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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>Votar moderación</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2015 08:27:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/08/de-guindos.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6751" title="Spain's Economy Minister de Guindos is pictured before a conference in Madrid" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/08/de-guindos.jpg" alt="" width="300" height="138" /></a>Aunque vayamos con chanclas y disfrutemos aún del aperitivo en el chiringuito, los políticos ya están en campaña y todo lo que digan puede ser utilizado a su favor. Así hay que entender el debate sobre Grecia que ayer tuvo lugar en el Congreso y los debates a pequeña escala de las vacaciones de la alcaldesa de Madrid o del robo de piezas en el San Pío V. Tanto en uno como en otros, la clave no está en el fondo como en el uso. Así, De Guindos aprovechó la tribuna para asestarle una cornada al populismo. Dijo el titular de Economía que los discursos populistas crean frustración, como la de muchos seguidores de Tsipras, y que las políticas irresponsables dañan sobre todo a los vulnerables.</p>
<p>El mensaje no iba dirigido a Podemos, aunque nos pueda parecer, sino a los votantes más centrados del PSOE que no ponen pegas a votar al PP en alguna ocasión. A esos se dirigía la alerta del ministro pues de ellos depende lo que suceda en las próximas elecciones. Los convencidos de Podemos ni siquiera se dan por aludidos pues no ven populismo en sus promesas. Los votantes del PP no necesitan que les digan qué efectos tienen las promesas que no son de nadie sino “del viento”. Para ellos, hay quien está haciendo bueno a Zapatero. En cambio quienes reniegan de la derecha pero no se ven votando a grupos novedosos, están a diez minutos de votar socialista buscando una especial sensibilidad por los débiles sin experimentos extremistas. Esa es la línea de flotación a la que se dirigía el ministro: a quienes creen que votar PSOE es votar moderación y políticas sociales. A la vista de algunos pactos, el más cercano el de Valencia, sabemos que eso no es del todo cierto y que ya no se trata de un “coco” con el que asustar a niños temerosos y votantes impresionables. Es una realidad que no ha hecho más que asomar la patita.</p>
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		<title>El pitufo gruñón</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2015 15:42:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/iglesias.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6722" title="-" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/iglesias.jpg" alt="" width="300" height="207" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/iglesias.jpg 800w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/iglesias-300x207.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/iglesias-768x530.jpg 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>No creo que Pablo Iglesias haya leído a Ramón Reig, aunque le vendría bien hacerlo. Sobre todo, después de haber usado la misma imagen del “pitufo gruñón” -con la que Reig tituló uno de sus últimos libros- para referirse a la molesta Izquierda Unida. En “El pitufo gruñón”, publicado hace un par de años, el comunicólogo Ramon Reig jugaba con la existencia de un polizón en su sesera que iba dictándole, con muy mala baba, pensamientos destroyer sobre todo lo conocido: el periodismo, la televisión, la universidad, la medicina o la política. Cuando hablaba de los políticos, de hecho, decía que se han vuelto imbéciles “para captar votos o compradores” y, cuando se refería a la izquierda radical, aseguraba que “para ser revolucionario no hay que estar dentro de la clase obrera ni presumir de obrero” porque, en el fondo, los obreros quieren aburguesarse.</p>
<p>El libro tiene mucho de vendetta descreída contra todo y contra todos pero, más allá del tono agrio, hace afirmaciones que dan en el clavo de muchas realidades actuales. Por ejemplo, esa finalidad universal de captar: compradores, lectores, clientes, votantes o contribuyentes. El caso es conquistar públicos que nos ayuden a enriquecernos.</p>
