Las Provincias

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Autor: soniavalientealber_564
Postverdad: la mentira pija
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soniavaliente_ | 21-04-2017 | 4:36| 0

Postverdad. Si no lo han oído, van a escuchar este palabro por castigo. No en vano, ha sido elegida palabra del año 2016 por el Oxford Diccionaries. Supone que Trump ha tenido mucho que ver. Según los expertos, el uso de “postverdad” aumentó un 2.000% respecto el año anterior. Como si eso quisiera decir algo. En 2014 aceptaron la palabra vapear. ¿Alguien se acuerda del cigarrillo electrónico? Pues eso.

Sea como sea, la definición de postverdad se refiere a que, en ciertas circunstancias, los hechos son menos influyentes que las emociones o las creencias personales sobre la opinión pública. O sea, lo que viene siendo la propaganda política de toda la vida. En esta era en el que la mayor televisión del mundo no es una televisión, el mayor canal de intercambio de información no es un medio de comunicación y la mayor tienda de libros no es una librería, los hechos, la verdad, importan más bien poquito.

Supone que habrán escuchado hablar sobre la influencia de Facebook en el triunfo de las elecciones del excéntrico presidente americano. No es que la plataforma mintiera deliberadamente sino que, según las preferencias y segmentaciones de cada usuario, la red social le mostraba lo que creía que quería ver. Y así fue cómo los Demócratas no se movilizaron pensando que ganarían los Demócratas y los fans de Trump se sintieron legitimados. No hay nada peor que un tonto motivado.

Eso, por no hablar de los bulos en la era de la postverdad. Facebook ya ha expresado su intención de atajarlos. Pero no lo hará. Su negocio no es la verdad. El negocio de Facebook y, por ende, el de la sociedad de consumo, es la popularidad.

Pero no hace falta ser presidente para construir una postverdad dramática. Basta con subir miles de fotos pluscuamperfectas a Instagram y por las noches leer a Walter Risso.

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Maldito karma
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soniavaliente_ | 20-04-2017 | 6:42| 0

Leía el otro día sobre el derecho a desaparecer de las redes sociales una vez que una familiar ha desaparecido. Incluso, hay empresas que se dedican al borrado de informaciones comprometidas, de famosos, de empresas… El derecho al olvido digital. Pero… ¿qué hay del otro olvido? Del olvido de los ex. De esos que conocieron en otra existencia, en otra vida…

Que levante la mano quien no haya cotorreado en plan stalker sus comentarios, sus fotos… En definitiva, asomarse impunemente a la ventana de su vida. Por supuesto, hay ex y ex. Esos que una conoció en los 90 y que están en su Facebook como cédulas durmientes, anodinos y familiares, con sus esposas sonrientes mientras ellos pierden pelo y ganan hijos. Después, están los otros. Los interesantes, imposibles, innombrables.

Por último, los recientes. Según le cuentan, hay varios pasos en esto de la superación del dolor en los tiempos del WhatsApp. Ruptura, cabreo, actuar con naturalidad y subir muchas fotos demostrando lo feliz que es una. Post con huevos de pascua –dardos secretos que tan solo esa persona sabe descifrar- cero interacción, o por el contrario, me gustas inquietantes y bloqueo definitivo. Y una piensa que para qué tanto esfuerzo. Para qué escribir esas largas parrafadas dedicadas a una persona que a la que usted no le importa. Sencillamente, porque le ha dejado. Después, viene la época bloqueo-desbloqueo en loop.

Como podrán aventurar, recientemente ha tenido una interesante cena de chicas. Todas ellas, mujeres maravillosas, profesionales y con un pasado que les convierte en quienes son. Tras la segunda copa, todas se reconocieron como espías sin rubor en un algún momento. Así que, como la vida tiene estas cosas, convinieron en que hay que soportar estoicamente la monitorización de quien más duela. Karma, se llama.

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Impostoras
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soniavaliente_ | 31-03-2017 | 4:47| 0

Leía recientemente un artículo sobre cómo determinadas mujeres de éxito, auténticos fenómenos mediáticos, padecían el denominado Síndrome del Impostor. Es decir, que a veces sentían no merecer el éxito que habían conseguido con su talento y esfuerzo. Si bien es cierto que no se imagina a Cristiano Ronaldo afirmando lo mismo, no está de acuerdo en que esto sea algo privativo de la mujer. No es una cuestión de género sino de responsabilidad.

Las personas que padecen el Síndrome del Impostor o Síndrome del Fraude -el fenómeno psicológico según el cual los sujetos atribuyen su éxito al azar o a las casualidades- temen ser descubiertas de un momento a otro. No tiene nada que ver con la preparación. Es una cuestión de actitud y de reconocimiento. Suele darse en entornos altamente competitivos y el profesional que lo sufre suele ser una persona comprometida con la organización, que inconscientemente, trabaja más y más duro para obtener reconocimiento de su valía. Propio y ajeno.

