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	<title>iPou 3.0educación &#8211; iPou 3.0</title>
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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>El honor demócrata</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2015 22:16:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Unos acusan a los otros de franquistas y aquellos se sienten heridos en su honor. Los primeros son de Compromís, quiénes si no, y los segundos, del PP, ¿alguien lo duda? Pero a los valencianos dependientes no les ayuda ni Franco ni su más firme enemigo. Tampoco a quienes sufren pobreza energética y eligen entre [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/puig-marza-235x235.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-6932" title="puig-marza--235x235" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/puig-marza.jpg" alt="" width="235" height="235" /></a>Unos acusan a los otros de franquistas y aquellos se sienten heridos en su honor. Los primeros son de Compromís, quiénes si no, y los segundos, del PP, ¿alguien lo duda? Pero a los valencianos dependientes no les ayuda ni Franco ni su más firme enemigo. Tampoco a quienes sufren pobreza energética y eligen entre pagar la luz o comer durante dos semanas; ni a las familias en riesgo de exclusión, los parados de larga duración o quien tiene un contrato de 400 euros para mantenerse él, sus hijos y sus cinco nietos. A todos esos les resulta muy lejano el debate que se vivió ayer en las Cortes Valencianas a cuenta de las Selecciones deportivas nacionales valencianas. Los verdaderos problemas de los ciudadanos que les han llevado hasta allí no tienen que ver con las señas de identidad aunque unos y otros se empeñen en pedirse pruebas de pureza de sangre democrática. De ese modo, si el resultado deja algo de margen, pueden llevar a la hoguera al infiel.</p>
<p>Por un lado, la diputada del PP Beatriz Gascón no dijo nada que no fuera verdad, esto es, que el conseller Marzà ocupa el lugar menos recomendable pero más deseado por el sectarismo ideológico. Y ejerce. Lo que unido a la deriva catalana y a la presencia de ambas fuerzas nacionalistas en el Congreso de los Diputados puede tener efectos perniciosos para los valencianos y esa identidad que algunos creen representar sin que los afectados se hayan manifestado mayoritariamente en ese sentido hasta el momento. Eso no lo dice ella; lo digo yo. Ella se limitó a advertir del paralelismo entre la constitución de selecciones deportivas nacionales en Cataluña y en Valencia.</p>
<p>A priori, no presenta problemas pero, conociendo el contexto, no es tan abominable imaginar la sinergia en la que puede terminar esa “coincidencia”. Sin embargo, la respuesta del diputado de Compromís Josep Nadal lejos de defender la histórica reivindicación que la sociedad valenciana ha hecho durante décadas de una selección “nacional” –nótese la ironía- y obviando el entusiasmo que provoca “la roja” en la terreta, ha concluido con que las críticas eran cosas de la añoranza franquista del PP. Anótenlo. Será uno de los mantras de la temporada. Ahora resulta que el sentimiento nacional español es pecaminoso y, sobre todo, anticonstitucional. Es lo que se desprende de la apelación de Nadal al texto constitucional acusando al PP de no respetarlo en el punto en el que reconoce la diversidad de lenguas y naciones. Espero que ponga el mismo empeño en defender el inicio de la frase. El artículo 2, antes que hablar de nacionalidades, reconoce que la nación es una, “patria común e indivisible”. Así, defender la unidad de España no es una prerrogativa de los fascistas. Todo lo contrario. Es defender el orden constitucional, justo lo que reclamó Nadal ayer. Y lo que se espera de un verdadero demócrata.</p>
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		<title>Los Gasol de la Ciencia</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Oct 2015 19:19:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Cada vez que una voz pública, como ayer la del rey, reclama que se proteja y potencie la ciencia en España, tendemos a pensar en las autoridades y las empresas de quienes depende la inversión; en las universidades, que acogen las iniciativas, o en los propios científicos que se sacrifican por llevar adelante los proyectos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/resizer.php_.jpeg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-6822" title="resizer.php" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/resizer.php_.jpeg" alt="" width="234" height="132" /></a>Cada vez que una voz pública, como ayer la del rey, reclama que se proteja y potencie la ciencia en España, tendemos a pensar en las autoridades y las empresas de quienes depende la inversión; en las universidades, que acogen las iniciativas, o en los propios científicos que se sacrifican por llevar adelante los proyectos a pesar de las muchas dificultades. Sin embargo, el rey se refirió también a la sociedad en su conjunto, algo que suele quedar en el olvido cuando se relega al final de la enumeración de implicados.</p>
