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	<title>iPou 3.0economía &#8211; iPou 3.0</title>
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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>Votar moderación</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2015 08:27:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/08/de-guindos.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6751" title="Spain's Economy Minister de Guindos is pictured before a conference in Madrid" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/08/de-guindos.jpg" alt="" width="300" height="138" /></a>Aunque vayamos con chanclas y disfrutemos aún del aperitivo en el chiringuito, los políticos ya están en campaña y todo lo que digan puede ser utilizado a su favor. Así hay que entender el debate sobre Grecia que ayer tuvo lugar en el Congreso y los debates a pequeña escala de las vacaciones de la alcaldesa de Madrid o del robo de piezas en el San Pío V. Tanto en uno como en otros, la clave no está en el fondo como en el uso. Así, De Guindos aprovechó la tribuna para asestarle una cornada al populismo. Dijo el titular de Economía que los discursos populistas crean frustración, como la de muchos seguidores de Tsipras, y que las políticas irresponsables dañan sobre todo a los vulnerables.</p>
<p>El mensaje no iba dirigido a Podemos, aunque nos pueda parecer, sino a los votantes más centrados del PSOE que no ponen pegas a votar al PP en alguna ocasión. A esos se dirigía la alerta del ministro pues de ellos depende lo que suceda en las próximas elecciones. Los convencidos de Podemos ni siquiera se dan por aludidos pues no ven populismo en sus promesas. Los votantes del PP no necesitan que les digan qué efectos tienen las promesas que no son de nadie sino “del viento”. Para ellos, hay quien está haciendo bueno a Zapatero. En cambio quienes reniegan de la derecha pero no se ven votando a grupos novedosos, están a diez minutos de votar socialista buscando una especial sensibilidad por los débiles sin experimentos extremistas. Esa es la línea de flotación a la que se dirigía el ministro: a quienes creen que votar PSOE es votar moderación y políticas sociales. A la vista de algunos pactos, el más cercano el de Valencia, sabemos que eso no es del todo cierto y que ya no se trata de un “coco” con el que asustar a niños temerosos y votantes impresionables. Es una realidad que no ha hecho más que asomar la patita.</p>
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		<title>Molinos chinos</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jul 2015 15:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Si no estuviera tan lejos, aparcaría en Ciudad Real. Lástima que no me pille de camino al trabajo. Lo digo porque cuesta más una plaza de garaje en Valencia que un aeropuerto en Ciudad Real. Y allí, al menos, siempre tendría sitio para dejar el coche y no como en Russafa donde a los vecinos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/aeropuerto-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6729" title="aeropuerto--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/aeropuerto.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Si no estuviera tan lejos, aparcaría en Ciudad Real. Lástima que no me pille de camino al trabajo. Lo digo porque cuesta más una plaza de garaje en Valencia que un aeropuerto en Ciudad Real. Y allí, al menos, siempre tendría sitio para dejar el coche y no como en Russafa donde a los vecinos no les queda otra que hacer vehículos plegables con impresoras 3D para guardárselos en el bolsillo.</p>
<p>10.000 euros por un aeropuerto llamado “Don Quijote” es tan triste que solo puede inspirar el último episodio de la novela cervantina, aquel en el que el caballero manchego lucha contra bazares chinos al confundirlos con terribles dragones de colas aladas. Don Quijote merecía algo mejor que estuviera a la altura de su grandeza y no de sus ensueños, y España merece un caballero andante que la defienda de los malandrines que la han querido ordeñar durante años hasta la extenuación y se han ido después de rositas y hasta de crucero caribeño. Los “Malambruno” de esta historia no era valencianos, curiosamente, y ni siquiera eran del PP, aunque algunos siempre hayan visto a José Bono más cerca de Génova que de Ferraz. Eran localistas y con intereses electorales en el terruño. Y, en ese modo, no hay siglas sino primos que colocar. Así, creyeron que la Mancha necesitaba su aeropuerto, su universidad y si me apuran hasta su parque acuático. Eso sí es aldea y lo demás son cuentos.</p>
