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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>La caridad del Consell</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2015 17:46:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los problemas más graves al que se enfrentan miles de familias en la Comunidad Valenciana y en el resto de España es la llamada “pobreza energética”. Con ese concepto se engloban las dificultades que tienen algunos hogares para pagar las facturas de luz, agua o gas hasta el punto de renunciar a ellos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/estufa-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6904" title="estufa--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/estufa.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Uno de los problemas más graves al que se enfrentan miles de familias en la Comunidad Valenciana y en el resto de España es la llamada “pobreza energética”. Con ese concepto se engloban las dificultades que tienen algunos hogares para pagar las facturas de luz, agua o gas hasta el punto de renunciar a ellos para poder cubrir otros gastos. Eso significa que, en un día frío como el vivido en las últimas 24 horas, las mantas sustituyen a las estufas; el agua caliente se reserva para lo imprescindible o se repite conjunto una y otra vez, con tal de no poner en marcha la lavadora. Y cuando no se puede más, sencillamente se deja de pagar con el riesgo de un corte de suministro, imposible de remontar, en el momento más inesperado. Hasta 50.000 familias valencianas se encuentran en esa situación, una realidad que el acuerdo firmado ayer por la Generalitat y las principales empresas del sector intenta paliar. Nada más prioritario que aliviar la pesada carga de los grupos vulnerables de la sociedad. Hasta ahí nada que objetar. Al contrario.</p>
<p>La cuestión surge cuando nos planteamos qué diferencia la asunción del coste por parte de la Generalitat de ciertas cantidades para pagar recibos, con otros tipos de ayudas ofrecidas por entidades sociales, ONG y colectivos que trabajan con desfavorecidos. Hace décadas que Caritas y otras iniciativas similares pagan recibos. En las parroquias saben bien lo que es atender a personas del barrio que ven cómo les cortan la luz y ya no saben a quién acudir. Ellas se encargan. Es la caridad de los feligreses y, en el caso de otras entidades, de los valencianos solidarios, creyentes o ateos. Cuando la Iglesia hace eso suele ser acusada de practicar la caridad. Dicho así no se entiende cómo nos referimos a esa actitud con el término “acusar”. Nada tiene de pecado ni de delito intentar ayudar a quien más lo necesita, sin embargo, a quien lo hace por razones religiosas se le suele reprochar su actitud perniciosa. Son quienes contraponen “caridad” y “solidaridad” como si en los tiempos que corren fueran antitéticas. Los argumentos se refieren a una visión decimonónica de la caridad, como una prerrogativa humillante o una concesión graciable de los ricos hacia los pobres cuya finalidad es mantener un statu quo injusto. Lo que decidió hacer ayer el Consell es atender al más necesitado. Lo mismo que se plantea la Iglesia cuando pregona la caridad en nombre de algo ya enunciado en los 70: la opción preferencial por los pobres. Siendo así, ¿qué impide a este Consell tender puentes hacia una Iglesia que comparte una misma preocupación por los necesitados y que no compite en el mercado electoral con las fuerzas del tripartito? En lugar de eso, suprime de los presupuestos las ayudas directas a Caritas o a Cruz Roja para evitar –dicen- el clientelismo. ¿O será para practicarlo ellos?</p>
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		<title>Refugiados en invierno</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Oct 2015 23:36:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Porque era agosto. La suerte que tuvieron los refugiados sirios hace semanas es que aún pillaron agosto en su llegada masiva, cuando la mayoría de los focos de interés político están cerrados o bajo mínimos. Hasta el pobre Aylan murió en una playa apenas comenzado septiembre de tal modo que los medios de comunicación y, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/dramatica-llegada-refugiados-490x490.