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	<description>Socarronería valenciana de última generación</description>
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		<title>La Dolorosa</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Mar 2016 13:44:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2016/03/Nuestra-Sra.-de-los-Dolores-del-Grao-de-Valencia.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6957" title="Nuestra-Sra.-de-los-Dolores-del-Grao-de-Valencia" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2016/03/Nuestra-Sra.-de-los-Dolores-del-Grao-de-Valencia.jpg" alt="" width="300" height="195" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2016/03/Nuestra-Sra.-de-los-Dolores-del-Grao-de-Valencia.jpg 460w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2016/03/Nuestra-Sra.-de-los-Dolores-del-Grao-de-Valencia-300x196.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Empezar la Semana Santa con un grave accidente de carretera en Tarragona y con los terribles atentados de ayer en Bruselas parece una coincidencia que no es del todo irrelevante. Durante estos días, tendemos a mirar las procesiones –ya sea en la calle o por televisión- con cierto desapego. En especial cuando se trata de contextos, como el valenciano, donde hay fuerzas interesadas en erradicar toda presencia religiosa de la vida pública, salvo por su valor cultural algo apolillado. La procesión, para muchos, es una reliquia de tiempos antiguos alejados de la vida real o sencillamente pintorescos. Actos culturales que reflejan lo que un día fue una fe devota hacia unas figuras inanimadas que constituían por sí mismas casi una idolatría.</p>
<p>Sin embargo, no hay ejemplos más claros de la realidad que vivimos que una Dolorosa o un Cristo sufriente en la Cruz. No me refiero a una mirada religiosa o propia de creyente. Sin duda, los católicos ven en esos pasos el resumen de su fe, de su vivencia de la Semana Santa y de todo aquello en lo que creen. No me estoy refiriendo a eso. Hablo de quienes, sin creer, puedan mirar hacia esos rostros y sentirse identificados.</p>
<p>En la Dolorosa están esos padres italianos que no pueden ni levantarse del suelo porque están destrozados tras haber perdido a sus hijas. Está ese padre que decía haber mandado a su hija a estudiar “a un país amigo” que se la devolvía muerta. Tanto si se cree en la Virgen como si no, su dolor y su imagen representan el de tantos padres y madres, hijos o hermanas, que han de sostener en sus brazos el cuerpo inerte de un ser querido, muerto injustamente mucho más pronto de lo esperado. Ese dolor existe. No es una imagen de madera que recrea una leyenda, como resumen algunos. Es el desgarro del padre de Aylan, el niño sirio muerto en la orilla de la playa. Lo mismo puede decirse del Cristo que mira suplicante al cielo, cuando ya no le queda ninguna esperanza en la tierra. Es el llanto del hombre que se disparó un tiro antes de que llegara la comisión judicial para desahuciarlo. O el de quien se quemó a lo bonzo en Idomeni para reclamar que abrieran las fronteras y les permitan confiar en una vida lejos de la violencia, la barbarie y la guerra.</p>
<p>Podrán desautorizar con incredulidad la humilde fe de quien reza a la Dolorosa cuando recorre las calles del Cabanyal o llora ante el Cristo cuando se para en la procesión justo delante y parece recoger las penas de cada cual. Podrán recluir la fe en las sacristías y transformar la Semana Santa en un “estallido de primavera valenciana”, como quiere Ximo Puig. Pero cada vez que el Mal nos derrumbe, no habrá primavera que nos consuele ni Estado que nos abrace como lo hace la Dolorosa del Grao o el Santísimo Cristo de los Afligidos. Incluso a quienes creen que solo son empolvadas tallas dignas de un museo sacro.</p>
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		<title>El monstruo de Colonia</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Jan 2016 18:25:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[El mal ya está hecho. Aunque haya sido destituido el jefe de policía de Colonia; aunque falte por confirmar la presencia de refugiados entre los atacantes y aun cuando al final los datos no revelaran relación alguna o mínima, la mecha ya está encendida. Poco importa que “solicitante de asilo” y “extranjero” no sean sinónimos. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2016/01/criticas-colonias-nochevieja-300x168.