<p>Ahora, una obra que costó cientos de millones se malvende por calderilla. Y no hay nadie responsable del desaguisado. Ese es el comienzo de Burkina Faso. No se trata solo de que alguno se lo hayan llevado en maletines, sobres o cáscaras de plátano canario. Lo que nos ha empobrecido no ha sido tanto la corrupción como la impunidad, la gratuidad del malgasto. Nadie responde por haber dilapidado cientos de millones que podrían haberse destinado a esos colegios y hospitales que tanto teme desalojar la portavoz. Sobre los malgastadores no cae el peso de la ley porque no es delito, es mala praxis. Sin embargo, el agujero que crea un mal uso de los recursos públicos seguramente es mayor que el abuso de unos pocos. Y lo peor, en ambos casos, es el clima de generalización e indiferencia. Ese sentido de que lo público no es de nadie, como si cayera de los árboles. Pero no veo al ministro Montoro perseguir con saña a los “defraudadores de lo público” como hace con quienes intentan driblar a los recaudadores de impuestos. Estos defraudan en lo propio contra los intereses generales pero aquellos lo hacen con lo de todos contra esos mismos intereses, lo que multiplica su desvergüenza y su perjuicio colectivo. El localismo miope es uno de los mayores riesgos para la racionalización del gasto público. Si hay un aeropuerto a 50 kilómetros quizás no sea necesario otro. Y quien dice aeropuerto dice universidad, palacio de congresos y hasta radiotelevisión.</p>
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		<title>Cultivar el odio</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2015 14:45:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Con el odio no se juega. Ni como metáfora ni como cita ilustrada. Ni tan siquiera como broma entre amigos. El odio es la caja de Pandora que, una vez abierta, tiene consecuencias nefastas y es imposible de cerrar. En estos tiempos, se apela demasiado al odio. Y sobre todo se hace con excesiva ligereza. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/varoufakis-grecia-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6613" title="varoufakis-grecia--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/varoufakis-grecia.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Con el odio no se juega. Ni como metáfora ni como cita ilustrada. Ni tan siquiera como broma entre amigos. El odio es la caja de Pandora que, una vez abierta, tiene consecuencias nefastas y es imposible de cerrar.</p>
<p>En estos tiempos, se apela demasiado al odio. Y sobre todo se hace con excesiva ligereza. En España, llevamos años jugando a odiarnos y al final acabaremos haciéndolo de verdad. La irresponsabilidad no está en pedir cuentas de una memoria histórica que necesita su reparación sino en el tono empleado para lograrlo. Que era necesario dar una respuesta a quienes preguntaban por sus familiares desaparecidos desde hacía décadas es evidente, pero lo aconsejable era no hacerlo apelando a los familiares del otro. Parece que en este país no sabemos resolver una disputa sin destrozarnos antes y empezar la partida de cero. Lo grandioso de la Transición –eso que Podemos llama “el régimen del 78”- fue superar el odio. Ni siquiera traer la democracia a España o lograr que las Cortes franquistas se hicieran el harakiri. Fue sustituir el odio por bicarbonato. Y lograr, así, que los hijos y nietos de quienes se dispararon en el frente se sentaran juntos reprimiendo las ganas de degollar al otro. Nadie dice que no tuvieran esos sentimientos pero si así era, fueron capaces de superarlo por el bien de la convivencia. Por eso enfada ver la frivolidad con la que algunos hablan de ese “régimen del 78” como si fuera una desgracia totalitaria en un país desangrado durante siglos en combates fratricidas.</p>
<p>Lo mismo puede decirse de una Europa partida en dos o en cuatro o en diez hasta lograr reconciliarse. Las reuniones del Eurogrupo o las decisiones de la UE serán muy torpes e incompletas pero tienen un sustrato imposible de olvidar. Hace apenas medio siglo que Francia y Alemania han dejado de odiarse. Merkel será una dominatrix y Hollande, un bufón, pero representan a dos pueblos que han vivido matándose hasta hace media hora. Es lo que tiene el odio. Es un sentimiento tan fuerte como el amor que permanece, aunque se acabe la convivencia. Del mismo modo, el odio continúa aunque cesen las armas. Y reponerse de siglos o décadas odiando al vecino necesita mucho diván colectivo. Que se lo digan a los serbios y los croatas. Aún están en ello.</p>
<p>Por eso resulta tan inquietante ver a Varufakis citando a Roosevelt en Twitter: “Son unánimes en su odio hacia mí. Y yo doy la bienvenida a su odio”, decía un tuit suyo. No debería jugar con fuego. Ni Europa odia a Grecia ni estamos como para derrochar prudencia en un mundo en crisis. Un continente que ha permanecido en el enfrentamiento durante toda su historia y que ha conseguido vivir en paz por unas décadas, merece algo mejor que un chulo provocando al primo de Zumosol. No es difícil convocar a los jinetes del Apocalipsis. Lo complicado será encerrarlos de nuevo después.</p>
