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“Si esta almohada fueras tú qué no te haría”. Probablemente ya hayan escuchado estas palabras o incluso visto el video que incendia la red. Y con razón. Apenas un minuto de metraje protagonizado por una mujer con un amor tan inabarcable como sus pechos, en paños menores, consumida por el deseo. La mujer no es otra que Karina Bolaños, hasta esta misma semana, Viceministra de Juventud de Costa Rica. La pasión le ha costado el cargo. O más bien, la traición. Se enteró, atónita, de la mano de los compañeros de siempre. Al menos, una noticia jocosa a la vuelta de vacaciones. Pero miren ustedes por dónde sintió pena y también perplejidad. Las chicas suelen ser más listas que todo eso. Normalmente, siempre se les pilla a ellos. Pero sobre todo, les decía, sintió pena. Pena por aquella mujer tan rotunda como frágil. Manipulada. Traicionada.
Porque existe una lealtad entre los delincuentes. Una ley no escrita cuando se hace el mal, fuera de casa. Se trata de un juego sencillo: Prohibido pedir. Prohibido hablar. Prohibido enamorarse. Al principio, es apasionante, divertido. Todos creen que saben jugar. Pero, después, siempre se acaban haciendo tontunas. Guardando un SMS como recuerdo, llamando a la legítima, grabando un vídeo “aunque yo no hago estas cosas”. Después, ese vídeo tórrido acaba en YouTube y adiós carrera. Adiós vida. Es la traición definitiva. Justicia divina, si prefieren. Bolaños traiciona a su pareja y su amante la traiciona a ella cerrando el círculo. Vicioso. Con el marido diputado desaparecido de la escena política, la esposa sale al paso. Que si se trata de un vídeo antiguo, de 2007, de cuando estaban separados, que si alguien hackeó su ordenador…
Llámenla romántica pero a ella le gusta pensar que quizá uno de los amantes quebrantó alguna de las tres normas. O incluso todas: Prohibido enamorarse. Prohibido pedir. Prohibido contar. Y ya conocen cómo acaba el desastre. Un animal herido es tan impredecible como inconsolable.