Según los expertos, también se da, por ejemplo, en familias monoparentales o del mismo sexo que se esfuerzan en educar a los hijos mejor que las familias de corte tradicional. La presión social percibida les hace reforzar su elección de modelo familiar. Pero, sea como sea, estos síndromes surgidos a finales de los 70 hay que cogerlos con pinzas, a pesar de su vigencia.

¿Quién no se ha sentido un impostor alguna vez? ¿En la facultad, los primeros meses en un nuevo trabajo, en una relación inesperadamente maravillosa? Muchas veces, una se queda trabajando hasta tarde no porque tema ser descubierta en su inoperancia sino porque la carga de trabajo es abrumadora. La crisis permitió la destrucción de numerosos puestos de trabajo y un importante retroceso en los derechos laborales que, ahora que está pasando el chaparrón, no se han restablecido.

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Cambios espaciales
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soniavaliente_ | 24-03-2017 | 5:39| 0

Siempre ha habido mucha literatura sobre los cambios que experimentan los astronautas –esos elegidos- cuando regresan de sus viajes. No ya a nivel espiritual y cognitivo, sino meramente físico. Los exploradores del espacio –la conquista de la frontera definitiva- no solo han de ser unos genios matemáticos, técnicos y plurilingües sino que han de tener una fortaleza mental impresionante por no hablar de su condición física.

Siempre se ha dicho que los astronautas se juegan el pellejo ahí fuera, casi de un modo literal. Que si pierden volumen muscular, densidad ósea… Lo que desconocía era el motivo. Pues bien, la microgravedad espacial hace que la columna vertebral se estire mínimamente y, por regla general, crezcan momentáneamente unos centímetros. A cambio, los músculos se atrofian y se encogen ante la ausencia de gravedad. No hay peso ergo los músculos no pueden trabajar como en la Tierra.

Es por ello, que cuando Scott Kelly regresó tras una expedición de 340 días los investigadores no podían comprender por qué le dolían tanto las articulaciones. Y es que Kelly, de 52 años, se había sometido a un ejercicio físico extenuante para combatir la atrofia.

Por suerte, Scott tiene un hermano gemelo, Mark, también astronauta que se quedó en Tierra solo para participar en el denominado “Twin Study”. Un estudio para determinar cómo cambiamos después de un año en el espacio.

Lo novedoso es que ahora se dispone de un sujeto con un ADN muy similar con quien comparar sus cambios. Uno de los que más sorprendió a los investigadores es que Scott regresó con los telómeros –los extremos de los cromosomas- más largos. Curiosamente, estos suelen acortarse con la edad. Una investigación interesantísima que arrojará luz sobre si los valientes dispuestos a morir en Marte están preparados biológicamente, si quiera, para vivir allí.

 

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Forever young
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soniavaliente_ | 17-03-2017 | 5:41| 0

¿Cuándo fue la última vez que leyeron un libro? Un libro entero, quiere decir, de ficción, ensayo, poesía… Lo imaginaba. Ella se obliga a leer en el metro el trayecto al trabajo y lleva paseando a su triángulo amoroso durante meses pero piensa que esta semana acaba con ellos, con su tragedia y su dolor. Es tan triste que es así. Se obliga a leer. Con la irrupción de las plataformas tipo Netflix se está embruteciendo. Tanto, que su índice de lectura ha descendido preocupantemente en los últimos años. Pero es algo más: es un síntoma. Social.

Por defecto, lee la prensa a diario y sigue la actualidad por diversos canales de información. La mayoría, por las redes sociales. Resulta increíble que los medios promocionen sus noticias en Facebook. Sencillamente porque los jóvenes no leen. Lo ve en sus alumnos. No tocan un libro ni con un palo. Y eso pasa factura. En el habla, en la expresión pero sobre todo en la amplitud del pensamiento. Son el fiel reflejo del mínimo esfuerzo. De lo que se denomina la progresiva infantilización de Occidente.

Algo que, por desgracia, va más allá de la cirugía estética, de la crisis de mediana edad, o de que, pronto, envejecer esté penado por la ley. Según Marcel Danesi, profesor de antropología y autor de Forever Young, una sociedad inmadura se caracteriza por unos ciudadanos dóciles, donde impera la inmediatez, los contenidos banales y la pornografía de la imagen –entendida ésta por memes, cotilleos, y vídeos virales de carente valor informativo- que satisfacen nuestra curiosidad y alimentan la pulsión de instantaneidad. La progresiva analfabetización funcional genera masas anestesiadas que exigen más a la vida sin entender el entorno que les rodea y que acogen encantados los dogmas y, como resultado, la sociedad se polariza. Aún están a tiempo. Corran a la biblioteca más cercana.

 

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