<p>Es cierto que la existencia de una ciencia fuerte depende de la apuesta decidida por ella en lo que el rey llamó &#8220;la suma de voluntades en la que han participado organismos públicos de investigación, universidades, empresas y administraciones públicas&#8221;. A todos ellos corresponde impulsarla y canalizar los esfuerzos de cualquier tipo para que se materialicen en avances concretos. Sin embargo, la inversión, sin capital humano, no produce nada. La clave de todos los que ayer vieron reconocidos sus desvelos y su dedicación con un premio Jaume I es la convicción de que es necesario avanzar, de que sin investigación, desarrollo e innovación nos encaminamos al fracaso. Ese “mantra” no se improvisa ni aparece de repente en la vida de nadie. Un “ni-ni” no llega por sí mismo a esa conclusión tumbado en su sofá chateando con los amigos. A ese punto se llega porque se ha visto en casa a un emprendedor esforzado, que hace mil horas con tal de sacar adelante su negocio. Porque se ha tenido, cada tarde, al padre, la madre o el hermano mayor acompañándole para hacer los deberes, para estudiar, para ser alguien de provecho o para acostumbrarlo a leer o a ser curioso. Porque se ha dado más importancia a la formación que a la marca de botas de fútbol o al dibujo snob de la mochila escolar. El científico o el innovador se hace desde pequeñito, en un caldo de cultivo que le obliga a empaparse de interés por saber, por crecer y por aportar algo que mejore el mundo que le rodea.</p>
<p>Eso depende de las familias pero también del conjunto de la sociedad que exija mayores estándares en la educación, sea pública o privada, en la innovación de las empresas y en la valoración social de los científicos o de los creativos. El rey pidió acciones que generen &#8220;más vocaciones científicas y un mayor espíritu emprendedor entre nuestros jóvenes”. Explicar, divulgar y hacer atractiva la ciencia es necesario pero no suficiente. El mejor entorno para que eso ocurra requiere dejar de considerar la incultura científica como algo normal –cosas de cuatro chalados- y no como lo que es: propio de países retrasados. Esa es la mejor Champions en la que podemos estar, más que la de la economía o la del futbol. Es posible tener un Nadal, un par de Gasol y muchos Iniesta en Ciencia. Solo hay que empezar a mimarlos tanto como a ellos.</p>
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		<title>Que piensen ellos</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Sep 2015 19:17:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Lo acaba de proponer Japón, ese país que hemos tenido durante décadas como ejemplo de progreso, de avance y de sacrificado esfuerzo colectivo. Su primer ministro ha pedido a las universidades públicas que supriman las carreras humanísticas, desde Historia a Derecho, Educación o Arte, para centrarse en las técnicas. El argumento es la necesidad que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/09/abe-convoca-elecciones-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6816" title="abe-convoca-elecciones--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/09/abe-convoca-elecciones.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Lo acaba de proponer Japón, ese país que hemos tenido durante décadas como ejemplo de progreso, de avance y de sacrificado esfuerzo colectivo. Su primer ministro ha pedido a las universidades públicas que supriman las carreras humanísticas, desde Historia a Derecho, Educación o Arte, para centrarse en las técnicas. El argumento es la necesidad que tiene el país de ingenieros y científicos frente a la inutilidad de literatos, filósofos o historiadores. La sugerencia no era tal habida cuenta de que la negativa de algunas autoridades académicas hará reducir el dinero público destinado a las universidades rebeldes, como la de Tokio y la de Kioto que ya han anunciado su oposición a los planes del gobierno.</p>
