En 1969 las marismas de Doñana y la mayor parte de su entorno, uno de los más ricos de toda Europa, fueron declarados Parque Nacional, lo que fue el preámbulo de la creación de una de las reservas de la biodiversidad más importantes del mundo. Fue en esa época, cuando comenzó una relación que ha durado estos 40 años y que ha unido a la zona y a lo que en un primer momento fue la Asociación para la Defensa de la Naturaleza.
La asociación nació en un momento difícil para este tipo de movimientos en España. Mientras Europa y Estados Unidos irradiaban todo tipo de corrientes relacionadas con el planeta, España todavía estaba sumida en una dictadura poco dada a atender las cuestiones de los movimientos sociales. Doñana corría serio peligro a finales de los 60 de convertirse en un inmenso campo de cultivo, pero finalmente el proyecto conservacionista salió adelante y la zona se salvó de su primer peligro moderno.
Al calor de la creación del Parque, la Asociación comenzó a elaborar su proyecto de acción relacionado con el medio ambiente. No un proyecto combativo y de denuncia como el de otras organizaciones ecologistas, sino uno basado en el desarrollo sostenible y en la acción directa. Así, pocos años después de su creación, el grupo, que ya era conocido por el acrónimo Adena, se integró en la mayor red mundial del conservacionismo, WWF. A partir de ese momento, Adena pasó a ser la voz española de WWF y la organización se movía bajo la “marca comercial” (permitidme la licencia poética) de Adena/WWF o WWF/Adena.
Ahora, 40 años después del comienzo de esa “gran amistad”, Adena da un paso más y desde hace unas semanas se ha convertido en WWF España. En principio, la cosa no cambia más allá del nombre, pero queda ver si, en ese proceso de 40 años, la asociación que un día contó en su directiva con Félix Rodríguez de la Fuente ha sabido integrar los problemas y las acciones locales en las necesidades de un mundo global.

