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	<title>iPou 3.0sanidad &#8211; iPou 3.0</title>
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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>Muerte y vida dignas</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2015 23:11:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/89374782.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6848" title="COMPARECENCIA DEL PADRE DE ANDREA ANTE EL HOSPITAL DE SANTIAGO" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/89374782.jpg" alt="" width="300" height="166" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/89374782.jpg 575w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/89374782-300x166.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Estoy segura de que el equipo médico del Hospital de Santiago de Compostela que atiende a la niña Andrea procuran una vida y una muerte llenas de dignidad a todos sus pacientes. Por eso resulta tan incómodo leer que “por fin” Andrea “tendrá una muerte digna”. Entiendo que con esa expresión se quiere resumir la última información para quien está al tanto de lo que sucede. El caso de Andrea fue conocido por la opinión pública cuando sus padres alertaron de que los médicos no querían dejar morir a su hija, en la etapa final de una grave enfermedad degenerativa. Enseguida, se alzaron voces que presentaban el hecho como una terrible injusticia y se posicionaban al respecto. En ese discurso, los médicos eran insensibles, crueles y malintencionados. Y ése es el punto más cuestionable de su relato.</p>
<p>Sin duda son situaciones terribles, que ninguno quisiéramos vivir, y en las que juzgar es muy poco recomendable. La razón es que no es un hecho simple que pueda ser abordado desde un maniqueísmo injusto. Es comprensible la posición de los padres y con toda seguridad no es nada fácil llegar a la conclusión de que es el momento de despedirse de la hija para siempre. Sin embargo, también es razonable que los pediatras se resistan a esa última decisión cuando piensan que aún pueden hacer algo por ella o que dejarla morir choca con su promesa de luchar por la vida de todos sus pacientes hasta el final. Que una paciente tan joven muera es un fracaso de la ciencia médica, no de los profesionales que, seguramente han hecho lo indecible por la niña, sino de una disciplina que no es perfecta y a veces no puede conseguir su propósito.</p>
<p>En ese contexto, no me cabe duda de que habrán intentado evitar llegar a este punto y de que la muerte a la que hubiera llegado Andrea por sus propios medios hubiera sido igual de digna. El problema es que las palabras son engañosas. “Muerte digna” es como se conoce al esfuerzo por evitar el encarnizamiento terapéutico. Sin embargo, deja el sabor amargo de que lo contrario es menos digno, cuando no es así. El problema no está en la reivindicación de algunas personas para que se les permita decidir libremente el momento de su muerte sino en el relato que se hace de este caso u de otros similares. Indigno es morir con una crueldad innecesaria, sin duda, pero también que algunos enfermos no puedan acceder a medicamentos o prótesis por falta de recursos o que dejen de recetarse alegando que no tienen beneficios, solo porque son caros. Eso es condenar a una vida o a una muerte indigna a un paciente. Lo malo es que es un gota a gota diario menos espectacular que un caso concreto. El drama de Andrea y de todas las familias en su situación es, sin duda, dolorosísimo pero no solo hay que pedir una muerte sino condiciones de vida dignas para todos los enfermos, sean cuales sean sus circunstancias.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Lealtad y conciencia</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2015 17:07:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[De entre todos los argumentos esgrimidos por los díscolos del PP para no apoyar la reforma de la ley del aborto, me ha llamado la atención especialmente uno: la apelación a la lealtad. Es curioso por lo impecable, por lo problemático y por lo clarificador. Es impecable porque, a la vista del programa electoral y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/aborto-diputada-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6596" title="aborto-diputada--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/aborto-diputada.