<p>Esa es la sensación que produce el gran disgusto de los “Podemitas” hacia la iniciativa de IU para comerles terreno bajo el paraguas de “Ahora en común”. Tal y como señala Reig, la izquierda radical está intentando disfrazarse de moderada porque sabe que su público no está en la clase obrera. Iglesias no habla a los mineros de León. Habla a los universitarios de Madrid. No busca el aplauso de los pescadores de Sanxenxo sino de los médicos de la marea blanca de la capital. Y la razón, como apunta Reig en su libro, no es una cuestión de principios o de conciencia sino un mero cálculo electoral. Podemos sabe que la izquierda tiene un techo y que Izquierda Unida lo está sufriendo en sus carnes. Por eso no ha crecido más ni tiene perspectivas de hacerlo. Porque a su izquierda no había nada y a su derecha estaba el PSOE. Iglesias, que es profesor universitario, no obrero, sabe que la Moncloa es un regalo del centro, no de las alas extremas. Y a él se dirige, aunque todos sepamos que su sustrato ideológico nada tiene que ver con los postulados del lado más izquierdoso del PP. A Podemos le preocupa que se logre lo que de verdad podría hacer frente a un PP unido: una izquierda moderada y fuerte. Ellos no son ni moderados ni tan fuertes como querrían. No son el Frente Popular, ni España es la de entonces, aunque les encantaría y tienen algo de germen. Quien puede conseguirlo, como ya lo hiciera en los 80, es el PSOE por sí mismo o con el apoyo de los partidos de izquierda, pero eso supondría regalar su éxito a “la casta” y su protagonismo, a Pedro Sánchez. Y, sinceramente, me cuesta menos visualizar lo primero que lo segundo.</p>
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		<title>La chaqueta de punto</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2015 07:51:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Del Vogue a la chaqueta de punto. El verdadero bandazo de estos meses no ha sido ni el político ni el ideológico sino el estilístico. De los trajes impecables de Ricardo Costa hemos pasado a la camiseta de Varoufakis, y del reportaje en el Vogue, a la chaqueta de punto de Ada Colau. No sé [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/ada-colau-490x578.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6714" title="ada-colau--490x578" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/ada-colau.jpg" alt="" width="254" height="300" /></a>Del Vogue a la chaqueta de punto. El verdadero bandazo de estos meses no ha sido ni el político ni el ideológico sino el estilístico. De los trajes impecables de Ricardo Costa hemos pasado a la camiseta de Varoufakis, y del reportaje en el Vogue, a la chaqueta de punto de Ada Colau. No sé si es el Podemos style o el look perroflauta, el caso es que deja en nada la opción de la camiseta que escogió David Fernández, del CUP, en el “solemne” acto de convocatoria del referéndum catalán. Ya sé que no deberíamos quejarnos de ese “boom” del perroflautismo en una generación que creció viendo a la ácrata Pippi Calzaslargas, pero la chaquetita de punto de la alcaldesa de Barcelona es el símbolo de toda una época. Mucho más que la bicicleta de Joan Ribó.</p>
<p>La chaqueta de punto no es solo un ejemplo de austeridad frente a un armario repleto de grandes firmas de moda. Cosas de la casta, supongo. Es también -como la permanente de Manuela Carmona- la presencia de lo cotidiano en la política. Ojalá sea algo más que una percepción pasajera. Significaría que el político defiende ser uno más, un ciudadano como el resto, un primus inter pares, y más cercano al mileurista que al VIP. Hasta ahora estamos acostumbrados a que el ciudadano normal aspire a la vida regalada del político all inclusive: coche oficial, gastos pagados y buenos restaurantes de nuevo rico y feliz apoltronado. En cambio, este nuevo look habla del proceso contrario, esto es, el dirigente que aspira a ser un ciudadano normal. La dirección se invierte. Ya no es el ciudadano que intenta “subir” sino el político que procura “bajar”. De los pedestales, se entiende.</p>
<p>Lo mismo puede decirse, probablemente, de la tan cacareada entrevista personal a Mónica Oltra en la que habla ¡hasta de sexo!, se escandalizaban algunos ayer. Entre comentar las cremas que usa para cuidar su piel o posar con ropa de marca en una revista de las llamadas “femeninas” y hablar de montárselo en un campo de naranjas, o de que le pone un hombre con sentido del humor, en una masculina, casi prefiero lo segundo. Lo primero habla de frivolidad y de una imagen estereotipada de la mujer como si una presidenta, vicepresidenta o alcaldesa tuvieran que ir siempre vestidas para el baile de debutantes. En cambio, lo segundo da una imagen de mujer real, que a veces prefiere ponerse una chaqueta vaquera, de lana o de perlé simplemente porque es más cómoda y va más con su forma de ser que el estilismo de la “Barbie política”. Algo similar deberíamos apuntar cuando se trata de una entrevista que da a conocer al personaje. No porque la experiencia sexual sea relevante en un político, que no lo es, sino porque una de las razones del éxito de este gobierno es su naturalidad. Para soñar con gente elegante y de postín ya están la Presley y el Nobel. Nada que ver con el erotismo de un campo de naranjas.</p>