<p>El enfoque parece sensato a priori. Los recursos públicos deben rentabilizarse al máximo. No es tiempo de perder dinero ni hacer inversiones sin resultados. Sin embargo, cuando se trata de la educación ni la rentabilidad puede medirse ni las inversiones se pierden aun cuando, incluso, así parezca. Hay estudiantes que pierden un año porque se despistan, se relajan y se dedican a vivir la vida durante el inicio de su carrera. Según ese planteamiento tan radical, habría que invitarles a irse y no volver jamás a la universidad. Sin embargo, algunos reaccionan tras un año “sabático” y estudian, se esfuerzan y llegan más lejos de lo que cabría esperar y mucho más que sus compañeros. La razón es la semilla sembrada y germinada en su tiempo y a su modo.</p>
<p>La educación es esa semilla normalmente incontrolable. Pocos profesores pueden afirmar de forma rotunda qué “resultado” dará cada uno de sus alumnos. De lo que sí pueden estar seguros es de que existen los aparentes “milagros” cuando ese estudiante que parecía ausente en clase dejó que la semilla del interés, la curiosidad y el afán de aprender fuesen asentándose en su interior. Es la cara más apasionante de la enseñanza, en ocasiones dura porque no se ve el fruto, pero a menudo grandiosa porque, con el tiempo, el buen docente sabe que ha depositado un germen de crecimiento que florecerá cuando proceda y que ayudará a otro ser humano a ser mejor persona, mejor intelectual y mejor ciudadano. Ese enfoque no tiene nada que ver con la miopía de Japón -y de algunos responsables locales- que solo mide el saber por su utilidad inmediata. Su planteamiento tiene, también, una perversión más: en el fondo se usa a las personas y se les “fabrica” como piezas de un engranaje. Aunque aparente libertad, ese modelo universitario nipón está más cerca del mundo feliz de Huxley que del avanzadísimo Imperio del Sol Naciente. Tampoco nosotros estamos alejados. Los últimos intentos por recortar esas materias en Bachillerato así lo indican. Más grave aún porque no se trata de formar a especialistas sino de enseñar a pensar en chavales que están construyendo sus propios cimientos.</p>
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		<title>Imponer la libertad</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2015 15:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[A pocos puede sorprender el modelo educativo que pretende imponer el nuevo Consell. Lo que incomoda es la apelación a la libertad. La libertad es un principio indiscutible. Sobre todo en el discurso políticamente correcto. ¿Cómo mostrarse contrario a una medida que nos hace libres? El problema es que la implantación de un modelo educativo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/marza-490x490.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6735" title="marza--490x490" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/07/marza.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>A pocos puede sorprender el modelo educativo que pretende imponer el nuevo Consell. Lo que incomoda es la apelación a la libertad. La libertad es un principio indiscutible. Sobre todo en el discurso políticamente correcto. ¿Cómo mostrarse contrario a una medida que nos hace libres? El problema es que la implantación de un modelo educativo y no de otro supone ya una imposición. Toda la política lo es. ¿Acaso no es una imposición que nos asignen un tramo u otro en el IRPF? ¿O que nos hagan pagar las autopistas a pesar de haberlas financiado?</p>
<p>Es cierto que quien implanta el modelo educativo puede consensuarlo con los sectores implicados, o bien decidirlo en solitario e imponerlo sin encomendarse a nadie. También puede apelar a los votos que le dan el poder de hacerlo, pero cuando uno no representa la opción más votada, la argumentación pierde fuerza. En general, toda la educación es un encorsetamiento de la persona en varas elegidas por otros, de ahí la enorme responsabilidad que supone.</p>
<p>Esa realidad no es por sí misma negativa y resulta imprescindible para formarse como persona. El niño no tiene capacidad de saber lo que le conviene, y de hecho, a todos, en algún momento, nos han impuesto algo durante nuestro proceso educativo. A mí me impusieron el valenciano -cuando Valencia capital no es una zona notablemente valencianoparlante- y el latín, algo que, en términos del conseller Marzá, sería tal vez suprimible, puesto que no es una materia de esas que “realmente preparan para la formación superior&#8221; tal y como argumenta cuando justifica la relegación de religión a un segundo o tercer plano. No me molesta ninguna de esas imposiciones que tuve que sufrir. Agradezco conocer la lengua de mi tierra y la lengua que la dio a luz. Me hacen crecer como persona y como intelectual. Lo mismo que sucede con el español- la segunda lengua más hablada del mundo- y la religión, aunque haya mentes obtusas o simplemente talibanes que se nieguen a admitirlo.</p>
