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Categoría: Juego de damas
Forever young

¿Cuándo fue la última vez que leyeron un libro? Un libro entero, quiere decir, de ficción, ensayo, poesía… Lo imaginaba. Ella se obliga a leer en el metro el trayecto al trabajo y lleva paseando a su triángulo amoroso durante meses pero piensa que esta semana acaba con ellos, con su tragedia y su dolor. Es tan triste que es así. Se obliga a leer. Con la irrupción de las plataformas tipo Netflix se está embruteciendo. Tanto, que su índice de lectura ha descendido preocupantemente en los últimos años. Pero es algo más: es un síntoma. Social.

Por defecto, lee la prensa a diario y sigue la actualidad por diversos canales de información. La mayoría, por las redes sociales. Resulta increíble que los medios promocionen sus noticias en Facebook. Sencillamente porque los jóvenes no leen. Lo ve en sus alumnos. No tocan un libro ni con un palo. Y eso pasa factura. En el habla, en la expresión pero sobre todo en la amplitud del pensamiento. Son el fiel reflejo del mínimo esfuerzo. De lo que se denomina la progresiva infantilización de Occidente.

Algo que, por desgracia, va más allá de la cirugía estética, de la crisis de mediana edad, o de que, pronto, envejecer esté penado por la ley. Según Marcel Danesi, profesor de antropología y autor de Forever Young, una sociedad inmadura se caracteriza por unos ciudadanos dóciles, donde impera la inmediatez, los contenidos banales y la pornografía de la imagen –entendida ésta por memes, cotilleos, y vídeos virales de carente valor informativo- que satisfacen nuestra curiosidad y alimentan la pulsión de instantaneidad. La progresiva analfabetización funcional genera masas anestesiadas que exigen más a la vida sin entender el entorno que les rodea y que acogen encantados los dogmas y, como resultado, la sociedad se polariza. Aún están a tiempo. Corran a la biblioteca más cercana.

 

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Solidaridad de discoteca

Esta semana en la que se he conmemorado el Día Internacional de la Mujer Trabajadora no quiere poner el foco en lo obvio. Hoy quiere hablarles de las relaciones que mantienen las mujeres con las mujeres. Muchas de estas pautas de territorialidad, manipulación y juicios morales no son menos machistas que las de sus compañeros de vida, señoras. La sociedad es machista para todos. Nos dibujaron así.

Pero, en cambio, la solidaridad femenina –la denominada sororidad- existe. Así lo demuestra un pequeño efecto mariposa inesperado en el que una estudiante de periodismo de Sevilla, inspirada por una pintada en un baño de Barcelona, escribía una oda a la sororidad etílica y de madrugada de las mujeres en los baños de discoteca.

Puede parecer una estupidez pero no lo es. La publicación cuenta con más de 20.000 compartidos y la periodista en ciernes ha recibido más de 2.000 solicitudes de amistad.

Toitet Art cortesía de Monstruo Espagueti

Algo ocurre de madrugada, en un baño, de cola interminable. Mientras se espera la vez, vulnerable y desarmada, una puede contar lo que le plazca a una total desconocida que, a su vez, le pedirá un chicle, un cigarro, una goma del pelo o que le deje el pintalabios. A cambio, le dará un kleenex o un abrazo y sujetará el pelo o el abrigo. Y harán turnos para que nadie abra la puerta porque, como todo el mundo sabe, el pestillo de todas las puertas de los baños de discoteca del universo no funciona. Y jamás tienen papel.

El toilet art -obra de la artista gráfica Monstruo Espagueti que dice: “A todas las chicas que he conocido ciega en baños de discoteca: espero que estéis bien. Os echo de menos. A todas”- es un guiño a una sociedad que solo se atreve a abrirse cuando nadie la ve. Y cuando los jägermeister hacen su trabajo.

Ojalá, señoras, la vida fuera como la hermandad de las mujeres que hacen cola en un baño de un pub. Todo el tiempo.

 

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Sexo con robots

Al calor del Mobile World Congress, una de las ferias de tecnología más relevantes del mundo, han comenzado a surgir toda una pléyade de predicciones inquietantes. La semana pasada, veía un reportaje sobre la llamada Tercera Revolución Industrial. O lo que viene a ser lo mismo, cuándo usted será reemplazado por un robot en su puesto de trabajo.

A pesar de las claras ventajas que eso comportaría –incremento de la productividad, univocidad de los mensajes o inexistencia de egos absurdos- la desigualdad que generaría podría abocarnos un drama social en el medio-largo plazo.

Las predicciones más agoreras pintan la sociedad occidental del futuro como una suerte de Black Mirror en la que habrá grandes bolsas de población sin trabajo alguno. Los nuevos desheredados de la Tierra serán los analfabetos digitales. La nueva riqueza: tener un trabajo que dejará poco tiempo para nada más. Algunos sociólogos, como Santiago Niño Becerra, ya hablan de una sociedad con una gran oferta de ocio semigratuita y en la que debiera implantarse una renta social básica para garantizar la paz social. Y, de paso, mantener a los pobres humanos entretenidos mientras un robot hace su trabajo.

Frame de Futurama

Pero lejos de un movimiento neoludita, el futurólogo Ian Pearson, prevé que para 2050 nuestra especie intime más con las máquinas. Sexo con robots o lo que conoce como robofilia.

Si se piensa, no es del todo descabellado. Hace años, ella veía con estupefacción la moda japonesa de consumar con muñecos. Esta misma semana, un prostíbulo de lumidolls, muñecas a tamaño real con un peso aproximado de 40 kilos, abría sus puertas en Barcelona. Y esto es solo el comienzo.

Pearson mantiene que el sexo con objetos inteligentes o con realidad aumentada permitirá tener una vida sexual satisfactoria sin necesidad de tener pareja. Súper bonito todo.