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-6951" title="criticas-colonias-nochevieja--300x168" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2016/01/criticas-colonias-nochevieja.jpg" alt="" width="298" height="168" /></a>El mal ya está hecho. Aunque haya sido destituido el jefe de policía de Colonia; aunque falte por confirmar la presencia de refugiados entre los atacantes y aun cuando al final los datos no revelaran relación alguna o mínima, la mecha ya está encendida. Poco importa que “solicitante de asilo” y “extranjero” no sean sinónimos. Tampoco que algunos digan serlo y ni siquiera procedan de la zona en conflicto. O sencillamente que nos falten datos de contexto para saber si esas denuncias suelen ser habituales y si la proporción es significativa respecto a otros días y años. Hemos conocido la noticia con todos los elementos que la convierten en un arma para los discursos xenófobos. Sucedió en cuanto se coló en el relato la palabra “refugiado”, sin datos de la policía, o referencias tan inauditas como “tener aspecto de musulmán” para describir lo sucedido. El otro, el diferente, el extranjero viola a nuestras mujeres, mata a nuestros civiles y nos roba el pan. Un clásico.</p>
<p>No exculpo a los autores de los delitos. Que se les persiga, se les condene y, si han sido acogidos, que se revise su situación. Por cierto, es una pena no poder hacer eso con los nacionales que cometen delitos sexuales o crímenes de género: un avión y a Alcatraz. El problema es la capacidad de un hecho para conjurar todos los miedos de Europa. Por eso hay que tener cuidado con la forma de relatarlo. Porque quizás los “autores intelectuales” de las agresiones en Colonia pretenden precisamente lo que está ocurriendo. O tal vez, algo peor: la sospecha de que existen y nos pueden manejar a su antojo.</p>
<p>Parece que volvemos al pasado siglo, cuando se creía firmemente en la capacidad de provocar una respuesta automática. En este caso, como en las novelas clásicas, solo hay que pensar en quién se beneficia. Los temores de las autoridades pueden mover a Alemania –y, con ella, a Europa- a cambiar su política hacia los refugiados, lo que refuerza a la extrema derecha y desautoriza a los partidos en el gobierno que se enfrentan a unas elecciones generales en 2017. La pérdida de liderazgo de Merkel, la gran “mamma” para miles de refugiados, debilita a la propia Alemania en Europa. Por último, la sospecha de que se han organizado a través de redes sociales justifica aún más la vigilancia estatal sobre los ciudadanos y sus comunicaciones. Son muchos intereses en juego como para pensar que haya sido un mero acto de irracionalidad colectiva o una cita premeditada de agresores sexuales. Para crear miedo o psicosis ya no necesitan ni kalashnikov. Sus manos son suficientes, sobre todo, cuando su número desborda a la policía. Son hechos cuyo relato activa todos nuestros miedos sobre el diferente, ya sea el Santo Niño de La Guardia en la España medieval o la expulsión de gitanos en la Italia de Berlusconi. Desgraciadamente, los mecanismos son idénticos.</p>
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		<title>El lado oscuro</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2015 21:51:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[«El miedo lleva a la ira; la ira lleva al odio; el odio lleva al sufrimiento; el sufrimiento, al lado oscuro”. Lo dijo Yoda. Y, sin embargo, cuando lo hizo no conocía a ningún político español. De haberlo hecho, se hubiera autocitado anteayer mismo, pues a Rajoy no le pegó un sobrino: fue el lado [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/rajoy-agredido-2-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6925" title="rajoy-agredido-2--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/rajoy-agredido-2.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>«El miedo lleva a la ira; la ira lleva al odio; el odio lleva al sufrimiento; el sufrimiento, al lado oscuro”. Lo dijo Yoda. Y, sin embargo, cuando lo hizo no conocía a ningún político español. De haberlo hecho, se hubiera autocitado anteayer mismo, pues a Rajoy no le pegó un sobrino: fue el lado oscuro de la Fuerza quien lo hizo. Y, a tenor de las imágenes, la mayúscula en la palabra “Fuerza” es más que oportuna. El golpe fue tremendo y no hay justificación posible ni al hecho ni a quienes lo jalean, disculpan o minimizan. En cuestión de horas, las extrapolaciones y los maximalismos camparon a sus anchas por la opinión pública. Para echar la culpa al tono bronco de la campaña o para afear la conducta a quienes habían culpado ya a los candidatos aficionados a la violencia verbal. Es cierto que ésta existe y que avergüenza escuchar según que cosas amparados en la campaña electoral pero ni el comportamiento de ese chaval es fruto de los insultos de Pedro Sánchez ni debe evitarse todo análisis como si descubrir claves fuera cosa de puritanas histéricas.</p>