<p>Libertad es poder elegir y Marzá pone esa posibilidad en manos de los centros, no de los padres que son quienes deberían tener la capacidad de decidir la formación de sus hijos. Ya hemos dado por hecho que la educación nos impone unos cauces por los que caminar que han sido decididos por terceros. Lo malo es que esos no siempre son especialistas, que orienten a las familias en lo que resulta más conveniente para sus hijos sino grupos de presión, sindicatos y profesionales politizados que velan más por sus intereses que por las necesidades reales de los alumnos. Sé que hay muchos profesores y centros que miran más por el discente que por el docente pero las últimas batallas que se han librado en la Comunidad Valenciana nos dicen que también existe lo contrario. Y que la libertad, vista desde su atalaya, es cambiar la carta por el menú. Un menú de plato único.</p>
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		<title>Sin luces</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2015 14:15:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Ayer no era el día. Puedo entender las molestias, discrepancias y enfrentamientos políticos sobre el modelo educativo, pero ayer no era el día de evidenciarlos. Apenas 24 horas después de ver cómo un maestro era asesinado por un alumno en Barcelona, sobraba todo lo que no fuera mostrar la unidad y el consenso en apoyo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/barcelona-instituto-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6605" title="barcelona-instituto--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/05/barcelona-instituto.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Ayer no era el día. Puedo entender las molestias, discrepancias y enfrentamientos políticos sobre el modelo educativo, pero ayer no era el día de evidenciarlos. Apenas 24 horas después de ver cómo un maestro era asesinado por un alumno en Barcelona, sobraba todo lo que no fuera mostrar la unidad y el consenso en apoyo del profesorado, de su labor, de su entrega y de su vocación, a pesar de todo. En lugar de transmitir a los maestros nuestro reconocimiento, solos les recordamos para someterles a recortes, a desprecios o a ninguneos. Así, Finlandia seguirá siendo el reino muy muy lejano.</p>
<p>Ni por un día fueron capaces el ministro y los consejeros de educación de asumir la responsabilidad que les exige su cargo. Esa responsabilidad significa poner el bien de los ciudadanos por encima de las estrategias de partido. O dejan de usar la educación como arma política o España no saldrá de su cueva.</p>
<p>Llevamos siglos lamentando el retraso que la “casta” de los siglos XVIII y XIX impusiera a los españoles, impidiendo el despegue de la formación, la intelectualidad y el avance social al compás de Europa. Estamos hartos de afirmar que el Siglo de las Luces no dejó su huella en la Península Ibérica y eso nos situó en el furgón de cola de los países de nuestro entorno. No fue exactamente así pero sí es cierto que las rémoras de un conservadurismo rancio y un catolicismo apolillado nos anclaron en el inmovilismo más atroz.</p>
<p>Lo recoge muy bien Pérez Reverte en su última novela donde contrapone la Ilustración y el oscurantismo ancestral español representados por los académicos que viajan a Francia para comprar un ejemplar de la Enciclopedia. En sus debates se refleja una España que se niega a avanzar, aun con riesgos, y otra que, deslumbrada excesivamente por las candilejas exteriores, se da de bruces una y otra vez con la caverna.</p>
<p>Eso parece lejano pero ayer, ante el desplante a Wert de los consejeros de las comunidades no gobernadas por el PP, visualicé el “vivan las caenas” como nunca. Los mismos que se quejan de los lastres históricos mantienen actitudes que perpetúan el retraso. Y lo hacen por la misma razón que entonces aunque no existan ni inquisiciones ni afrancesados antipatriotas: el poder. Es eso lo que sigue hundiendo la educación en España. El afán de poder, de control, de uso ilegítimo del futuro de las generaciones venideras en beneficio propio. Es lo que movió a la protesta disfrazada de dignísima oposición a un modelo centralizador. Puro teatro. Escenificar la ruptura en vísperas de elecciones locales. Al menos, lograron algo: poner de manifiesto el nivel que tenemos entre los responsables de educación. Menos mal que sigo creyendo en que los verdaderos responsables son los maestros. Pero ellos necesitan respeto, apoyo y dignificación de su profesión. Sobre todo en una jornada como la de ayer.</p>
