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	<title>Algo queda | iPou 3.0 - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Jun 2010 16:36:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: justify"><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2010/06/fichero_22078_20100618.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-270" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2010/06/fichero_22078_20100618.jpg" alt="" width="212" height="300" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2010/06/fichero_22078_20100618.jpg 509w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2010/06/fichero_22078_20100618-212x300.jpg 212w" sizes="(max-width: 212px) 100vw, 212px"></a>No aprendemos a vivir hasta que nos enfrentamos a la vejez. A la propia o la de un ser querido. Por eso a muchos niños de hoy se les priva de una parte esencial en su aprendizaje cuando se les lleva a ver a los abuelos apenas una vez al mes.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p style="text-align: justify">La relación con los abuelos es el modo más natural de aprender que la vida no es solo plenitud de facultades y energía sino decrepitud, pérdida de capacidades y lentitud. Con el abuelo, el niño aprende que no todos hacen las cosas con la misma rapidez y, con la abuela, que perder vista u oído no nos hace más tontos, solo más ciegos o más sordos.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p style="text-align: justify">Lo malo de la vejez es el impacto emocional que produce en quienes han conocido la plenitud de la persona que hoy es torpe, desmemoriada o dependiente. Si la ligazón, además, es de primer grado, esto es, si se trata de hijos, el derrumbe interior puede ser enorme.</p>
<p style="text-align: justify">Esa realidad se multiplica exponencialmente entre quienes cuidan enfermos de Alzheimer. Al desgaste físico se une el psicológico de ver a un padre o una madre y no reconocerlos. Ése el núcleo de la historia que narra ‘Algo queda’, cortometraje estrenado ayer en Valencia, ganador del premio SNCfilm que se concede a historias sobre enfermedades mentales.</p>
<p style="text-align: justify">El corto, de factura valenciana, presenta ese drama interior de una hija enfrentada a la desaparición de su madre. Una desaparición identitaria antes que física. “Sabía que esto iba a llegar, que no me reconociera, pero no me imaginaba que me iba a suceder a mí. Que yo no reconociera a esa mujer”, dice la hija desecha en lágrimas.</p>
<p style="text-align: justify">Es un sentimiento tan común entre quienes cuidan enfermos, ancianos o dependientes que necesita el cine para verbalizarlo y para que una sociedad acostumbrada a hacer zapping cuando la realidad es dura y molesta, tome conciencia.</p>
<p style="text-align: justify">Es una de las grandes funciones del cine, a menudo relegada frente al papel político del Séptimo Arte. Este corto recuerda lo que hoy viven en España entre 600.000 y 800.000 familias. Un potencial de entrega y sacrificio difícilmente cuantificable.</p>
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