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		<title>Conectar o vincular</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Feb 2015 16:44:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Hubo un tiempo en que Europa se construía a golpe de cayado. Por entonces, las fronteras se superaban andando y caían a los pies de los caminantes que acudían a Santiago. Fue así, bajo el horizonte de Compostela, como se forjó la conciencia de formar parte de un terreno común. No era solo una sensación [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/rajoy-valls-francia-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6520" title="rajoy-valls-francia--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/rajoy-valls-francia.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Hubo un tiempo en que Europa se construía a golpe de cayado. Por entonces, las fronteras se superaban andando y caían a los pies de los caminantes que acudían a Santiago. Fue así, bajo el horizonte de Compostela, como se forjó la conciencia de formar parte de un terreno común. No era solo una sensación de pertenencia al continente hasta frenar en Finisterre sino de compartir los mismos valores, anhelos y referentes. El Camino forjó la identidad europea y unió a los pueblos que hoy se saben conectados.</p>
<p>Cuando ahora escucho a Rajoy a Manuel Valls, el primer ministro francés, hablar de la interconexión eléctrica entre los dos países vecinos, cuya línea quedó inaugurada ayer, en esos mismos términos, no puedo dejar de asombrarme y sentir cierta nostalgia histórica. Decían los dos mandatarios que esa línea ayudaría a la integración europea y a eliminar sus fronteras. Sin duda, es cierto, pero las huellas de su presencia en Europa carecen de historia, contenido, arte y fe. Ese salto es el símbolo de nuestra realidad. Las interconexiones de hoy son meramente instrumentales. Esa es la diferencia con los tiempos del Camino medieval. Entonces, quienes interconectaban los territorios eran las personas y lo que transportaban era sabiduría, costumbres, lengua o creatividad. Ahora son las infraestructuras que llevan, de un sitio a otro, electricidad o mercancías. Es la vida frente al consumo, que no es más que otra forma de resumir nuestra contemporaneidad. Son necesarias, por supuesto, pero entre un capitel del Císter y una factura de la luz sin sobresaltos, me quedo con el capitel. Es Europa. Lo otro, bien podría ser China si no fuera tan costoso traer la luz desde allí. Ya sé que suena a antiguo y a poco práctico pero la Europa con la que sueño es algo más que una panda de mercaderes.</p>
<p>Quizás el error estuvo en presentar un incuestionable avance para ambas naciones y para la propia Europa en términos demasiado poéticos. La profundidad del alma no casa bien con presupuestos, gasto público o infraestructuras estratégicas. Tal vez hubiera sido mejor incidir en la importancia del control y autonomía en materia energética para los países de nuestro entorno, sometidos a la presión de conflictos en puntos clave como Ucrania o Argel. Así podríamos asomarnos a la nueva interconexión valorando lo mucho que aporta en términos económicos pero sin pretender ver en ella algo de lo que carece un mero avance tecnológico. La luz no vertebra Europa o al menos no lo hace como lo hizo un camino plagado de vida, de creencias, cultura y lazos humanos. La verdadera conexión es la que logran las personas. Todo lo demás, líneas eléctricas, corredores mediterráneos –si los hubiera- o planes de futuro conjuntos son espacios o plataformas que procuran ese vínculo. Pero lo que crea el vinculo es la voluntad de permanecer juntos.</p>
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		<title>Gasolina para llevar</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Feb 2015 16:02:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando alguien es manazas o torpe con las cosas prácticas, huye de cualquier situación que ponga en evidencia su incapacidad para hacer lo que a otros resulta muy fácil. En mi caso, poner gasolina sin ayuda y sin resultados catastróficos me ha costado sangre, sudor, lágrimas y algún que otro par de zapatos. El trauma [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/79707201-575x311.