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	<title>iPou 3.0policía &#8211; iPou 3.0</title>
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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>Los ángeles de la guarda</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Dec 2014 23:37:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Aunque sepamos que están para eso y demos por supuesto su sacrificio, impresiona conocer el nivel de entrega de policías, guardias civiles y militares. “Son gajes del oficio”, decimos cuando sufren un ataque o pierden la vida en acto de servicio, pero eso solo diferencia la permanencia de su compromiso respecto al del resto de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/12/atraco-sucursal-vigo-general-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6420" title="atraco-sucursal-vigo-general--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/12/atraco-sucursal-vigo-general.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Aunque sepamos que están para eso y demos por supuesto su sacrificio, impresiona conocer el nivel de entrega de policías, guardias civiles y militares. “Son gajes del oficio”, decimos cuando sufren un ataque o pierden la vida en acto de servicio, pero eso solo diferencia la permanencia de su compromiso respecto al del resto de los mortales. No disminuye ni su heroicidad ni su dolor ni la tragedia que se vive en una familia cuando ocurre. En eso son iguales que nosotros. En su caso, se sabe que el riesgo es inherente a su trabajo; en el de los héroes anónimos e improvisados, no, pero todos ellos merecen nuestro agradecimiento. Tratándose de ellos, además, la gratitud ha de ser doble por dedicar la vida entera a esa tarea aun conociendo los riesgos.</p>
<p>A menudo contemplamos a las víctimas que pertenecen a las fuerzas de seguridad o al ejército de un modo muy lejano. La sobriedad de sus exequias y la contención de la que suelen hacer gala sus miembros evita que nos encontremos frente a frente con su dolor. Por eso, quizás, me impresionó tanto leer ayer en Facebook las primeras palabras del subinspector de policía herido en el atraco de Vigo donde murió una policía. En su publicación daba las gracias, sobre todo, a su compañera, Vanessa Lage, que dio la vida “velando y luchando por las demás”. La primera, la suya. Inmediatamente, añadía que su salud estaba mejorando pero aclaraba “lo físico va viento en popa, lo psíquico ya veremos”. Y fue ahí donde me di de bruces con la realidad de la tragedia. Por muy preparados que estén para encontrarse en situaciones límite y actuar adecuadamente, el impacto de un hecho como ése en el interior de la persona es brutal. Sus heridas van curando pero las del alma, como él reconocía, son otra cosa. Entonces pensé en todos esos policías, guardias civiles o soldados que superan un tiroteo, un atentado o un bombardeo y vuelven a casa y a su patrulla con la piel intacta pero el interior hecho pedazos. A menudo no pensamos en ello y también damos por hecho que son “gajes del oficio”, pero los que lo sufren son seres humanos cuya vida y la de sus familias pueden verse afectadas desde ese momento por el trance vivido. El estrés postraumático que cualquiera de nosotros experimentaría tras un suceso como ése –el que vivirán quizás los rehenes de la sucursal que presenciaron todo lo ocurrido y fueron amenazados por el asesino de la policía Lage- también les afecta a ellos con el agravante de que deben enfrentarse de nuevo a situaciones de ese tipo o peores aún. Cuando pienso en ellos y en sus sueldos y sus condiciones de trabajo, me parecen baratísimos los chalecos antibalas. Tanto que les he pedido a los Reyes Magos que les traigan uno a cada uno el próximo 6 de enero. Aunque me suban los impuestos para eso. Esa tasa no me duele; la pagaría una y mil veces sin rechistar.</p>
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		<title>A sus órdenes</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 16:18:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[¿El problema es la expresión o compartirla con el ejército? Desconozco lo que le supone a un policía decir “a sus órdenes” cuando se cruza con un superior pero no me parece descabellado que en una organización jerárquica, el subordinado se ponga a las órdenes de quien está por encima. Lo digo por el deseo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2013/05/1254556997327.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-5115" title="1254556997327" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2013/05/1254556997327.jpg" alt="" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2013/05/1254556997327.jpg 591w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2013/05/1254556997327-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>¿El problema es la expresión o compartirla con el ejército? Desconozco lo que le supone a un policía decir “a sus órdenes” cuando se cruza con un superior pero no me parece descabellado que en una organización jerárquica, el subordinado se ponga a las órdenes de quien está por encima.</p>
<p>Lo digo por el deseo manifestado por el Sindicato Unificado de Policía (SUP) de que se sustituya “a sus órdenes” por “buenos días, jefe”. Alega el SUP para pedir el cambio que la primera expresión es militar y por eso cabe la duda de si la incomodidad es admitir la subordinación o que la frase impregne de tono marcial las relaciones con los mandos policiales.</p>