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>De entre todos los argumentos esgrimidos por los díscolos del PP para no apoyar la reforma de la ley del aborto, me ha llamado la atención especialmente uno: la apelación a la lealtad. Es curioso por lo impecable, por lo problemático y por lo clarificador. Es impecable porque, a la vista del programa electoral y de los principios del PP, no puede reprochársele deslealtad a quien se somete a ellos. El problema viene, como ha ocurrido, cuando la actual dirección reorienta esos principios o les pone silenciador por puro pragmatismo. Es problemático porque está poniendo de manifiesto que una cosa es el partido y otra, las personas que lo dirigen en la actualidad. Ante eso ¿a quién ser leal? Es la gran pregunta que se hace todo miembro de un organización ya sea política, religiosa o cultural. ¿Hay que ser fiel a las ideas que dan origen a la organización o a las personas que en un momento dado tienen la potestad de interpretarlas? En principio deberían coincidir ambas y, si no, hay que llegar al cambio tras un proceso de reflexión colectiva, pero decir esto es más ingenuo que confiar en que aparezca el conejo sombrerero de Alicia y nos invite a celebrar el no-cumpleaños. Es, por último, clarificador porque pone sobre la mesa la encrucijada ante la que se encuentra un político cuando debe decidir entre su conciencia y su estrategia.</p>
<p>Quienes ayer elevaron la voz para mostrar su discrepancia ya saben que no estarán en las listas electorales. Esos ya se han sentenciado pero lo han hecho en conciencia, tal y como pedían los obispos españoles. La pregunta es por qué no actúan siempre así. Se me dirá que el aborto es un tema de conciencia pero yo defiendo que también lo es, salvando las distancias, la potenciación de las energías renovables, el uso de concertinas en la valla de Melilla o los acuerdos comerciales con Irán o con Marruecos haciendo la vista gorda a sus vulneraciones de derechos humanos. ¿Acaso en eso no se siente interpelado un diputado del PP? ¿Por qué en ese terreno no experimenta la necesidad de discrepar, de mostrar un punto de vista distinto o de cuestionar la línea mantenida por su partido? Tal vez será porque la rabieta ante el aborto también tiene un fin estratégico. Negarse a aceptarlo y afear la conducta del partido en esa cuestión es erigirse en portavoz de un sector que no es nada irrelevante, el democratacristiano. ¿Está también él contra las concertinas? ¿O contra una política restrictiva en materia de inmigración? ¿Por qué sobre eso no piden los obispos también libertad de conciencia mientras critican sistemáticamente la muerte de miles de inocentes en el Mediterráneo, como los 400 que se ahogaron ayer mismo? Toda la política es cosa de conciencia. La cuestión está en saber cuándo compensa la rebeldía. Ante el aborto, al parecer, sí. Lástima que no ocurra eso en todo lo demás.</p>
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		<title>Un copiloto enfermo</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Mar 2015 20:34:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
		<post_tag><![CDATA[discriminación]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Mal servicio ha hecho el copiloto del avión siniestrado en los Alpes a los enfermos mentales. En apenas 24 horas hemos visto cómo el trastorno mental se ha asociado a un hecho terrible y se ha presentado como un riesgo grave para la población con la que convive la persona afectada por él. Sin duda, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/foto-copiloto-avion-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6563" title="foto-copiloto-avion--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/foto-copiloto-avion.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Mal servicio ha hecho el copiloto del avión siniestrado en los Alpes a los enfermos mentales. En apenas 24 horas hemos visto cómo el trastorno mental se ha asociado a un hecho terrible y se ha presentado como un riesgo grave para la población con la que convive la persona afectada por él. Sin duda, es difícil obviar que, de confirmarse lo expuesto por el fiscal, el origen de la catástrofe pudiera estar en el desequilibrio del copiloto, pero la prudencia y la justicia alertan sobre la demonización de todo un colectivo doliente, el de los enfermos y sus allegados.</p>
<p>Dice la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES) que una de cada cuatro personas sufre una enfermedad mental durante su vida y que esas cifras crecerán en el futuro. Así, pocos son los que pueden considerarse inmunes a un episodio de desequilibrio psíquico o a la propia enfermedad. La pregunta necesaria, junto a aquellas que plantean controles, tests y prohibiciones, es si existen los medios necesarios para acompañar a quien sufre algún problema psiquiátrico y si el entorno social permite la total recuperación de dolencias episódicas e incluso la aceptación de su existencia.</p>
