{"id":291,"date":"2012-10-28T15:36:27","date_gmt":"2012-10-28T15:36:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.lasprovincias.es\/elfrancotirador\/?p=291"},"modified":"2012-10-28T15:36:27","modified_gmt":"2012-10-28T15:36:27","slug":"la-historia-de-un-desahucio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/elfrancotirador\/2012\/10\/28\/la-historia-de-un-desahucio\/","title":{"rendered":"La historia de un desahucio"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/twitter.com\/hesteban15\" class=\"twitter-follow-button\" data-show-count=\"false\" data-lang=\"es\" rel=\"external nofollow\">Seguir a @hesteban15<\/a><br \/>\n<script>!function(d,s,id){var js,fjs=d.getElementsByTagName(s)[0];if(!d.getElementById(id)){js=d.createElement(s);js.id=id;js.src=\"\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\";fjs.parentNode.insertBefore(js,fjs);}}(document,\"script\",\"twitter-wjs\");<\/script><br \/>\n<a href=\"\/elfrancotirador\/wp-content\/uploads\/sites\/17\/2012\/10\/desahucio.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-292\" title=\"desahucio\" src=\"\/elfrancotirador\/wp-content\/uploads\/sites\/17\/2012\/10\/desahucio.jpg\" alt=\"\" width=\"620\" height=\"282\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.lasprovincias.es\/wp-content\/uploads\/sites\/17\/2012\/10\/desahucio.jpg 620w, https:\/\/static-blogs.lasprovincias.es\/wp-content\/uploads\/sites\/17\/2012\/10\/desahucio-300x136.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 620px) 100vw, 620px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Mario apura el cigarro\u00a0apoyado en la barandilla del balc\u00f3n de casa. Dentro hace calor. El aire acondicionado ha estado apagado\u00a0todo el verano para no gastar. Entre calada y calada recuerda el d\u00eda que\u00a0conoci\u00f3 a Raquel hace ya veinte a\u00f1os, la misma que ahora le proh\u00edbe fumar dentro de casa por los ni\u00f1os. Dej\u00f3 el vicio unos a\u00f1os pero <strong>el paro y la desesperaci\u00f3n<\/strong> le hicieron engancharse de nuevo. Eso s\u00ed, racionados y de liar, que son m\u00e1s baratos.<\/p>\n<p>Raquel comenz\u00f3 a trabajar joven en una f\u00e1brica de\u00a0piezas para la automoci\u00f3n. Mario acab\u00f3 Arquitectura. En casa siempre le hab\u00edan dicho que para ser alguien deb\u00eda licenciarse. Creci\u00f3 con el soniquete del padre: &#8220;Siempre me hubiera gustado\u00a0estudiar pero eran otros tiempos&#8230;&#8221;. En plena <strong>vor\u00e1gine inmobiliaria<\/strong> pronto encontr\u00f3 trabajo &#8216;de lo suyo&#8217;, que para eso en casa se hab\u00edan gastado\u00a0los\u00a0ahorros\u00a0con el fin de\u00a0que el ni\u00f1o fuera universitario. Un hijo \u00fanico\u00a0al que nunca le falt\u00f3 nada gracias al esfuerzo de su padres en la tienda de ultramarinos del barrio.<\/p>\n<p>Mario y Raquel, tras\u00a0cuatro a\u00f1os de noviazgo y con el viento a favor, se<strong> hipotecaron a treinta a\u00f1os<\/strong> como paso previo a una boda como Dios manda. En la barandilla, entre calada y calada, recuerda como el director de aquella sucursal\u00a0les abri\u00f3 las puertas\u00a0del para\u00edso. Una hipoteca de 300.000 euros para un piso de 80 metros cuadrados con parking, piscina y parque en la comunidad.\u00a0Con todas las facilidades de pago. Como golosina, el epitafio de que si no compraban ahora al a\u00f1o que viene valdr\u00eda casi el doble. Un piso nunca pierde valor, le dijo a Raquel. Un lema en \u00e9poca de bonanza.