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30 años de Blade Runner


“Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo”. Esta frase la podría firmar perfectamente José Luis Sampedro, estos días, refiriéndose a la presión de los mercados. Pero no. Está extraída de los minutos finales de Blade Runner. Se la dice un replicante a un jovencísimo Harrison Ford que piensa que está a punto de morir. Estos días de 2012, fin del mundo mediante, la película de Ridley Scott cumple la friolera de 30 años. Y está totalmente vigente. Quizá les chirríe la estética y los efectos ochenteros pero el espíritu, la rebeldía, la sed de conocimiento y de supervivencia se fraguaron en los 60. La película está basada en la novela corta de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? reeditada recientemente ahora que los replicantes, casualidades de la vida, andan de aniversario. La versión de Scott eclipsó por completo la novela del prolífico autor quien murió meses antes de la libre adaptación cinematográfica en 1982.

Ésa es la magia de la ciencia ficción. A pesar del decorado que supone la trama, los temas continúan siendo universales. El amor, la justicia… Con el correr de los años, ni la película –ni, por ende, la novela- han perdido un ápice de actualidad, de vigencia. La acción distópica transcurre en noviembre de 2019 en unos Los Ángeles futurista. Los coches vuelan, no les dice más. Y los terrícolas han iniciado su éxodo hacia otras colonias planetarias. Los que se quedan corren riesgo de mutación.  

De niña, siempre se imaginó el futuro así. No con mutantes sino con una tecnología propia de los libros de Orwell, Huxley -y del recientemente desaparecido Bradbury- que devoraba. Y a siete años de 2019 no hay atisbo de que los coches puedan volar. Pero el futuro es igual de negro, de decadente, de siniestro.

Por eso le seducen tanto las más recientes adaptaciones apocalípticas del género que, lejos de mostrar un futuro edulcorado, muestran un futuro descorazonador por lo plausible. Cintas como The road, Ensayo sobre la ceguera, o Hijos de los Hombres le siguen impactando. Porque muestran un futuro decrépito y muy muy factible donde la contaminación del planeta ha llegado a su máxima expresión y la naturaleza humana se abre camino. Como sólo ella sabe hacerlo. El éxito de la ciencia ficción en tiempos de crisis se sucede y, lo que es peor, arrasa.

La contrapartida, imposible encontrar una novela digna que no contenga, al menos, un zombi. Quizá el futuro más tóxico que el presente, si cabe, conmueva tanto como alivie. Porque, al fin y al cabo, el mensaje es el mismo: dejar de ser esclavos para ser dueños de nuestro propio destino. “No sé por qué me salvó la vida (…) quizá sólo quería las mismas respuestas que buscamos todos: ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? ¿cuánto tiempo me queda?”

Temas

amor, Blade, capital, ciecia ficción, crisis, futuro, Harrison Ford, mercados, Philip K.Dick, replicante, Ridley Scott, Runner

PREMIO AL MEJOR BLOG PERIODÍSTICO DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

Sobre el autor

junio 2012
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