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6860" title="dramatica-llegada-refugiados--490x490" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/dramatica-llegada-refugiados.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>Porque era agosto. La suerte que tuvieron los refugiados sirios hace semanas es que aún pillaron agosto en su llegada masiva, cuando la mayoría de los focos de interés político están cerrados o bajo mínimos. Hasta el pobre Aylan murió en una playa apenas comenzado septiembre de tal modo que los medios de comunicación y, sobre todo, los políticos pudieron dedicarle parte de su precioso tiempo y espacio entre sus muchas ocupaciones.</p>
<p>Desde entonces, la vida pública se ha retomado, se han iniciado procesos de formación de gobierno; cambio de leyes que afectan a problemas internos y campañas electorales en marcha. Así no hay quien pueda diversificar su atención. Los políticos no consiguen centrarse en otra cosa que no sea su propia supervivencia, aunque sigan ahogándose niños en el Mediterráneo, aunque sigan jugándose la vida para salir de Turquía -por mucho dinero que la UE dé para comprar su tranquilidad- y aunque esté cerca un invierno que puede dejar en nada lo sufrido por los ejércitos de Gengis Khan, Hitler o Napoleón a las puertas de Rusia.</p>
<p>Hace apenas mes y medio, parecía que nada era más urgente en Europa que la suerte de los pobres desahuciados por la guerra, la violencia y el extremismo. Sin embargo, nada más volátil que un político occidental. Pasado el primer susto y las primeras reclamaciones ciudadanas, ahora ya no hay prisa, ni necesidades imperiosas ni alertas o alarma social. Como si los refugiados hubieran dejado de llegar, de salir de sus países, de sufrir persecución o de buscar una vida mejor en nuestro continente. Nuestros dirigentes tienen tan poca urgencia que pueden permitirse el lujo de concertar una o varias reuniones inoperativas, de las que no se llega a nada, como si el hambre y la necesidad de un techo no fueran más que una previsión de futuro en el hipotético caso de que lleguen a nuestras calles. Como si no estuvieran ya en las fronteras de Europa pidiendo por favor ser tratados como ciudadanos del mundo. Ver a Juncker, por ejemplo, hablando ayer de su esperanza en llegar a acuerdos hubiera sido normal en otro momento, es decir, si no tuviéramos aún en la retina su imagen jaleando a Rajoy días antes. Es evidente que todo puede quedar en suspenso mientras se dedican a lo que de verdad importa que es su propia continuidad. De nada sirve que las asociaciones que trabajan con refugiados estén alertando desde hace días que llega el invierno y estas personas no pueden estar en un campo, con una tienda de campaña y una manta. No, al menos, sin que se nos caiga la cara de vergüenza en la opípara Europa. En apenas mes y medio estaremos entrando en el invierno y llorando por una situación insostenible que la gran UE no ha tenido prisa en solucionar. Esto sí es coger el toro por los cuernos, como le gusta decir a Merkel. Pero está a punto de pegarnos un tremendo revolcón.</p>
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		<title>Un paso atrás</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Apr 2015 21:44:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[A la Segunda Guerra Mundial, siguió un periodo de desánimo en lo más profundo de la intelectualidad europea. A la constatación de que los grandes avances técnicos y científicos de finales del XIX y principios del XX no habían llevado a la humanidad hacia la felicidad completa, tal y como prometía la Revolución Industrial, se [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/rodas-inmigrantes-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6603" title="rodas-inmigrantes--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/rodas-inmigrantes.