\u00a0Con la euforia de la firma de la hipoteca, la pareja a\u00f1adi\u00f3 un veh\u00edculo familiar porque los ni\u00f1os vendr\u00edan pronto y la luna de miel con el todo incluido en Punta Cana.<\/p>\n<p>La cuota super\u00f3 los 1.000 euros al mes, casi lo mismo que ganaba Raquel en la f\u00e1brica. Pero Mario era un arquitecto de futuro en una gran constructora que <strong>hac\u00eda pisos como churros<\/strong> y que encima hab\u00eda metido cabeza en el sector p\u00fablico. Un futuro de vino y rosas por el que val\u00eda la pena votar al superpartido pol\u00edtico que hab\u00eda conseguido el milagro econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Vino la ni\u00f1a; luego, el ni\u00f1o. Los viajes en pareja se convirtieron en\u00a0vacaciones familiares a tocateja y se reformaron la cocina y los ba\u00f1os para darle un toque m\u00e1s personal a la vivienda. Los cr\u00edos fueron a colegios de pago con uniforme, comedor y autob\u00fas. La tele de plasma, las dos videoconsolas y la m\u00e1quina de\u00a0gimnasia eran bienes de primer\u00edsima necesidad.<\/p>\n<p>Entre calada y calada, Mario recuerda como cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la boda, <strong>la primera en perder el trabajo<\/strong> fue Raquel. Recortes de personal por una crisis reci\u00e9n llegada y que todos apuntaban a que ser\u00eda pasajera. Cuesti\u00f3n de un par de a\u00f1os mientras el Gobierno de entonces ya anunciaba <strong>brotes verdes<\/strong> y en su comunidad hubo quien dijo que saldr\u00edan los primeros del bache.<\/p>\n<p>El paro de Raquel no daba para pagar la hipoteca pero el sueldo de Mario permit\u00eda vivir recortando en lo extraordinario. Al a\u00f1o siguiente sacaron a los ni\u00f1os del colegio de pago, los seguros m\u00e9dicos pasaron a ser s\u00f3lo para los cr\u00edos y las vacaciones de verano se quedaron en un fin de semana. <strong>Se apretaron el cintur\u00f3n<\/strong> como mandataban los pol\u00edticos.<\/p>\n<p><strong>El despido de Mario<\/strong> fue un mazazo. Es cierto que hac\u00eda tiempo que ya no dibujaba con tanta intensidad planos de futuros edificios y que hac\u00eda unos meses que ya no se llevaba el trabajo a casa. Pero siempre le hab\u00edan dicho en la empresa que era bueno, muy bueno. Que ten\u00eda futuro, mucho futuro. Que ganar\u00eda dinero, mucho dinero. Un ma\u00f1ana, el jefe, con el que hab\u00eda compartido comilonas de cientos de euros y m\u00e1s de un gintonic nocturno, le abri\u00f3 la puerta. <strong>Recortes<\/strong> y poco m\u00e1s fue la justificaci\u00f3n. <strong>Los pisos no se venden<\/strong> y las instituciones no pagan los servicios prestados.<\/p>\n<p><strong>El paro<\/strong> del matrimonio dio para subsistir los primeros meses. La prioridad fue pagar la hipoteca, un sue\u00f1o que pas\u00f3 a ser pesadilla. Hablaron con el director del banco, el que les ofreci\u00f3 el para\u00edso, que de un plumazo desmont\u00f3 el castillo de naipes con el imperativo de que lo primero era la letra.<\/p>\n<p>Entre calada y calada Mario piensa como se acabaron las cenas fuera de casa. El cine se convirti\u00f3 en algo prohibido y a los ni\u00f1os, malcriados en \u00e9pocas de abundancia, se les restringi\u00f3 el paquete de golosinas a d\u00edas muy se\u00f1alados.<\/p>\n<p><strong>Los abuelos comenzaron a pasar dinero<\/strong> de forma peri\u00f3dica para pagar gastos b\u00e1sicos. Y era cada vez habitual que los ni\u00f1os comieran en casa de dos jubilados que sosten\u00edan muchas bocas con una paga que ya no daba para pasar quince d\u00edas en Benidorm.