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		<title>El genio de la patata</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2015 17:12:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[El sueño de la razón produce monstruos y el del talento, damnificados. Al menos, en los programas que pretenden descubrirlo. Si algo están demostrando los concursos de cantar, bailar, coser dobladillos en punto de cruz, imitar el trino del camachuelo trompetero en época de cría o planchar la raya del pantalón en un chándal de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/3090372.jpeg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6598" title="3090372" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/3090372.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>El sueño de la razón produce monstruos y el del talento, damnificados. Al menos, en los programas que pretenden descubrirlo. Si algo están demostrando los concursos de cantar, bailar, coser dobladillos en punto de cruz, imitar el trino del camachuelo trompetero en época de cría o planchar la raya del pantalón en un chándal de ganchillo es que en este país hay mucha nenaza. Que no se me enfade el ala feminista pues lo de nenaza es solo una forma de hablar. La “nenaza” es una “moixa” y el “nenazo” es un buenorro. Qué le vamos a hacer, son cosas del lenguaje. Por si acaso, lo dejaremos en “blandengue”.</p>
<p>El caso es que en la última edición de Masterchef, el programa de cocina que intenta descubrir el talento del cocinillas domésticos -Oh my “gore”-, apareció él. Ni nenaza ni nenazo. Tan blando por fuera que diríase todo de algodón. Era como ver a Arguiñano preguntándose “a qué huelen las nubes”. Tutu-tutu-tutu. Cuando lo conocí y supe que estudiaba para médico en la terreta, deseé fervientemente que ganara. Y que se dedicara, desde entonces, a envenenar al personal en su propia fonda. De lo contrario, la sola perspectiva de tenerlo de traumatólogo y verle ponerme una escayola en homenaje a las víctimas del estucado rococó, me producía escalofríos. Justo lo que me ocurrió cuando le supe expulsado sin gloria ni honor.</p>
<p>La razón de la ejecución sumarísima fue un engendro colosal. Qué digo colosal, hercúleo, titánico, ciclópeo, ¡me falta Olimpo y “rodalies” para poder calificarlo! Una verdadera patata (sic). Ahora bien. Esa porquería (marranada, dijo el jurado, benévolo) expuesta en Arco le quitaría el sitio al pillo que ganó 20.000 euros por un vaso de agua. Y sin hielo.</p>
<p>Algunos han lamentado que los chefs estuvieran duros con él. Efectos de la ñoñería elevada a principio pedagógico que sufrimos. Lo duro no es la crítica. Lo terrible es que los clientes ignoren el local cuando el llorón se decida a vivir de eso.</p>
<p>Lo que Pepe le espetó al Platero de los fogones es pura ternura comparado con Tripadvisor. En esta web son los usuarios los que califican, recomiendan o se quejan amargamente de hoteles y restaurantes. Los hay que terminan con un amable “no volveré” y a algunos solo les falta firmar como “la reina de corazones” y pedir “¡que le corten la cabeza … y el cucharón!”.</p>
<p>El sistema educativo nos está reblandeciendo. Su prioridad no es acostumbrarnos al halago sino a la crítica. El mejor legado de un maestro es el uso equilibrado del palo y la zanahoria. Saber cuándo aplaudir y cuándo censurar al aprendiz. Y, sobre todo, enseñarle a que sepa hacerlo consigo mismo todos los días si quiere llegar a ser un genio. Justo lo que falta a muchos participantes de realities con un autoconcepto demasiado elevado y escasa genialidad. Me temo que estamos descubriendo talento muy por encima de nuestras posibilidades.</p>
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		<title>Whatsapp de profesores</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Apr 2015 17:19:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras, dijo el clásico. Y, en efecto. Nadie nos reprochará aquello que nos guardamos, salvo el hecho de callarlo, pero sí lo que desvelamos al mundo. Ahora bien, si hay un contexto donde esto se convierte en una máxima esencial es Internet. Suelen decir los expertos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/padres-colegio-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6590" title="padres-colegio--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/padres-colegio.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras, dijo el clásico. Y, en efecto. Nadie nos reprochará aquello que nos guardamos, salvo el hecho de callarlo, pero sí lo que desvelamos al mundo. Ahora bien, si hay un contexto donde esto se convierte en una máxima esencial es Internet. Suelen decir los expertos que no deberíamos “colgar” en Internet aquello que no quisiéramos ver en la portada de un periódico, es decir, que solo deberíamos dejar circular por la Red lo que no nos importaría que conociera el mundo entero. Eso es aplicable también a las conversaciones telefónicas –que se lo digan a más de un político- o a las de Whatsapp. Los sistemas de mensajería instantánea los carga el diablo ya sea para revelar un vídeo comprometido en los Yébenes, ya sea para difundir los comentarios de un grupo de profesores en Casarrubuelos.</p>