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		<title>La internacional populista</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Jun 2015 14:31:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los fines son incuestionables. Es lo que tiene el populismo, que resulta difícil negar la bondad de sus objetivos. ¿Quién puede decir que no quiere un reparto equitativo de la riqueza y que paguen más quienes más tienen? ¿O que no defiende que no haya una sola familia sin un ingreso regular con el que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/06/combo-575x323-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6667" title="combo-575x323--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/06/combo.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Los fines son incuestionables. Es lo que tiene el populismo, que resulta difícil negar la bondad de sus objetivos. ¿Quién puede decir que no quiere un reparto equitativo de la riqueza y que paguen más quienes más tienen? ¿O que no defiende que no haya una sola familia sin un ingreso regular con el que dar de comer a sus hijos? ¿Quién puede oponerse a hacer el bien para defender, en cambio, hacer el mal?</p>
<p>El problema es ese enfoque simplista. La mayoría de las decisiones humanas no exigen escoger entre el bien y el mal sino entre dos bienes, cuya obtención acarrea consecuencias positivas y negativas para el interesado y para los demás. Además, muchas veces son bienes contradictorios, excluyentes o incompatibles. ¿Es malo comprarse una casa? En absoluto. ¿Lo es comprar muchas? Tampoco. Siempre y cuando ambas decisiones se tomen sin perjudicar a otros, por ejemplo, con la implicación de los ahorros de un padre jubilado que avale una compra inoportuna o con una especulación desbocada que eleve los precios artificialmente e impida a los pequeños ahorradores tener un techo bajo el que vivir. Por eso el populismo criminaliza. Lo requiere la simplificación de la realidad y la diferenciación entre buenos y malos. Comprar una casa es propio de gente honrada; comprar muchas, de buitres carroñeros. Desahuciar es cosa de desalmados pero no lo es dejar de pagar el alquiler a un matrimonio de mediana edad que ha invertido en un pisito para asegurarse la vejez. Casi nunca se presenta así la realidad de los desahucios; se da por hecho que detrás está un banco de tiburones financieros y no una familia de esforzados ahorradores que necesitan echar al moroso para frenar la sangría.</p>
<p>Es cierto que la elección de gentes como Carmena, Ada Colau o Mónica Oltra puede ser un revulsivo que obligue a replantear aquello que parecía inamovible. Al menos, a justificarlo. Sin embargo, en algunos momentos parece que estemos asistiendo al nacimiento de la Internacional Populista, cargada de propuestas que tocan el corazón, que nos conmueven, que nos obligan a sumarnos a la defensa del débil, pero cuyos métodos no terminan de explicarse ni las consecuencias de su aplicación terminan de medirse. Será porque los medios obligan a aplicar la razón, más que la emoción, y el populismo gana por goleada en lo que nos araña la piel. Su problema es que está ligado al entorno. Si Ada Colau pretende arrasar en Cataluña, se sumará a la hoja de ruta del independentismo como le pide Junqueras pero poco tendrá que ver con las decisiones de Carmena en Madrid. En un país donde el nacionalismo es la forma más desarrollada de populismo, ni siquiera parece viable una Internacional, como en su tiempo las hubo socialista y comunista. Quizás esa sea una de las mayores diferencias respecto a las izquierdas de otros tiempos y no es, en absoluto, baladí.</p>
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		<title>La indignación valenciana</title>