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>A la Segunda Guerra Mundial, siguió un periodo de desánimo en lo más profundo de la intelectualidad europea. A la constatación de que los grandes avances técnicos y científicos de finales del XIX y principios del XX no habían llevado a la humanidad hacia la felicidad completa, tal y como prometía la Revolución Industrial, se sumó la experiencia de deshumanización absoluta en el nazismo y en los gulags de Stalin. Lo resumió Adorno diciendo aquello de que era imposible escribir poesía después de Auschwitz. Superado el bache, recuperamos la fe en la humanidad con la rebelión de los 60 contra los abusos de Estados Unidos dentro y fuera de sus fronteras. Vietnam y la conquista de los derechos civiles vieron nacer a los hippies, pero sobre todo dieron a luz una conciencia colectiva dispuesta a mantener la lucha contra el racismo o contra el imperalismo. Daba la sensación de que el paso adelante había llegado para quedarse. Lo mismo sucedió en los 90, inaugurados con la caída del Muro de Berlín. Parecía –e incluso se habló de ello- que el mundo comenzaba una nueva era con el fin de la política de bloques a la que se llamó “el nuevo orden mundial”. Así, los 60 y los 90 compartieron un optimismo social –tal vez el “antropológico” de Zapatero- que hizo pensar en que el mundo había dado un paso de gigante en su evolución y ya no había marcha atrás.</p>
<p>El paso lo dio. Sin duda. El problema es que el ser humano siempre demuestra que está dispuesto a retroceder en el camino de su superación. El pensamiento positivo de los 60 se dio de bruces con la crisis del petróleo y el de los 90, lo está haciendo con la de 2008.</p>
<p>Pero sería inexacto considerar que todo se ha perdido. Es cierto que la ONU no funciona como quisiéramos, pero los derechos humanos ya están instalados en la conciencia colectiva y no es fácil eliminarlos, aunque quede muchísimo por hacer para que se respeten en todas partes y con todos. Del mismo modo, Europa ha demostrado reiteradamente su limitación como entidad unida, pero la superación del enfrentamiento histórico entre las naciones que hoy componen la UE es evidente. Ahora bien, cuando vemos el trato al inmigrante, el Mediterráneo convertido en un cementerio olvidado por el mundo rico o el asesinato sistemático de cristianos por el Estado Islámico, da la impresión de haber vuelto a la Edad Media. A lo peor de ella. La discriminación, el abuso del ser humano por sus iguales o la indiferencia de los opulentos hacia el dolor de los desfavorecidos son retrocesos. No hemos vuelto al punto de partida, pero son malos tiempos para el optimismo social. La única esperanza es saber que tras una crisis moral como la actual, el avance será mayor y contará con una ventaja histórica: el contexto será global. Lo que desconocemos es cuándo llegará y qué precio habrá que pagar. De momento, parece carísimo.</p>
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		<title>Los puntos finales</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Feb 2015 16:07:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Nos impresiona que muera sobre una silla. O en un cajero. O acurrucado en un banco de un parque. A nosotros, que se nos llena la boca hablando de muerte digna, nos abofetea la foto de un indigente muerto sobre una silla en un solar abandonado de la ciudad. Y reaccionamos como solemos hacerlo ante [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/79705454.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6501" title="79705454" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/79705454.jpg" alt="" width="300" height="199" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/79705454.jpg 575w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/02/79705454-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Nos impresiona que muera sobre una silla. O en un cajero. O acurrucado en un banco de un parque. A nosotros, que se nos llena la boca hablando de muerte digna, nos abofetea la foto de un indigente muerto sobre una silla en un solar abandonado de la ciudad. Y reaccionamos como solemos hacerlo ante hechos que se convierten en puntos finales. Nos preguntamos por qué, buscamos culpables y exigimos a las autoridades que hagan lo imposible. Es lo mismo que ocurre ante una muerte por violencia de género. Es en ese momento, en el punto final de un proceso, cuando reaccionamos y nos indignamos ante algo que nos avergüenza como sociedad, pero segundos, meses o años antes, no tenemos la misma determinación para atajar de raíz el problema. El drama de la violencia de género no empieza con las puñaladas del exmarido a la mujer. Empieza con los insultos, las vejaciones, las faltas de respeto, los controles obsesivos. Y la familia lo ve. Los amigos lo ven. Algunos dicen algo. Aconsejan. Se preocupan. Pero ¿denunciamos?</p>