<p>Todavía hoy algunas de esas dolencias son ocultadas en el trabajo, en la familia o ante el círculo de amistades. Las razones tienen que ver con el rechazo social y el estigma con el que alguien puede cargar durante el resto de su vida. No terminamos de creernos que las personas puedan recuperarse de la depresión, la ansiedad o la anorexia.</p>
<p>Si a eso sumamos el impacto de la crisis, con recortes en atención, copagos en tratamientos e inestabilidad laboral, nos encontramos con unos enfermos más vulnerables que nunca. Y cada uno de ellos hay que multiplicarlo por dos, tres o cuatro. Son los familiares o personas del entorno más cercano que sufren, junto a ellos, la enfermedad y sus consecuencias. Allegados que ven, impotentes, cómo esa persona no es aquella que conocieron con plena salud.</p>
<p>Aún nos cuesta aceptar que es un problema de salud y debe abordarse de ese modo. Por eso resulta tan inconveniente el relato que algunos hacen respecto a lo sucedido en el avión de los Alpes y la descripción del protagonista. Que hubiera roto un parte de baja que le obligaba a no subir a ese avión no solo significa que falló algún control laboral. Ante la tragedia, es lógico que solo pensemos en eso. Sin embargo, también está indicando que la persona enferma no estaba siendo acompañada en un momento en el que, posiblemente, necesitara tratamiento, consejo o supervisión. Es razonable que, ante el dolor, no pensemos en él salvo como verdugo pero deberíamos aprovechar este hecho para mirar hacia quienes viven el tormento interior que tal vez tenía él y no encuentran una respuesta social que les salve, en primer lugar, de sí mismos.</p>
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		<title>Miles de empleos</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Mar 2015 23:05:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cada vez que veo al gobierno tomar medidas para favorecer el emprendedurismo, el autoempleo o a los autónomos, me pregunto cuánto tardarán en darse cuenta las autoridades de que los mayores son un “nicho” de empleo por potenciar. No me gusta hablar así de quienes nos han precedido en las penurias vitales y han llegado [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/Fotolia_37119432_Subscription_Monthly_XL-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6567" title="Fotolia_37119432_Subscription_Monthly_XL--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/Fotolia_37119432_Subscription_Monthly_XL.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Cada vez que veo al gobierno tomar medidas para favorecer el emprendedurismo, el autoempleo o a los autónomos, me pregunto cuánto tardarán en darse cuenta las autoridades de que los mayores son un “nicho” de empleo por potenciar. No me gusta hablar así de quienes nos han precedido en las penurias vitales y han llegado a la presunta Edad Dorada pero está visto que el único modo de convencer a un gobierno es advirtiéndole de que algo crea riqueza o reduce el gasto. Así, hemos comprobado cómo de pronto los gobiernos se preocupaban de que no fumáramos, de que no comiéramos grasas trans o bebiéramos refrescos azucarados o de que nos pusiéramos el cinturón de seguridad en el coche y el autobús. No era fruto de un interés particular por incrementar la calidad de vida de sus ciudadanos sino el cálculo presentado por sus expertos acerca del ahorro sanitario que producen todos esos comportamientos. Fue entonces cuando decidieron iniciar campañas y aprobar normas que dificultan o reducen el hábito del tabaco, la obesidad o la mortalidad en carretera.</p>
<p>Por eso, la manera de hacer ver a quienes nos gobiernan que el sector de los mayores es importante es mostrándoles cómo crean riqueza, consumen o fomentan el empleo. Los ancianos no son un colectivo “goloso” para los anunciantes o las grandes marcas. No suelen comprar mucho. Al menos, los nacionales. Sí, en cambio, los extranjeros que no tienen las pensiones ridículas de nuestro país. Sin embargo, el cuidado tanto de ellos como de los dependientes suponen un gasto continuo que, con la esperanza de vida actual, es previsible que aumente. Parte de ese gasto lo tiene que asumir el propio Estado pero estamos viendo cómo esa parte se reduce día a día. O se transforma. El ingreso en residencias, por