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		<pubDate>Mon, 25 May 2015 14:12:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La indignación en Valencia no lleva coleta pero tiene nombre de mujer. No habla de la “casta” pero tiene identificados a sus propios “malos”. No es fruto del 15M pero se ha nutrido de él. Los indignados de Valencia han respaldado algunas opciones de oposición fuerte y mediática en estas elecciones, pero ninguna como la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/06/80543545.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6655" title="A1-41722785.jpg" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/06/80543545.jpg" alt="" width="300" height="207" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/06/80543545.jpg 575w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/06/80543545-300x208.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>La indignación en Valencia no lleva coleta pero tiene nombre de mujer. No habla de la “casta” pero tiene identificados a sus propios “malos”. No es fruto del 15M pero se ha nutrido de él. Los indignados de Valencia han respaldado algunas opciones de oposición fuerte y mediática en estas elecciones, pero ninguna como la representada por la candidata de Compromís, Mónica Oltra. Ella introdujo la política de eslóganes y camisetas, de denuncias y terremotos verbales, cuando Pablo Iglesias y Errejón aún andaban cambiando el bollycao por el calimocho. Sin embargo, nunca como anoche su coalición había conseguido un protagonismo tan notable. Los de Compromís han pasado de teloneros a prima donna en solo una legislatura y sin sufrir la condición de bisagra en todo ese tiempo. En especial, durante los últimos meses. La labor de Oltra ha sido constante en estos años cultivando una imagen dentro y fuera de la Comunidad Valenciana y marcando un perfil personalísimo que, incluso, podía haber perjudicado a su propia formación. Su presencia en las televisiones fue un riesgo con final feliz. Podía haber desencadenado una parodia caricaturesca de sí misma pero eso no llegó a suceder.</p>
<p>El ascenso se aceleró sobre todo en los últimos meses, tras resolver la guerra de egos que pende siempre sobre la cabeza de toda coalición. Salió bien la jugada. Mónica Oltra se ha convertido en el azote de corruptos que conoce el terreno, el discurso, el quehacer de los mass media y la fibra sensible de los valencianos. Un cóctel de éxito en el momento oportuno y en el lugar adecuado. Ha sabido moldearse para ser catalizadora de un sentimiento retroalimentado por su propia campaña. Como las nubes de tormenta que anuncian lluvia pero crecen tomando agua del mar. Dispuesta a dejar caer el chaparrón pero después de haberlo engordado con ese mismo anhelo.</p>
<p>Hace cuatro años, Mónica Oltra era el elemento anecdótico, curioso y llamativo de una política valenciana centrada en la bipolaridad de PP y PSPV. Hoy es la triunfadora de la noche electoral. Como ya anunciara el CIS, llegó al 24M siendo la líder con más posibilidades de ser presidenta de la Generalitat, a tenor de la valoración que los ciudadanos. Los resultados de anoche confirman que muchos lo veían así. Casi el triple que hace cuatro años. Oltra escenifica como nadie el cambio que ha habido en la Comunidad Valencia durante la última legislatura. El hundimiento de los grandes partidos y la fragmentación y llegada de nuevas opciones, como Podemos, ha hecho que entre todos sobresalga la más consolidada, con una experiencia parlamentaria de la que no pueden presumir los novatos de Les Corts. Ha tenido clones durante los últimos meses, como Ignacio Blanco, que creyó tocar con las puntas de los dedos el cielo a cuenta del caso Rus, pero que vio cómo el espejismo duró poco. Lucha de renos que hacían chocar las cornamentas a las puertas de la Fiscalía anticorrupción.</p>
<p>Todo lo contrario de Antonio Montiel, la indignación contenida, que ha subido con el impulso de Podemos y no al revés. No es él quien ha arrastrado el voto en la Comunidad sino “el niño de las coletas” y su mensaje mesiánico de una nueva glaciación que se avecina sobre los adoradores del becerro de oro. Se acabó, pues, vivir de ese tirón. Ahora le toca a él hacerse una imagen, un rol en Valencia y una personalidad definida que lo diferencie de Compromís pero le dé una oportunidad en el juego de las sillas que está a punto de comenzar. La situación que se abre ahora es distinta a la de hace tan solo quince días. Los egos pueden ser sometidos durante un tiempo limitado y por una buena causa. El poder es la mejor de ellas. Sin embargo, su reparto -una vez obtenido- puede hacer saltar todo por los aires. Antonio Montiel es el reverso de Oltra. Pausado y desconocido; técnico y reflexivo. Profesor y alérgico a demagogias efectistas. Un contrapunto difícil, interesante y novedoso. Su reto, ahora, es justificar la existencia de dos modos de vivir la indignación. De lo contrario, el tsunami Oltra podría devorarlo en muy poco tiempo.</p>