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6498" title="79707201--575x311" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/79707201.jpg" alt="" width="300" height="162" /></a>Cuando alguien es manazas o torpe con las cosas prácticas, huye de cualquier situación que ponga en evidencia su incapacidad para hacer lo que a otros resulta muy fácil. En mi caso, poner gasolina sin ayuda y sin resultados catastróficos me ha costado sangre, sudor, lágrimas y algún que otro par de zapatos. El trauma principal se produjo hace muchos años cuando, de camino a Madrid para asistir a una reunión, paré en una gasolinera sin personal salvo para el cobro. Al ir a llenar el depósito, la manguera estaba mal puesta y customicé mis zapatos con “eau de oil”, o sea, empapaditos de gasolina hasta el corvejón. Como el viaje era relámpago, pues solo tenía esa finalidad profesional, no contaba con otro par de zapatos ni tiempo para comprarme unos en la capital, de modo que tuve que asistir de esa guisa. Nada más llegar me tocó explicar a todo el mundo lo sucedido en la gasolinera, para que no pensaran que iba de suicida yihadista o de monja tibetana a punto de inmolarme prendiéndome fuego en la puerta del Constitucional. Reconozco que la reunión me pareció muy molona, seguramente por efecto de los efluvios que emanaban de mis zapatos.</p>
<p>Después de aquello, vigilo mucho dónde paro a poner gasolina y siempre que puedo evito aquellas estaciones que solo disponen de autoservicio. Tengo que decir que he mejorado mucho y ya consigo que toda la gasolina entre en el coche sin percances, pero no acabo de confiar en mi habilidad para los trasvases.</p>
<p>Por eso ante la proliferación de estaciones “low cost” donde no hay nadie que atienda al cliente ni siquiera para cobrar, siento cierta inquietud. Me temo que antes o después tendremos que pasar todos por ese trance pero entiendo, como puede suponerse, las reticencias de unos y otros. No soy precisamente una defensora a ultranza de esa fórmula, dados mis antecedentes. Pero también veo que la autogestión se ha impuesto en muchos ámbitos que antes nos hubieran parecido incapaces de subsistir sin personal. Durante años me rebelé contra la insistencia de los bancos por que usáramos los cajeros automáticos, una práctica a la que mi madre fue incapaz de acostumbrarse y como ella miles de personas mayores, desmemoriadas y torpes con la tecnología. No sirvió de nada. Ahora apenas nos acercamos a la ventanilla, como sucede en muchas otras actividades.</p>
<p>En el futuro me imagino que la línea será doble, como ha ocurrido con muchas otras cosas. Eso significa una eliminación de costes que rebaje el precio para quien quiera encargarse él y pagar menos, como los talleres de coche para arreglárselo uno mismo. Y, enfrente, un incremento del precio para quien prefiera pagar y tener un servicio mejor y seguro, antes que hacerlo él. En mi caso, siempre que pueda pagármelo, seguiré encantada de ser atendida por un profesional. Prefiero que sea de la gasolina, antes que de la zapatería.</p>
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		<title>Una generación excluida</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Oct 2014 15:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando aún estábamos tratando de asimilar el último caso de corrupción a gran escala conocido esta semana, se hicieron públicos ayer el informe Foessa sobre exclusión y desarrollo y el de Unicef sobre los efectos de la crisis en la infancia de los países ricos. En ambos se alerta del impacto que en toda una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6344" title="DOCU_LP DOCU_VERDAD" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866.jpg" alt="" width="300" height="156" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866.jpg 575w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866-300x157.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Cuando aún estábamos tratando de asimilar el último caso de corrupción a gran escala conocido esta semana, se hicieron públicos ayer el informe Foessa sobre exclusión y desarrollo y el de Unicef sobre los efectos de la crisis en la infancia de los países ricos. En ambos se alerta del impacto que en toda una generación están teniendo los recortes y el nuevo entorno económico. Los niños y los jóvenes son los que más sufren pero no son los únicos. Foessa, junto a Caritas, alerta de que hay una “generación excluida” y no se refiere al concepto de “exclusión social” que a menudo manejamos para referirnos a personas que están radicalmente fuera del sistema. Habla, por ejemplo, de los excluidos del trabajo y describe a aquellos que han sido desplazados de su puesto y no tienen forma de incorporarse a otro donde sea necesaria su cualificación. Es el drama de muchos que han perdido su trabajo a los 45 o 55 años y no tienen ni margen para reciclarse en las mismas condiciones que otros más jóvenes ni posibilidades de acceder a otro puesto donde prefieren gente de menor edad. Su preparación y experiencia, muy superior a los recién salidos de la universidad, en lugar de darles alas, les pesa como un lastre. Son parte de la “generación expulsada”. Lo grave de ese concepto es que se aplica a quienes han sido excluidos no ya del trabajo sino de la vivienda o de los servicios sociales. La conclusión es terrible: solo la tercera parte de los ciudadanos puede decirse que viven una situación de integración plena. Es decir, dos tercios de los españoles sufren algún tipo de exclusión.</p>
