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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>La Dolorosa</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Mar 2016 13:44:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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<p>Sin embargo, no hay ejemplos más claros de la realidad que vivimos que una Dolorosa o un Cristo sufriente en la Cruz. No me refiero a una mirada religiosa o propia de creyente. Sin duda, los católicos ven en esos pasos el resumen de su fe, de su vivencia de la Semana Santa y de todo aquello en lo que creen. No me estoy refiriendo a eso. Hablo de quienes, sin creer, puedan mirar hacia esos rostros y sentirse identificados.</p>
<p>En la Dolorosa están esos padres italianos que no pueden ni levantarse del suelo porque están destrozados tras haber perdido a sus hijas. Está ese padre que decía haber mandado a su hija a estudiar “a un país amigo” que se la devolvía muerta. Tanto si se cree en la Virgen como si no, su dolor y su imagen representan el de tantos padres y madres, hijos o hermanas, que han de sostener en sus brazos el cuerpo inerte de un ser querido, muerto injustamente mucho más pronto de lo esperado. Ese dolor existe. No es una imagen de madera que recrea una leyenda, como resumen algunos. Es el desgarro del padre de Aylan, el niño sirio muerto en la orilla de la playa. Lo mismo puede decirse del Cristo que mira suplicante al cielo, cuando ya no le queda ninguna esperanza en la tierra. Es el llanto del hombre que se disparó un tiro antes de que llegara la comisión judicial para desahuciarlo. O el de quien se quemó a lo bonzo en Idomeni para reclamar que abrieran las fronteras y les permitan confiar en una vida lejos de la violencia, la barbarie y la guerra.</p>
<p>Podrán desautorizar con incredulidad la humilde fe de quien reza a la Dolorosa cuando recorre las calles del Cabanyal o llora ante el Cristo cuando se para en la procesión justo delante y parece recoger las penas de cada cual. Podrán recluir la fe en las sacristías y transformar la Semana Santa en un “estallido de primavera valenciana”, como quiere Ximo Puig. Pero cada vez que el Mal nos derrumbe, no habrá primavera que nos consuele ni Estado que nos abrace como lo hace la Dolorosa del Grao o el Santísimo Cristo de los Afligidos. Incluso a quienes creen que solo son empolvadas tallas dignas de un museo sacro.</p>
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		<title>Llorar a Jorge</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2015 16:32:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/pol-ast-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6913" title="pol-ast--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/pol-ast.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>“Dentro de una semana nadie se acordará de Jorge”. Es terrible la afirmación pero es cierta. Lo decía ayer, en una carta publicada en prensa, el hermano de Jorge García Tudela, subinspector de policía asesinado en Kabul. Y lo hacía para pedir respeto a su memoria y al duelo que España entera les debe a estos servidores de la patria. Lo hacía cuando ya sus muertes habían empezado a recrear el “merecemos un gobierno que no nos mienta” de 2004. Es verdad que, entonces, el Ejecutivo de Aznar actuó mal, ya fuera por error o con intención, pero ese desastre fue usado por la oposición para atacarle en el momento más delicado, en vísperas de una convocatoria electoral decisiva y con claras intenciones políticas. Ahora solo nos falta Rubalcaba, el mismo que acuñó exitosamente la frase que exigía un gobierno sincero. Aún no han llegado a España los restos de los policías muertos y ya hay quienes presentan un ejercicio de nula eficacia comunicativa del gobierno como un intento por manipular. Puede que, en efecto, haya tenido esa intención. Las primeras noticias hablaron de que el policía había resultado herido leve y había sido evacuado –en sospechosa coincidencia con lo dicho tras el accidente de helicóptero que dejó tres víctimas en aguas próximas a Marruecos- y presentaba el hecho como un ataque ajeno por completo a España. Luego se confirmó lo contrario: el objetivo era nuestro país y había dos víctimas mortales. Puede que sea un error informativo o, en efecto, una torpeza de asesores nerviosos por la proximidad electoral. La cuestión es que el sufrimiento, el honor de las víctimas, su entrega y el servicio que hacen sus compañeros en las peligrosas misiones internacionales han pasado a un segundo o tercer plano. Eso es lo terrible.</p>