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		<title>El aguijón</title>
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		<pubDate>Fri, 01 May 2015 15:53:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los hay que son versos sueltos y los hay que se convierten en aguijones aparentemente bien recibidos. Ayer, sin ir más lejos, Pablo Iglesias agradecía a su compañero de fatigas, Juan Carlos Monedero, que mantuviera ese papel aunque se apartara del proyecto común de Podemos tal y como hicieron público a última hora. El líder [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/monedero.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6617" title="A1-41576126.jpg" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/monedero.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/monedero.jpg 1350w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/monedero-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/monedero-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/monedero-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Los hay que son versos sueltos y los hay que se convierten en aguijones aparentemente bien recibidos. Ayer, sin ir más lejos, Pablo Iglesias agradecía a su compañero de fatigas, Juan Carlos Monedero, que mantuviera ese papel aunque se apartara del proyecto común de Podemos tal y como hicieron público a última hora. El líder del “partido revelación” quiere que Monedero le espolee, pero que lo haga fuera de su cortijo. Iglesias y Monedero son Anastasia y Christian Grey pero en habitaciones separadas, por favor. No sea que la fusta haga daño a la delicada piel del partido recién nacido.</p>
<p>Los modos han sido mucho más civilizados que los de UPyD. Las justificaciones tampoco tenían nada que ver, si bien hay un elemento común en todos los partidos, sean o no de la casta. La discrepancia interna no encaja bien con una estrategia ganadora. Monedero le reprochaba a Podemos que se hubiera instalado en los tics de aquellos a quienes quería sustituir, esto es, el pragmatismo en mensajes y actuaciones moderadas para lograr ganar “clientes”, o lo que es lo mismo, votos. La atemperación a la que hemos asistido en relación al extremismo natural de Podemos no casa demasiado bien con quienes iniciaron la aventura a partir, precisamente, de la radicalidad. El problema es que es difícil el equilibrio entre exigencia y sensatez. “Radicalidad” presenta a menudo matices distintos a “radicalismo”. La primera tiene que ver con una postura claramente contraria a la tibieza que a menudo necesitan los partidos. El radicalismo, en cambio, impone un extremismo incluso irracional que no conecta con una mayoría amplia. La sensatez recomienda la primera, no el segundo. Por eso, si se trata de ganar, Iglesias sabe que debe modular su tono o acabará por sonar estridente.</p>
<p>Monedero es un intelectual, tal y como lo definió su compañero. En efecto. El intelectual tiene la función de espolear y azuzar desde la absoluta independencia de criterio. Esa tarea no parece compatible con el poder, salvo en la mente de Platón cuando reclamaba el gobierno de los filósofos, eso sí, sin haber conocido nunca la televisión. Sin embargo, con esa disociación que hace Pablo Iglesias está evidenciando que la política real debe dejar la hornacina en la que quisieron situarla entre tiendas de campaña en plazas y calles de este país. Si el aguijón ha de estar fuera de la dirección es porque ésta no acepta de buen grado un Pepito Grillo. Desde fuera siempre puede apagarse, atribuirse a estrategias ajenas al partido o, simplemente, aceptar como sugerencia e ignorar a renglón seguido. En eso parece que todas las estructuras de poder creadas para tomarlo y mantenerlo son similares: llevan mal la disonancia. Hasta en la toma del Palacio de Invierno es necesario que todos obedezcan las mismas directrices. No tiene por qué ser distinto en el asalto al cielo.</p>