<p>Con los “sin techo” pasa algo similar. Nos escandaliza que alguien pueda morir de frío en la calle pero eso no es más que el punto final de una frase más larga. Antes de llegar a ese momento, la persona ha quedado sin trabajo, sin piso, sin familia, amigos o conocidos y casi le mantiene vivo únicamente la ayuda de un colectivo, de la Policía Local o de los servicios sociales que se vuelcan por sacarlos de la calle o, al menos, hacérsela más habitable.</p>
<p>La pregunta viene a ser la misma. ¿Qué ha sucedido hasta llegar a ese punto final? No se trata de darles una moneda ridícula sino de atajar las causas de raíz. Y, por nuestra parte, sobre todo de exigir que así se haga. Nosotros no podemos resolver individualmente estas situaciones ni nuestra moneda arregla nada. Pero sí podemos señalarlas para que sean una prioridad política.</p>
<p>El frío no es solo el que se cuela por las rendijas de un cajero automático sino el que viven estos días miles de personas de forma silenciosa y vergonzante. La “pobreza energética” no es el factor de una estadística. Lo sé porque lo he visto de frente. Hace unos días le di a una persona que conozco el calefactor que usaba en casa para caldear el cuarto de baño. Doce euros, creo que me costó. Esa persona, su madre y su hijo pequeño no tenían ni un solo aparato de calor. No está en paro. No es pobre de solemnidad. Pero su sueldo es tan escaso que prefería sepultarse en mantas antes que comprar un calentador pequeño. Aun ahora dice que solo lo pone por la noche un rato o para ducharse temprano para evitar una factura de la luz que no pueda pagar. No es indigente. Es trabajador. Como tantos. Y la suya es una realidad que tenemos al lado. Antes de llegar al punto final, es necesario estar atento a toda la frase. Para conseguir, al menos, que termine con un punto y seguido.</p>
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		<title>La &#8220;burbuja&#8221; dental</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jan 2015 19:38:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Los bajos de las ciudades dicen mucho sobre la vida en ellas. La crisis, por ejemplo, se ve en la cantidad de persianas echadas y de carteles de “Disponible” en sus puertas. Lo mismo sucede con la proliferación de determinados negocios. Hubo un tiempo en que se llenaron de sucursales bancarias, hasta que el crack [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6484" title="DOCU_VERDAD" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811.jpg" alt="" width="245" height="300" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811-246x300.jpg 246w" sizes="(max-width: 245px) 100vw, 245px" /></a>Los bajos de las ciudades dicen mucho sobre la vida en ellas. La crisis, por ejemplo, se ve en la cantidad de persianas echadas y de carteles de “Disponible” en sus puertas. Lo mismo sucede con la proliferación de determinados negocios. Hubo un tiempo en que se llenaron de sucursales bancarias, hasta que el crack de Lehman Brothers, y lo que vino después, obligó a la entidades a cerrar oficinas y reagrupar o despedir a sus empleados. Con el “boom” del “Todo a cien” nuestras calles se poblaron de grandes almacenes de mercadillo que, curiosamente, aun persisten traspasados a ciudadanos de China o Pakistán. Quién no recuerda también cómo aparecieron cientos de inmobiliarias que parecían repartirse una gran tarta hasta que la burbuja del ladrillo explotó. Más tarde llegaron los negocios de cigarrillos electrónicos o, recientemente, las franquicias de perfumes o de productos “bio”. Sin embargo, la sobreabundancia más notable de los últimos meses es la de clínicas dentales. En su caso hay una peculiaridad que no está tan presente en otro tipo de negocios: ofrecen servicios low cost.</p>
<p>Supongo que tenemos que acostumbrarnos a algo infrecuente por estos lares pero muy presente en otros países. La salud también se contempla como un negocio lo que no significa, necesariamente, que busquen el beneficio a cualquier precio. Mirarlo como negocio quiere decir que quieren ganar y plantean estrategias para lograrlo, publicidades agresivas, ofertas y descuentos. Como si nos vendieran una lavadora. No parece que haya nada malo en eso. Al menos, a priori. Reconozco que aún me cuesta ver anuncios donde se cuentan las bondades de una citología como quien habla de las prestaciones del último monovolumen pero por otro lado, veo interesante el papel de la publicidad en esos casos. Sin ella, quizás, no sabríamos que en determinada clínica hacen chequeos completos por un módico precio. España es un país todavía excesivamente precavido en ese sentido.</p>
