Las Provincias
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Autor: animal-social
Cuando el futuro nos alcance
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Sònia Valiente | 23-10-2015 | 5:49| 0

El mundo se divide entre los que saben que esta semana llegaba Marty McFly y los que nos saben ni quién es. Hace 25 años se estrenaba la segunda parte de regreso al futuro. El personaje que encarnaba Micheal J.Fox huía a bordo del Delorean y ponía una fecha lejanísima en el tiempo: el 21 de octubre de 2015. Wow.

El futuro ya está aquí

Lo que desconocíamos era que España está un paso más allá del futuro, un día concretamente, porque por los husos horarios, el Delorean llegaría a España ayer. Qué lío, Maruja. No sabe que tiene el futuro que enamora al mismo tiempo que desconcierta, nos hace soñar. Ella recuerda el mítico anuncio de Telefónica de 1985 en el que decía “Faltan 15 años” para el año 2.000. Se recuerda así misma pegada a la tele, pensando que para entonces tendría 25 años, sería una adulta responsable que acudiría al trabajo en coche en volador. Y ya ven. Ni una cosa ni la otra. Secretamente continúa teniendo 10 años.

A pesar que las cazadoras no se secan solas y que los monopatines no se autopropulsan, Robert Zemmekis acertó en tantas cosas: en los wereables, las pantallas planas, el 3D, el reconocimiento dactilar, los drones y las teleconferencias vía Skype. El futuro ya está aquí. La trilogía marcó una época.

Es una referencia para varias generaciones porque aúna unos ingredientes infalibles: amor, incertidumbre y aventura. En la primera parte, McFly debe reescribir el pasado para que sus padres se reenamoren para poder nacer en un futuro. Una especie de “Elige tu propia aventura” exponencial. ¿Acaso la vida no lo es?

Las elecciones que tomamos cada día construyen una sola realidad entre todas las posibilidades paralelas. Recientemente la checa Dita Pepe realizó una serie de autorretratos fotográficos que mostraba diferentes vidas con diferentes parejas. Ella, como ustedes, tampoco quiere pensarlo.

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Por exigencias del guión
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Sònia Valiente | 16-10-2015 | 5:59| 0

Es complicado explicarle a alguien de fuera qué fue o qué supuso el destape de los 70. Esa época que, por las consabidas exigencias del guion, las tetas de las estrellas del cine patrio inundaban la pantalla. A veces, cuando explica en clase la Transición, introduce como consecuencia fugaz el destape y más adelante, la Movida.

Suele abordarlo como un efecto cultural, social. Como un estallido –quizá malentendido- de libertad. La aparición de bustos fue progresiva. Comenzó en 1973 con el tímido plano general de Bárbara Rey, después Ana Belén frente al espejo. El escándalo mayúsculo lo supuso el desnudo integral de la Cantudo en “La transtienda”.

Nadiuska y López Vázquez en "Lo verde empieza en los Pirineos"

A decir verdad esa erotización del cine no era más de la traslación de lo que sucedía en la calle, en una España a la que el cuerpo le pedía marcha, en vías de una imparable revolución sexual. Hace ya cuarenta años de aquel verano del destape. En los últimos estertores del Franquismo, se exhibían este tipo de cintas light. Ya en cines.

¿Qué tuvieron de rebeldía, de libertad, o de máquina de hacer dinero esta industria de películas malas de solemnidad? Pues no sabe qué responderles porque en aquella cacareada libertad de poder hacer y elegir lo que consumimos –recordemos que los españolitos aún viajaban a Perpiñán para ver las 50 sombras de Grey de turno, – las mujeres siempre perdieron. Los pivonazos esculturales del momento frente a Pajares y Esteso. Que no mostraron ni un ápice de piel de más. Ni ganas.

40 años después, la democratización del cuerpo en las pantallas entre los sexos, se traduce a un ejército de chulazos sin camiseta en las series españolas y algún culo prieto en las escenas de lecho. Escenas tan accesorias y vacías como entonces pero que han perdido la alegría por la monotonía de los ojos que las miran.

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La muerte se contagia
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Sònia Valiente | 11-10-2015 | 5:50| 0

Bizkaia, Murcia y Vigo. Son las tres localidades en las que tres mujeres han perdido la vida, supuestamente, a manos de sus parejas o ex parejas en menos de 72 horas. Pero no han perdido la vida, así, por casualidad. Todo apunta a que han sido asesinadas: a golpes, a puñaladas.

Con ellas, esta danza macabra del cómputo de víctimas fatales de la violencia doméstica asciende a 33 mujeres que eran amigas, madres, hijas, novias, profesionales. Y ya no.

Este tipo de violencia no cesa. Año tras año. No funcionan las campañas de concienciación, las mujeres no denuncian por lo que las órdenes de protección no aumentan. Por no hablar, de los recortes a la atención de las supervivientes. Y esta gota malaya del horror ha calado tanto que ha hecho que la abominación, que el hecho execrable y raro de matar a quien se ama, sea visto como un contenido normal, carne de informativo. Un tema del que la presentadora informa con gesto adusto y voz grave.