<p>Poner el foco sobre la agresividad verbal de un debate electoral y establecer una relación de causa-efecto es tan simplista que no merece la pena ni rebatirlo. Sin embargo, una cosa es vincular un hecho y otro posterior sin más razones y otra, muy distinta, es analizar un caldo de cultivo permanente y a largo plazo. No fue Sánchez quien incitó al chico de la bofetada. No le arrastró él al lado oscuro por mucho que estuviera faltón y desagradable en televisión. De ser así, a Rajoy le hubieran corrido a gorrazos por media España durante los días siguientes. Es la misma argumentación que algunos usan para demonizar una película o un videojuego. Que un psicópata haya visto “El silencio de los corderos” antes de matar a su vecino no significa que cualquier persona normal, expuesta al relato de Hannibal Lecter, vaya a transformarse en un asesino en serie. Del mismo modo, el reproche de Sánchez, Iglesias o Garzón a Rajoy, por duro que sea, no invita a hacer del líder popular un sparring. Son las circunstancias previas las que llevan a una conducta desordenada que, como mucho, se desencadena a partir de unas imágenes, un programa de televisión o una película. Del mismo modo que puede hacerlo una conversación, un saludo en el metro o un empujón en la calle. Otra cosa es la autocrítica necesaria, no por causalidad sino por oportunidad. Ya que ha sucedido, por qué no revisar si el tono insultante es positivo o negativo en la campaña, necesario o innecesario, procedente o improcedente. No es que invite a pegar a un candidato sino que, en un contexto adecuado, crea sensación de impunidad o, como mínimo, de justificación. Ocurrió con el asesinato de la presidenta de León. La muerte fue cosa de dos perturbadas pero quienes aplaudieron eran gentes muy cuerdas.</p>
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		<title>Activismo ineficaz</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Nov 2015 17:44:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/48383019_xoptimizadax_1.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6902" title="Demonstrators clash with CRS riot policemen near the Place de la Republique after the cancellation of a planned climate march  ahead of the World Climate Change Conference 2015 in Paris" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/48383019_xoptimizadax_1.jpg" alt="" width="300" height="198" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/48383019_xoptimizadax_1.jpg 1360w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/48383019_xoptimizadax_1-300x199.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/48383019_xoptimizadax_1-768x508.jpg 768w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/12/48383019_xoptimizadax_1-1024x678.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Cualquier causa requiere un nivel de compromiso suficiente como para que sus defensores superen todo obstáculo con tal de exigir su cumplimiento. Sin embargo, en ocasiones resulta cuestionable que su papel sea tan positivo. Es curioso pero el extremismo de algunos activistas puede que tenga efectos contraproducentes en la consecución de sus pretensiones, aunque les pueda parecer una herejía solo apuntarlo y no haya quien se atreva a hacerlo en su organización. Es cierto que muchas veces no son los defensores de la causa quienes se sitúan en posiciones extremas sino que en cualquier manifestación se infiltran radicales y antisistema cuyo objetivo es provocar el caos, a costa de perjudicar sobre todo a quienes protestan.</p>
<p>En las marchas ambientalistas ocurre algo de eso. La mayoría de quienes se concentran son personas concienciadas sobre los problemas del planeta para sobrevivir a los ataques de una humanidad empeñada en exprimir a la Naturaleza aunque eso le cueste el futuro. Por lo tanto, no parece que se trate de un grupo violento enfrentado sin más al poder. Sin embargo, ayer lo vimos en París, y en la celebración de otras Cumbres del Cambio Climático como en Copenhague. Sin duda, existe una sensibilidad especial entre grupos que reclaman respecto por el medio ambiente hacia unos poderosos que miran hacia otro lado cuando la Volskwagen engaña al mundo entero o que tiran de chequera comprando derechos de emisión para seguir contaminando como si fuera inocuo hacerlo. Pero convertir su protesta en una marcha antisistema no hace sino vincular la defensa del planeta con posiciones radicales y violentas con las que el ciudadano medio no se siente identificado. Pueden convencer a unos, quizás a una generación que necesita causas por las que luchar y enfrentarse al poder, pero así solo consiguen que el relato de lo sucedido hable de las barricadas, los heridos y los contenedores quemados. Su causa se olvida, se obvia y se pierde por el camino.</p>