ejemplo. En los últimos años hay menos noticias que hablen de la escasez de plazas porque algunas familias se han visto obligadas a sacar a sus mayores y tenerlos en casa para sobrevivir de su pensión. Así, el cuidado de estas personas se privatiza de facto y, cuando es imprescindible y asumible, se busca a un cuidador profesional. Sin embargo, esa contratación no es como las demás –no tienen derecho a paro- ni quien contrata es considerado un empleador normal. No hay apenas facilidades ni se reconoce el papel en la creación de empleo de quienes hacen estos contratos. Aunque lo estén creando y en el futuro se prevean muchos puestos de trabajo en el sector. Ahora, Rajoy anuncia facilidades para el autónomo y de nuevo surge la duda. ¿Por qué no se contempla ese tipo de actividad como si fuera una más, se potencia, se mima y se valora su capacidad para crear esos miles de puestos de trabajo que engrosarían las cifras del Gobierno? Ciertamente no es un empresario, pero da trabajo. Un trabajo, además, que no le genera beneficios pero le permite contribuir a que otros lo hagan.</p>
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		<title>La &#8220;burbuja&#8221; dental</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jan 2015 19:38:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Los bajos de las ciudades dicen mucho sobre la vida en ellas. La crisis, por ejemplo, se ve en la cantidad de persianas echadas y de carteles de “Disponible” en sus puertas. Lo mismo sucede con la proliferación de determinados negocios. Hubo un tiempo en que se llenaron de sucursales bancarias, hasta que el crack [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6484" title="DOCU_VERDAD" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811.jpg" alt="" width="245" height="300" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/7653811-246x300.jpg 246w" sizes="(max-width: 245px) 100vw, 245px" /></a>Los bajos de las ciudades dicen mucho sobre la vida en ellas. La crisis, por ejemplo, se ve en la cantidad de persianas echadas y de carteles de “Disponible” en sus puertas. Lo mismo sucede con la proliferación de determinados negocios. Hubo un tiempo en que se llenaron de sucursales bancarias, hasta que el crack de Lehman Brothers, y lo que vino después, obligó a la entidades a cerrar oficinas y reagrupar o despedir a sus empleados. Con el “boom” del “Todo a cien” nuestras calles se poblaron de grandes almacenes de mercadillo que, curiosamente, aun persisten traspasados a ciudadanos de China o Pakistán. Quién no recuerda también cómo aparecieron cientos de inmobiliarias que parecían repartirse una gran tarta hasta que la burbuja del ladrillo explotó. Más tarde llegaron los negocios de cigarrillos electrónicos o, recientemente, las franquicias de perfumes o de productos “bio”. Sin embargo, la sobreabundancia más notable de los últimos meses es la de clínicas dentales. En su caso hay una peculiaridad que no está tan presente en otro tipo de negocios: ofrecen servicios low cost.</p>
<p>Supongo que tenemos que acostumbrarnos a algo infrecuente por estos lares pero muy presente en otros países. La salud también se contempla como un negocio lo que no significa, necesariamente, que busquen el beneficio a cualquier precio. Mirarlo como negocio quiere decir que quieren ganar y plantean estrategias para lograrlo, publicidades agresivas, ofertas y descuentos. Como si nos vendieran una lavadora. No parece que haya nada malo en eso. Al menos, a priori. Reconozco que aún me cuesta ver anuncios donde se cuentan las bondades de una citología como quien habla de las prestaciones del último monovolumen pero por otro lado, veo interesante el papel de la publicidad en esos casos. Sin ella, quizás, no sabríamos que en determinada clínica hacen chequeos completos por un módico precio. España es un país todavía excesivamente precavido en ese sentido.</p>
<p>Quizás tiene razones para serlo y es una medida de cautela beneficiosa. Es un contrapeso para evitar las estafas que, si bien en otros campos son molestas, cuando se trata de la salud son verdaderamente inquietantes. Eso es lo que sucede con algunas clínicas dentales low cost, tal y como denunció el Colegio de Odontólogos de Valencia hace unos meses. Lo grave es ver cómo algunas engañifas están afectando a los grupos más vulnerables de la sociedad que confían en precios bajos para arreglar su dentadura postiza o los empastes que requieren. Personas mayores, inmigrantes o familias numerosas que no pueden costear tratamientos caros se ven enredados en “las preferentes dentales”. En ese caso no es solo un problema de Consumo sino de Salud, el peor ámbito para jugar con el low cost. Y más, todavía, cuando se trata de personas que no tienen alternativa a esa peculiar ruleta rusa.</p>
