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	<title>Cementerios y poetas | iPou 3.0 - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<title>Cementerios y poetas | iPou 3.0 - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Nov 2010 08:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: justify"><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2010/11/1225535275_extras_ladillos_1_01.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-645" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2010/11/1225535275_extras_ladillos_1_01.jpg" alt="" width="300" height="212"></a>Este año he visitado el cementerio por Todos los Santos. No suelo hacerlo; no me gusta nada, ni por interés cultural, y lo evito hasta que no queda más remedio. De hecho me fastidia muchísimo que, no gustándome el sitio en vida, tenga que pasar allí la eternidad después de muerta. Sin embargo, el encuentro con la muerte siempre tiene un efecto benéfico, aunque suene morboso decirlo.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p style="text-align: justify">La visita en la festividad, más que en cualquier otro momento, nos sitúa ante una realidad de la que no somos conscientes. No me refiero solo a que nos devuelve una necesaria imagen de vulnerabilidad y finitud, sino que nos iguala. En la muerte, por fin, todos somos iguales.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p style="text-align: justify">Lo pensaba ayer mientras me acercaba al camposanto y me cruzaba ora con una señorona de familia bien y abrigo de piel ora con una familia humilde en chándal dominical. Podrá haber panteones lujosos y tumbas modestas -pensé- pero, en el ‘piso de abajo’, no hay distinción.</p>
<p style="text-align: justify">Por eso me pregunto por qué gastaremos tanta energía y tanto tiempo en creernos eternos y en actuar para con los demás como si de verdad lo fuéramos. Ni las personas ni sus estructuras ad hoc permanecen, en cambio sí lo hacen quienes se afanan en los tesoros inmortales.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras lo escribo pienso en Miguel Hernández de quien se celebra estos días el centenario del nacimiento. Los responsables de su muerte cometieron un delito mayor que dejarle morir enfermo en prisión. No solo acabaron con una vida sino con un poeta que es como decir con uno de esos seres capaces de hacernos tocar la eternidad.</p>
<p style="text-align: justify">En pocos espacios podemos dudar de que el hombre es mucho más que carne llamada a la podredumbre como en la poesía, en el arte, en la música, en todas aquellas manifestaciones de un hálito distinto al de un conjunto de moléculas tendente a desaparecer.</p>
<p style="text-align: justify">La poesía, la filosofía o la creación artística nos elevan, nos hablan de la existencia de un ‘piso de arriba’. No me refiero al ‘cielo’ en términos religiosos sino a una naturaleza profunda, al espíritu que acompaña a la materia. De eso nos habla el poeta.</p>
</body></html>
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