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		<title>De dioses y hombres</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2015 22:52:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/echenique-pablo-iglesias1-660x371.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6574" title="echenique-pablo-iglesias1--660x371" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/echenique-pablo-iglesias1.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>El descenso en intención de voto para Podemos que ayer recogían algunos sondeos no modifica el elevado interés que muchos ciudadanos dicen manifestar por la formación. Sin embargo, aún está por ver si esa bajada tiene relación con la mayor visibilización de otros grupos pequeños, como Ciudadanos, o con los datos que han ido saliendo sobre los líderes del partido “violeta”: Monedero, Errejón y otros chicos del montón. Si es por esto último por lo que los futuros votantes desconfían de Podemos, el efecto es mucho mayor que una reducción de sus apoyos. Podemos ha querido presentarse como un movimiento antes que como un partido y, en cualquier caso, como una opción distinta. Distinta en origen y en finalidad. El origen lo vinculan al 15-M y la finalidad, con el “empoderamiento” de la gente. Es decir, se presentan como un grupo nacido de las bases, de los miles de personas concentradas en plazas y calles de España pidiendo un cambio radical de las cosas. Pero, de confirmarse la financiación venezolana, quedaría en entredicho que todo haya sido fruto de la espontaneidad popular. Más bien resultaría ser una estrategia muy diseñada y desarrollada desde hace años y no en la Puerta del Sol sino en los despachos de alguna universidad amiga, cuando no en los de fuerzas políticas extranjeras. Eso también modificaría el objetivo que, con los datos que se van conociendo parece más confuso cada día. El ejercicio de “empoderamiento” atribuido al “pueblo” podría quedarse en lo que hasta el momento ha sido ese “pueblo” siempre que se ha defendido un discurso similar, una nueva casta alrededor del líder y el “Partido”. También la Revolución Cultural o la lucha de los soviets se hizo en nombre de las masas para terminar dominándolas y enriqueciendo a unos pocos afines y sin escrúpulos capaces de robar, ahí sí, masivamente.</p>
<p>Como decía, de confirmarse todo eso, la decepción es mayor que en otros casos. Si Podemos resulta un bluf, el chasco es doble pues el mensaje con el que se ha ganado el corazón de los ciudadanos de buena fe es su capacidad para denunciar los modos indecentes de la política al uso. Después de eso, volver a confiar en un mensaje renovador resultaría especialmente difícil para muchos. Esos fallos en el planteamiento o en su presentación pública no invalidan su denuncia de la realidad pero la hacen endeble y, sobre todo, dejan al ciudadano que confiaba en ellos huérfano de solución. Quizás por eso suben otros grupos menos rompedores pero sin lastres. Quien acusa debe estar limpio para ser creíble. Y como es difícil de conseguir, el español sensato que lo sabe no pide ser gobernado por ángeles ni por semidioses que caminan levitando en su virtud, sino por políticos limitados, falibles y demasiado humanos pero honestos. Una magnífica carta de presentación incluso para los “héroes” del partido violeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La izquierda y Podemos</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Feb 2015 16:20:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Será cosa de la casta o de que hay algo de verdad en todo esto pero me produce curiosidad ver a la izquierda de toda la vida criticando a los Podemos. El otro día, lo hizo Cayo Lara sin ir más lejos. Que lo haga Esperanza Aguirre o María Dolores de Cospedal resulta razonable, previsible [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/pablo-iglesias-490x490.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6510" title="pablo-iglesias--490x490" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/pablo-iglesias.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Será cosa de la casta o de que hay algo de verdad en todo esto pero me produce curiosidad ver a la izquierda de toda la vida criticando a los Podemos. El otro día, lo hizo Cayo Lara sin ir más lejos. Que lo haga Esperanza Aguirre o María Dolores de Cospedal resulta razonable, previsible y hasta deseable. Sin embargo, escuchar a quienes comparten un sustrato común y, en apariencia, un discurso similar de redistribución de la riqueza y de justicia social es cuanto menos chocante. Acusaba el otro día Cayo Lara a Pablo Iglesias de tener los mismos principios de Groucho Marx. Es aquello de “estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”. En el fondo lo que flotaba en el ambiente era la rabia por esa “OPA hostil” que dice estar sufriendo la coalición por parte del nuevo partido.</p>