<p>Quizás tiene razones para serlo y es una medida de cautela beneficiosa. Es un contrapeso para evitar las estafas que, si bien en otros campos son molestas, cuando se trata de la salud son verdaderamente inquietantes. Eso es lo que sucede con algunas clínicas dentales low cost, tal y como denunció el Colegio de Odontólogos de Valencia hace unos meses. Lo grave es ver cómo algunas engañifas están afectando a los grupos más vulnerables de la sociedad que confían en precios bajos para arreglar su dentadura postiza o los empastes que requieren. Personas mayores, inmigrantes o familias numerosas que no pueden costear tratamientos caros se ven enredados en “las preferentes dentales”. En ese caso no es solo un problema de Consumo sino de Salud, el peor ámbito para jugar con el low cost. Y más, todavía, cuando se trata de personas que no tienen alternativa a esa peculiar ruleta rusa.</p>
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		<title>Una generación excluida</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Oct 2014 15:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6344" title="DOCU_LP DOCU_VERDAD" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866.jpg" alt="" width="300" height="156" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866.jpg 575w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/69974866-300x157.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Cuando aún estábamos tratando de asimilar el último caso de corrupción a gran escala conocido esta semana, se hicieron públicos ayer el informe Foessa sobre exclusión y desarrollo y el de Unicef sobre los efectos de la crisis en la infancia de los países ricos. En ambos se alerta del impacto que en toda una generación están teniendo los recortes y el nuevo entorno económico. Los niños y los jóvenes son los que más sufren pero no son los únicos. Foessa, junto a Caritas, alerta de que hay una “generación excluida” y no se refiere al concepto de “exclusión social” que a menudo manejamos para referirnos a personas que están radicalmente fuera del sistema. Habla, por ejemplo, de los excluidos del trabajo y describe a aquellos que han sido desplazados de su puesto y no tienen forma de incorporarse a otro donde sea necesaria su cualificación. Es el drama de muchos que han perdido su trabajo a los 45 o 55 años y no tienen ni margen para reciclarse en las mismas condiciones que otros más jóvenes ni posibilidades de acceder a otro puesto donde prefieren gente de menor edad. Su preparación y experiencia, muy superior a los recién salidos de la universidad, en lugar de darles alas, les pesa como un lastre. Son parte de la “generación expulsada”. Lo grave de ese concepto es que se aplica a quienes han sido excluidos no ya del trabajo sino de la vivienda o de los servicios sociales. La conclusión es terrible: solo la tercera parte de los ciudadanos puede decirse que viven una situación de integración plena. Es decir, dos tercios de los españoles sufren algún tipo de exclusión.</p>
<p>El informe además nos ayuda a cambiar el punto de vista. Lo que estamos viviendo, dicen los expertos, no es consecuencia sino causa de la crisis. Ese giro en la visión de la realidad es esencial y muy profundo. Es más: nos da capacidad para vincular la exclusión generalizada con la corrupción generalizada sin caer en demagogia barata. Lo que viene a decir es que en el origen de todo está el modelo económico y la crisis de valores. Es el origen común de la brecha social, del incremento de la exclusión y también de la podredumbre de quienes tocan el dinero público y pierden el norte. No se trata de reprochar a quienes se lo llevan porque ese dinero serviría para dar de comer a niños pobres. Lo urgente es asumir que es nuestra relación con la riqueza lo que produce pobreza y avaricia a manos llenas. La crítica se produce ahora desatada porque nos golpean las restricciones pero hace quince años, cuando todos creíamos nadar en la abundancia, no. Sobre eso también nos deberíamos parar a pensar. Sin duda, el robo desmedido es lamentable, punible y vomitivo, pero no debería preocuparnos solo el final sino el principio del proceso. La limpieza ha de comenzar en los valores, en la educación y en la moral colectiva, no solo en los tribunales.</p>