<p>Con los animalistas sucede eso cada vez que alguien convierte una causa justa en una excusa para el insulto, el desprecio y el conflicto. Se trata de convencer acerca de la necesidad de cuidar o proteger al planeta, a los animales que sufren o a ambos pero no a costa de ofender o minusvalorar a quien aún no se ha concienciado. Es cierto que el conflicto “pone en el mapa” la causa. Hace que se hable de ella, que sea portada y que, quizás, algunos se interesen por ella. Pero no gana crédito ni apoyos. El radicalismo no convence a la mayoría. Los activistas deberían ser conscientes de ello y evaluar lo que tiene su discurso de racionalidad, lo que sobra de emotividad y la estrategia más eficaz para sus fines. No quiere decir renunciar a sus objetivos sino medir muy bien la forma de presentarlos y conseguirlos. Aunque tengan que apartarse ellos para lograrlo.</p>
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		<title>Guerra y buenismo</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Nov 2015 15:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/noalaguerra1.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6894" title="noalaguerra1" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/noalaguerra1.jpg" alt="" width="300" height="209" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/noalaguerra1.jpg 1203w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/noalaguerra1-300x209.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/noalaguerra1-768x536.jpg 768w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/noalaguerra1-1024x714.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Uno de los prejuicios respecto al Ejército es creer que los militares desean la guerra. Si hay alguien que sabe mejor que nadie de la brutalidad y el riesgo que corre en ella la vida humana es quien se prepara para combatir. Y nadie, conociendo lo que significa participar en una guerra, quiere que llegue. Otra cosa es asumir el deber de un soldado para con su país y sus connacionales y estar dispuesto a pasar por ella con tal de defenderlos de un peligro real. Cualquier militar subrayaría lo dicho por Sun Tzu hace 2500 años cuando defendía que el mayor éxito “es rendir al enemigo sin pelear”. También ahora cualquier persona de bien preferiría que los yihadistas estuvieran dispuestos a abandonar su terribles propósitos con el diálogo, la negociación o el pacto, pero no parece que esos sean caminos para lograr parar su locura. Eso no quita para que sea necesario analizar con mucho cuidado las consecuencias de embarcarnos en una guerra contra el Daesh en su territorio. Iniciativas anteriores, como acabar con Sadam Husein, no han resultado ser tan buenas como prometían, según dicen algunos expertos, aunque sería terrible llegar a la conclusión de que es mejor mantener a un dictador único, como Sadam, Al Assad o Gadafi, por su capacidad para exterminar a todo grupo que quiera usurparle el poder. Hasta el Estado Islámico.</p>
<p>Por eso, por esa necesidad de evaluar, analizar y confiar en lo que aconsejen los expertos, preocupa que determinada izquierda se agarre al rechazo a la guerra como mantra progresista y humanitario frente al estereotipo de una derecha sedienta de sangre. La guerra siempre debe ser la última opción pero eso no convierte al antibélico en sensato bajo todas las circunstancias. Nada es mejor que evitar el conflicto pero sería irresponsable si los gobiernos occidentales no intentaran acabar con ISIS como sea y antes de que crezca más. El “no a la guerra” es una opción cuando se puede elegir. La pregunta es si los yihadistas dan esa posibilidad y si la han dado a los ciudadanos de Iraq o Siria por quienes nadie ha levantado la pancarta del “no a la guerra”. También en este punto conviene separar las emociones y los intereses electorales de la política antiterrorista. En cambio, con la inacción del gobierno, por un lado, y la convocatoria de manifestación y el manifiesto del “no a la guerra”, por otro, estamos en la línea opuesta. Ambas partes se acusan de electoralismo. En efecto. Ambos buscan pescar votos. Unos, evitando una decisión impopular y los otros, ordeñando de nuevo la vaca del antibelicismo. El gobierno de Rajoy, pues, debería actuar sin tener en cuenta ninguno de los dos elementos. Si hubiera mandado tropas sería criticado. Si no lo hace, acusado de intereses ocultos. En ese punto, solo cabe buscar el mayor bien común y aceptar sus consecuencias. Eso es sentido de Estado.</p>
