Las Provincias

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Autor: soniavalientealber_564
The positive advantage
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soniavaliente_ | 17-02-2017 | 5:43| 0

Hay personas que lo tienen todo. No se refiere a dinero o posición. Sino que tienen los cuatro poderes: El poder erótico, el cultural, el económico y el social.  El poder erótico no está relacionado con el sexo, al menos directamente. Quienes lo poseen son personas con las que, una no sabe muy bien por qué, le apetece estar.

Son personas que parecen fluir, abiertas, naturales pero con un punto de sofisticación, personas en las que una confiaría sus ahorros. Que tienen charm o, como aquí diríamos, que tienen luz. Y que siempre tienen una amplia sonrisa en su cara. Por ejemplo, Donald Trump. Les toma el pelo, claro. Se refiere a personalidades como Obama, Oprah o aquí, en los 70, Suárez.

Cuando ustedes conocen a alguien por primera vez, instintivamente en segundos, analizan sin apenas ser conscientes de ello si su interlocutor posee o adolece de alguno de estos poderes. Para identificar a iguales.

Como decía, el poder erótico sumado a una educación cultural, una posición social y una situación económica holgada hacen que, para la mayoría de los mortales, sea la radiografía perfecta de un winner.

La dopamina causada por cerebro positivo hace que éste sea más creativo

Para el imaginario colectivo americano, y por desgracia también el nuestro por aquello de la globalización, la fórmula del éxito se traduce en trabaja duro, obtén tu meta y luego sé feliz. ¿Qué sucedería si esa fórmula estuviera equivocada?

Si, primero, intentáramos ser felices y, después, ya veremos. Un cerebro positivo es mucho más creativo, productivo y capaz de readaptarse a los cambios. Es lo que Shawn Achor califica de “the positive advantage”. Y adaptarse a los cambios es crucial.

De hecho, otra investigación apunta a que lo que tenemos y quien creemos que somos solo supone un 10% en un cómputo total de la felicidad. Mientras que el resto, el 90% es cómo reinterpretamos lo que nos pasa en la vida. Ahí es .

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Ratio de risas
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soniavaliente_ | 10-02-2017 | 5:23| 0

Se declara fan absoluta de San Valentín. De celebrar las cosas. La vida. El amor. Fan de la ilusión. De enviar WhatsApps intrascendentes sin motivo. A su marido, dice. Y de descomer arcoiris en el país de la gominola.

Ella, que trabaja en el Publicidad, no va a entrar si San Valentín es o no un infundio comercial. Por supuesto que lo es.  Como si todo lo que oliera a marketing fuera la encarnación del mal cuando cualquier excusa para ser más feliz es buena. Solo los tacaños refunfuñan. Van de outsiders para disfrazar su condición miserable. Para no regalar.

Así las cosas, se declara fan de obligarse a salir a cenar. Entre semana. A pintarse el ojo. Subirse al tacón y esforzarse por ilusionar al contrario. Con sus secretos. Y certezas. El otro día leía un gran artículo de Fernando Trías de Bes acerca de cuánta verdad es deseable. Cuánta transparencia podemos digerir. Y hablaba de la importancia de los secretos como motor de una relación. El misterio como atracción.

La mayoría de las personas se quejan de la falta de honestidad en su entorno, en su familia. Por supuesto, en el universo político. Lo que desconocen es que la mentira es un gran pegamento social. Desean la verdad para lo que les conviene: saber si son amados, correspondidos. Que no están solos. Pero esa sinceridad no es deseable cuando el balance es negativo.

Hay personas que se sienten heridas al escuchar la verdad. Ofendidas. Como un ataque personal. Cuando toda crítica constructiva es un aprendizaje, un camino hacia el crecimiento. Es muy duro tener siempre la razón. Y hace mucho frío en esa atalaya. Por ello, tanto en las relaciones personales como laborales es fundamental el ratio de risas. Las veces al día en que una piensa en lo que tiene. Con sus secretos y certezas y no puede más que sonreír.

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Amor cruzado
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soniavaliente_ | 04-02-2017 | 7:21| 0

El otro día escuchó la declaración de amor más bonita desde hacía mucho tiempo. Como siempre, fue en el metro. Una declaración de amor a las 9 de la mañana. Nunca es demasiado pronto para el amor aunque sea lunes. No tuvo más remedio que dejar de leer. Fijar la vista en algún punto indeterminado de un párrafo de la página 59 y dejar a los pobres atormentados del triángulo amoroso de la ficción suspendidos en sus miserias. El dolor siempre puede esperar.

Al principio, no reparó en ellos. Hablaban bajito. Después, la chica se quejaba todo el tiempo. Y la ignoró deliberadamente. Últimamente ha desarrollado una habilidad casi mágica para bloquear las quejas. Son demasiado tóxicas. Es increíble cuánto nos quejamos. Desde que ha empezado el año ha hecho un pacto consigo misma. Se levanta más temprano, realiza ejercicio en casa antes de ir a trabajar. Y en el trayecto, lee ficción. Comenzar el día teniendo tiempo para ella. Nada de responder mails antes de las 9, ni escribir el check list de tareas in itinere que le aceleran más que el tercer café. Ese del que no sabe si prescindir o no y siempre acaba tomando. Y si el metro, alguien transmite mal humor, cambia de vagón.