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		<title>Los bocazas</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Dec 2014 23:34:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[No voy a decir que me haya sorprendido la destitución del consejero madrileño de Sanidad ni tampoco que me parezca mal. Cuando un responsable público pierde el respeto de los ciudadanos y se encumbra en un pedestal desde el que mira por encima del hombro a sus representados, lo mejor que puede suceder es que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/12/consejero-sanidad-rodriguez-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6417" title="consejero-sanidad-rodriguez--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/12/consejero-sanidad-rodriguez.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>No voy a decir que me haya sorprendido la destitución del consejero madrileño de Sanidad ni tampoco que me parezca mal. Cuando un responsable público pierde el respeto de los ciudadanos y se encumbra en un pedestal desde el que mira por encima del hombro a sus representados, lo mejor que puede suceder es que sea desautorizado. El consejero de Sanidad había ofendido no solo a Teresa Romero sino a los profesionales dependientes de él y eso es algo que no se debe aceptar en un político. Ni en ningún ámbito de la vida. Lo deseable es que el jefe defienda a sus subordinados en público y los abronque en privado y no al revés. El consejero hizo lo peor que puede hacer un directivo: echar la culpa a su equipo.</p>
<p>Sin embargo, lo preocupante no es su destitución ni la razón que la ha producido. Es cierto que un bocazas envenena el ambiente y tensa las relaciones políticas y, en vísperas de elecciones se convierte en una verdadera bomba de relojería. Las declaraciones o expresiones desafortunadas, como suelen llamarlas los interesados, perjudican la imagen de un partido o de un grupo político. No hay más que ver el improperio de la alcaldesa de San Bartolomé de Béjar en Ávila que gritó “maricones de mierda” a una pareja de homosexuales y que ha sido ahora condenada por la Justicia. Antes de eso, los ciudadanos ya la habían censurado.</p>
<p>Esas salidas de tono permanecen en el tiempo y quedan en la memoria de los votantes pero no son el peligro mayor de un dirigente. Es verdad que resultan muy llamativas y poco adecuadas para ganarse la confianza del electorado pero lo grave de un dirigente es que sea gris, que nunca diga una palabra más alta que otra, que nunca aparezca en los medios porque sea comedido en sus declaraciones pero en el fondo sea un auténtico inútil en su cargo. Esos apenas aparecen y, por tanto, no llaman la atención pero son peligrosísimos. Sin embargo, nuestra vida política está llena de esos. No recordamos al buen gestor ni prestamos atención al malo salvo que se vea implicado en una historia de declaraciones desafortunadas o de reproche altanero de la oposición. Solo en ese caso sabemos que lo hace mal cuando no es de nuestro negociado. Con esa política, son cientos los que no pasarían un mínimo test de competencia para el puesto, pero se mantienen ahí durante años. La forma de sobrevivir, está visto, es no abrir la boca si uno no sabe controlarse. Aunque no tenga ni idea. Eso no está tan mal visto. Eso forma parte del deterioro del propio sistema y, por qué no decirlo, de una oposición más pendiente a veces de la bronca que de las soluciones. Es más rentable en términos electorales. El consejero madrileño había sobrevivido a la “marea blanca” que reprochaba una mala política sanitaria, pero al final se va por decir cosas inapropiadas de la persona equivocada en el momento más inoportuno.</p>
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		<title>El beso de Jesusa</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2014 19:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