<p>Lo que pretende evitar el firmante de la carta no son las consecuencias electorales de los fallos estratégicos. Si tiene que haberlas, que las haya. El problema es la utilización del dolor de sus familias y de sus amigos para sacar rendimiento sobrevenido el día 21. Eso es lo que es indigno. Lo es cuando el gobierno lo minimiza, lo oculta o lo disimula pero también cuando los oponentes políticos se suben a él como a un trampolín que les catapulte a una mejor posición futura. Es lo que sucedió tras el 11-M y lo que ocurrió aquí en Valencia tras el horrible accidente de metro. Nadie niega que la actitud de los gobernantes en los tres casos fuera penosa pero se olvida que tampoco la oposición salió indemne del abuso. Lobos con piel de cordero que sonríen bajo sus lágrimas. Aunque sean necesarias.</p>
<p>Es una cuestión de tiempos. Ahora toca apoyar al Ejército y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, acompañar a las familias y reafirmar el compromiso contra el yihadismo. El momento del reproche no está lejos, pero no debería ser éste. Estos son días de llorar a Jorge y a Isidro.</p>
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		<title>El modelo israelí</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Nov 2015 19:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6891" title="223291_7023362023_8719_n" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n.jpg" alt="" width="222" height="300" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n.jpg 448w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n-223x300.jpg 223w" sizes="(max-width: 222px) 100vw, 222px" /></a>Una de las cosas que más llama la atención cuando se viaja a Israel es la presencia habitual de soldados en la calle. Como si fuera policía local. Con toda normalidad. Su despliegue no es cosa de ahora, por la llamada “Intifada de los cuchillos”, sino que se viene produciendo desde hace tiempo aunque en determinados momentos del año o, ante amenazas concretas como las actuales, se incremente. No hay controles más duros de equipajes y viajeros que los realizados en el aeropuerto Ben Gurion, en Tel Aviv, o en los vuelos que, desde Valencia, tienen como destino Israel. Hasta dentaduras postizas y mapas del país he visto revisar por si en ellos se pudiera haber escondido algo. Se comprende. Toda medida es poca cuando un Estado ha de proteger a su población y a quienes visitan su territorio de una amenaza constante y real.</p>
<p>Este fin de semana, Bruselas parecía Jerusalén, con tanquetas en las esquinas y la posibilidad de un ataque por sorpresa de algún “lobo solitario”. Cierto que el nivel de alarma era muy superior, acrecentado por la infrecuencia, precisamente, de esa presencia militar en el corazón de la Europa más pacífica. Sin embargo, es una imagen a la que, quizás, tengamos que acostumbrarnos. Y la perspectiva no puede ser más desoladora.</p>
<p>Militarizar la vida ciudadana europea, aunque ahora nos parezca inevitable porque estamos bajo el shock de lo sucedido en París y la amenaza belga, representa un fracaso de la lucha antiterrorista y, sobre todo, de la convivencia. Convertir cualquier gesto en sospechoso, o cualquier actividad en grupo, en peligrosa, condicionaría nuestra vida hasta el punto de modificar nuestros hábitos y nuestra forma de ver al otro. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos a la realidad en nombre de un buenismo poco resolutivo.</p>