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		<title>Los que hacen el bien</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Sep 2014 21:55:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/ebola-pajares-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6295" title="ebola-pajares--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/ebola-pajares.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Aquí los conocemos como los “hermanos de San Juan de Dios” aunque yo prefiero la forma que tienen los italianos de llamarles. Para ellos son los “Fatebenefratelli” lo que no deja de recordarme aquello que San Pedro decía de Jesús: “pasó haciendo el bien”. No se puede resumir mejor la vida de una persona sea o no creyente. Por eso me gusta tanto la denominación italiana de la Orden de San Juan de Dios. Pasan haciendo el bien. Como el fallecido Miguel Pajares y su compañero Manuel García Viejo que será repatriado de Sierra Leona en breve, también enfermo de ébola. Prueba de su entrega es que son ellos los que enferman, los que siguen ahí a pesar del enorme riesgo y de haber visto morir a sus “hermanos”, los que no salen huyendo aunque algunos malnacidos les atribuyan miedos ahora. Si se hubieran dejado abatir por el terror, habrían vuelto a España hace ya muchos meses o años. No llevarían tres décadas en África, como Manuel García.</p>
<p>Hay algo que caracteriza a estos “fatebenefratelli”, como a tantas órdenes religiosas: han decidido estar con el más débil, con el “vulnerable”, dicen en sus folletos. Los vulnerables son los más necesitados, olvidados, en riesgo de muerte, violencia o exclusión. Así trabajan ellos también en Valencia: con los sin techo, con los enfermos, con quienes están en proceso de desintoxicación o con familias sin recursos. En una palabra, con los “vulnerables”.</p>
<p>Entre todas sus acciones hay una que me conmueve por su sensibilidad. Es una especie de comedor social. Y digo “especie” porque en verdad no lo es. Es más que eso. Si algo caracteriza a esta orden, como a la mayoría de religiosos que cuidan de personas necesitadas, es la delicadeza con la que las tratan. No todo consiste en alimentar al hambriento sino en hacerlo sin humillarle ni dejar que se sienta un desgraciado. Cuidando su dignidad al máximo. Así, los “fatebenefratelli” tienen en el barrio de Zaidía de Valencia un programa que se llama “Menú en familia”. Consiste en preparar la comida para familias necesitadas pero en lugar hacerles pasar por el trago de comer de la caridad a la vista de todos, la entregan a uno de sus miembros que la recoge y se la lleva a casa. De ese modo evitan que los niños se sientan significados y reproducen, lo más posible, un entorno normalizado en el hogar de esos críos. Lo mismo ocurre en África. No montan un hospital y se van a dirigirlo desde la tranquila Europa sino que se quedan cogiéndole la mano a los enfermos para que crean que todo va bien, tanto que no tienen miedo de ellos. Los “fatebenefratelli”, al menos, no. Y si lo tienen -que lo tendrán- rezarán más pero no para evitarlo sino para que no se lo noten. Por eso deberíamos acogerlos con gratitud. Como si fuera la Selección, campeona del Mundo en Sudáfrica la que aterrizara. Con las calles llenas de banderas y orgullo patrio.</p>