<p>El informe además nos ayuda a cambiar el punto de vista. Lo que estamos viviendo, dicen los expertos, no es consecuencia sino causa de la crisis. Ese giro en la visión de la realidad es esencial y muy profundo. Es más: nos da capacidad para vincular la exclusión generalizada con la corrupción generalizada sin caer en demagogia barata. Lo que viene a decir es que en el origen de todo está el modelo económico y la crisis de valores. Es el origen común de la brecha social, del incremento de la exclusión y también de la podredumbre de quienes tocan el dinero público y pierden el norte. No se trata de reprochar a quienes se lo llevan porque ese dinero serviría para dar de comer a niños pobres. Lo urgente es asumir que es nuestra relación con la riqueza lo que produce pobreza y avaricia a manos llenas. La crítica se produce ahora desatada porque nos golpean las restricciones pero hace quince años, cuando todos creíamos nadar en la abundancia, no. Sobre eso también nos deberíamos parar a pensar. Sin duda, el robo desmedido es lamentable, punible y vomitivo, pero no debería preocuparnos solo el final sino el principio del proceso. La limpieza ha de comenzar en los valores, en la educación y en la moral colectiva, no solo en los tribunales.</p>
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		<title>La carrera de una mujer</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2014 20:53:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Dos grandes multinacionales tecnológicas han ofrecido a sus empleadas un paquete nuevo en el seguro médico. A partir de ahora cubrirán los gastos de la congelación de óvulos. La razón es que han comprobado que tienen pocas mujeres trabajando para ellos, a pesar de su cualificación en ese terreno, porque cuando deben elegir entre su [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/ingeniero-informatico-abc-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6329" title="ingeniero-informatico-abc--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/ingeniero-informatico-abc.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Dos grandes multinacionales tecnológicas han ofrecido a sus empleadas un paquete nuevo en el seguro médico. A partir de ahora cubrirán los gastos de la congelación de óvulos. La razón es que han comprobado que tienen pocas mujeres trabajando para ellos, a pesar de su cualificación en ese terreno, porque cuando deben elegir entre su carrera profesional y sus ganas de ser madres, eligen esto último. Así, les resulta tan difícil compaginar el cuidado de unos hijos con un ascenso y una promoción laboral que terminan por desistir. Con la congelación de sus óvulos a los treinta, pretenden asegurar que pospondrán la maternidad cuando hayan consolidado su posición profesional. Supongo que la decisión es bienintencionada. Al menos, para las cuentas de la empresa. Es decir, no niego que se pretenda ayudar a la mujer pero siempre después de usted. O sea, después de ayudar a la empresa a ganar más y a no echar a perder el talento que tiene entre su personal femenino.</p>
<p>El problema sigue siendo coral. No es solo que determinados empresarios o concejales de ayuntamientos madrileños o presidentas de entidades empresariales consideren la maternidad una molestia. También lo ven así las interesadas. Como un obstáculo. La diferencia es que ellas lo ven así porque no tienen opción. Los anteriores, sí. Son ellos quienes deben regular la vida laboral de forma que pueda atenderse a ambos objetivos.</p>
<p>La lucha por la conciliación no es un capricho de cuatro mujeres que además son madres. Debería ser la lucha de todos los trabajadores. Y diría que de toda la sociedad. Conciliar no es dar el pecho a los bebés. Es, ante todo, considerar que el trabajador es una persona y no una pieza de un engranaje. Eso significa que su trabajo es solo una parte y, no necesariamente la esencial, de su vida. El problema es que esta sociedad sigue siendo androcéntrica y los hombres, desde hace siglos, han dedicado su tiempo a ganarse el pan. ¿Por qué se quejaba la presidenta del Círculo de Empresarios de que las mujeres se quedaban embarazadas? Porque los hombres no se cogen, con la misma proporción, el permiso por paternidad. ¿Por qué estas empresas pretenden que se posponga la maternidad? Porque la paternidad no altera las jornadas laborales. Si el hombre acostumbrara más de lo que lo hace a pedir permiso para llevar al niño al pediatra o para ir a una reunión del cole o para cuidar a su padre enfermo, no se señalaría tanto a la mujer. Se vería como lo que es: la vida está más allá del puesto de trabajo. Mientras sean las mujeres las que tengan que asumir la carga doméstica casi en solitario es muy difícil que se dejen de ver esos asuntos como “cosas de mujeres”. No lo son. Vivir debería ser la prioridad. La conciliación no es una exigencia de las madres. Es de las personas que pretenden seguir trabajando en el siglo XXI y no en el XVIII.</p>