Frame de "Amores que duelen". Foto: Telecinco.

El otro día conduciendo escuchaba a Francino. En su Ventana hizo algo contraproducente. Alarmado por las informaciones de perfil bajo que habían ocupado los asesinatos se dedicó a hacer conexiones desde los vértices del triángulo mortal para saber más de las muertas. Pero ahí no queda todo. Telecinco ha estrenado la segunda edición de “Amores que duelen”. Un programa en el que las supervivientes cuentan su calvario. El dolor hecho espectáculo.

Desconoce cuál es la solución a este feminicidio progresivo pero cree sinceramente que los periodistas tienen –tenemos- una responsabilidad al respecto. Y este tipo de conductas sociopáticas y narcisistas se contagian. Como los suicidios. En lugar de airearlos, todos deberíamos esforzarnos en tratar de revertir el machismo generacional y cultural que subyace en esos comportamientos. Desde los colegios.

 

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Esos besos que nos dimos
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Sònia Valiente | 02-10-2015 | 5:40| 0

Al final era todo mentira. Alba y Álex no existen. Al menos no esos Alba y Álex, ella la de los ojos bonitos, él de Badalona. No se dieron aquellos besos en las fiestas de la Mercè. Ni comenzó una bella historia de amor, de ésas, de las grandes, de las que siempre suceden a contrapelo, cuando no se está preparado, por casualidad. Ella no le dio el teléfono, él no perdió el móvil, ni la buscó en Facebook sin éxito. Ni empapeló Barcelona con ese cartel sencillo, una declaración de amor tan naïf, tan sincera, tan auténtica, que no podría ser verdad.

Les pone en antecedentes, alguien caminaba por la calle y se encontró con un cartel en Barcelona que narraba la desesperación de Álex que no podía localizar a Alba. Ante tal belleza, imposible no querer ayudar. Ese viandante solidario –quiere pensar que una mujer- subió la foto a las redes. De ahí, la viralidad.

#AlbayÁlex

Como buena periodista, dudó de la historia desde el principio. Añadió al tal Álex a su WhatsApp y la foto de perfil y su estado “Serendipia” pronto le hicieron sospechar. Pero compartió la foto en sus redes igualmente. Sus amigas también dudaban pero y ¿si aún quedaba un resquicio de posibilidad de que alguien viviera la historia de amor que todas quisimos vivir? Porque el amor siempre merece la pena.

Finalmente, a la semana. El misterio se desveló. Detrás de los carteles, un chico anónimo desarmaba cualquier esperanza. Reivindicaba la autoría de la carta como una acción poética. Confesaba estar sorprendido por la reacción conseguida por tan sólo 100 fotocopias repartidas aleatoriamente por Barcelona.

En un mundo de prisas e indiferencia, el deseo masivo, hambriento y urgente de que Alba y Álex se reencontraran le reconcilia con el mundo.

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Cámbiame
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Sònia Valiente | 25-09-2015 | 5:36| 0

Por fin ha visto “cámbiame”, de Telecinco. Maravillas del zapping. El programa ha recibido un sinfín de críticas en redes sociales por ser una mala copia de Style by jury, “Tu estilo a juicio.

El espacio –una mezcla entre un reality y un makeover- no parece ni gustarle a la propia Marta Turné que tiene todo el tiempo la sensación de estar disfrazada. Y se le nota. Si ya tiene presión una mujer en la treintena imagínense una presentadora. De televisión. De un programa de cambio de estilo. Pues eso.

Lo que más le desconcierta es el jurado. Dos de los tres, directos de Instagram. El polémico Pelayo Díaz, conocido por su Master Class para convertirse en un Digital Influencer a 1.500 euros por persona –a la que no acudió nadie- o la it girl Natalia Ferviú. La tercera en discordia, Cristina Rodíguez, estilista de súper modelo. Los looks de los tres son para enmarcar.

Foto: Alba Messa by Davit Ruiz

Ser estilista no significa ir vestida de mamarracha. Las tendencias son un intangible y en muchos epicentros de la moda todo el mundo se comporta como en El Traje del Emperador. Como muestra: la hazaña de Alba Messa quien se compró una peluca y un antifaz en los chinos y se plantó en la Mercedes Benz Fashion Week, con un tatoo en la cara y unas rodilleras. El outfit que todas quisimos llevar. Con 7 años.

Ser estilista es otra cosa. Significa ser profesional, estar formada, leída y viajada. Y sobre todo, sensatez porque se es responsable de la carta de presentación de una persona. Que quizá no se quiera, se sepa fea a los ojos de quienes no la comprenden o esté recuperando su autoestima después de haber vencido una batalla.

La imagen no lo es todo. Pero desde luego no es tan sólo maquillaje, cambios públicos y frivolidad. Es un proceso en el que una se ha de enamorar de sí misma para atreverse a cambiar.

 

 

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