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		<title>Guerra fría y guerra ardiente</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Sep 2014 19:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/inmigrntes-afganos-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6278" title="inmigrntes-afganos--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/09/inmigrntes-afganos.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Las aguas del Estrecho de Gibraltar son peligrosas pero no quiero ni pensar en las que bañan el Canal de la Mancha. Allí no es mar abierto pero tampoco son playas amables del Mediterráneo sino acantilados de un Atlántico embravecido a los pies de Dover. No puedo imaginarme una patera pasando por donde navegara la Armada Invencible rumbo a su triste final. A pesar de eso, hay inmigrantes esperando en Calais para dar el salto a Gran Bretaña como los hay en el Gurugú para llegar a la Península. Para evitarlo, las autoridades británicas ya han advertido de las consecuencias de ser “ilegal” en el Reino Unido y de la instalación de vallas que les impidan acceder. Vallas proporcionadas, además, por la propia OTAN, que han sido utilizadas para garantizar la seguridad en la cumbre de Newport. No deja de ser simbólico que una de las tareas de la Alianza Atlántica sea ahora proteger a Europa de los hambrientos o amenazados del mundo. De la política de bloques y la guerra fría hemos pasado a un Norte “amenazado” por el Sur y a la “guerra ardiente” de quienes escapan de la pobreza y la violencia extrema.</p>
<p>Creemos, torpemente, que basta con unos mínimos de Cooperación para que no pidan a las puertas de nuestras iglesias aunque terminen haciéndolo en las de Europa. Del mismo modo, nos conformamos con guerras fuera de nuestro territorio y con vender armas a quienes están lejos para que no nos salpiquen pero acaban, como ahora, llegándonos oleadas de sirios, libios o iraquíes que dejan atrás las ruinas de su país natal. Lo curioso de este caso es que la más enfadada es la alcaldesa de Calais, no las autoridades de las islas. Es la alcaldesa la que ha dado un ultimátum a Reino Unido para que muestre suficiente dureza como para desincentivar a quienes contemplan Calais como la puerta del paraíso. Dureza que debe extremarse con las mafias, no con las víctimas. Del mismo modo que se persigue al traficante y no al consumidor de drogas, o al agresor de su pareja y no a quien padece sus abusos, contra los traficantes de personas, la persecución ha de ser implacable. Muchas veces vemos cómo se piden incrementos de las penas contra pederastas, contra asesinos machistas o contra terroristas pero nunca contra quienes juegan con la vida humana. Sin embargo, lo suyo es un terrorismo social que abusa, además, de la desesperación de los más débiles. Contra ellos, Europa debería ser implacable y exigir a sus vecinos que lo sean, tal y como exige cuando negocia la cuota pesquera o la importación de cítricos. La política de Defensa no es la única inexistente en la Unión. También la que debería imponer sanciones graves a quienes permiten y alimentan esas redes de personas. Si es necesario que en eso actúe la OTAN que lo haga como lo hace contra la piratería somalí. ¿Es más valioso un carguero que una patera? Mejor no saberlo.</p>
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		<title>Las edades del hambre</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jun 2014 20:56:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Si el inicio del curso acarrea unas preocupaciones como los libros o el material escolar, el final tiene asimismo las suyas, en especial, dónde comerán los niños. No es solo un problema de conciliación laboral sino que en muchos casos se trata de una emergencia humanitaria. Sucede cuando el niño hace una sola buena comida [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/07/4213962.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-6109" title="4213962" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/07/4213962.jpg" alt="" width="300" height="158" /></a>Si el inicio del curso acarrea unas preocupaciones como los libros o el material escolar, el final tiene asimismo las suyas, en especial, dónde comerán los niños. No es solo un problema de conciliación laboral sino que en muchos casos se trata de una emergencia humanitaria. Sucede cuando el niño hace una sola buena comida al día: la del colegio. Ayer mismo se habló de eso en Les Corts y Fabra anunció que el Consell destinará más de un millón de euros para niños en riesgo de exclusión. Sin embargo, no son los únicos que sufren la crisis en sus platos.</p>
