no porque contravenía la ley de la evolución de Darwin. Tuvo que intervenir la profesora de Naturales y después la de Sociales. Lo de estar en posesión de la verdad absoluta le viene de lejos.

Años después, contactó con una de esas profes por Facebook y le dijo que no recordaba el episodio. Ella sí y también a la perfección a la profesora que marcó aquella etapa vital llevándole recortes de la revista Muy Interesante para alimentar su curiosidad. Voraz. Como quien alimenta esperanzada gusanos de seda. Otro efecto insospechado del amor. A la profesión.

De adolescente fue peor. Aún. Ser matriculín y buena niña nunca fue fácil. No fumaba, no bebía. No llegaba a ser una nerd porque su madre la llevaba como un pincel pero la adolescencia es devastadora. De aquella época recuerda la parálisis. El miedo. El terror al ridículo, a fallar, a meter la pata. Y eso es algo que aún nos persigue en ciertos entornos. Supuestamente profesionales, adultos. Reírse de una misma, equivocarse por asumir nuevos retos es la única manera de que la niña del Muy interesante crezca y utilice sus miedos.  

Enviado desde Valencia.