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		<title>El modelo israelí</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Nov 2015 19:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una de las cosas que más llama la atención cuando se viaja a Israel es la presencia habitual de soldados en la calle. Como si fuera policía local. Con toda normalidad. Su despliegue no es cosa de ahora, por la llamada “Intifada de los cuchillos”, sino que se viene produciendo desde hace tiempo aunque en [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6891" title="223291_7023362023_8719_n" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n.jpg" alt="" width="222" height="300" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n.jpg 448w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/223291_7023362023_8719_n-223x300.jpg 223w" sizes="(max-width: 222px) 100vw, 222px" /></a>Una de las cosas que más llama la atención cuando se viaja a Israel es la presencia habitual de soldados en la calle. Como si fuera policía local. Con toda normalidad. Su despliegue no es cosa de ahora, por la llamada “Intifada de los cuchillos”, sino que se viene produciendo desde hace tiempo aunque en determinados momentos del año o, ante amenazas concretas como las actuales, se incremente. No hay controles más duros de equipajes y viajeros que los realizados en el aeropuerto Ben Gurion, en Tel Aviv, o en los vuelos que, desde Valencia, tienen como destino Israel. Hasta dentaduras postizas y mapas del país he visto revisar por si en ellos se pudiera haber escondido algo. Se comprende. Toda medida es poca cuando un Estado ha de proteger a su población y a quienes visitan su territorio de una amenaza constante y real.</p>
<p>Este fin de semana, Bruselas parecía Jerusalén, con tanquetas en las esquinas y la posibilidad de un ataque por sorpresa de algún “lobo solitario”. Cierto que el nivel de alarma era muy superior, acrecentado por la infrecuencia, precisamente, de esa presencia militar en el corazón de la Europa más pacífica. Sin embargo, es una imagen a la que, quizás, tengamos que acostumbrarnos. Y la perspectiva no puede ser más desoladora.</p>
<p>Militarizar la vida ciudadana europea, aunque ahora nos parezca inevitable porque estamos bajo el shock de lo sucedido en París y la amenaza belga, representa un fracaso de la lucha antiterrorista y, sobre todo, de la convivencia. Convertir cualquier gesto en sospechoso, o cualquier actividad en grupo, en peligrosa, condicionaría nuestra vida hasta el punto de modificar nuestros hábitos y nuestra forma de ver al otro. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos a la realidad en nombre de un buenismo poco resolutivo.</p>
<p>Tal vez la solución pase por incrementar las fuerzas especiales de la policía, reenfocar su formación hacia la nueva lucha antiterrorista urbana y ofrecer a los ciudadanos pautas de comportamiento en caso de ataque o amenaza real. Al menos, debería evaluarse la necesidad de todo ello, aunque en un principio pueda tener un efecto de retroalimentación. Un ciudadano que recibe consejos sobre cómo actuar ante un atentado de este tipo incrementa su miedo a sufrirlo con las consecuencias perniciosas que ese temor puede causar: denuncias falsas, psicosis o acciones descontroladas de defensa preventiva. Sin embargo, el terror desplegado en París estos días es una guerra de guerrillas por las calles de las grandes ciudades difícil de prever, de ahí que sea necesario dotar a los ciudadanos de herramientas para colaborar con las fuerzas del orden. No se trata de imitar a Israel en su militarización global sino a Japón en su educación para saber responder a un terremoto. Si esta es nuestra peor amenaza, al menos que sepamos eludir sus efectos y combatir el miedo.</p>
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		<title>Notre Dame</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2015 21:04:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Si hay un país que presume de laicista y que es ejemplo de una escrupulosa distancia entre las creencias personales y la esfera de lo público, es Francia. La Revolución de 1789 enterró a todos los dioses que hasta el momento habían presidido los altares de iglesias y capillas y hacia los que se habían [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/soldados-francia-atentado-620x349.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6882" title="soldados-francia-atentado--620x349" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/soldados-francia-atentado.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Si hay un país que presume de laicista y que es ejemplo de una escrupulosa distancia entre las creencias personales y la esfera de lo público, es Francia. La Revolución de 1789 enterró a todos los dioses que hasta el momento habían presidido los altares de iglesias y capillas y hacia los que se habían elevado las oraciones de los franceses durante siglos. Para Termidor, solo había una diosa, la diosa Razón, y esa dama no se llevaba nada bien con los que hasta entonces protagonizaban ritos y acaparaban inciensos.</p>
