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MIKEL ERENTXUN Y LAS GALLINAS VIEJAS

2012 mayo 17

 Siempre es bonito mirar hacia atrás y recordar momentos vividos, gente conocida, fragmentos de tiempo idealizados y pasados por el filtro de la nostalgia… Sí, todo esto está muy bien hasta que lo bucólico llega y nos pega una bofetada de las sonoras, a modo de corchea y con opción a un bis… “El tiempo pasado siempre fue mejor”, suele decirse pero, ¿y el tiempo presente en relación a ese pasado? Y, lo más inquietante: ¿qué relación tiene esto con Mikel Erentxun?…

El donostiarra por derecho (que no por cuna) está inmerso en la gira “Electrica Tour”, en la que sube al escenario su último trabajo editado, “24 golpes”. Él sube al escenario con su banda y un público mayoritariamente femenino y rondado los treintay… corea cada estribillo y se deja un cuidado pelo modelo-de-peluquería en cada headbanging y en cada puente musical. Hasta aquí todo podría ser “normal”, si no fuera por el trasfondo peligroso que este grupo de fans arrastra… Vivido desde una prestada primera fila, el show cobró un significado distinto en el que proteger la propia integridad física se convirtió en una de las premisas para salir indemnes de la sala de conciertos… Pero comencemos por el principio (modo flash-back on, con humo y virado de color).

Llegamos a la sala con tiempo suficiente para asegurarnos un lugar en esa (maldita en ocasiones) primera fila tan deseada por los fans y por los fotógrafos. En mi caso con muy poco componente fan y con un mucho de poner a prueba ISOs, números F, velocidades y mi propio pulso. Sin embargo, no fue el tiempo necesario para optar a una de esas vacantes a las que los fans opositan… “¿Pero cómo puede ser?” sonaba en mi cabeza mientras ese otro yo vestido de demonio me decía “líate a codazos y ponte delante, perra!”. Por desgracia, aunque los demonios me seducen, siempre hago caso del gilipollas del angelito: “resígnate al lugar que te ha tocado e intenta hacerlo lo mejor posible… perra!”.

Junto a mi cámara, y desempeñando labores logísticas y comentarios mordaces, una amiga de las de toda la vida, Paquita, atenta a todo lo que pasaba en la previa al show… A todo y a todos, claro… Porque un buen critiqueo previo no tiene precio. Defendiendo nuestro fortín, en una segunda fila en-ocasiones-primera-en-ocasiones-primera y media, escuchamos, así a lo CSI, varias conversaciones que nos hicieron darnos cuenta de esa realidad empírica de la que parece que hayamos huido toda la vida. En uno de esos “debates” espiados, dos amigas que habían encontrado su lugar a pie de escenario se hacían amigas, cual agregrada al facebook de una tercera fan que, con cámara en mano, quería conseguir buenas fotografías (teniendo en cuenta que estábamos en un lateral, la calidad obtenida distaría mucho de ser merecedora del Pulitzer de fotografía).

-Yo tengo 36, bueno, ya casi 37
-Pues igual que yo
-Si somos de la misma quinta, ¡claro!

Así comenzó una charla en la que comenzaron a preguntarse sobre conciertos de Alaska, Duncan Dhu (no en vano presidía toda la noche), y vivencias varias… Una conversación que nos hundió en la miseria, pero en esas miserias que son más miserias que las miserias que ya conocíamos y que eran miserables…

-Paquita, ¿te das cuenta de que nosotras somos también gallinas viejas?
-Eso es muy triste, pero aún nos queda
-Naaa… No nos queda nada. Solo estamos a 2 años de convertirnos oficialmente en gallinas viejas y asistir a conciertos de viejas glorias de los ’80.

Delante también teníamos a dos hermanas, primas o simplemente amigas-que-comparten-aspecto y que seguían ancladas en esa playa con brisa apaciguadora que era la iconografía televisiva de los ’90. ¿Recordáis a Kelly Taylor de “Sensación de Vivir”? Sí, aquel personaje interpretado por Jannie Garth, una de las reinas de las Tv-Movies, como el resto de sus compañeros de reparto en ese Beverly Hills de pega. Pues allí mismo, preparadas para ver a Mikel Erentxun, estaban las dos rubias, con pelo a lo Kelly Taylor y, las cosas como sea, con la emoción justa para corear medio estribillo durante todo el concierto.