<p>Tal vez la solución pase por incrementar las fuerzas especiales de la policía, reenfocar su formación hacia la nueva lucha antiterrorista urbana y ofrecer a los ciudadanos pautas de comportamiento en caso de ataque o amenaza real. Al menos, debería evaluarse la necesidad de todo ello, aunque en un principio pueda tener un efecto de retroalimentación. Un ciudadano que recibe consejos sobre cómo actuar ante un atentado de este tipo incrementa su miedo a sufrirlo con las consecuencias perniciosas que ese temor puede causar: denuncias falsas, psicosis o acciones descontroladas de defensa preventiva. Sin embargo, el terror desplegado en París estos días es una guerra de guerrillas por las calles de las grandes ciudades difícil de prever, de ahí que sea necesario dotar a los ciudadanos de herramientas para colaborar con las fuerzas del orden. No se trata de imitar a Israel en su militarización global sino a Japón en su educación para saber responder a un terremoto. Si esta es nuestra peor amenaza, al menos que sepamos eludir sus efectos y combatir el miedo.</p>
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		<title>Notre Dame</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2015 21:04:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/soldados-francia-atentado-620x349.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6882" title="soldados-francia-atentado--620x349" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/soldados-francia-atentado.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Si hay un país que presume de laicista y que es ejemplo de una escrupulosa distancia entre las creencias personales y la esfera de lo público, es Francia. La Revolución de 1789 enterró a todos los dioses que hasta el momento habían presidido los altares de iglesias y capillas y hacia los que se habían elevado las oraciones de los franceses durante siglos. Para Termidor, solo había una diosa, la diosa Razón, y esa dama no se llevaba nada bien con los que hasta entonces protagonizaban ritos y acaparaban inciensos.</p>
<p>A pesar de su orgulloso laicismo, el París acribillado a balazos no se planteó un espacio distinto para rezar y recordar a las víctimas de los atentados del viernes que Notre Dame. Una catedral católica. Allí no hubo quejas por elegirla como lugar de rezo comunitario. Es cierto que la ceremonia fue multirreligiosa, con sensibilidad hacia cristianos, judíos y musulmanes en justa correspondencia con la realidad demográfica francesa, pero bien podían haberse alzado voces contrarias a un marco católico como espacio de reunión. Nadie lo hizo. Notre Dame es París y es Francia. Y estos momentos son de dolor, de emoción y de muchas personas, con el corazón destrozado, que miran al cielo buscando respuestas, o como mínimo, consuelo.</p>
<p>Frente a eso, todo lo demás suena a discurso vano, aprovechado, hipócrita y fuera de lugar. A quienes hoy lloran a hijas, novios, esposas o amigos les importa un bledo el debate demagógico sobre un Estado laico. Quieren sentir que es toda Francia la que los arropa, que somos todos los europeos y todo hombre y toda mujer de buena voluntad quienes sufrimos con su dolor. Y, si entre todos esos –la mayoría, desconocidos- hay quien eleva una oración por su ser querido y por él mismo, para que pueda retomar su vida y sentir algo de alivio en su infierno particular, bienvenida sea la oración. Rece a quien rece y crea en quien crea. Francia no tiene los complejos de la ñoña España, siempre con remilgos anticlericales pasados de fecha. Allí nadie llamó asesino a Hollande ni se fue a las sedes de los partidos que apoyan la intervención en Siria para gritar consignas de patio de colegio. Ni siquiera a Le Pen. No hay tiempo ni ganas de eso. La prioridad es acompañar a las familias, apoyar a las fuerzas de seguridad en su difícil tarea, levantar la cabeza y cantar el himno nacional haciendo con ello una declaración de principios. Es Francia quien se levanta, no cuatro patriotas desfasados. Seremos la nación más antigua de Europa, como se encargan de recordar a Cataluña estos días, pero también en la rancia España tenemos mucho que aprender. La unidad de estos días no es incompatible con el sereno debate sobre las medidas que se deben adoptar ante la amenaza yihadista. Ni la oración, de quien sea creyente, empaña la laicidad estatal que no las rechaza todas, sino al contrario.</p>