<p>A pesar de su orgulloso laicismo, el París acribillado a balazos no se planteó un espacio distinto para rezar y recordar a las víctimas de los atentados del viernes que Notre Dame. Una catedral católica. Allí no hubo quejas por elegirla como lugar de rezo comunitario. Es cierto que la ceremonia fue multirreligiosa, con sensibilidad hacia cristianos, judíos y musulmanes en justa correspondencia con la realidad demográfica francesa, pero bien podían haberse alzado voces contrarias a un marco católico como espacio de reunión. Nadie lo hizo. Notre Dame es París y es Francia. Y estos momentos son de dolor, de emoción y de muchas personas, con el corazón destrozado, que miran al cielo buscando respuestas, o como mínimo, consuelo.</p>
<p>Frente a eso, todo lo demás suena a discurso vano, aprovechado, hipócrita y fuera de lugar. A quienes hoy lloran a hijas, novios, esposas o amigos les importa un bledo el debate demagógico sobre un Estado laico. Quieren sentir que es toda Francia la que los arropa, que somos todos los europeos y todo hombre y toda mujer de buena voluntad quienes sufrimos con su dolor. Y, si entre todos esos –la mayoría, desconocidos- hay quien eleva una oración por su ser querido y por él mismo, para que pueda retomar su vida y sentir algo de alivio en su infierno particular, bienvenida sea la oración. Rece a quien rece y crea en quien crea. Francia no tiene los complejos de la ñoña España, siempre con remilgos anticlericales pasados de fecha. Allí nadie llamó asesino a Hollande ni se fue a las sedes de los partidos que apoyan la intervención en Siria para gritar consignas de patio de colegio. Ni siquiera a Le Pen. No hay tiempo ni ganas de eso. La prioridad es acompañar a las familias, apoyar a las fuerzas de seguridad en su difícil tarea, levantar la cabeza y cantar el himno nacional haciendo con ello una declaración de principios. Es Francia quien se levanta, no cuatro patriotas desfasados. Seremos la nación más antigua de Europa, como se encargan de recordar a Cataluña estos días, pero también en la rancia España tenemos mucho que aprender. La unidad de estos días no es incompatible con el sereno debate sobre las medidas que se deben adoptar ante la amenaza yihadista. Ni la oración, de quien sea creyente, empaña la laicidad estatal que no las rechaza todas, sino al contrario.</p>
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		<title>La Marsellesa</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2015 19:18:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace apenas unos meses, las autoridades parisinas decidieron quitar los candados que llenaban algunos puentes de la ciudad en ese empeño de las parejas por conjurar la fragilidad actual del amor que impide contemplar una relación como un proyecto a largo plazo. Diríase que el candado sustituye al rito tradicional. Parejas que no quieren saber [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/saint-denis-575x323.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6879" title="saint-denis--575x323" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/11/saint-denis.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Hace apenas unos meses, las autoridades parisinas decidieron quitar los candados que llenaban algunos puentes de la ciudad en ese empeño de las parejas por conjurar la fragilidad actual del amor que impide contemplar una relación como un proyecto a largo plazo. Diríase que el candado sustituye al rito tradicional. Parejas que no quieren saber nada de compromisos ni de pasar por la vicaría o el ayuntamiento, necesitan decirle al mundo que su amor es eterno con un candado que termina por perderse en el marasmo de cientos como él. Es el único testigo de su unión, y toma el sitio de los amigos del novio o la novia; él sabe del amor de la pareja y de su fidelidad pero si no cumple, no le pedirá cuentas. Otro ocupará su lugar en un puente distinto.</p>