<p>Éste último caso saltó a la opinión pública hace unos días cuando alguien dejó en los buzones de este pueblo de Madrid una fotocopia que incluía las conversaciones por Whatsapp de algunos profesores del único colegio de la localidad. En ellas, había quien insultaba a los alumnos marroquíes y quien contestaba “ningún moro es bueno” o afirmaba, sin rubor que “nacen ya hijoputas”; otros calificaban de “zorra” a una madre, y hasta lamentaban no haberle podido dar “una docena de hostias” a un alumno. De momento las autoridades educativas ya han suspendido a la directora del colegio y han abierto expediente a siete de los profesores implicados.</p>
<p>Tal vez, el caso se resuelva con esas medidas disciplinarias pero lo grave no es que lo hayan verbalizado sino que lo piensen. Es cierto que a nadie se le puede perseguir por lo que lleva en el interior pero despreciar a los alumnos es un factor invalidante para ser profesor. Puede que no se manifieste, como en este caso, de palabra. Quizás nadie sepa nunca que ese profesor califica a sus estudiantes y a las familias como escoria social, pero no debería escandalizarnos que lo dijera sino que alguien con tan poca vocación pueda estar donde está. La educación es demasiado importante como para dejarla en manos de alguien que ningunea e insulta a quien tiene delante. No se trata de buscar seres angelicales, incapaces de diferenciar al alumno disciplinado, interesado y dispuesto de aquel que pierde el tiempo y lo hace perder a los demás. Los hay así. Sin duda. Negarlo es de un buenismo irresponsable. Ahora bien, una cosa es constatar que hay alumnos difíciles y otra, despreciarlos por ello. Lo penoso del caso no es que lo hayan dicho en un grupo de Whatsapp. Eso es de imprudentes por no saber, entre otras cosas, que entre sus filas había un chivato. Lo lamentable es que haya sido eso lo que haya destapado el caso y nos quedemos sin saber el alcance de todo ello, la realidad del colegio y la finalidad última de la filtración.</p>
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		<title>Un centenar de Malalas</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 23:44:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Si un grupo extremista hubiera entrado en una escuela de Oslo o de París y hubiera matado a más un centenar de niños, hoy no hablaríamos de otra cosa. Ni mañana. Ni pasado mañana. Pero los talibanes escogieron a niños de Peshawar, una ciudad paquistaní que quizás ni siquiera situamos bien en el mapa. Alegaremos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/12/40114768-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6430" title="40114768--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/12/40114768.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Si un grupo extremista hubiera entrado en una escuela de Oslo o de París y hubiera matado a más un centenar de niños, hoy no hablaríamos de otra cosa. Ni mañana. Ni pasado mañana. Pero los talibanes escogieron a niños de Peshawar, una ciudad paquistaní que quizás ni siquiera situamos bien en el mapa. Alegaremos que esos niños quedan muy lejos pero no es del todo cierto. Cuando ocurre en Estados Unidos, como en Newtown, donde perecieron 20 niños, la conmoción llega hasta aquí y no por proximidad geográfica precisamente. El problema es que damos por hecho que viven en la violencia. En Occidente, sabemos que los niños no corren riesgos por ir a la escuela. Aquí están protegidos y, salvo casos excepcionales, no es probable que se ponga en peligro su vida. Resulta anómalo que algo tan grave pueda suceder y desde luego es inimaginable el tiro de gracia como causa de muerte infantil.</p>