<p>El saludo con un “buenos días” o “buenas tardes” ya es usado por la policía para dirigirse al ciudadano, algo en lo que insiste la resolución de la dirección general que está a punto de aprobarse y a cuyas alegaciones pertenece esa reticencia al saludo militar. Junto a ella, el texto recoge pautas de uniformidad y apariencia externa a las que tiene que someterse el policía como la prohibición de los piercing o de peinados y complementos extravagantes.</p>
<p>Sobre éstas también se ha quejado el SUP alegando que nadie tiene que decirle a un policía como vestir o cómo presentarse en público y aun siendo cierto que, probablemente, no necesitan que un texto exija decoro en el vestir o la postura para que ellos sepan cómo cuidar la imagen del cuerpo, tampoco es impropio que se recuerde. Sobre todo, en ese último aspecto: la imagen que se proporciona de la policía.</p>
<p>Uno de los factores de la credibilidad es, precisamente, la imagen, de modo que descuidarla favorece un descenso de aquella y, por ende, una disminución de su autoridad. En estos momentos en los que hay grupos que intentan presentar a la policía como un instrumento represor y no un servicio ciudadano, su fuerza no puede venir solo por la capacidad coercitiva sino por una imagen impecable. Eso empieza por la pulcritud y el cuidado en el vestir, comportarse o tratar con los demás, incluidos los superiores. Sin extremismos, pero sin perder de vista su importancia.</p>
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		<title>La señora María</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Jan 2012 08:05:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Doña María era una anciana con Alzhéimer que se perdió en Valencia a finales de los 80. Como suele ocurrir, no recordaba sus apellidos; solo su aldea de Cuenca y el nombre de pila del marido. Así fue como la encontró la Policía Local en la Alameda en medio de la noche. Solo con esos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/01/electro.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-2180" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2012/01/electro.jpg" alt="" width="300" height="210" /></a>Doña María era una anciana con Alzhéimer que se perdió en Valencia a finales de los 80. Como suele ocurrir, no recordaba sus apellidos; solo su aldea de Cuenca y el nombre de pila del marido. Así fue como la encontró la Policía Local en la Alameda en medio de la noche.</p>
<p style="text-align: justify">Solo con esos datos era casi imposible localizar a su familia. Sin embargo, los agentes no se rindieron y entre vasos de leche caliente para la anciana y paciencia, para los rastreadores, buscaron el modo de devolverla a los suyos.</p>
<p style="text-align: justify">No fue fácil. Llamaron a la aldea pero allí no había policía y solo podían preguntar por “Doña María, que había venido a Valencia por su marido”. Por fin alguien, de entre los 100 habitantes de la localidad, dijo recordarla. ¡Eso había ocurrido 40 años antes!</p>
<p style="text-align: justify">Así fue como averiguaron el apellido y, de ese modo, llegaron hasta la hija cuya denuncia por la desaparición de la madre podía haberse perdido en el tiempo por la imposibilidad de cruzar sus datos con la desmemoria de la protagonista.</p>
<p style="text-align: justify">¿Por qué cuento esta historia? Porque a veces el juicio que hacemos sobre la realidad es parcial e injusto. Como el de una servidora al leer en informaciones de agencia que había aparecido el cuerpo de una mujer flotando en el puerto valenciano tras deambular desorientada.</p>
<p style="text-align: justify">En la columna me quejaba de la ausencia de policías que patrullaran a pie la noche valenciana, pero, al día siguiente, un inspector de la Policía Local que se encargaba precisamente de ese turno me explicó cómo, desde el coche, también velan por los valencianos. Lo hizo, además, con una infinita paciencia, sin obviar detalles que una neófita desconoce, y con una delicadeza tan grande que solo leerlo daba tranquilidad.</p>
<p style="text-align: justify">Para ejemplificarlo, me explicó la historia de la señora María. Una historia que, por cierto, habla de funcionarios abnegados más allá del puro trámite, no de vividores apoltronados y refugiados tras una ventanilla.</p>
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		<title>Souvenir de San Vicente</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 06:32:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[economía]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Estoy preocupada. Desde que he leído que la DGT quiere que las multas se paguen solo con tarjeta, no me llega la camisa al cuerpo. En concreto, al cuerpo local de policía de San Vicente del Raspeig, cuyo tarjetero multero es como los pimientos de Padrón: a veces pica y a veces no. O sea, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2011/10/4949041.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-1855" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2011/10/4949041.jpg" alt="" width="300" height="158" /></a>Estoy preocupada. Desde que he leído que la DGT quiere que las multas se paguen solo con tarjeta, no me llega la camisa al cuerpo. En concreto, al cuerpo local de policía de San Vicente del Raspeig, cuyo tarjetero multero es como los pimientos de Padrón: a veces pica y a veces no. O sea, a veces funciona; a veces, va estreñido y otras, opta por divagar. En definitiva, que no va.</p>
<p style="text-align: justify">Lo sé de buena tinta. La misma que imprimió el ticket que aún conservo en la cartera donde dice «multa», «81 euros», «San Vicente del Raspeig». Primera y única multa de aparcamiento.</p>