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		<title>La Marsellesa</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2015 19:18:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace apenas unos meses, las autoridades parisinas decidieron quitar los candados que llenaban algunos puentes de la ciudad en ese empeño de las parejas por conjurar la fragilidad actual del amor que impide contemplar una relación como un proyecto a largo plazo. Diríase que el candado sustituye al rito tradicional. Parejas que no quieren saber [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/saint-denis-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6879" title="saint-denis--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/saint-denis.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Hace apenas unos meses, las autoridades parisinas decidieron quitar los candados que llenaban algunos puentes de la ciudad en ese empeño de las parejas por conjurar la fragilidad actual del amor que impide contemplar una relación como un proyecto a largo plazo. Diríase que el candado sustituye al rito tradicional. Parejas que no quieren saber nada de compromisos ni de pasar por la vicaría o el ayuntamiento, necesitan decirle al mundo que su amor es eterno con un candado que termina por perderse en el marasmo de cientos como él. Es el único testigo de su unión, y toma el sitio de los amigos del novio o la novia; él sabe del amor de la pareja y de su fidelidad pero si no cumple, no le pedirá cuentas. Otro ocupará su lugar en un puente distinto.</p>
<p>En esa ciudad tan simbólica, que hasta ahora era la capital del amor y del romanticismo, los yihadistas han querido atentar salvajemente para enviar un claro mensaje: París no es la capital del amor sino de la perversión. Así se indicaba en el comunicado que mandó el Estado Islámico tras la matanza: “En un ataque bendecido para el que Alá ha facilitado las causas, un grupo de creyentes de soldados del califato -que Alá les proporcione fuerza y victoria- ha tomado la capital de las abominaciones y de la perversión, aquella que porta la señal de la cruz en Europa, París”.</p>
<p>No basta con perseguir a los suyos por ver la televisión o por poner música occidental. Ahora pretenden decirnos cómo vivir, y presentan a París como la Sodoma contemporánea: díscola, desvergonzada e infiel; de todo eso es acusada. Pero frente a las voces de los ultramontanos wahabistas, suenan los ecos de La Marsellesa escuchados por cada rincón, desde la salida de un estadio de fútbol hasta los cientos de concentraciones que por todo el mundo se han producido para solidarizarse con las victimas y sus familias. La Marsellesa se convierte así en la banda sonora de la rebeldía ante el terror. No es chovinismo ni eurocentrismo hipócrita, como algunos alegan para censurar el impacto emocional de un ataque en el corazón de Europa. La Marsellesa representa a Occidente. Sus valores, sus principios ilustrados, su empeño por librarse de las cadenas irracionales de la sociedad feudal y conquistar espacios de libertad ciudadana.</p>
<p>La Marsellesa es hoy el himno de Europa. Un grito orgulloso de lo mucho que ha evolucionado el mundo y los derechos civiles en los últimos siglos, frente a las inquisiciones de todo tipo y cualquier época que pretendan decirnos cómo vivir o en qué creer. Es un homenaje a quienes se ven aún sometidos a policías de moralidad que van descubriendo Sodomas y Gomorras por doquier, y condenan a París por una cruz que, paradójicamente, hace mucho que quedó olvidada y oxidada en un rincón. La Libertad corre guiando al mundo. Al son de un himno símbolo que acabamos de redescubrir.</p>
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		<title>Los niños israelíes</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2015 20:20:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un niño de dos años herido conmueve a cualquiera. Los niños, en general, son capaces de removernos el interior como no lo puede hacer nadie porque los vemos frágiles, dependientes, necesitados y vulnerables. Así reaccionamos este verano en Europa ante la horrible visión de un niño muerto en una playa. Lo que hasta entonces no [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/5um0fl-X.