		<post_tag><![CDATA[periodismo]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Desde hace más de un mes esperaba la imagen, la foto de Jesusa abrazando a su hija Teresa. Después de darla por muerta por culpa del ébola, de saber de ella con cuentagotas y de vivir con el alma en vilo, por fin vuelve a tenerla, a besarla y a saberla “resucitada” de una muerte [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/1415275215_354903_1415275340_noticia_normal.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6356" title="1415275215_354903_1415275340_noticia_normal" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/1415275215_354903_1415275340_noticia_normal.jpg" alt="" width="300" height="168" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/1415275215_354903_1415275340_noticia_normal.jpg 560w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/11/1415275215_354903_1415275340_noticia_normal-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Desde hace más de un mes esperaba la imagen, la foto de Jesusa abrazando a su hija Teresa. Después de darla por muerta por culpa del ébola, de saber de ella con cuentagotas y de vivir con el alma en vilo, por fin vuelve a tenerla, a besarla y a saberla “resucitada” de una muerte segura. La felicidad de esa madre solo puede compararse a la de la hija recibiendo sus mimos como cuando era una cría. Porque los mimos de una madre nunca sobran, por muchos años que se tengan y por muy duro que la vida le haga a uno.</p>
<p>Imagino a Jesusa preparando el caldo gallego para su Teresiña, haciendo las empanadas y encargando el mejor pescado del mercado. La imagino cada noche poniendo velas al Apóstol, al que daba las gracias Teresa en la rueda de prensa del Carlos III. La puedo ver prometiéndole una visita y un óbolo si su niña salía de esta. Como también imagino las noches de pesadilla en las que habrá vivido Teresa, notándose morir y conociendo mejor que nadie el proceso habitual de la enfermedad. Ella asistió a los misioneros y supo de los estragos del virus que terminó con ellos. Por eso me parecen terribles esas noches oscuras en las que luchó contra el ébola y solo contaba con su fe y el apoyo constante de unos compañeros que no la dejaron aun sabiendo que ellos se arriesgaban a lo mismo. Solo ella sabe lo que habrá pasado, los miedos que aún tendrá y las pesadillas que la acompañarán cada vez que cierre los ojos. Nada que ver con la mezquindad de quienes quisieron desentenderse políticamente del asunto culpándola primero, matando a su perro después y queriendo ahora apuntarse el tanto. Frente a ellos, personal sanitario abnegado, sin protagonismo ni merecidos reconocimientos pero con la felicidad de haber logrado dar vida, el mejor premio para médicos y enfermeros.</p>
<p>A mí me interesa lo que no es portada. Precisamente porque no lo es. A tenor de lo visto estos días, podemos concluir que es más noticia la muerte que la resurrección. Aunque tengamos muy pocos casos de personas “resucitadas”. La de antes, pero sobre todo la que empieza ahora es una historia particular, tal y como Teresa y Javier quieren que continúe siendo. Y ojalá sea así y no altere su vida el impacto de la comunicación-espectáculo. Es la vida de una profesional que, unida a otros, sacan lo mejor de sí mismos y del propio sistema para cumplir una función social. Eso es lo que mueve España y lo que merece la pena contar, aunque las portadas nos hablen de líderes, imputados, famosos y corifeos. Las historias particulares no suelen ser noticia. Sus gracias a Dios y al Apóstol, su recuerdo de los manantiales de Lugo o su convicción de que los milagros existen no llenan titulares. Sin embargo, llenan el alma de quien los lee. Como ver a su madre dándole uno y mil besos. Incluso cuando las cámaras se apagan. Sobre todo, cuando las cámaras se apagan.</p>
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		<title>El gris</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2014 20:44:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
		<post_tag><![CDATA[ébola]]></post_tag>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/profesionales-ebola-texas-negativo-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6325" title="profesionales-ebola-texas-negativo--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/profesionales-ebola-texas-negativo.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>No todo es blanco o negro, pero lanzada una u otra opción, es difícil hacer ver que el gris es el color más aproximado a la verdad. Cuando nos decidimos por verlo todo blanco o todo negro, el amor propio nos impide contemplar otras posibilidades. Incluso aunque las estemos intuyendo. Así ha sucedido con el caso del ébola. Hasta que los datos desmienten nuestro tono tajante y maximalista. Durante una semana hemos escuchado y leído de todo respecto a que España, a diferencia de otros países, no estaba preparada para traer a enfermos de ébola desde África, como se hizo con los misioneros. Junto a eso, llegaba la consiguiente crítica al gobierno que, aunque torpe en esta crisis, no es culpable del Diluvio Universal ni de la Guerra de los Cien Años, y el inevitable golpe a la autoestima patria: España no es Estados Unidos ni tiene sus medios ni su preparación ni sus recursos. Aún siendo cierta, la comparación no tiene como objetivo indicar el camino que queda por recorrer, sino rebajar las pretensiones “de clase” de España, como hacían los señoritos en el XIX con el servicio. No aspires a aquello que no puedes lograr “en tu posición”.</p>