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		<title>Dos sillas vacías</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Sep 2014 21:44:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[En apenas unos días, Emilio Botín e Isidoro Álvarez. Dos pesos pesados de la economía española, el Banco Santander y El Corte Inglés. La coincidencia en el tiempo multiplica el golpe y las reflexiones existencialistas sobre la insignificancia del ser humano ante lo inevitable. Ni el poder ni el dinero frenan a la “parca” y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/isidoro-alvarez-emilio-botin-2008-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6287" title="isidoro-alvarez-emilio-botin-2008--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/isidoro-alvarez-emilio-botin-2008.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>En apenas unos días, Emilio Botín e Isidoro Álvarez. Dos pesos pesados de la economía española, el Banco Santander y El Corte Inglés. La coincidencia en el tiempo multiplica el golpe y las reflexiones existencialistas sobre la insignificancia del ser humano ante lo inevitable. Ni el poder ni el dinero frenan a la “parca” y su guadaña. Tan cierto que resulta pueril recordarlo pero, al mismo tiempo, es extrañamente necesario en una sociedad convencida, aún, de que no todos vivimos de la misma forma y mucho menos morimos de la misma forma. Por mucho que nos lo contaran Valdés Leal y algunos de su generación con el “Finis gloriae mundi” y sus esqueletos advirtiéndonos de un final igualitario, hemos de verlo por nosotros mismos para saber que el “polvo eres” iba para todos. Esa parece la lección de este extraño final de verano que nos alienta a volcarnos en lo esencial ante el rápido paso del tiempo. Más allá de la nostalgia que produce la contemplación de los despojos, como Francisco de Borja en el momento de decir su particular “nunca más”, las dos figuras desaparecidas en tan pocas horas tienen algo en común. Pertenecen a una generación de trabajadores incansables. Con todos sus aciertos y sus errores, ambos representan la promoción en tiempos antiguos: o bien por la familia, pero mejorando lo anterior, no dilapidándolo, o bien por la cautelosa ascensión desde el puesto ínfimo en la empresa. Dos ejemplos, al menos en eso, que siguen siendo válidos para quienes convivimos con el mayor porcentaje de “ni-nis” de Europa. Son su antítesis. Trabajaron, se esforzaron, hicieron bien e hicieron mal pero intentaron aportar y crecer.</p>
<p>En estos momentos en los que tanto se habla de emprendedores, de iniciativa, de autónomos capaces de crear su propio empleo, la desaparición de dos gigantes de la economía en España supone la pérdida de referentes. Dos huecos potentes en cualquier reunión de los empresarios más señalados con el rey o con el presidente del gobierno. Son dos sillas, casi tronos, en ellas. Si negar sus sombras, han hecho crecer la herencia que recibieron; han creado empleo y se han convertido en imprescindibles. Son un banco y una empresa que simbolizan a España. Su caída hubiera sido, en ambos casos, un terremoto de dimensiones colosales, de tanto que representan. Dos imperios que pierden a sus hacedores y han de permanecer en manos de sus sucesores. Son retos impresionantes para los dos. Pero también para la economía española que debe asegurar la “sucesión” en términos globales, esto es, nuevas generaciones de emprendedores capaces de levantar imperios, no solo de sobrevivir personalmente. En eso, la enseñanza básica no pone apenas el acento y así es difícil lograrlo. Quizás sea el momento de revisar si se cultiva o no la capacidad y la iniciativa de las próximas generaciones de empresarios.</p>
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		<title>Sequía en Bruselas</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Aug 2014 08:41:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Decía ayer la ministra García Tejerina que aún era pronto para saber si es mucho o poco lo destinado por Bruselas para paliar los efectos del cierre del mercado ruso a las frutas y verduras europeas. Mucho nunca es. Lo sabemos todos. Y poco siempre nos parecerá. Es más, para cuando queramos darnos cuenta de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/08/Unknown.jpeg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-6232" title="Unknown" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/08/Unknown.jpeg" alt="" width="291" height="173" /></a>Decía