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Sònia Valiente

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Donde habita el olvido


¿Se han dado cuenta que, por algún motivo insondable, cuesta más cerrar la maleta a la vuelta de vacaciones que a la ida? Quizá, como todo en la vida, al hacer la maleta –quien tenga la fortuna de salir de vacaciones este año- se hace con más ganas, ilusión y expectativas. Y, a la vuelta, con todo lo vivido, una se hace la maleta a última hora, con la presión del check out y mete la ropa hecha un ovillo y a presión. Sentándose sobre el pobre equipaje. Que no tiene la culpa de nada y en cuyo interior se entremezclan zapatos, ropa limpia y sucia a partes iguales, y todo lo que venga bien. Su máxima: cuando vuelve a casa, como quien se exorciza, todo a la lavadora. Sin mirar pelo. Y a la marcha. Pero en esa huida hacia delante del regreso estival siempre con prisas por haber apurado una hora más entre las sábanas siempre se olvida algo. Siempre. A veces eso olvido es voluntario por una simple cuestión de espacio. Otras, involuntario. Mucho. Como un cargador de móvil. Auch.

De eso saben mucho en el Gran hotel Conde Duque de Madrid donde han decido hacer una biblioteca con todos los libros que los huéspedes se olvidaban en las habitaciones. La Olvidoteca, le llaman. Tacita a tacita ya superan los 500 ejemplares en 10 idiomas diferentes. Al principio, los libros se los repartían entre los trabajadores, ahora, han decidido que los libros han de tener más oportunidades, más vidas. Los encuentran entre las sábanas, en los cajones de las mesitas de noche, debajo de la cama. Del resto de objetos lúbricos olvidados no dicen nada. Quizá en breve estudien hacer una ludoteca. Para adultos.

Espera sinceramente que su primer propietario los haya acabado. Los libros, dice. Y que el olvido intencionado sea una mezcla de generosidad y de falta de espacio. No hay nada peor que una historia suspendida en el tiempo. También en la ficción. Aún recuerda cuando alguien le tomó prestado su Farenheit de Bradbury en su cajonera del CEU cuando sólo le quedaban unas páginas. Y lo que le costó tener que rascarse el bolsillo de estudiante –siempre al borde del rescate paterno- para reemplazar la novela de cuyo final le había privado un ladrón de libros. Cuando los ladrones robaban material escolar y eso que el IVA sólo estaba al 4%. Qué ternura. No soporta no controlar, no saber cómo acaban las cosas.

Recuerda cada viaje, aparejado a un libro. Siempre gordo, best seller, de los que sólo se pueden leer en vacaciones: en México, El viaje a la Felicidad; en Ámsterdam, La elegancia del erizo; en París, Maldito karma; en Oporto, El mundo amarillo; a Berlín deberá llevarse dos. Probablemente, empiece Pastoral Americana en cuanto acabe de releer en pleno vuelo la novela corta que inspiró Blade runner. Espera no olvidar ninguno en el hotel. Porque los libros le ayudan a no pensar en lo importante: rescates, primas de riesgo, EREs, porque han sido su refugio en los malos momentos. Y porque son un bálsamo. Tanto que en cuatro prisiones federales de Brasil han propuesto que los presos puedan redimir las penas leyendo. Cuatro días por libro leído con un máximo de una docena al año. La máxima ‘ser esclavo de tus palabras’ cobra una nueva dimensión con iniciativas como ésta que instan a no olvidar la lectura…

Temas

amor, hotel, libertad, libro, literatura, madrid, olvido, olvidoteca, placer, viaje

PREMIO AL MEJOR BLOG PERIODÍSTICO DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

Sobre el autor

julio 2012
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