<p>De pronto, sin embargo, nos enteramos de que un miembro del personal sanitario del hospital presbiteriano de Texas ha dado positivo en ébola. Él, como Teresa en España, fue uno de los que cuidó de una víctima llegada de África con la enfermedad. La diferencia radica en la reacción posterior de las autoridades. El portavoz -un médico, no un político- ha dicho que eran conscientes de que podía haber este tipo de caso y se han preparado para ello. Nada que ver con lo visto en España. Aquí los políticos se apresuraron a buscar un cómo y a culpabilizar de la víctima. De Estados Unidos nos llega un mensaje absolutamente diferente. En primer lugar, no se insiste machaconamente en que los protocolos son maravillosos y el riesgo es inexistente. Al contrario, se da por hecho que podía ocurrir, que ha ocurrido y que se habían preparado por si sucedía. Y, en segundo lugar, no se dan datos del contagio sino un mensaje claro: se ha ampliado el número de personas trabajando en ello y sobre todo esforzándose para que no se expanda el virus. Estratégicamente, es impecable porque no mira al pasado (cómo se contagió y quién tuvo la culpa) sino al futuro.</p>
<p>Que sea en Estados Unidos, además, corta de raíz todo el victimismo colectivo de estos días. Allí no gobierna el PP, no hay recortes o mareas blancas, ni acogen misioneros de forma irresponsable. El país superpreparado para una crisis, que usa trajes mil veces mejores que los nuestros y que controla los protocolos, ha sufrido un contagio. No es la presunta torpeza de Teresa lo que causado el daño. Que descansen, pues, los flageladores de uno y otro signo durante unos días. Debe de hacerles falta después de tanto trabajo esta semana.</p>
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		<title>Los protocolos</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Oct 2014 20:39:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/teresa-romero-contagio-ebola-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6321" title="teresa-romero-contagio-ebola--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/teresa-romero-contagio-ebola.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Llevamos una semana durísima. No solo por el shock que supone tomar conciencia de que en España hay ébola y no se conoce en qué medida está incubándose, sino por la reacción política ante una crisis de resultado incierto. Y no solo, ni prioritariamente, de resultado electoral. Es cierto que en todo este asunto está presente una “marea blanca” de protestas y quejas por recortes y reestructuraciones en la Sanidad madrileña que no podemos ignorar. Hacerlo supondría obviar un factor que puede haber multiplicado el extremismo en determinadas actitudes. Sin embargo, manteniendo a raya la visceralidad, es imprescindible analizar cuál ha sido el comportamiento de quienes deben velar por la salud y la seguridad de todos nosotros. Ayer alguien se quejaba de que el contagio de ébola era un tema de salud y no político. Discrepo. Desde luego, lo urgente y primordial es la vida de las personas pero ésta, sobre todo cuando se trata de personal sanitario del sistema público de salud, está en manos de las administraciones, de sus medidas, de sus recursos y del cumplimiento de sus protocolos. En definitiva, es un asunto político.</p>
