RIOTS, GRRRLS, CO*OS Y PUTIN
Putin se salió con la suya. Ahora sonreirá y retorcerá sus manos culpables cual Montgomery Banks de carne y hueso… Siempre quise ser una Riot Grrrl. Tanto que en la batalla a plato y aguja por bautizar estas líneas finalmente ganó Vinilo en Vena por muy poco. Quizás por eso nunca fui una Riot Grrrl; me faltaron riots y me sobraron “erres” por todas partes. Carezco del inconformismo suficiente para abandonar el modo de representación institucional sonoro que, en definitiva, marca el status del vinilo y, no nos olvidemos, de la escena musical que plagó el underground cultural de las universidades americanas y que se oficializó en la International Underground Pop Convention de Olympia (Washington) en 1991. Uff… qué rollazo os estoy contando, ¿no?
Hace unos meses, en peregrinación pagana por algunas librerías del Soho londinense, encontré “Riot Grrrl, revolution girl style now!”, ese libro que he desgastado a base de celos, admiración y, por qué no reconocerlo, de ganas; de esas mismas ganas que me faltan o me sobran según para qué acometido musical. Es lo que tienen los libros editados, que academizan sus contenidos hasta niveles insospechados y se convierten en cómplices de nuestros descubrimientos culturales. Así que la “fruición” de esta obra está llena de asentimientos con la cabeza rozando peligrosamente el headbanging, de sonrisas complacientes al leer determinados nombres y de suspiros de abuela revenida al llegar a la última página…
Bikini Kill, Bratmobile, Go sailor, L7, Partyline, Dressy Bessy, 7 year bitch, Sleater-Kinney, Queen Adreena, Le Tigre, Longstocking,… son parte de aquellos grupos que con los años fueron quedándose solo en un “intento de” y que estos días deben de estar pendientes de lo que les suceda a Nadejda, Yekaterina y María a muchos kilómetros, no solo geográficos, de sus momentos más “riot”. Y es que la Iglesia Ortodoxa rusa la ha cagado y finalmente las tres activistas de Pussy Riot han sido condenadas por vandalismo. Pero contextualicemos un poco primero… Hace casi 6 meses, miembros del colectivo Pussy Riot, volvieron a poner en escena una de sus performances ácidas y críticas contra el gobierno y, en concreto, contra el conservadurismo y la corrupción evidenciada de Putin. Entraron en la Catedral del Cristo Salvador de Moscú y cantaron una plegaria-punk titulada “Santa Madre de Dios, líbranos de Putin”, vídeo que se encargaron de colgar en internet para que su acción fuera lo más visible posible. Un punk inofensivo, nada violento, y casi que podría quedar en un juego de niños si no fuera porque la Iglesia eso: la cagó.
Kiril, patriarca de Moscú calificó el acto de “sacrílego”, y Vsevolod Chaplin, arcipreste, desfogó su ira asegurando que aquello fue “un crimen peor que un asesinato”. Todo porque se señalaba con una púa al lugar donde más dolía: hacia la concomitancia premeditada entre la política del disfraz desarrollada por Putin y los suyos y la pleitesía grandilocuente de la Iglesia Ortodoxa. Eso ha valido a 3 de las componentes de la formación a convertirse en las Hooligans del punk reivindicativo, en las brujas a quemar en la hoguera, en la evidencia de que Rusia está más cerca de Corea en lo que a derechos humanos se refiere, solo que se valen de la palabra democracia a modo de habeas corpus… Pero ni hábeas, ni corpus ni nada que se le parezca.
Que Madonna les de su apoyo casi parece irrisorio cuando el poder de los medios ha conseguido que se hable de esta formación, de sus acciones, de la situación en su país, de la Iglesia, de política y prácticamente nada de música. Las primigenias Riot Grrrl, las Guerrilla Girls, o las bandas anteriormente mencionadas entre otras muchas, habrían conseguido mucho más de sus postulados si las tecnologías les hubieran sonreído antes. Pero no. No ha sido hasta 2012 que el riotismo más comprometido ha encontrado una oportunidad para poder seguir cuestionando lo incuestionable. Madonna, anda, no es necesario que te arrimes a algo que quizás ni comprendes… Lee, si acaso, a Kathleen Hannah, que con “De verdad están en una jodida celda?!” entiende cuál es la situación.