<p>Es lógico que un comunista de toda la vida tenga autoridad y criterio para decirle a un rojeras barbilampiño recién llegado al ruedo que si alguien sabe quedarse en sus principios es él. En efecto. Aún está en el principio de la cosa y no ha llegado ni a gobernar ni a mejorar notablemente. Con lo que ha caído en este continente y en el globo terráqueo, mantenerse en el comunismo ancestral es tener principios. De trilobites, aproximadamente. O sea, carencia al inicio de la Historia. No se le puede negar fidelidad a “nuestros ancestros”, aunque sí poco sentido de la realidad en ocasiones.</p>
<p>Yo me siento muy enternecida por esos viejos camaradas a quienes ha hecho el sorpasso el niño de la coleta. Con ellos aún conservo la esperanza de que su lucha busque el bien de los desfavorecidos. Algún ERE y algún que otro golpe de realidad me despiertan del sueño cuando me confío demasiado, pero siempre he pensado que los comunistas come il faut y sinceros de corazón sí lo han pretendido durante décadas aunque frecuentemente de un modo equivocado. Sin embargo, con algunos de nuevo cuño y con los chicos anticasta todavía tengo la sensación de que quieren la riqueza para “los buenos” y eso es radicalmente distinto. Defender a los pobres es una cosa. Defender a los nuestros es otra. Y no es equiparable. Lo primero significa dar voz a los sin voz aunque discrepen de mí. Lo segundo es exigir fidelidad para ser considerado digno de ayuda. Eso es lo que está pasando en Corea, en Cuba o en Venezuela, por mucho que algunos se empeñen en negarlo. La grandeza de la democracia, la de verdad, es que el elegido pase de ser portavoz de unos para gobernar y representar a todos. Ya sé que suena utópico y que en los últimos años nos han dado motivos de peso para sospechar, pero aún confío en que el buen político responsa a esa premisa. Eso no acabo de verlo en Podemos. También es verdad que me cuesta encontrarlo en los demás pero al menos estos no van dando lecciones de representatividad más allá de la que otorga la ley, la costumbre y la casta.</p>
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		<title>Problemas de memoria</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Feb 2015 15:55:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Ninguno quiere nombrarlo expresamente ni dirigirse a él con un discurso subido de tono. Saben que si lo hacen, será utilizado en su contra. Ni Rajoy ni Sánchez quieren decir en público que su enemigo es Podemos y los chicos de Pablo Iglesias. De hacerlo, le darían importancia, le subirían el ego, ya bastante crecidito, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/pablo-iglesias-efe-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6493" title="pablo-iglesias-efe--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/pablo-iglesias-efe.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Ninguno quiere nombrarlo expresamente ni dirigirse a él con un discurso subido de tono. Saben que si lo hacen, será utilizado en su contra. Ni Rajoy ni Sánchez quieren decir en público que su enemigo es Podemos y los chicos de Pablo Iglesias. De hacerlo, le darían importancia, le subirían el ego, ya bastante crecidito, y dejarían ver que les preocupa un recién llegado más de lo que sería conveniente.</p>
<p>Sin embargo, ambos miran de reojo al de la coleta mientras dicen en voz alta que el “enemigo” es el otro. Para el PP, el problema no es el PSOE aunque lo presente así. Salvo que el PSOE modere su discurso y le robe votos por su flanco izquierdo. Para el PSOE, el problema no es el PP sino una izquierda más fragmentada que nunca. Cuando se ven los datos de los últimos sondeos de intención de voto y se comprueba que el PP sigue siendo la fuerza más votada, se constata que el fracaso de estos años es para la izquierda, no para la derecha. Que los populares mantengan un electorado bastante compacto, incluso en la Comunidad Valenciana, evidencia que la indignación llega por la siniestra y solo en algunos casos, por el otro lado.</p>
<p>Sánchez lo tiene difícil para hacerse un hueco y alzar la voz en un contexto tan gritón como el que vivimos. Quizás el modo de lograrlo sea aquietarse y mostrar una socialdemocracia sensata que algunos echan de menos. Competir en radicalismo con su más devoto hijo sería un error de cálculo. Ese lugar ya lo han “okupado” otros. Su sitio está en la moderación. Así lo recogió ayer en Valencia Javier Fernández, presidente de Asturias, al referirse a “toda esa gente moderada que pide cambio pero no quiere que se rompan los equilibrios básicos”. Lo curioso es que la guerra electoral obliga tanto a populares como a socialistas a mantener la cara de perro con el oponente, a distinguirse de él y a evidenciar que el malo es el otro cuando en realidad ambos deberían ofrecer una imagen de unidad nacional en apoyo de la democracia