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-6823" title="5um0fl-X" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/5um0fl-X.jpg" alt="" width="260" height="196" /></a>Un niño de dos años herido conmueve a cualquiera. Los niños, en general, son capaces de removernos el interior como no lo puede hacer nadie porque los vemos frágiles, dependientes, necesitados y vulnerables. Así reaccionamos este verano en Europa ante la horrible visión de un niño muerto en una playa. Lo que hasta entonces no eran sino imágenes inquietantes pero rutinarias de refugiados desesperados, se convirtió en un resumen del horror. Y Europa reaccionó. Como no lo hubiera hecho de otro modo. Por eso los niños deberían ser la prioridad en cualquier conflicto, problema o desastre. Un niño de dos años es lo más delicado del mundo y, para cualquier ser humano, debe gozar del más alto rango de protección. El problema se produce cuando ese niño de dos años, que camina con su madre por la calle, es israelí. Y le ataca un palestino. Y lo hace porque su padre es soldado. Y acaba muerto el padre, de 21 años, y heridos madre e hijo. En ese momento, hay quien prefiere culpar a Israel, a su ejército y a esa familia que solo pretendía acercarse al Muro de las Lamentaciones para rezar como todos los sábados. Ese niño, para algunos defensores de causas solidarias en todo el mundo, tiene un pecado original y, como aquel, poco importa que no haya sido cometido por él y que ni siquiera sea consciente de ello. Lleva la marca de nacimiento por culpa de quienes pecaron por primera vez.</p>
<p>Si ese niño es palestino, a los mismos que ni levantan la mano para pedir explicaciones –no digamos la voz para elevar una queja- les falta tiempo para lanzar acusaciones, exigir dimisiones o proponer campañas contra los judíos. Este verano, sin ir más lejos, lo vimos en el Rototom. Hay víctimas y verdugos, incluso entre las víctimas. Unos mueren por culpa del otro y otros, por ellos mismos. Los que, en apenas unas horas, han atacado a israelíes inocentes en Jerusalén son victimas tanto si disparan como si les disparan. O el sistema, en el primer caso, o la evidente crueldad del sistema, en el segundo.</p>
<p>El terrorista capaz de matar a un padre de familia y herir a su hijo de dos años en un día festivo no es un guerrillero libertador. Ni el suyo es un acto de guerra. Es un ejercicio de cobardía, de crueldad y de ofensa a todos los dioses, incluido el suyo. El principal problema de Palestina es el terrorismo incubado allí.</p>
<p>Y Hamás, que bendice al autor y se congratula en público, es una organización de asesinos. Por mucho que esté sufriendo el pueblo palestino. Que sin duda lo está. Precisamente por culpa de quienes cometen estos actos, aunque los amantes de lo políticamente correcto se nieguen a aceptar que culpabilizan a los niños israelíes por haber nacido allí. Son niños pero antes son israelíes. Con los terroristas palestinos hacen lo contrario. Son terroristas pero para ellos antes que eso son palestinos. Y eso les exime de culpa.</p>
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		<title>El monstruo de Kenya</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2015 17:01:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/image-134139-144568.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6582" title="image-134139-144568" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/image-134139-144568.jpg" alt="" width="300" height="199" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/image-134139-144568.jpg 400w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/04/image-134139-144568-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Las escenas que nos llegan de los ataques de ISIS o de Al Shabab recuerdan la peor de las pesadillas infantiles. Que una superviviente cuente cómo se escondió debajo de la cama o en el armario cubierta de telas mientras escuchaba perpetrar la masacre hace rememorar ese sueño recurrente en el que, siendo niños, nos sentimos acorralados e intentamos evitar que nos vea el monstruo. En todos los casos, hay un elemento común no menos inquietante: la selección. Los niños se enfrentan en sus malas noches a situaciones en las que tienen que decidirse por decir o callar, demostrar o disimular, con tal de salir inmunes de su encuentro con el fantasma. La pesadilla les pone en una situación tan difícil que, al despertar, se abrazan con fuerza a papá o a mamá porque saben que ellos le querrán igual, sea cual sea la respuesta. Sin embargo, los chavales de la universidad de Garissa, en Kenya, vieron materializarse todas esas pesadillas sin posibilidad de despertar, cuando los hombres armados les dieron una oportunidad de salvar su vida. Les exigieron que recitaran el Corán para asegurarse de que eran musulmanes. Y a los que no lo eran, los mataron.</p>