La música, en realidad, poco tiene que ver aquí. Sí como expresión de un arte que va más allá de la contemplación plácida de la creatividad. Sí como instrumento de denuncia. Pero no como aquella “canción protesta” que simplemente pataleaba sin accionar y se escondía tras la poesía. El punk es lo que es, seamos sinceros. El punk solo quiere romper con los estamentos establecidos. Es la música del adolescente que no quiere nada, del anarquismo cultural, del liberalismo del pensamiento… Pero a ese punk setentero de raíz inglesa también le fallaba algo: el conformismo masculino que le aseguraba un lugar pseudomarginal en la sociedad. No hay nada más punk que una estructura social vapuleada y discriminada que lucha por conseguir alzar su voz. Y el cómo se defienda, con acordes mal aprendidos, con voces nada afinadas, con la imperfección en su sonido, poco importa. La música como arma, la música como voz y la voz como denuncia.
Nadejda Tolokonikova, Yekaterina Samutsevich y Maria Alejina han sido convertidas en mártires de la política rusa por la mala gestión de la situación. Y ya se sabe qué pasa con los mártires… Por eso decíamos que la Iglesia la había cagado. 3 activistas, con estudios, comprometidas con la sociedad en diversas causas, dos de ellas madres,… Pensémoslo… ¿seríamos capaces de jugarnos pasar de 3 a 7 años de cárcel por una acción así? Nop. Somos los cobardes que nos refugiamos en la indignación del café de la mañana con los compañeros del trabajo. Hacemos mucho ruido pero pasamos de las nueces. Y dejamos que sean otros los que luchen por las injusticias, los que evidencien las verdades, los que acaben en la cárcel solo por pedirle públicamente a la Santa Madre de Dios que les libere de Putin…
El activismo mola. Ese activismo de fanzines en blanco y negro y reuniones clandestinas demodé que ahora tiene su reflejo en blogs, vídeos en Youtube y críticas públicas. La libertad de expresión sigue siendo cuestionada y el arte sigue siendo el delirio de algún loco con ansias Warholianas. Las Pussy Riot (como cabezas visibles, pero no olvidemos que se trata de todo un colectivo) nos han vuelto a demostrar que el sarcasmo, la ironía y las púas pueden poner nervioso hasta a aquel acostumbrado a desayunar Vozka y a silenciar las voces convexas de la revolución. El DIY (do it yourself tan repetido en los fanzines riot) sigue vigente
Yekaterina expuso su alegato en el juicio al que las tres “riot” se enfrentaban estos días pasados. Y mejor no podría decirlo. “Ahora el mundo entero puede ver que la causa criminal contra nosotras ha sido un montaje. El sistema no puede ocultar la naturaleza represiva de este juicio. Una vez más, Rusia aparece ante los ojos del mundo como algo totalmente diferente a lo que Putin trata de presentar a diario en los encuentros internacionales”. Pero… pensemos fríamente… la comunidad internacional no hará nada al respecto. Ni por ellas, que son una mera anécdota, ni por la situación en Rusia… Si no lo han hecho en otros países, ¿por qué hacerlo ahora con Rusia? La entelequia del sistema político y judicial internacional… Hace tan solo unas horas las tres “riot” han sido declarado culpables, y otra mujer, la juez Marina Syrova, determina que expresaron una “falta de respeto evidente para la sociedad”.Una falta de respeto que, sin duda, radica en la crítica social que se ejercita sobre el poder establecido. Quizás, en realidad, esa falta de respeto, sea la de la justicia subordinada a la iglesia y a la política. Syrova, jueza y parte, añade que “no se consideran culpables ni se arrepienten”… ¿Quiénes deberían considerarse culpables y arrepentirse en todo esto, los que luchan por sus ideales o los que se avergüenzan del libre pensamiento?
“Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa” , la frase popularizada por Emma Goldman a mitad del siglo pasado y tomada prestada para la causa feminista, cobra más fuerza que nunca casi 100 años después de ser postulada. Las Pussy Riot no solo saben que la falsa revolución democrática de Putin no deja bailar, pensar, creer, manifestarse, crear,… sino que además proponen su propio baile de ataque directo a lo que constriñe a toda sociedad anestesiada de política. Y hoy, más que nunca, bailaremos con ellas. Así que sí, ¿por qué no? Bailemos con su revolución y convirtámonos en Riot Grrrl.
Pussy Riot (2012)
Más info:
http://www.myspace.com/pussyriot
https://chtodelat.wordpress.com/2012/08/08/yekaterina-samutsevich-closing-statement/
http://onewarart.org/riot_grrrl_manifesto.htm
http://www.kathleenhanna.com/
http://www.kathleenhanna.com/seriously-they-are-in-a-fucking-cage/
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josngel
ALQUIMIA SONORA
