Estados Unidos se compromete en la reunión del G8 (los siete países más industrializados del mundo y Rusia, es decir, la mayoría de los países más contaminantes del planeta) que se está celebrando hoy en la isla de Hokkaido (Japón) a reducir antes de 2050 sus emisiones de CO2.
Las intenciones de Alemania (que va a la cabeza en este tipo de reuniones) era fijar como tope 2020, pero parece que nos tenemos que dar con un canto en los dientes con el anuncio del gigante norteamericano… Eso, si nos ponemos a analizar los precedente: Estados Unidos nunca firmó un protocolo de actuación ni de reducción de gases causantes del efecto invernadero; el ejemplo más claro, Kioto. En el famoso protocolo se fijaban tasas de los años 90 que se debían aumentar en un porcentaje determinado. Ahora, más de una década después, desde Estados Unidos nadie se plantea hablar sobre datos pasados, sino sobre niveles actuales de emisión de CO2… Sí, esos niveles que están destrozando el planeta.
Claro que hay que reducir los niveles actuales antes de 2050. Faltaría menos. Pero, ¿será suficiente?
Durante hoy oiréis como se le llena la boca a medio mundo diciendo que es un paso importante para la lucha contra el cambio climático. El tiempo lo dirá, pero los precendentes no son buenos y el gesto de la Administración Bush (inmersa en el últimos bienio de su mandato, ese en el que los presidente reelegidos quieren pasar a la historia de un modo u otro) parece más una lavado de imagen que una apuesta real por la reducción de emisiones.

