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	<title>Justicia del hijo pródigo | iPou 3.0 - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<title>Justicia del hijo pródigo | iPou 3.0 - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Mar 2011 07:15:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: justify"><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2011/03/fotonoticia_20110322163625_5002.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-1217" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2011/03/fotonoticia_20110322163625_500.jpg" alt="" width="300" height="300" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2011/03/fotonoticia_20110322163625_500.jpg 500w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2011/03/fotonoticia_20110322163625_500-150x150.jpg 150w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2011/03/fotonoticia_20110322163625_500-300x300.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a>Nunca me he terminado de reconciliar con la parábola del hijo pródigo. Me refiero a esa que cuenta la historia de un padre que tiene dos hijos: uno, fiel, que permanece a su lado y otro, borde, que se marcha con su parte de la herencia para volver arrepentido después. La parábola evita la justicia poética y presenta a un padre enternecido por el regreso del hijo, capaz de perdonar así la afrenta cometida.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p style="text-align: justify">Mi problema con esa parábola era la sensación de injusticia que queda en el hijo fiel. Después de permanecer junto al padre y cuidar de su hacienda, llega el díscolo, habiéndose comido la herencia, y recibe el mismo trato, o mejor, por la pura alegría de un padre que recupera a su vástago perdido.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p style="text-align: justify">Siempre tuve la sospecha de que merece la pena ser la oveja descarriada porque, aun en el supuesto de regresar, la respuesta no es una bronca sino un abrazo.</p>
<p style="text-align: justify">Eso mismo me sucede ante los casos de ‘El Rafita’ y Sandra Palo o, ahora, ‘El Cuco’ y Marta del Castillo. Ante unas sentencias tan livianas, resulta difícil que un chaval considere mejor ser buena persona que delincuente. Ya sé que lo presento de forma extrema y que para un adolescente no es plato de gusto estar en un centro de internamiento. Sin embargo, resulta frustrante que las consecuencias de actuar bien o de actuar mal no estén realmente tan alejadas. Y, lo que es peor, tampoco los riesgos.</p>
<p style="text-align: justify">En ese marco hay que entender las declaraciones de los padres de Marta del Castillo que confían -dicen- en la justicia de la cárcel y no tanto en la de los tribunales. Es terrible pensar que solo el rechazo que entre los presos provocan los abusos a menores pueda resarcir a las víctimas. Sobre todo teniendo en cuenta que la Justicia también tiene esa finalidad.</p>
<p style="text-align: justify">El hijo fiel, de nuevo, ve cómo el pródigo no tiene que pagar una alta factura por su dislate porque le basta con ser hijo. Y ya no sabe si le compensa o no su fidelidad.</p>
</body></html>
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