{"id":3146,"date":"2017-09-13T07:08:05","date_gmt":"2017-09-13T07:08:05","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.lasprovincias.es\/carlospajuelo\/?p=3146"},"modified":"2017-09-27T05:56:19","modified_gmt":"2017-09-27T05:56:19","slug":"la-boda-bajo-el-poniente-otra-diada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/carlospajuelo\/2017\/09\/13\/la-boda-bajo-el-poniente-otra-diada\/","title":{"rendered":"LA BODA BAJO EL PONIENTE. OTRA DIADA"},"content":{"rendered":"<p><strong>LA BODA BAJO EL PONIENTE. OTRA DIADA<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mientras miles de personas desfilaban con ocasi\u00f3n de La Diada en Barcelona (conmemora la ca\u00edda de Barcelona en manos borb\u00f3nicas en una guerra de Sucesi\u00f3n por el trono de Espa\u00f1a) el poniente alcanzaba en Valencia temperaturas extremas, que te empujaban al retiro o al disfrute de la sensaci\u00f3n mixta de calor sofocante con el fr\u00edo contacto con el agua buscando, al salir, la toalla para combatir el contraste t\u00e9rmico.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En este escenario estar \u201ca la pasa\u201d, es decir sentarse a ver el mar y las gentes que desfilan ante ti con diversos atuendos, ofrece variada conversaci\u00f3n sobre qui\u00e9n y c\u00f3mo; a veces incluso t\u00fa mismo andas un poco por la orilla y crees que has hecho una marat\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En ese ir venir observ\u00e9 una m\u00ednima e \u00edntima diada (una palabra concepto del griego que supone la uni\u00f3n de dos personas). Era una boda en la playa, sobre la arena. Una reserva de espacio acotada por palos clavados unidos entre si por una cordada blanca y rematados por antorchas ligeras que un propio encendi\u00f3 m\u00e1s tarde; el fuego y el resplandor apenas se notaba, la luz del Sol poniente lo abarcaba, cegaba, todo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Varios invitados se debat\u00edan, en una lucha sin cuartel, entre el hecho de vestir de boda y el aire caliente que abrasaba la piel.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una especie de arco de triunfo en blanco inmaculado y gaseoso estaba adornando el lugar y se remataba por dos coronas con rosas blancas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todo ten\u00eda un aire de la Ibiza encantada de recibir a los primeros hippies. No eran muchos los invitados a la ceremonia, \u00e9ramos m\u00e1s los que mir\u00e1bamos a ver que pasaba all\u00ed. Era una Ibiza a la Patacona. Un lugar de mucho gent\u00edo pese a las acequias y la depuradora emanante de olores nada inocuos\u2026hoy el Poniente liquidaba todo trazo de depurador olor.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Alg\u00fan invitado llevaba un ni\u00f1o, tambi\u00e9n de blanco, en brazos y parec\u00eda luchar a brazo partido para evitar pisar la arena.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De pronto aparece una moto discreta o una bicicleta grande- no se apreciaba desde done yo cotilleaba- toda pintada de blanco y detr\u00e1s en el portaequipaje una novia con el velo de gasa blanqu\u00edsimo ondeando al aire como s\u00edmbolo de paz.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me dio miedo porque por un momento me vino a la memoria la escena que interpreta Vanessa Redgrave en el filme de la bailarina Isadora Duncan que muere estrangulada, porque su foulard se enreda en las ruedas de un Bugati descapotable en Niza\u2026pero no, esta novia ven\u00eda despacio y caminaba sobre el aire a lomos de la bicimoto.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los aplausos corearon su llegada y una oficiante de pelo rubio y sandalias de playa se apost\u00f3 tras el arco floral y se hizo el silencio, por un momento hasta el mar parec\u00eda haber amortiguado su continuidad espumosa e incansable y nosotros, los mirones, sentimos m\u00e1s curiosidad y callamos para mejor ver lo que all\u00ed cercalejos pasaba.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Luego risas y fotos, el Sol se iba a dormir y los \u00faltimos rayos dieron en la cara de la novia que parec\u00eda un cromo de pureza blanca.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Para mi aquella Diada, esa uni\u00f3n de dos adquir\u00eda el valor de un ejemplo \u00edntimo y concertado,<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 M\u00e1s al Norte otra Diada daba muestras de sombras y a m\u00ed me dio pena que no fuera igual de feliz la gente que se manifestaba con ardor y quienes los vemos con temor.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya s\u00e9 que no todo es blanco, ya s\u00e9 que no todo puede ser felicidad. Lo cierto es que por un momento ese contraste \u201cdiadistico\u201d me gust\u00f3.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0Luego invitados y matrimonio se fueron juntos a celebrar y no s\u00e9 por cierto si las flores de la ceremonia particular acabaron flotando sobre el mar como un acto supremo de entrega.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todo empez\u00f3 en el mar y quiz\u00e1s todo acabe all\u00ed. El poniente segu\u00eda marcando la temperatura del aire y todos los ni\u00f1os que jugaban en la playa tuvieron su espacio de arena bajo la atenta mirada vigilante de sus padres.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La boda para ellos no significaba nada. Pasa casi siempre. Lo que para unos es vital para otros es secundario o inexistente.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA BODA BAJO EL PONIENTE. 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