ayer la ministra García Tejerina que aún era pronto para saber si es mucho o poco lo destinado por Bruselas para paliar los efectos del cierre del mercado ruso a las frutas y verduras europeas. Mucho nunca es. Lo sabemos todos. Y poco siempre nos parecerá. Es más, para cuando queramos darnos cuenta de que la cantidad aprobada es escasa ya será tarde. Al menos, cuando se dé cuenta o quiera darse por aludida la propia ministra y, con ella, los mandatarios de la Unión. ¿Habrá margen para aliviar a un productor ya doliente por la sequía, la crisis y las restricciones actuales? ¿Tendrá fuerza un gobierno que tampoco es capaz de conseguir una beneficiosa PAC? ¿Se escuchará entonces a una Comunidad Valenciana a la que se le niegan fondos insistentemente?</p>
<p>De momento, a los agricultores valencianos los 125 millones se les quedan cortos. Y es así porque no están incluidos los cítricos. ¿Cómo tranquilizar a los agricultores de estas tierras cuando viven en un “ay” por la lluvia que no viene y la piedra que se deja caer sin miramiento en estas fechas sobre los naranjos? Es cierto que ahora nos puede parecer un tanto alejada la comercialización de un fruto que aún está en el árbol, pero conociendo el ritmo de decisión de Europa y el plazo marcado para estas ayudas –hasta noviembre- recordar que hay más necesidades dentro de dos meses será tarea inútil. Con suerte, para entonces el conflicto se haya relajado y la amenaza no sea tan grave pero también estaremos dejando margen a otros mercados para entrar en la estepa rusa. El veto no es un problema concreto y ceñido en el tiempo sino de largo recorrido. No solo se perjudica una temporada sino que facilita el acceso a otros productores que ven el camino libre para acabar con todo el esfuerzo de años realizado por los valencianos.</p>
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		<title>Putin y Merkel</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jul 2014 21:09:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Sobre ambos se ha escrito de todo. Sus partidarios los encumbran y sus detractores los presentan como seres demoníacos. Son el presidente ruso, Putin, y la cancillera alemana, Merkel. Ambos tienen en común haber vivido bajo el régimen comunista soviético; en la URSS, Vladimir o en su satélite, la RDA, Angela. Ambos han pertenecido a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/07/MERKEL-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6204" title="MERKEL--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/07/MERKEL.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Sobre ambos se ha escrito de todo. Sus partidarios los encumbran y sus detractores los presentan como seres demoníacos. Son el presidente ruso, Putin, y la cancillera alemana, Merkel. Ambos tienen en común haber vivido bajo el régimen comunista soviético; en la URSS, Vladimir o en su satélite, la RDA, Angela.</p>
<p>Ambos han pertenecido a organizaciones comunistas, de larga trayectoria en el caso de él; solo en su juventud, en el de ella.</p>
<p>Sin embargo, hay algo que parece diferenciarlos. Merkel comenzó su carrera política con la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania, es decir, con la vuelta a la democracia de la Alemania que estaba bajo la órbita soviética. Putin, en cambio, ingresó en la KGB nada más terminar la universidad, allá por el año 75, y ya no lo ha dejado. Hasta la fecha. Es decir, Merkel ha sabido evolucionar desde la dictadura soviética hasta la democracia europea mientras que Putin no parece haber hecho esa transición personal. No hay más que ver el juego entre Medvedev y él para repartirse la presidencia del Estado y la del gobierno. Sus modos son autoritarios frente a los demócratas de la cancillera, aun con todas sus limitaciones.</p>
<p>Quizás la razón de esa diferencia radica por un lado en la educación protestante de Merkel y por otro en la propia evolución de Alemania frente a la podrida oligarquía rusa. Merkel no ha buscado reproducir los esquemas de un sistema corrupto como el de la RFA. Es verdad que la democracia no es perfecta, pero aún conserva unos controles que impiden a un dirigente extralimitarse. No así en Rusia donde el presidente ha adoptado los modos del zarismo con los instrumentos de la URSS. Por eso no es de extrañar ni las muertes de periodistas en Moscú o en Londres, ni las matanzas de terroristas poco aclaradas, ni, ahora, las sospechas sobre el avión derribado en Ucrania.</p>
<p>La izquierda dice que la imagen de Putin está manipulada por la propaganda americana y, a estas alturas, tampoco me parece descabellado. Sin embargo, no quisiera tener un presidente como él investigando lo ocurrido. Ni siquiera presidiendo el festival del colegio de un hijo.</p>
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