<p>En esa ciudad tan simbólica, que hasta ahora era la capital del amor y del romanticismo, los yihadistas han querido atentar salvajemente para enviar un claro mensaje: París no es la capital del amor sino de la perversión. Así se indicaba en el comunicado que mandó el Estado Islámico tras la matanza: “En un ataque bendecido para el que Alá ha facilitado las causas, un grupo de creyentes de soldados del califato -que Alá les proporcione fuerza y victoria- ha tomado la capital de las abominaciones y de la perversión, aquella que porta la señal de la cruz en Europa, París”.</p>
<p>No basta con perseguir a los suyos por ver la televisión o por poner música occidental. Ahora pretenden decirnos cómo vivir, y presentan a París como la Sodoma contemporánea: díscola, desvergonzada e infiel; de todo eso es acusada. Pero frente a las voces de los ultramontanos wahabistas, suenan los ecos de La Marsellesa escuchados por cada rincón, desde la salida de un estadio de fútbol hasta los cientos de concentraciones que por todo el mundo se han producido para solidarizarse con las victimas y sus familias. La Marsellesa se convierte así en la banda sonora de la rebeldía ante el terror. No es chovinismo ni eurocentrismo hipócrita, como algunos alegan para censurar el impacto emocional de un ataque en el corazón de Europa. La Marsellesa representa a Occidente. Sus valores, sus principios ilustrados, su empeño por librarse de las cadenas irracionales de la sociedad feudal y conquistar espacios de libertad ciudadana.</p>
<p>La Marsellesa es hoy el himno de Europa. Un grito orgulloso de lo mucho que ha evolucionado el mundo y los derechos civiles en los últimos siglos, frente a las inquisiciones de todo tipo y cualquier época que pretendan decirnos cómo vivir o en qué creer. Es un homenaje a quienes se ven aún sometidos a policías de moralidad que van descubriendo Sodomas y Gomorras por doquier, y condenan a París por una cruz que, paradójicamente, hace mucho que quedó olvidada y oxidada en un rincón. La Libertad corre guiando al mundo. Al son de un himno símbolo que acabamos de redescubrir.</p>
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		<title>El iceberg machista</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2015 21:26:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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<p>Lo mismo sucede con la violencia machista. Es cierto que aún estamos lejos de la erradicación de los asesinatos. De hecho, ahora mismo nos daríamos con un canto en los dientes si pudiéramos decir que están próximos a 0. Sin embargo, aun con toda la alegría que eso produciría, no deberíamos relajarnos. A menudo, nos asustamos ante una concatenación de crímenes contra las mujeres como hemos vivido estos días. Es cierto que el asesinato es el extremo de esa violencia, es su peor consecuencia por lo inevitable y dramático del hecho, y debe ser la prioridad en la lucha por su erradicación. Ahora bien, como decía uno de los lemas coreados en la manifestación de Madrid de este fin de semana, es un asesinato, no un arrebato. Por lo general, no se trata de un rapto de locura momentáneo ajeno por completo a la personalidad del autor y a la realidad de su relación con la víctima. El crimen machista no se improvisa ni siquiera cuando el asesino no organice concienzudamente su acto de barbarie. El machismo se cultiva, se riega, se hace crecer, se desarrolla en tierra fértil y termina por germinar en el horror. Por eso un asesinato, aunque sea terrible, no deja de ser la punta de un iceberg que hay que combatir desde el fondo mismo del océano; desde su nacimiento cuando se desgaja de los casquetes polares y comienza a desplazarse por el mar hasta hundir uno de los buques más sólidos de la historia.</p>
<p>Ese trabajo significa analizar y arrancar de raíz hasta el mínimo gesto que considere a la mujer una posesión, un ser a su servicio o una persona con menos derechos. Una sociedad que aún diferencia hombres y mujeres para el acceso a un puesto de trabajo, para ocupar cargos de responsabilidad o para cobrar lo mismo no puede llevarse las manos a la cabeza cuando un chaval de 15 años se considera por encima de su novia, de sus compañeras de clase o de su madre. El más pequeño gesto cuenta y es el inicio de un choque que puede llevar a la muerte a decenas de personas. Los incendios forestales se combaten limpiando el monte, no esperando a que comiencen para apagarlos. Los accidentes, con un buen mantenimiento de las carreteras y los vehículos, no solo atendiendo a los heridos. La violencia machista se erradica mucho antes de que alguien dispare, golpee o mate.</p>