<p>El problema de las crisis, como la que vivimos desde hace 72 horas, es que ponen a prueba a los gobernantes. Dirigir un país en tiempos de bonanza y de aplauso público es muy fácil. Hacerlo en momentos de escasez y de irascibilidad es lo que da la medida de un jefe. Y ahí es donde todo falla. La crisis nos está devolviendo una imagen de mediocridad en la clase gobernante que pocas veces hemos visto. No están a la altura ni de los retos ni de las necesidades de los ciudadanos. No se trata solo de no saber estar en una rueda de prensa sino de considerar a ciudadanos y medios como enemigos. Por difícil que sea dar la cara, hay que darla aunque a uno se la rompan mil veces. Una crisis como ésta requiere un gabinete de expertos con un político de prestigio al mando y un portavoz bien entrenado al lado para dar sensación de seguridad y criterio. No se trata de ofrecer engañifas a la prensa para salir del paso sino de saber responder a sus preguntas que son muchas de las que se hace el ciudadano. El portavoz no está para echar balones fuera sino para contestar de forma comprensible sobre cuestiones médicas a periodistas y lectores, que no son especialistas. En lugar de eso hemos visto a responsables ocultos, con mensajes dispersos y notable incontinencia verbal. Las opiniones personales sobran. Si, además, son imprudentes e hirientes, mucho más. No sé si los protocolos sanitarios se cumplieron o no pero desde luego los informativos son un verdadero desastre. No es animadversión ni maniobra política de oscura intención pero alguien debería hacer examen de conciencia. Lo peor no era el perro pero aquello demostró lo que hemos visto multiplicado por mil: nerviosismo, improvisación y desamparo.</p>
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		<title>Sin pago</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Oct 2014 20:36:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/74156823.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6319" title="DOCU_LP" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/74156823.jpg" alt="" width="300" height="209" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/74156823.jpg 490w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2014/10/74156823-300x209.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>No me había sucedido nunca. También es verdad que hasta hace unos meses no iba con la tarjeta de crédito a la farmacia. Ahora, en cambio, la llevo siempre con el SIP. Así, no me extrañó la pregunta, pero me resultó curiosa. “¿Quieres fraccionar el pago?”, me dijo la farmacéutica. Hasta ahora esa pregunta la había escuchado al comprar un coche, unos muebles o un televisor pero no las medicinas mensuales de mi madre. Me puso carita de pena al ver el monto total pero le dije que no, que prefería un mazazo fuerte que tres patadas en la espinilla seguidas. Cada mes es una escena parecida y yo siempre le comento lo mismo: “¿y qué hacen los ancianos que no tienen el sueldo de un hijo para pagar esto?”. “Pues no venir”, contesta. Y tiene razón. Lo sé porque conozco a la generación “D” de la quinta de mi madre (“D” de “¡De milagro seguimos vivos!”). La que no ha dejado una pastilla, se la ha quitado el médico porque es muy cara o la han llevado a una residencia donde dicen ser partidarios de no dar apenas medicación. O sea, una tila para evitar los nervios y mucha agua para bajar la tensión. Ya no se trata de recortes activos sino pasivos, es decir, no se lo quitamos nosotros, pero le hacemos pagar para que se sienta culpable y usted mismo decida no pedirlo. Sutil y eficaz.</p>
<p>Por eso me he alegrado del varapalo judicial que ha sufrido el Consell con su copago a dependientes y ancianos. No por mí, sino por todos esos que no pueden “quemar la visa” con el último modelito de Daflon. Dice el TSJ que esas tasas han de aprobarlas las Cortes y no el Consell. Aunque el problema por el que se declara la nulidad del Decreto tiene que ver con esos matices jurisdiccionales, la sentencia da una luz de esperanza respecto al fondo de la cuestión. Lo hace cuando refiriéndose a los afectados dice que no parecen ser colectivos “especialmente favorecidos&#8221;. De esa forma, pone el foco sobre el núcleo del asunto. No es solo que ningún ciudadano tenga que pagar esa tasa aprobada por decreto sino que, en su caso, se trata de servicios de los que no pueden prescindir y no tienen modo de acceder a ellos si no es por la vía de lo público. Eso es lo que hace tan grave el copago para determinadas personas con una pensión ridícula o con unas necesidades especiales inalcanzables con un sueldo medio. En una situación de atmósfera 0, teórica e irreal, un euro o dos por medicamento es una pequeñez, pero en medio de una crisis, con unos precios de servicios básicos elevados (no hay más que ver los recibos del agua o de la luz) y con el paro y las hipotecas mermando los recursos de cualquier familia, esos eurillos son la puntilla. Y entre ser desahuciado, no tener luz o dejar de tomar las medicinas, optan por esto último porque parece que en la salud mandan ellos y no los políticos. Es mentira. En realidad los desahucian. Literalmente.</p>
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