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Ella había oído hablar del vídeo #Kony2012 pero nunca había tenido tiempo de verlo. Ya saben cómo son estas cosas. Cuando investigar y ver vídeos de Youtube también forma del trabajo ya no es tan divertido. #Kony2012 consiste simple y llanamente en explicar un problema, darle visibilidad y proponer la solución. El vídeo, realizado por J. Russell, de la ONG Invisible Child, muestra el archiconocido drama de los niños soldado de Uganda. Pero el vídeo – que les aconseja fervientemente ver- es sólo la punta del iceberg de una iniciativa que comenzó en 2003.
Jason Russell conoció a Jacob, un niño ugandés que había conseguido escapar de Joseph Kony, el líder de la guerrilla LRA. Según Invisible Child, bajo el mandato de Kony, el LRA habría secuestrado, matado y prostituido a unos 30.000 niños desde que comenzó la guerra en Uganda en los 90. Russell, un cineasta y padre de familia norteamericano, decidió tomar cartas en el asunto y ha creado un vídeo impecablemente realizado. Épico, emotivo, que apela a la acción. Un viral en toda regla que, en tan sólo 48 horas, consiguió recaudar 5 millones de dólares y, en un mes, se ha convertido en uno de los vídeos más vistos del planeta con 100 millones de visitas. A pesar de sus 29 minutos.
Su éxito radica en partir de lo individual a lo global. En animar a reaccionar. Habla de una tragedia pero siempre impera el tecno-optimismo. Russell es muy listo. Es guapo, rubio y occidental y tiene un crío monísimo, Gavin. Todo el discurso es sencillo. Destinado prácticamente a niños. El mensaje es claro: hay un malo. Y debemos ir a por él. El objetivo complicadísimo. Dar captura al criminal Joseph Kony y llevarlo ante el Tribunal de la Haya. Lo realmente increíble del vídeo es que ha conseguido resultados. Por un lado, generando un movimiento ciudadano mundial sin precedentes cuyo objetivo era hacer famoso a Kony -que ha funcionado como un efecto dominó implicando a celebrities y a políticos en la causa- y por otro, que Obama enviara en octubre de 2011, un ejército de élite al corazón de África. 100 hombres que, una vez coordinados con el gobierno de Uganda, barrerían 4 países para detenerlo. La operación aún no ha dado sus frutos.
Mientras escribe estas líneas no puede dejar de estar preocupada. Ella, que es una persona crítica y formada, lloró con el documental, no dudó en compartirlo en la red y suscribir la petición en línea de detención. Después, reflexionó. ¿Quiénes son Invisible Child? No lo sabía. Y se sintió manipulada. El poder de Internet es inmenso. La parte positiva es que los ciudadanos pueden cambiar, efectivamente, las cosas injustas. Pero, ¿hasta qué punto es ético aunque el fin sea justo? Y lo que es peor, ¿qué pasará cuando “los malos” aprendan a utilizar las redes para financiar sus propios desmanes?



