Este artículo tiene miga. Primero porque el germen del cual se lo envió un amigo por correo y el asunto del mail era un críptico: “Te pillé”. Y segundo, porque cuando lo imprimió en la redacción, una compañera fue directamente a ella con la noticia en la mano y una sonrisa en la cara y le espetó: “Nena, este estudio sobre el orgasmo femenino en el gimnasio debe de ser tuyo, ¿no? Estoy deseando leer tu columna del viernes”. Y se quedó muerta. Vaya fama. Y como no sabe decir que no, por no decepcionar al personal, aquí la tienen hablando sobre tener orgasmos inducidos en el gimnasio. Porque a ella nunca le ha pasado. Lo de tener orgasmos. En el gimnasio, dice. Fuera sí, muy pocos.
Pero a lo que se refiere, es a tenerlos haciendo ejercicio y no con la alcachofa de la ducha ni con el consabido chulazo del gym en la cena de Navidad. Un concepto novedoso que va más allá de hacer abdominales o de hacerlas sudar. Es decir, sentir orgasmos en la sala del gimnasio sin mediar sexo de por medio. Le crean o no, hay mujeres que gozan con el ejercicio físico. Eso sí que es pasarlo bien en el gimnasio. Y no lo que hace ella. Pedalear para más señas. Ahora se explica por qué algunas amigas van hasta los festivos. Y ella pensaba que estaban enfermas. Y la anorgásmica era ella.
Y es que según un estudio publicado por la prestigiosa revista Sexual and Relationship Therapy–y esto es real- de las 370 mujeres encuestadas, 124 habían llegado al clímax y 246 habían experimentado cierto placer real. Haciendo pesas, corriendo en cinta, o, atención, muy especialmente en la silla el capitán, una especie de potro de tortura para hacer abdominales.
A tenor por el brío, el cutis y la luz en la mirada, esta usuaria de la silla del capitán ha sido encuestada.
Lo que más le molesta, es que el 15,8% de las encuestadas había sentido un placer extremo haciendo spinning. Cosa que ella sólo ha sentido cuando le ponen buena música y sin atronar. Ella lleva 6 años haciéndolo y lo más que ha sentido es agujetas en los cuádriceps, alguna que otra rampa, y que se le haya subido un gemelo. Pues qué quieren que les diga, le parece injustísimo. Una vez más la frecuencia no tiene nada que ver con la calidad. Deberá de conformarse con las endorfinas y el relajo posterior. Pero manda narices que se tenga que consolar también en el gimnasio. Porque allí sí lo da todo.


