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	<title>Sin guardaespaldas | iPou 3.0 - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<title>Sin guardaespaldas | iPou 3.0 - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 08:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: justify;"><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/02/whitney-houston-kevin-costner-the-bodyguard.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-3877" title="whitney-houston-kevin-costner-the-bodyguard" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/02/whitney-houston-kevin-costner-the-bodyguard.jpg" alt="" width="300" height="202" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2012/02/whitney-houston-kevin-costner-the-bodyguard.jpg 600w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2012/02/whitney-houston-kevin-costner-the-bodyguard-300x203.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a>La vida no tiene guardaespaldas que nos proteja de los propios errores. Por eso resulta tan inconveniente que hablemos con tono épico de la vida y la muerte de Whitney Houston.</p>
<p style="text-align: justify;">La estupefacción y la tristeza por la pérdida, a menudo, nos llevan a hablar de ello en términos no elogiosos pero sí comprensivos: el buen chico o la buena chica que no supo digerir el éxito. Y no sé si debiéramos hacerlo. Sobre todo por los más jóvenes.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p style="text-align: justify;">En los últimos años hemos visto morir a Michael Jackson, Amy Winehouse y ahora Whitney Houston. Todos ellos a edad temprana y a manos de consumos prescindibles y dañinos ya fueran de alcohol, de drogas convencionales o de fármacos para lograr una estabilidad mental y personal que solo la sensatez y un entorno estructurado nos aseguran.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí es donde han fracasado las tres vidas, no en el encuentro con la muerte ni en el final precipitado de una carrera magnífica.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p style="text-align: justify;">Los tres vivieron el infierno de no tener, quizás, referencias, puntos de apoyo o anclajes vitales que les mantuvieran a flote en tiempos de zozobra y les guiaran en la travesía y ése es el mayor fracaso que puede hallarse en la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso me parece tan importante hacérselo ver a unas generaciones crecidas al calor del éxito mediático de rápido consumo o el show televisivo que promete la felicidad y que solo conduce al desaliento, cuanto menos, o directamente al hundimiento de la persona que nunca llegó a ser en plenitud.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo más duro en los tres casos, como en tantos otros anteriores, es que estos personajes conocieron el éxito en una profesión elegida y en la que eran reconocidos, el bienestar económico derivado de todo ello y la proximidad de una familia, motivos más que suficientes para sentirse feliz y no precisar de paraísos artificiales.</p>
<p style="text-align: justify;">El problema, seguramente, es no apreciar el paraíso cuando se tiene. No hay palmeras ni un séquito innumerable. Simplemente hay paz de espíritu.</p>
<p> </p>
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