<p>Sin embargo, cuando miramos hacia Pakistán, Afganistán, Iraq o Siria contemplamos la violencia como parte del paisaje. Incluido –y es terrible- el escenario donde juegan, crecen o sueñan los más pequeños. Por eso no nos escandaliza de la misma forma que lo hace cuando se produce en nuestro entorno. La violencia está presente en la vida de estos países y afecta a todos, niños y mayores. Esa convicción es un doble daño hacia la infancia. No solo es amenazada, intimidada, asustada y condicionada por unos salvajes a los que Alá castigue por toda la eternidad, sino que es olvidada por el resto del mundo solo porque conviven a diario con la violencia. Nos encogemos de hombros como diciendo que ante eso poco podemos hacer. Más grave aún es que el ataque tenga lugar en una escuela. Los asesinos han querido dañar, sobre todo, a sus padres, pues era una escuela de hijos de militares. Sin embargo, dañan también y de un modo especial el futuro de varias generaciones. No solo han acabado con un centenar de críos sino que han señalado con una calavera el lugar del saber y el crecer. Allí donde todo debería ser serenidad para formarse, han introducido la cizaña del mal. Han ido a atacar el futuro, como pretendieron hacer con Malala. Han matado a más de cien Malalas, no en vano ella reconocía ayer tener el corazón destrozado. No es para menos. Se han reído de sus palabras en Oslo durante la entrega del Nobel de la Paz. La jornada es tristísima no solo por las decenas de familias destrozadas y las vidas incipientes cercenadas, sino por el triunfo de unas alimañas que deben ser erradicadas con máxima urgencia y contundencia. Como si de ello dependiera el futuro. Porque así es. Desentenderse de la infancia, esté donde esté, es abdicar de un mundo mejor. Permitir la violencia hacia los niños sin hacer nada, aunque forme parte del paisaje, es indigno. La violencia nunca debería ser una costumbre en la vida de ningún niño. Aunque sea de Pakistán.</p>
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		<title>Eppur si muove</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Oct 2014 15:19:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[A los científicos que conozco les resulta difícil tratar con políticos. Los científicos pretenden conocer la realidad y explicarla; los políticos, en cambio, quieren cambiarla y, muchas veces, ajustarla a su interés. Es la relación con la verdad lo que distancia a ambos colectivos. Unos veneran la verdad, aunque sus errores se cuenten por miles [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/avl-647x231.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6342" title="avl--647x231" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/avl.jpg" alt="" width="300" height="107" /></a>A los científicos que conozco les resulta difícil tratar con políticos. Los científicos pretenden conocer la realidad y explicarla; los políticos, en cambio, quieren cambiarla y, muchas veces, ajustarla a su interés. Es la relación con la verdad lo que distancia a ambos colectivos. Unos veneran la verdad, aunque sus errores se cuenten por miles y hayan ofrecido una imagen falsa durante siglos. Su modus operandi, precisamente, da por hecho que son falibles y que, más adelante, desvelarán lo que ellos no pudieron. Los otros se creen capaces de modificar el mundo real con las palabras, los decretos y las imposiciones, y reconocen errores pero solo cuando no pueden negarlos más.</p>
<p>Sin duda, ninguno de esos procesos queda libre de contagio y a veces podemos encontrar a un científico financiado por un sector con intereses en sus resultados, que curiosamente afirman aquello que beneficia a sus mecenas. Pero son los menos. La mayoría aplica metodologías que minimizan el error y exponen cuál es el margen de fiabilidad de sus conclusiones. Los políticos, en cambio, siguen un proceso inverso; para ellos, el error es aquello que no proporciona votos, no que se aleja de la verdad, y su actuación rara vez es ajena a un conjunto de intereses creados. Por eso cuando científicos y políticos no coinciden, sale perdiendo la verdad. Los primeros pueden defender lo que creen que es la realidad pero no tienen medidas de fuerza para hacerlo. Salvo la Razón. Los segundos las tienen todas. Y ejercen. Incluso contra toda lógica.</p>