<p>La selección no es más que un modo de atemorizar a quien no cumpla criterios aleatorios. No pensemos que siempre es el mismo “filtro” y que basta, por tanto, con disimular recitando algunas aleyas del texto sagrado. El terror solo funciona con el examen imprevisible. O sin él. Basta con la sospecha, con la suposición o con mala fortuna. No son inquisidores que buscan convertir a una sola fe a todo el pueblo. Sus juicios no están ni siquiera amañados. Sencillamente porque no existen. Al Shabab no pretende hacer del mundo un entorno islámico sino sumiso. Y aunque “islam” signifique “sumisión”, ésta se refiere a Dios, no a sus guerreros o a quienes presumen de ser sus portavoces.</p>
<p>Aterrorizar imponiendo la memorización del Corán es un modo de someter, no de convertir. Por eso no debe consolarnos el pensar que quedan lejos y que no hay motivos para que ese monstruo venga a buscarnos. Como se les dice a los niños cuando tienen terrores nocturnos, habrá que asumir que el monstruo solo gana si le tenemos miedo. Si, por el contrario, le plantamos cara y le esperamos firmes en nuestra habitación, no podrá con nosotros. Con estos grupos ocurre lo mismo. Se nutren de nuestra desatención hacia los cristianos y otros no musulmanes torturados en sus países solo por serlo. Nuestro olvido da alas a los asesinos. No basta con desarticular células yihadistas. Hace falta decir bien alto que el islam no es la única respuesta. Pero decirlo convencidos de que el cristianismo es nuestro punto de partida, la base de nuestro pensamiento aunque sea para negarlo. Tampoco Occidente superaría la prueba de recitar con fluidez la Biblia pero su avance es que no hay monstruo que se lo exija.</p>
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		<title>Manifestación global</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Mar 2015 20:36:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/margalloentunez-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6561" title="margalloentunez--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/margalloentunez.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>No es nuevo ver en la cabecera de una manifestación a un jefe de gobierno, a líderes políticos, representantes sindicales o figuras intelectuales de un país. Lo que es novedoso y se está convirtiendo en una costumbre –buena costumbre- es que encabecen una protesta dirigentes de varios países. Lo vimos con los atentados de París contra la revista Charlie Hebdo y contra un supermercado judío. Lo acabamos de ver también en Túnez, tras el ataque al Museo del Bardo. En ambos casos, estaba el presidente francés Hollande, junto a Merkel y Rajoy en la capital francesa o junto a Mahmud Abás, el presidente de la Autoridad Palestina, ayer en la de Túnez. En este caso, la presencia española era la del ministro de Exteriores, García Margallo.</p>
<p>Es cierto que ese tipo de gestos tienen su cuota de interés particular pues todos los dirigentes son sospechosos de aprovechamiento electoral en cada paso que dan. Nos han acostumbrado a ello durante décadas. Sin embargo, y aunque ése sea el objetivo prioritario de un político, conviene mantener la pauta y lograr que la manifestación sea unitaria y la protesta, común. El terrorismo se rige por su imagen. Sus actos, siempre pero sobre todo en un entorno global y lleno de pantallas, están diseñados para causar daño a través de una foto, un vídeo y un retuit. Esas son sus verdaderas armas, no solo las que disparan o estallan. Por eso, el modo de hacerle frente no puede ser únicamente la actividad de las Fuerzas de Seguridad sino una imagen constante de unidad por parte de los ciudadanos y de estos con sus políticos y líderes religiosos. Unidad que ya no se queda en las fronteras del país dañado sino de todos los “primos de Zumosol” de su entorno. Ése es el salto cualitativo. Hoy no es concebible que en la protesta por el 