Los móviles son valiosos. Por la información que contienen. Ella es de las que jamás sincroniza el teléfono con el ordenador. Ni guarda los contactos. Ni actualiza el sistema operativo del iPhone. Si la vida es demasiado corta como para extraer el dispositivo USB con seguridad, para actualizar el iOS 5 ni les cuenta. Pero hay personas que cuando extravían su móvil pierden mucho más que números o un smartphone. Pierden su intimidad.
1. Por los SMS o, peor aún, por el contenido de conversaciones inacabables por whatsApp a altas horas y mayor voltaje. Terror y pavor. A más de uno le están entrando sudores fríos.
y 2. Por las fotos. De sus momentos íntimos. Porque hay que ver la querencia que tienen algunos por inmortalizar hasta el rincón más recóndito de su anatomía. O el de su pareja.
Las fotos del cuarto de baño ya son todo un género es sí mismo. Pero ¿es que esos chulazos y Scarletts de barrio no han oído hablar en su vida de los automáticos? Le flipa que fotos así –con reflejo de flash incluido – pueblen los muros de Facebook a mayor gloria de los posturitas.
Por no hablar del otro género. El de las fotos guarras. Hay quien se toma aquello de documentarlo todo a fondo muy en serio. ¿De verdad que no vale con grabarlo en la retina, dejar algo al recuerdo, a la imaginación? El hecho de dejar pruebas fehacientes del fragor de la batalla tiene tantos inconvenientes que no le ve la gracia a las ventajas. Que se lo digan a la víctima de una peculiar extorsión en Castellón. Recientemente un hombre ha sido condenado por amenazar con hacer públicas las fotitos cariñosonas del propietario de un móvil robado. Y su novia. Como decía el Sargento Esterhaus, tengan cuidado ahí fuera. Y dentro. Para evitar males mayores, utilicen Photoshop. Por favor.



