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El canalillo jamás ha estado tan bien definido. Y no se refiere a aquellas afortunadas que, al contrario que ella, no tienen por qué recurrir a trucos imposibles como juntar mucho los brazos para lograr algo de voluptuosidad en las fotos, al fin. No. Y es que ahora, la vigésimotercera edición del Diccionario de la Real Academia Española, ahí es nada, acepta este vocablo que los hombres no se quitan de la boca. Ni de adultos. En el aviso de avance de la mencionada edición que se puede consultar on line, ella lee con una divertida sonrisa en la comisura de los labios. De la boca: “Canalillo (Del dim. De canal). 1.m. coloq. Comienzo de la concavidad que separa los pechos de la mujer tal como se muestra desde el escote”. También la RAE ha definido y aceptado culamen pero su corrector de Word parece no haberse enterado y enrojece enloquecido mientras escribe estas letras como queriéndole sacar de su error gramatical. Aunque bien mirado quizá sea el calor.
La RAE ha efectuado 1.697 cambios que se recogerán en la próxima edición del diccionario pero han sido las palabras canalillo y culamen las que han encendido la red. Aún no entiende muy bien por qué. Incluso Twitter, la red cerebral y seria que, según muchos hace prender revoluciones, gasta chanzas sobre tal patrimonio lingüístico y cárnico –a veces, son todo uno- cual quinceañeros en celo.
Un twittero empedernido como es Pérez Reverte defendía la institución a la cual pertenece, a capa y espada. El académico que, tanto juego da on line y off line comentaba: “@perezreverte: Admirable la red: Además de expertos en economía y en política, también está llena de filólogos. Todos tienen alguna pega que ponerle al asunto”. Refiriéndose a que si acepta una palabra porque la acepta y si no, por todo lo contario. Cierto. Aunque la verdad sea dicha de paso, la velocidad no es una de las bondades de la RAE. En esta nueva propuesta de la 23ª edición se han aceptado palabras como chatear, sms –así, en minúscula, justo ahora que todo el mundo tiene whatsapp) y minicadena. En fin. Nada que añadir. Quizá para cuando se acepte skype habremos vuelto a hablar con señales de humo.
Pero la rotundidad de un buen culamen y la profundidad de un generoso canalillo son indiscutibles y merecían hacerse un hueco también en las bibliotecas, que es donde se acumula el polvo. Bondades lingüísticas aparte, y aún a riesgo de decepcionar a algún que otro grupi, les dirá que ambos son inversamente proporcionales. Así como Kathleen Turner decía que a cierta edad había que elegir entre el culo o la cara y la actriz había elegido la cara, entre estos dos atributos sexuales, se ha de elegir necesariamente entre las tetas o las posaderas. A menos que una sea la neumática Joan de Mad men y no es el caso. Adivinen cuál es su fuerte. Maldito spinning…




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