<\/p>\n<p>Mario, entre calada y calada, recuerda como en la construcci\u00f3n ya nadie le quer\u00eda ni como pe\u00f3n. Raquel se puso a limpiar en algunas casas que acabaron por despedirla porque en aquellos\u00a0hogares el paro y la crisis entraron tambi\u00e9n como un hurac\u00e1n.<\/p>\n<p>Pasaron de dar ropa a pedirla, a\u00a0recibir libros prestados,\u00a0incluso <strong>a pasar por el\u00a0banco de alimentos<\/strong>.\u00a0Raquel ya no se pudo de tapar sus incipientes canas ni con el tinte de casa. Los ni\u00f1os, a veces, no se acababan la cena y las sobras eran el primer plato y \u00fanico para Mario, en un hogar donde las naranjas pasadas sirvieron para el zumo, los restos de carne para hacer croquetas y la paella que sobraba los domingos en casa de mam\u00e1 se congelaba para casi toda la semana. La abuela siempre echaba arroz de m\u00e1s.<\/p>\n<p>A Mario le martilleaba cada d\u00eda aquello de que <strong>hab\u00eda vivido por encima de sus posibilidades<\/strong>.\u00a0 Se lo hicieron creer, sentirse culpable. En la \u00e9poca de abundancia, la sociedad, los bancos, las constructoras y los pol\u00edticos le convencieron de que esa era la \u00fanica forma de vivir.<\/p>\n<p>Nunca le llamaron del paro. Le cerraron todas las puertas. Cambi\u00f3 de voto y se qued\u00f3 con la esperanza muerta. No pod\u00edan haber m\u00e1s ajustes en una casa en la que ya no quedaban agujeros en el cintur\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Hac\u00eda ya meses que no pagaba a los bancos<\/strong>. No por no gastar, sino porque no ten\u00edan para pagar. Primero hab\u00eda que dar de comer a dos criaturas de las que Mario se despidi\u00f3 aquella noche con un beso y un abrazo eterno. Les cont\u00f3 el cuento de todas las noches, de las \u00faltimas noches&#8230; Aquel del que los que suben al cielo se convierten en estrellas que te protegen, te cuidan, te quieren&#8230;<\/p>\n<p>Mientras Raquel zurc\u00eda el ch\u00e1ndal del mayor mil veces roto y mil veces parcheado, Mario apur\u00f3 la \u00faltima calada de aquella\u00a0colilla que se consum\u00eda como la noche que iba a dar paso al <a href=\"http:\/\/www.lasprovincias.es\/v\/20121026\/sucesos\/hombre-lanza-vacio-cuando-20121026.html\" rel=\"external nofollow\">desahucio<\/a> matutino\u00a0que, por no preocupar, hab\u00eda escondido a su mujer y a los abuelos. El <a href=\"http:\/\/www.meneame.net\/story\/comunicado-caja-rural-granada-suicidio-jose-miguel-domingo\" rel=\"external nofollow\">banco<\/a>, el que dibuj\u00f3 el para\u00edso a treinta a\u00f1os, iba a echar a una familia a la calle con la connivencia de los elegidos en las urnas. <strong>Los bancos no votan, los ciudadanos, pobres y ricos, s\u00ed<\/strong>.<\/p>\n<p>Mario salt\u00f3 la barandilla de aquella maldita\u00a0hipoteca de siete pisos de altura como salvavidas de una <strong>pensi\u00f3n de orfandad y otra de viudedad<\/strong>\u00a0que permitiera subsistir a su familia hasta el fin <strong>de esta puta crisis<\/strong>.<\/p>\n<p>Mario y Raquel no existen. De la historia hay miles de casos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seguir a @hesteban15 Mario apura el cigarro\u00a0apoyado en la barandilla del balc\u00f3n de casa. Dentro hace calor. El aire acondicionado ha estado apagado\u00a0todo el verano para no gastar. Entre calada y calada recuerda el d\u00eda que\u00a0conoci\u00f3 a Raquel hace ya veinte a\u00f1os, la misma que ahora le proh\u00edbe fumar dentro de casa por los ni\u00f1os. 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