-Yo almenos creo que siempre he vestido juvenil –intentó autoconvencerse Paquita al reconocer que Kelly, Brenda, Brandon, Dylan y demás también llenaban sus carpetas del High School que compartimos.
-Eso es lo que nosotras creemos, pero somos una más del gallinero.

Ambas, residentes del ’77, sufrimos con la revelación de esa realidad empírica que nunca habíamos sentido como tal hasta ese concierto. Pero lo más terrorífico, lo más aterrador de todo, llegó desde unas voces de ultratumba que resonaron a mis espaldas cual aparición de “Cuarto Milenio”. Recordar la conversación ahora, una semana después, sigue produciéndome escalofríos:

-Oye, esta es la tercera vez que me das en toda la noche
-Y, ¿qué te crees, que esto es el Palau de la Música? Yo no sé a cuántos conciertos habrás ido…
-Pues sí que he ido, ¿eh?

En ese momento exacto fue cuando comencé a sentir miedo y a pensar que hasta el concierto más underground al que había asistido, con el grupo más punk, con la variedad más amplia de objetos arrojados a-y-desde el escenario, se convertía en una oda a Chopin comparándolo en lo que podría convertirse ese inocente y nostálgico (a priori) concierto de Mikel Erentxun. Y es que sí, las treintañeras somos muy peligrosas. Parece que no, que la edad apacigua a la bestia fan que se ha gestado durante adolescencias “abeverlihillsiánicas”, y madureces díscolas. Esas gallinas viejas dan mucho miedo… Pero, ¡qué digo! Da-mos miedo.

Porque cual miembro del gallinero yo también me convertí en una de ellas. Acabé saltándome el cordón de seguridad que solo la primera fila regenta; acabé defendiendo mi fortín solo para que nadie se pusiera delante… acabé mandando a la mierda al angelito y dando cancha al demonio treintañero que vive en mi interior. Damos miedo, y eso es así.

A la salida, desintoxicada por el fulgor fanático que me rodeó aquella noche, volví a la realidad y a pensar que ellos, los artistas, también envejecen, y con ellos, gran parte de sus seguidores. Aquellas adolescentes que se unieron en el ’92 al caminar en solitario de Mikel Erentxun seguían caminando a su lado 20 años después. Seguirían quizás a otros grupos, a otros estilos, pero no pueden deshacerse de aquella música con la que comenzaron a descubrir el mundo, los sentimientos y la vida en general. Esa reafirmación de nuestros pasados se convierte en uno de los aspectos que la música nos regala. Quizás en la adolescencia hayamos sido más popies, o más rockers… quizás abarazáramos el heavy con camisetas negras o la desesperación de The Cure, y tal vez ahora seamos adalides del indie, esa entelequia que parece nació en Granada o en San Sebastián. Pero en el fondo de todo seguimos albergando la esperanza de escuchar un “Jardín de rosas” un “Cien gaviotas” o un “Esos ojos negros”. Sí, es cierto que las treintañeras somos más peligrosas que las veinteañeras en los conciertos pero.. ¿y?

El concierto, al final, se convirtió en uno de los más soporíferos a los que haya podido asistir en las últimas semanas… con perdón de los asistentes. Mikel Erentxun siempre ha sido un tanto soso y mucho más desde que se separó de Diego Vasallo, el verdadero “artista incomprendido”. Un huevo sin sal que defendió con dignidad y tranquilidad 23 temas de su carrera y eso, reconozcámoslo, ¿quién es capaz de ofrecerlo hoy en día?. Y como una premonición a lo que se convertiría este post, aquí tenéis el directo de “¿Quién se acuerda de ti?”, esa misma noche, desde esa posición prestada y rodeada de las verdaderas fans, las incondicionales, las que envejecen y las que sacan los dientes por lo que quieren… Sí Mikel, ellas se acuerdan de ti…

Mikel Erentxun: “¿Quién se acuerda de ti?” (Sala Matisse, Valencia 11-05-12)

Más info:
http://www.mikelerentxun.ws/
http://www.salamatisse.es/

http://www.alquimiasonora.com/2012/05/mikel-erentxun-sala-matisse-valencia-11.html