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María José Pou

iPou 3.0

Emprendedor, no tendero

No hace falta que nos digan que baja el número de negocios, que cierran establecimientos emblemáticos y que el centro se está despoblando del pequeño comercio en detrimento de las grandes marcas. Lo vemos cada día en Valencia, con esa tristeza que da encontrar un “disponible” donde antes había un ir y venir de clientes. Los casos son sangrantes: Castillo, en la esquina de Gran Vía; El Contraste, en Ruzafa, y ahora Almacenes España, en Marqués de Sotelo. Seguro que la lista podría ser mucho más amplia y llenar toda la columna pero esos tres son recuerdos de mi infancia. Resulta difícil cambiarlos por una franquicia de café o de fast food, similar a la de cualquier ciudad de España. O de Europa.

Sin embargo, lo que más me llama la atención es el motivo. No ya la crisis, esa guadaña que está acabando con nuestro paisaje urbano, sino la falta de “renovación generacional”. O sea, que los hijos no quieren seguir en el negocio.

Es legítimo que un joven quiera trabajar fuera de la empresa familiar pero resulta preocupante que no vea futuro en su continuación, que prefiera ser funcionario por seguridad o emprendedor de algo ajeno cuando tiene el negocio consolidado y al experto, al lado.

La pregunta es si se echan a perder esos espacios de encuentro personal con el cliente por ley de vida o por falta de condiciones para que una nueva generación tome las riendas. Algo está fallando cuando hay sobreabundancia de titulados universitarios en paro y faltan vocaciones en el pequeño comercio; cuando los jóvenes prefieren trabajar por cuenta ajena aunque sea en precario antes que lanzarse a reformular el negocio de la familia con nuevas ideas, criterios y proyectos. Con visión de futuro, no de pasado que es la que suele prevalecer en estos cierres.

Hace unos días buscaba botones para una chaqueta. Antes los compraba en El Contraste, en Ruzafa, así que interiormente me negué a ir a unos grandes almacenes o grandes superficies, o sea, esos sitios donde “hay de todo”. Quería pequeño comercio. Seguro que habría alguno cerca de casa, pensé. Acabé en un chino. No había otra cosa.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.