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		<title>El bucle</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2015 23:19:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María José Pou</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arsénico por diversión]]></category>
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		<description><![CDATA[En esta Comunidad vivimos siempre con una espada de Damocles sobre la cabeza. Nos sobrevuela constantemente el riesgo de enredarnos en el Día de la Marmota, como si se tratara de una maldición que nos persiguiera. Cuando parece que estamos saliendo del bucle, una fuerza desconocida nos atrae hacia él y empezamos de nuevo a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/87625778.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-6851" title="DOCU_LP" src="/mariajosepou/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/87625778.jpg" alt="" width="300" height="199" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/87625778.jpg 490w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/4/2015/10/87625778-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>En esta Comunidad vivimos siempre con una espada de Damocles sobre la cabeza. Nos sobrevuela constantemente el riesgo de enredarnos en el Día de la Marmota, como si se tratara de una maldición que nos persiguiera. Cuando parece que estamos saliendo del bucle, una fuerza desconocida nos atrae hacia él y empezamos de nuevo a correr sin destino en la rueda de hámster que nos envuelve. Ésa es la sensación que tuve ayer mientras veía bajar la Real Senyera en la Plaza del Ayuntamiento. En cuanto empezaron a sonar los himnos, comenzaron algunos a pitar. Los primeros, con los acordes de &#8220;Per ofrenar noves glòries a Espanya&#8221;. Los siguientes, contra quienes habian pitado al Himno Regional. Unos, al himno de España. Los contrarios, al alcalde Ribó. Entre los asistientes, sucedía lo mismo, unos se alegraban de que alguien le coloreara la cara al nuevo ayuntamiento por sus decisiones sobre la fiesta y otros, aplaudían su valentía por fin; había quienes se sumaban al descontento y quienes, hartos del tono bronco, decidían marcharse.</p>
<p>Si hubiera visto las imágenes en blanco y negro o con unos colores mate estilo polaroid, propio de las fotos de los 70, habría pensado que se trataba de un documental sobre la preautonomía valenciana, esos tiempos en los que no estaban claras las señas de identidad ni las fidelidades o los apoyos futuros. Solo me habría alertado ver algunas banderas de España con algo distinto al escudo constitucional pero tambien al águila de la enseña franquista. Eran las banderas de España 2000, con su logo rojo en el centro, que concentraban buena parte de las miradas, de la atención y de la inquietud de los espectadores.</p>
<p>Lo preocupante no era la disparidad. Esa es natural en la vida política y hasta diría que es sana. Nada peor que la uniformidad de criterio, si se puede llamar así a lo que sucede en Corea del Norte; eso no es vida política ni criterio. Es dictadura e imposición. Por eso es sano el libre ejercicio de la discrepancia. El problema es que la confrontación ha de ser intercambio de opiniones diversas en un clima de debate con intención de llegar a acuerdos. Nada que ver con el enfrentamiento, la intolerancia y la negacion del que piensa de forma distinta.</p>
<p>Lo que se veía en algunos rincones de la plaza, y en el recorrido de la procesión cívica, no era variedad de puntos de vista sino intransigentes que le gritaban &#8220;traidor&#8221; -como antes hacían otros a los anteriores- a un dirigente libremente elegido y a quien se le puede retirar la confianza. Eso es lo que pregonaban quienes ahora gobiernan cuando estaban en la oposición: tomar la calle primero y las urnas, después. Con acritud, alteración social y aprovechamiento de la indignación colectiva, una estrategia que le ha funcionado muy bien a la izquierda, pero que, a la larga, supone un claro ejercicio de irresponsabilidad que crispa, enerva y fracciona a la sociedad.</p>
<p>Aunque productivas, esas heridas tardan en cicatrizar. Hacerlas sabiendo cuáles son sus consecuencias sí que es para gritar &#8220;traidor&#8221; a quien las fomente por interés electoral. Venga de donde venga, y se justifique con la mejor intención. De lo contrario, no saldremos de la rueda del hámster. Estaremos siempre cuestionándonos quiénes somos, qué no somos y quiénes son dignos de definirlo. Estaremos en el mismo punto de partida que ni siquiera es el de 1238. Ahí estaba todo más claro que ahora, cuando lo avanzado parece haberse diluido.</p>
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