<p>Anteayer lo leíamos en estas mismas páginas: uno de cada cinco mayores está en riesgo de sufrir malnutrición. En su caso, a diferencia de los niños, no es solo un problema de recursos económicos sino de las condiciones en las que están. Algunos viven solos; otros no pueden desplazarse a hacer la compra y los hay que teniendo dinero y comida adecuada, no se ven con ánimos de hacer algo más que abrir una lata de sardinas. En muchos casos, además, los procesos se cruzan. Una anciana, con el nieto a su cargo y una pensión ridícula, prefiere quitarse el pan de la boca con tal de que no le falte al chiquillo. No es una imagen bucólica. Es una realidad. Si tienen para un filete económico, ellas optarán por un huevo duro y le darán la ternera al crío. Quizás sea la única proteína que tomen porque los precios de otros productos resultan prohibitivos para según qué pensiones. No se trata solo de que los nutricionistas adviertan a los ancianos de que deben tomar pescado sino de buscar fórmulas imaginativas para que les alcance. Es bueno que el Consell destine un millón a asegurarse de que ningún niño pasa hambre pero también los más mayores son vulnerables. Campañas en los mercados con tarjetas descuento para +65; incentivos a emprendedores que ofrezcan monodosis de bacalao o salmón preparados para abrir y tomar; packs de ayuda niños/abuelos o que estos puedan comer en cole con el nieto podrían cambiar un poco el panorama. Los niños son importantes, pero los mayores también. Todos necesitan cuidados especiales. Y no solo es responsabilidad de la familia.</p>
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		<title>Perjudicar a terceros</title>
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		<pubDate>Sun, 11 May 2014 21:23:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Una de las cosas que más llaman la atención a los legos en Derecho cuando se acercan a un código o a una ley suele ser el esfuerzo que hace el legislador por matizar, concretar y puntualizar en qué caso sí y en qué caso no. Ese detalle hace farragosa la lectura de muchos textos, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/05/alimentos-647x300.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6040" title="alimentos--647x300" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/05/alimentos.jpg" alt="" width="300" height="139" /></a>Una de las cosas que más llaman la atención a los legos en Derecho cuando se acercan a un código o a una ley suele ser el esfuerzo que hace el legislador por matizar, concretar y puntualizar en qué caso sí y en qué caso no. Ese detalle hace farragosa la lectura de muchos textos, pero segura la aplicación de la ley. Cuanto más concreta sea, menos vacíos jurídicos dejará pues, al contrario, si solo da una máxima general, la aplicación a cada caso puede ser distinta y tal vez injusta.</p>
<p>Por eso, aunque resulte molesto para quien lee con prisas, es mejor diferenciar las excepciones y las distintas situaciones que pueden darse.</p>
<p>Es lo que reclama estos días el Banco de Alimentos de Valencia, condenado a pagar 200.000 euros por un accidente laboral de años atrás, lo que puede suponerle el cierre porque ni puede saldar la deuda ni puede recibir subvenciones mientras la tenga. Se quejan sus responsables de que la sentencia lo equipara a una empresa privada. Y ahí es donde todo chirría.</p>
<p>No es el único caso. Cuando una persona mayor tiene que contratar a alguien que la cuide, los trámites, papeleos y burocracia ante la Seguridad Social son las de un empresario. ¿Es una empresaria la señora María, de 80 años, que necesita a una persona para sobrevivir? Con el Banco de Alimentos ocurre otro tanto. Aunque tenga empleados a su cargo, su dinámica y su razón de ser no tienen nada que ver con una empresa privada. Es en ese punto donde la norma debería contemplar la diferencia. De nuevo, estamos ante la Seguridad Social que solo incluye el matiz para decir a las empleadas del hogar (en femenino, sí; ahí no llega la igualdad) que en su cotización no entra el paro. Para todo lo demás, lo mismo da que sea una entidad sin ánimo de lucro que una empresa que busca beneficios.</p>
<p>El problema no es lo que supone para su gestión sino para los beneficiarios de su ayuda. El daño a terceros, en situación de especial vulnerabilidad, no lo contempla la norma y debería hacerlo. La sentencia hace justicia, pero el cierre del Banco de Alimentos sería un perjuicio gratuito para quien lo necesita y nada tiene que ver con el problema.</p>
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