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Sexo entresemana

Estaba dudando entre hablarles de la nueva galaxia descubierta esta semana por la Nasa y un concejal sueco que propone que una hora de la jornada laboral se emplee en tener sexo con la pareja. Adivinen qué ha elegido. Exacto. Unas risas, va, que es viernes.

Con todo, el hallazgo de TRAPPIST-1, la estrella del cual dependen siete planetas bastante similares a la Tierra, en tamaño y existencia de agua, no deja de cautivarla. Siete posibilidades de algún tipo de vida a 39 años luz. Y todo gracias a una estrella enana ultrafría. Sea lo que sea eso. Siempre buscándonos. Ansiando iguales.

Imagen: Revista Nature

Como la meninge no le da para más, vuelve a aquello del sexo. Como les decía, Erik Muskos, un concejal de 42 años de la Overtornea ha presentado una moción para que las parejas pasen una hora remunerada de su jornada laboral juntas. En concreto, haciendo uso del matrimonio. Qué perezón, oigan. Aparte del aburrimiento de fornicio intersemanal, es que no es nada práctico. ¿Se imaginan esa medida laboral en España? Quizá en Soria funcionara pero en las grandes ciudades… Como no fuera sexo in itinere, ya le contarán. Eso, por no decir que los españoles emplearían esa hora para hacer recados como ir al banco o al médico. El lujo definitivo.

Se ve que el hombre andaba un poco preocupado porque las parejas no disfrutan de tiempo de calidad y pensó que esta medida ayudaría a “tener mejores relaciones sentimentales”. Y eso que, según el instituto de investigación Coe-Rexecode, los suecos son los que menos horas trabajaron en Europa en 2015 por detrás de fineses y franceses, unas 1.685 anuales.

Pues qué quieren que les diga. Cuando ella llega a casa después de sus 10 horitas en la agencia, su chico no la toca ni con un palo. Y eso que su sonrisa calienta más que cualquier estrella enana ultrafría.

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The positive advantage

Hay personas que lo tienen todo. No se refiere a dinero o posición. Sino que tienen los cuatro poderes: El poder erótico, el cultural, el económico y el social.  El poder erótico no está relacionado con el sexo, al menos directamente. Quienes lo poseen son personas con las que, una no sabe muy bien por qué, le apetece estar.

Son personas que parecen fluir, abiertas, naturales pero con un punto de sofisticación, personas en las que una confiaría sus ahorros. Que tienen charm o, como aquí diríamos, que tienen luz. Y que siempre tienen una amplia sonrisa en su cara. Por ejemplo, Donald Trump. Les toma el pelo, claro. Se refiere a personalidades como Obama, Oprah o aquí, en los 70, Suárez.

Cuando ustedes conocen a alguien por primera vez, instintivamente en segundos, analizan sin apenas ser conscientes de ello si su interlocutor posee o adolece de alguno de estos poderes. Para identificar a iguales.

Como decía, el poder erótico sumado a una educación cultural, una posición social y una situación económica holgada hacen que, para la mayoría de los mortales, sea la radiografía perfecta de un winner.

La dopamina causada por cerebro positivo hace que éste sea más creativo

Para el imaginario colectivo americano, y por desgracia también el nuestro por aquello de la globalización, la fórmula del éxito se traduce en trabaja duro, obtén tu meta y luego sé feliz. ¿Qué sucedería si esa fórmula estuviera equivocada?

Si, primero, intentáramos ser felices y, después, ya veremos. Un cerebro positivo es mucho más creativo, productivo y capaz de readaptarse a los cambios. Es lo que Shawn Achor califica de “the positive advantage”. Y adaptarse a los cambios es crucial.

De hecho, otra investigación apunta a que lo que tenemos y quien creemos que somos solo supone un 10% en un cómputo total de la felicidad. Mientras que el resto, el 90% es cómo reinterpretamos lo que nos pasa en la vida. Ahí es .

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Ratio de risas

Se declara fan absoluta de San Valentín. De celebrar las cosas. La vida. El amor. Fan de la ilusión. De enviar WhatsApps intrascendentes sin motivo. A su marido, dice. Y de descomer arcoiris en el país de la gominola.

Ella, que trabaja en el Publicidad, no va a entrar si San Valentín es o no un infundio comercial. Por supuesto que lo es.  Como si todo lo que oliera a marketing fuera la encarnación del mal cuando cualquier excusa para ser más feliz es buena. Solo los tacaños refunfuñan. Van de outsiders para disfrazar su condición miserable. Para no regalar.

Así las cosas, se declara fan de obligarse a salir a cenar. Entre semana. A pintarse el ojo. Subirse al tacón y esforzarse por ilusionar al contrario. Con sus secretos. Y certezas. El otro día leía un gran artículo de Fernando Trías de Bes acerca de cuánta verdad es deseable. Cuánta transparencia podemos digerir. Y hablaba de la importancia de los secretos como motor de una relación. El misterio como atracción.

La mayoría de las personas se quejan de la falta de honestidad en su entorno, en su familia. Por supuesto, en el universo político. Lo que desconocen es que la mentira es un gran pegamento social. Desean la verdad para lo que les conviene: saber si son amados, correspondidos. Que no están solos. Pero esa sinceridad no es deseable cuando el balance es negativo.

Hay personas que se sienten heridas al escuchar la verdad. Ofendidas. Como un ataque personal. Cuando toda crítica constructiva es un aprendizaje, un camino hacia el crecimiento. Es muy duro tener siempre la razón. Y hace mucho frío en esa atalaya. Por ello, tanto en las relaciones personales como laborales es fundamental el ratio de risas. Las veces al día en que una piensa en lo que tiene. Con sus secretos y certezas y no puede más que sonreír.

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