<p style="text-align: justify">Sí, desde Valencia es extraño irse hasta allí para dejar el coche de aquella manera pero son cosas de la vida universitaria que me llevó hasta el campus y su sobreexplotado parking.</p>
<p style="text-align: justify">Ahí empezó el juego de «allá tú». Que allá te las compongas, quiero decir, porque, hasta ahorran en papel para que el dueño del coche descarte que ha sido robado por un comando chiíta o que ha subido a los cielos por efecto de un airbag demasiado potente. Después de una hora peregrinando, supe que su ausencia no era un acto de desafección sino efecto de la grúa local.</p>
<p style="text-align: justify">Y hete aquí que aparecí en la policía de San Vicente del Raspeig para pagar religiosamente mi multa y llevarme a la criatura de vuelta a casa. Pero no fue nada fácil. Tras asistir al preceptivo curso de mecanografía informática del funcionario prejubilado de turno -el de «ahora, pulsa F4» sin prisa pero sin pausa- me lancé a pagar con tarjeta.</p>
<p style="text-align: justify">Entró, con perdón. Y salió. Lo volvimos a intentar. La volvió a escupir. Lo probó con la suya otra periodista que me acompañaba y de nuevo la rechazó. Y entonces el agente sugirió buscar un cajero tras farfullar algo referido a que «antes sí que iba». Tan apurado se vio que aún se despidió con un «lo siento» por la multa. Quizás fue efecto de mi media sonrisa. O tal vez, de mi promesa final: «¡esto merece una columna!». Suya afectísima.</p>
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		<title>Policía de proximidad</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jul 2011 21:04:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Apuntes]]></category>
		<post_tag><![CDATA[animales]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Miguel Domínguez]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Estoy pensando en mudarme. No es que esté mal en el piso que ahora vivo. Es que he descubierto que por el cauce del Turia hay más policía municipal que por las calles así que voy a mudarme bajo un puente. Será la manera más efectiva de tener la prometida “policía de proximidad”. En el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2011/07/3888474986_141a17402a1.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-1674" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2011/07/3888474986_141a17402a1.jpg" alt="" width="300" height="198" /></a>Estoy pensando en mudarme. No es que esté mal en el piso que ahora vivo. Es que he descubierto que por el cauce del Turia hay más policía municipal que por las calles así que voy a mudarme bajo un puente. Será la manera más efectiva de tener la prometida “<strong>policía de proximidad</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify">En el río patrullan todo el día policías a caballo, en moto o a pie. ¡Todo un despliegue! ¡Gracias Miguel*, eres un crack!</p>
<p style="text-align: justify">Nunca he visto tanta policía junta excepto por la calle Colón en época de rebajas o en Les Corts en época de Gürteles. Y sucede que estoy especialmente sensibilizada porque ayer uno de ellos estuvo a punto de multarme.</p>
<p style="text-align: justify">Sé que tenía la culpa. Fue el “broncas” de Whisky que se fue detrás de una de las motos municipales ladrando sin parar. Cuando por fin lo tenía sujeto, se animó Solete enfadadísimo con que un poli siguiera con el tubo de escape a todo gas. (Debe de ser mi lado ácrata que transmito a mis perros; aún recuerdo a Coco ladrándole a la policía alemana que pretendía cachearme en el aeropuerto de Berlín mientras unos erasmus españoles le aplaudían el gesto y Montserrat Caballé se partía de risa al ver la escena). El caso es que al policía municipal, asignado a perros y otros terribles peligros del antiguo cauce, se le hincharon los galones al ver que no me obedecía, paró la moto, se bajó y me preguntó: “bueno, ¿qué hacemos?”.</p>
<p style="text-align: justify">Yo, que no pretendía eludir la multa sino insinuar que no era idiota, le intenté explicar que no los llevo sueltos normalmente. Que solo lo hago en esa zona para que corran un poco por pura terapia, sobre todo, para Whisky que aún no ha superado del todo el estrés por el abandono.</p>
<p style="text-align: justify">Pero ay de mí cuando osé preguntarle “¿adónde puedo llevarlos si aquí no puedo?”. “Ahí”, me dijo, señalando la zona acotada para que hagan sus necesidades. Más pequeño que el comedor de mi casa.</p>
<p style="text-align: justify">Me pareció un insulto y le dije que al no estar vallado se podían escapar y que dónde había en Valencia un lugar donde un perro pudiera correr libremente, que yo no lo conocía. Me dijo (sic) que era mi problema y que él no estaba para solucionarlo.</p>
<p style="text-align: justify">Me encantó. ¡Me encantó! La policía local no está para orientar a un ciudadano angustiado, no al menos aquel que intenta rehabilitar perros que han sufrido un trauma. Tenía que haber vestido a Whisky de escocés y haberle enseñado a preguntar por un “local de birras”. Así, quizás, el policía-broncas le hubiera guiado mejor.</p>
<p style="text-align: justify">Diré, en honor a la verdad, que su compañero, con más experiencia, canas y luces, serenó la conversación. Tanto que me evitó la multa. Que no esta columna. Reconozco que la merecía. Pero su compañero también merecía esta columna por usar un tono chulesco con los ciudadanos que pagamos su sueldo.</p>
<p style="text-align: justify">* Miguel Domínguez es concejal de Seguridad Ciudadana y mi concejal favorito&#8230; pero eso será historia de otro post.</p>
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