11-S en Nueva York, el 7-J en Londres o el 11-M en Madrid, estuvieran solos el presidente de los Estados Unidos, el Primer Ministro británico o el presidente español. Hoy esas citas tendrían a dirigentes franceses, alemanes, italianos o belgas acompañando a sus colegas. Si el terrorismo se ha hecho global, su rechazo ha de serlo también. Global y transversal, esto es, protagonizado por todos los partidos, todas las organizaciones sociales y todas las creencias religiosas. Como se hizo la semana pasada en el Parlamento Europeo donde se reunieron representantes de todas las religiones presentes en el continente para dar un mensaje común contra el uso de la violencia en nombre de Dios y para pedir a los eurodiputados y a la Comisión que promuevan el respeto y la convivencia. Un paso imprescindible es verles juntos a la cabeza de cualquier manifestación. En ese momento, más que nunca, nos están representando a quienes no podemos estar allí pero nos sumamos a la repulsa del terrorismo en todas sus formas y todos los territorios. Procedentes de un mundo global.</p>
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		<title>El mundo de ISIS</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Mar 2015 23:06:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[El mayor riesgo ante el terrorismo no está en sufrir un disparo en la nuca o una navaja en la garganta sino en creerse lo que dicen. Sus argumentos son las excusas que se buscan a posteriori para justificar los actos decididos a priori. Y esos actos solo son los propios de un sofisticado Christian [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/jordano-jaul-575x373.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6558" title="jordano-jaul--575x373" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/03/jordano-jaul.jpg" alt="" width="300" height="194" /></a>El mayor riesgo ante el terrorismo no está en sufrir un disparo en la nuca o una navaja en la garganta sino en creerse lo que dicen. Sus argumentos son las excusas que se buscan a posteriori para justificar los actos decididos a priori. Y esos actos solo son los propios de un sofisticado Christian Grey del terror: dominio. Lo que buscan es poder y algunos locos, autoafirmación, a base de humillar y doblegar. O sea, lo que ha regido la Historia de la Humanidad desde su origen.</p>
<p>Que ese ánimo de conquista se recubra de razones religiosas no tiene más objetivo que ser incuestionable. A la divinidad no se le tose, por tanto solo cabe aceptar a aquellos que dicen hablar en su nombre. Lo digo porque todo esto que estaba clarísimo con ETA, parece no estarlo tanto cuando se trata de yihadistas. Si dicen que nos castigan por estar en Iraq, se nos olvida que a Francia la castigaron por aprobar una ley del velo y recientemente por una revista satírica. E incluso que nosotros sacamos las tropas de Irak y sin embargo, las Fuerzas de Seguridad siguen desarticulando, hasta la fecha, células salafistas dispuestas para atentar.</p>
<p>Cuando pretenden convencernos de que quieren recuperar Al Andalus nos creemos que en efecto el mundo empieza en el 711 y no pensamos, ni por un momento, que estos insufribles iletrados desconocen lo que fue aquello. Si el Estado Islámico hubiera existido entre los siglos VIII y XV, hubieran declarado infieles a Abderramán y al mismísimo Boabdil. ¿Permitir que judíos y cristianos convivieran en un mundo islámico como si tal cosa? ¡Herejía!</p>
<p>Viéndoles destruir los vestigios de civilizaciones anteriores se comprueba cómo su discurso no se sostiene. Por eso han de usar las armas, para que no se desmorone. Esas civilizaciones no iban contra el Islam, simplemente no lo conocieron. Los que sí fueron contra el Profeta fueron los que adoraban la Kaaba como templo politeísta. Y el Profeta no lo destruyó sino que lo transformó. Esa es la lección que no aprendieron los cachorros incultos de ISIS. La destrucción de ciudades asirias, además de intentar sembrar el miedo, pretende acabar con la realidad en lugar de partir de ella para reconstruirla. Es una constante en todos los extremismos religiosos e ideológicos pero la verdad acaba imponiéndose. Pueden intentar eliminar cualquier vestigio de la preexistencia pero algún día un meteorito desvelará la realidad: hay mucho universo ahí fuera que no existe por ellos ni a su servicio. Lo malo será que para llegar a esa conclusión, como sucediera tras el intento de re-crear el mundo de Hitler, de Stalin o de Mao, habrá que ver mucha sangre derramada. El Estado Islámico pretende convertir el mundo entero en un campo de reeducación o exterminio y lograr un genocidio global. Resistirse a ello es luchar contra Napoleón o contra el Führer. En Waterloo o Stalingrado.</p>