tan costosamente lograda. La amenaza de un Syriza en España no es suficiente para mantener la defensa de los pactos logrados en los 70 como un éxito colectivo. Los mismos que critican Iglesias y sus adláteres. Incluso deberían unirse a los comunistas que, en su momento, fueron capaces de ceder con tal de lograr la convivencia en democracia y libertad. Deben reivindicar lo conseguido porque no solo fueron ellos, desde Fraga a Carrillo, a González y a la Pasionaria sino millones de españoles que necesitan una clase política dispuesta a decir que ni todo se hizo mal ni merecemos volver al extremismo hiriente y empobrecedor. No me refiero a un pacto electoral contra natura pero sí a una defensa común de la estabilidad sin inmovilismos pero también sin discursos desagradecidos con el pasado. Eso también es memoria histórica. Y Podemos parece tener demasiados olvidos.</p>
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		<title>Campañas al vuelo</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jan 2015 15:48:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[En apenas 48 horas andaremos discutiendo si varios miles de personas son muchas o pocas. Se me dirá que depende de para qué. En efecto. Si se trata de computar la bajada del paro en la ciudad, son muchas. Si, por el contrario, se refiere al mismo dato en toda España, parece una cifra exigua. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/banderasok-490x578.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6488" title="banderasok--490x578" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/banderasok.jpg" alt="" width="254" height="300" /></a>En apenas 48 horas andaremos discutiendo si varios miles de personas son muchas o pocas. Se me dirá que depende de para qué. En efecto. Si se trata de computar la bajada del paro en la ciudad, son muchas. Si, por el contrario, se refiere al mismo dato en toda España, parece una cifra exigua. El debate próximo será sobre la nutrida (o no) manifestación del domingo en Madrid convocada desde Podemos bajo el lema “La marcha del cambio”. Es una iniciativa que pretende hacer ver cuáles son sus poderes. El de la calle. El de la protesta. El del indignado.</p>
<p>La prioridad, por tanto, es que haya mucha gente. Poco importa que esos cientos de miles, llegado el momento, no se impliquen en los “círculos” ni en los debates ni siquiera en la línea (difícil hablar de “programa”) de Podemos. En ese punto dejan hacer. Y ahí reside la preocupación respecto a la realidad de este partido. Ellos presumirán de tener una gran base y hablarán a partir de ahora de una “mayoría social” que les apoya. No digo que no, pero manifestarse es un acto que tiene mucho de autocomplacencia. Haciéndolo uno siente que apoya una causa, que tiene una inquietud compartida con muchos y que está haciendo algo. Aunque sea poco. Aunque solo sea hacer ruido. Eso tranquiliza mucho la conciencia. Poco importa que todo el esfuerzo quede ahí.</p>
<p>En el caso del 15-M (¿quién se acuerda?) del que, por cierto, procede Podemos, el poder de convocatoria fue masivo. No es una opinión, es una evidencia. Sin embargo, el cambio real posterior es muy cuestionable. Ha sido una decisión de algunos becarios y profesores universitarios que ya pretendían renovar la izquierda, hundida tras la caída del Muro de Berlín, lo que ha hecho cristalizar el enfado que latía en las asambleas de plazas y calles. En cualquier caso para el periodo actual, poco importa la realidad tras las bambalinas. Podemos “necesita” mostrar que es la mayoría. Por eso Iglesias pretende emular, según dice, la proclamación de la República. No es una metáfora de los “metemiedos” de la derechona. Es él quien así se expresa. Afortunadamente, el clima es muy distinto al de entonces pero bien sabemos que los climas simplemente se provocan cuando es necesario. La concentración masiva en Madrid puede hacer que algunos lancen las “campañas al vuelo”, acuñen una realidad determinada y desde ese momento apelen al dato sin cuestionarlo. “Podemos es el pueblo y él se ha expresado en Madrid”. El discurso se construirá a partir de ese axioma. Aunque sea inexacto, parcial y demagógico. No es falso pero tampoco completo. Aunque sean un millón o dos. Como si cada desplazado hasta la capital llevara la pancarta de cuatro, por delegación. Eso es el Parlamento pero tomar la calle es mucho más efectista. Ahí no hay juramentos ni actas ni grabaciones. Solo se responde ante la multitud y de ella basta el aplauso.</p>
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