<p>En esa distinta relación con la verdad cabe entender lo que vivimos aquí con la lengua de los valencianos. Podremos cambiar su definición pero la realidad será la que es. Podrán venir los políticos de uno u otro signo a imponer su criterio y a perseguir a quienes no lo compartan pero la ciencia seguirá exponiendo la verdad que ha hallado en su estudio. Podrán seguir engañándonos confundiendo intencionalmente los métodos de llegar a una conclusión en la democracia y en la ciencia pero hace mucho que descubrimos el truco del ilusionista. Para reconocer el error hay que ir a los clásicos. El amparo de la mayoría es confundido en el plano de la ciencia y de la opinión, de la episteme y de la doxà, que diría Platón. Lo que es válido para la decisión sobre lo opinable se pretende trasladar también a lo científico. Pero la mayoría no decide la verdad. Es opinable qué partido es mejor en el gobierno y por eso lo elegimos votando, pero la realidad no lo es. Poco importa que muchos digan que el sol gira alrededor de la Tierra. O que se imponga por decreto y se le niegue el pan, la sal y la subvención a quien contradiga a Ptolomeo. Si no tiene razón, habrá algún Galileo que musite entre dientes “eppur si muove”. Lo grave en nuestro caso es que se nos siga enfrentando con el vecino por un puñado de votos.</p>
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		<title>Calor parabellum</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Sep 2014 21:40:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La oposición en Valencia se pasa de frenada. No sé cómo lo hacen pero en cuanto defienden una postura que parece razonable, se sorprenden de su propio poder de convocatoria, se vienen arriba y ¡voilà! acaban pasándose. Ocurrió con el accidente de metro, el caso Gürtel o los contratos con Urdangarín y es lo que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/72665212.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6283" title="A1-38179863.jpg" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/72665212.jpg" alt="" width="300" height="189" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/72665212.jpg 575w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/72665212-300x189.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>La oposición en Valencia se pasa de frenada. No sé cómo lo hacen pero en cuanto defienden una postura que parece razonable, se sorprenden de su propio poder de convocatoria, se vienen arriba y ¡voilà! acaban pasándose. Ocurrió con el accidente de metro, el caso Gürtel o los contratos con Urdangarín y es lo que ha sucedido ahora con el dichoso calor en las aulas. Decirlo en jornada de resaca de una “ponentà” gloriosa resulta inoportuno pero es así. Tenían razón cuando se quejaban de que los valencianos fuéramos los primeros de la clase abriendo el curso todavía con arena en las chanclas. No podíamos ser como todos los demás y empezar a mediados. La Comunitat Valenciana era la empollona de la clase y se sentaba en primera fila. No se tuvieron en cuenta ni los problemas de los padres al comenzar pronto pero terminar también pronto, ni las condiciones de los centros. Ante las primeras polémicas, la consellera se justificaba diciendo que la climatología no era responsabilidad del gobierno valenciano. ¡A Dios gracias! Ningún conseller –ni Blasco en sus mejores tiempos- puede conseguir que llueva, truene o haga calor. Y el día que lo logren habrá que exiliarse por miedo a sufrir una tormenta eléctrica sobre Les Corts en día de sesión de control. El argumento es pizpireto y vistosillo, pero falaz. El problema no es el calor. El problema es el adelantamiento del curso escolar. Y eso, lamento decirlo, sí es responsabilidad de las autoridades educativas. Todavía no he conseguido entender la razón de empezar el curso cada día más pronto como no sea disputar al “cortinglés” la alegría de la vuelta al cole.</p>
<p>La protesta, pues, era razonable. No lo digo por el poniente de ayer, pues también sufrimos ponientes en junio o mucho calor en mayo, lo que suele complicar, como sabemos todos los profesores, la lucha contra las hormonas de por sí animadas en esas fechas. La queja tenía su origen en la fecha escogida para iniciar las clases en una de las Comunidades más calurosas de España. No estamos en el Cantábrico, así pues no hace falta ser más papista que Wert. Sin embargo, hay sectores que, mordida la presa, ya no la sueltan jamás. Y hasta la destrozan por puro afán. En eso estamos ya. No miden sus fuerzas sino que salen como un miura de los corrales y arramblan con todo. Una vez desatadas las fuerzas de la naturaleza es imposible pararlas. Aunque se pasen de frenada y su actitud sea inconsecuente, poco operativa y hasta perjudicial para su causa. No importa si la causa es la misma bronca. Ahí es donde pierden los papeles. Es sensato elevar quejas y mostrar disconformidad ante el error, pero instalarse en la bronca evidencia otro tipo de objetivos, no los pedagógicos. Y así terminan perdiendo apoyos de gentes moderadas que vemos los defectos de la autoridad, pero también la sinrazón de una oposición macarra.</p>
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