Foto: sandiegored.com

Su inhibidor de quejas casi le hace cambiarse de sitio pero entonces escuchó: “Eres la mujer más maravillosa que conozco, cualquiera sería afortunado de tenerte en su vida”. La chica, insultantemente joven, lo miró sin verle como quien oye llover. Y continuó con su torrente de excusas: “Mi amiga dice que él me quiere, que no me contestó el domingo a los whatsapps porque tendría resaca”.

Se quedó con las ganas de decirle a aquella idiota: “Nena, ¿no ves que es éste el está loco por ti?”. A veces, la explicación más lógica es la más probable aunque nos empeñemos en complicarlo todo. Volvió a su drama ficticio. Y a su guerra diaria con un sonrisa tontorrona en la cara.

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Los SISI
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soniavaliente_ | 27-01-2017 | 7:41| 0

 Lo confiesa. Es una SISI. No porque tenga que comenzar a trabajar en su asertividad pero ya –que también- o sea una romática tipo Romy Schneider sino porque estudia y trabaja a la vez. Desde que recuerdada, desde que se incorporó al mercado laboral. Según leía recientemente, cada vez hay más jóvenes que SÍ estudian y SÍ trabajan, los SISIs. La antítesis de los NINIs. Le encanta el concepto.

Rommy Scheider posa como Sissi Emperatriz

Aunque los NINIs –los que NI una cosa Ni la otra- aún son legión y duplican a los jóvenes comprometidos, la última Encuesta de Población Activa deja al menos un rayo de esperanza para las futuras generaciones. Según la EPA, en el tercer trimestre de 2016, había en España más de 1,2 millones de chicos que no daban un palo al agua. Es decir, 2 de cada 10 jóvenes continúan siendo NINIs pero este número ha descendido considerablemente (casi un 30%) respecto a 2009, en el mismo periodo. Los SISIs, en cambio, no dejan de aumentar.

En septiembre, estos jóvenes dinámicos superaban de largo el medio millón. Si bien es cierto que esta dinámica extenuante no se puede aguantar mucho tiempo porque hay que hacer muchas renuncias en el terreno personal, no concibe la vida de otro modo: como un continuo aprendizaje. Piensa que no se trata tanto de juventud o de necesidad (el estudio como medio para lograr un trabajo mejor) como de actitud ante la vida. Tener metas, objetivos, desear crecer.

La crisis nos ha cambiado como sociedad. Nos ha hecho madurar, valorar lo que tenemos. Esforzarnos. Levantarnos. La actitud NINI no se puede mantener siempre porque no se sostiene. Lo ha visto con hijos de amigos que finalmente han decidido hacer algo con sus vidas. Los SISIs se sienten poderosos. Porque al menos viven la ilusión de creer saber hacia donde se van. Y ya saben, la felicidad reside en la antesala de la felicidad.

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Fidelidad en modo avión
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soniavaliente_ | 20-01-2017 | 5:41| 0

 El otro día le comentaba un amigo que si la pareja de uno ponía su teléfono en modo avión al llegar a casa, en ese viaje iban más de dos. Qué gran verdad. La tecnología como modo de facilitarnos la vida para complicar la faceta personal. No sabe de porcentajes. Pero la mayoría de quebrantos y rupturas de pareja vienen de un despiste o de una conversación de mensajería instantánea que alguien no debió ver.

No hay excusas. Nada justifica poner el modo avión al entrar por la puerta si no son unos buenos cuernos. Ningún workaholic que se precie apaga el móvil u silencia las notificaciones de whatsapp para disfrutar de tiempo de calidad con su familia, por voluntad propia. Debe tener un motivo de causa mayor. Quizá una doble vida.

Porque ser infiel es como proponerse escribir una novela: hay que estar vacío, tener ganas y tener el tiempo justo. La presión temporal es fundamental para relativizar. Para hacer el mal a ratitos, para vivir otras vidas y no tomarse el affair demasiado en serio. Pero esa escasez de tiempo y ese concepto de divertimento ha de ser compartido por las personas que se embarcan en ese viaje poliédrico.

Lo ve continuamente a su alrededor. Personas, en su mayoría mujeres, que quieren ser salvadas. Y que disponen de un gran tesoro: cantidades ingentes de tiempo libre que no invierten en mejorar sus vidas. Escapistas relacionales, continúan pensando que alguien les llevará rápido, lejos. Un detonante, un pobre señor que pasaba por ahí buscando un poco de alegría para sentirse vivo. Y entones, el amor. O la idea del amor. El desengaño. El descubrimiento. La elección. El drama.

Según le han contado, en caso de elección de compañeros de viaje allende los tálamos siempre se ha de elegir un contrario que tuviera más que perder. El terror a perderlo todo es un gran aliado de la prudencia.

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