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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>La modelo gorda</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 19:18:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/09/pic.aspx_.jpeg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-6818" title="pic.aspx" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/09/pic.aspx_.jpeg" alt="" width="235" height="297" /></a>Lo más asombroso de la polémica en torno a la modelo Gigi Hadid no es que le hayan llamado “gorda” con unas medidas de 64-87-89 ni que se la rifen algunos grandes diseñadores aun no cumpliendo el canon establecido. Lo realmente llamativo es que con solo veinte años se haya enfrentado con tanta valentía a todo un sistema opresivo y deshumanizado como es el de la moda. Por mucho que las grandes empresas se desmarquen de la promoción de los trastornos alimentarios cumpliendo los mínimos legales, siguen favoreciendo un clima asfixiante para niñas y jóvenes que no se someten a sus dictados. Algunos de sus personajes más célebres como el modisto Karl Lagardfel serían perseguidos y condenados socialmente si sus comentarios se refirieran a creencias religiosas, orientaciones sexuales o aficiones de quienes son objeto de sus críticas. Si en lugar de reírse de las gordas lo hubiera hecho de las musulmanas, de las lesbianas o de las jugadoras de baloncesto, habrían salido en tromba miles de personas a defenderlas. En cambio, ha insultado durante años a las mujeres obesas sin intención de retractarse, disculparse o tener un mínimo respeto por ellas y nadie de su industria le ha tosido. Por eso parece imposible que una modelo tan joven se atreva a levantar la voz ante la gran hipocresía que la envuelve.</p>
<p>La obesidad, aun siendo un problema creciente en las sociedades occidentales, es el último espacio de discriminación que queda impune en nuestro entorno. Los otros, al menos, reciben el rechazo social, cuando no el penal. Hoy no se recibe igual un chiste sobre gordos que sobre discapacitados, homosexuales o referidos a colectivos profesionales. Si alguien se ríe de ellos, se arriesga a sufrir escarnio social. Un gran avance, sin duda, pero inexistente cuando se refiere a la obesidad. Reírse de un obeso en la calle, hacer de Falete mofa constante por su peso o mantener todos los estereotipos sobre la gordura en las series de televisión está legitimado. Ni las autoridades ni los colectivos de defensa de derechos civiles apoyan a un grupo de ciudadanos que sufren discriminación a diario. Se preocupan solo del extremo, la anorexia y la bulimia, pero no de los procesos que desembocan en ello y en los que la responsabilidad social está muy extendida. Hay bula para reírse de Falete por gordo pero no por homosexual. ¿Dónde está la diferencia: en el lobby, en un sistema sanitario que aún culpabiliza al obeso y no al gay, como antiguamente, o en una sociedad insensible que lo permite?</p>
<p>La industria de la moda no es el único lugar donde se desprecia al obeso y muchas veces ni siquiera son sus creadores o profesionales sino todos los papanatas que le rodean y viven del cuento. En cualquier caso es el momento de exigirle algo más y de apoyar a modelos como Hadid, envidia de muchas que se permiten el lujo de criticarla.</p>
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		<title>El choni chándal</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 19:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Si me encuentro a alguien haciendo footing por el río con “el choni chándal”, no respondo de lo que haga Whisky. Él, que ya tiene problemas para no correr tras los que corren, ya sean personas, bicis o patines, creo que entraría en shock si, además, lo hicieran vestidos de muleta torera. No sé si [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/05/images-1.jpeg"><img loading="lazy" class="size-full wp-image-4127 alignleft" title="images-1" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/05/images-1.jpeg" alt="" width="275" height="183" /></a>Si me encuentro a alguien haciendo footing por el río con “el choni chándal”, no respondo de lo que haga Whisky. Él, que ya tiene problemas para no correr tras los que corren, ya sean personas, bicis o patines, creo que entraría en shock si, además, lo hicieran vestidos de muleta torera. No sé si los perros embisten como los toros, a un trapo rojo, pero no me detendré a averiguarlo. Si veo un “choni chándal” huiré de allí y evitaremos daños mayores.</p>
<p>Afortunadamente, los que corren por el antiguo cauce suelen tener más gusto al elegir indumentaria. De hecho, no recuerdo haberme topado jamás con un diseño como el elegido para la equipación olímpica. Algunos lo han bautizado como “choni chándal” por razones obvias: no tiene el mínimo gusto.</p>
<p><img loading="lazy" class="size-full wp-image-4128 alignright" title="images" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/05/images2.jpeg" alt="" width="222" height="145" /></p>
<p>A lo feo del diseño, que parece escogido para vestir al “hombre-bala” y a la “azafata más hortera de Fitur”, se une la natural discreción de los colores de España: rojo y amarillo. Si fuéramos como los estadounidenses, con el rojo, blanco y azul, podría lograrse más equilibrio cromático pero ser suaves con la rojigualda es mucho más complicado. Es verdad que en su caso se une la mano de Ralph Lauren pero tiene un “aroma” a los Estados Unidos. No quiero pensar que también nosotros lo tenemos solo porque iremos vestidos para torear.</p>
<p><img loading="lazy" class="size-full wp-image-4129 alignleft" title="images-2" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/05/images-2.jpeg" alt="" width="132" height="187" /></p>
<p>Es verdad que el rojo puede ganar protagonismo. No en vano se nos conoce en el ámbito futbolístico como “la roja” y puede explotarse en el terreno deportivo en general. Es un color-fuerza similar al azul italiano cuya selección también es llamada la “azzurra”, por el color.</p>
<p>Pero el problema no es tanto el color como el diseño. Por poner un ejemplo, los campeones de vela italianos tradicionalmente van de Prada o “la azzurra” acudirá a la Eurocopa con un trabajo de Dolce&#038;Gabbana. Y nosotros, mientras, de mercadillo.</p>
<p>Lo peor no será Londres 2012, sino el efecto contagio en los sábados de Carrefour de este verano-otoño.</p>
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