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		<title>El héroe francés</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jan 2015 18:06:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[“No soy un héroe”, se empeña en decir Lassana Bathily. A sus 24 años, ha sido homenajeado por el primer ministro francés, Manuel Valls, y el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, en una ceremonia retransmitida por televisión. En ella, le han concedido algo que pidió hace meses y que no imaginó recibir así: la nacionalidad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/lassana-644x362.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6480" title="lassana--644x362" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/01/lassana.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>“No soy un héroe”, se empeña en decir Lassana Bathily. A sus 24 años, ha sido homenajeado por el primer ministro francés, Manuel Valls, y el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, en una ceremonia retransmitida por televisión. En ella, le han concedido algo que pidió hace meses y que no imaginó recibir así: la nacionalidad francesa. Lassana es de Mali pero lleva ocho años en París y quería tener la doble nacionalidad. Lo que no suponía era que esa aspiración iba a ser respaldada por miles de personas y mucho menos que terminaría acelerada por los acontecimientos en torno a Charlie Hebdo. La razón de que un trámite burocrático se convirtiera en un acto de Estado recogido por la televisión es que Lassana salvó a varias personas en el supermercado judío atacado en París. Él trabajaba allí, pero, cuando vio entrar al asesino, corrió a ocultar en un refrigerador a varios de los rehenes, entre ellos, un niño, y lo desenchufó. Gracias a eso, el terrorista no supo que estaban dentro y pudieron salvar la vida. En Francia, después de eso, es considerado un héroe, pero él lo niega: “me toman por un héroe pero no lo soy. Soy Lassana y seguiré siendo yo mismo”.</p>
<p>Lo que impresiona, además, a los franceses es que Lassana es musulmán. En pleno debate sobre la integración, sobre la amenaza yihadista y sobre la convivencia de credos y de grupos diversos, Lassana demuestra que por encima de las diferencias nos une la condición humana. No todos los esfuerzos por integrar a quienes vienen de fuera han fracasado. Además, los valores de Occidente siguen siendo universales. Como la “fraternidad” revolucionaria que a menudo se olvida. Con su acción, el joven de Mali salvó a varios judíos. De hecho trabajaba en un supermercado de comida kosher y, desde ese día, llora la muerte de su compañero, también judío, Yoan Cohen. Él no pensó en la pertenencia a una u otra comunidad de quienes estaban amenazados por el secuestrador. Simplemente pensó en salvar vidas humanas. Posiblemente, el acto del otro día ayudó a muchos franceses a visualizar los éxitos de la integración. Lassana es francés. Vive en París, trabaja y paga sus impuestos en Francia y se siente agradecido hacia el estado francés. Como cientos de miles de inmigrantes que han llegado a Europa huyendo de la miseria y han encontrado su patria de acogida, la felicidad de su familia y un lugar donde crecer y hacer crecer. Lassana mejora a Francia. Como muchos mejoran a España con su trabajo y su aportación a la convivencia y la creación de riqueza. Cuando los de siempre repartan comida “solo a españoles” habrá que preguntar qué factor nos convierte en españoles: el nacimiento o la contribución a la mejora del país. Lassana ya es francés pero seguro que, antes del suceso en el supermercado, ya hacía más por Francia que muchos otros que presumen de pureza de sangre.</p>
<p>FOTO: ABC</p>
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