Las Provincias

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El tiempo del asombro
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Sònia Valiente | 06-05-2012 | 14:07



Hay algunos días, pocos, por eso son tan buenos que son para enmarcar. Como un buen cuadro. Aunque sea el de Munch. Le ocurrió el viernes pasado cuando fue al CEU a que los alumnos de Periodismo la entrevistaran con motivo de su tercer libro. Por la tarde, firmaba en la Fira. Todo fue maravilloso desde el comienzo, regresar al lugar donde se había formado, los abrazos con los profesores a quienes no veía desde hacía 15 años. Quiso la casualidad que Toni Segarra, el Dios de la Publicidad actual, autor de slogans épicos de la historia de la Publicidad española como “¿Te gusta conducir?” o “Donde caben dos, caben tres”, recibiera un homenaje y diera una charla en el Aula Magna.

 

Por supuesto que se quedó. Fue catártico. Una lección de vida, de humildad pero, sobre todo, de amor a la profesión. En estos tiempos en los que todo se derrumba y el mundo se acaba, de contradicción, recortes e injusticias, un atisbo de esperanza es el mejor de los regalos. Un tiempo de contradicciones cuyo máximo exponente es “El grito”. La alegoría por antonomasia de la desesperación humana ha alcanzado el precio más elevado que se haya pagado jamás por un cuadro en una subasta: 120 millones de dólares. A pesar de ser uno de los cuatro ensayos antes del grito definitivo. Ya ven. La condición humana. Saca partido y negocia con el horror. Con el vacío existencial.

Jamás se planteó qué motivó a Edvard Munch a retratar ese desasosiego inquietante, aterrador. Ella siempre pensó que se asomaba a su propio interior. Pero no. Aquellos cielos existieron en realidad. El estruendo de la erupción del Krakatoa –entre las islas de Java y Sumatra- se escuchó a miles de kilómetros. Sus cenizas llegaron a los 80 kilómetros de altura. Al menos durante los tres años posteriores a la tragedia de 1883, las crónicas describen crepúsculos sangrientos por el reflejo de la luz en las partículas en suspensión. Un efecto mariposa en toda regla. Estalla un volcán a 10.000 kilómetros de Oslo y esas cenizas son plasmadas en un cuadro que, 129 años después, pondrá cara a la crisis más atroz del siglo XXI. Una crisis que comenzó en Wall Street y que, aquí, años más tarde, impide que millones de personas tengan un motivo para levantarse. Cada mañana.

Y a pesar de todo, va Toni Segarra de *S,C,P,F… y dice que es un tiempo maravilloso. Para los retos, para conseguir cosas, para cambiar el mundo. El tiempo del orgullo, del consumo como decisión ideológica, el tiempo de los jóvenes, de la mujer, de la generosidad, de compartir, de la poesía, del largo plazo.


 
El tiempo del asombro. El tiempo de hacer. Y pone ejemplos. Pequeñas obras de arte. Que le erizan la piel. Y sale de allí como quien sale de un coaching. Feliz. Pensando en todas las grandes cosas que, como vendedora, le quedan por hacer.
 

 

Enviado desde Valencia.

  • http://unapausaparalapublicidad.wordpress.com/ Odi Montero

    Me encanta el concepto de “es el tiempo del asombro” y es una verdad como un templo. No pasan dos días sin que algo nuevo me deje con la boca abierta.

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