{"id":5221,"date":"2013-06-10T23:53:30","date_gmt":"2013-06-10T21:53:30","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/?p=5221"},"modified":"2013-06-10T23:53:30","modified_gmt":"2013-06-10T21:53:30","slug":"los-enemigos-de-rafa-nadal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/2013\/06\/10\/los-enemigos-de-rafa-nadal\/","title":{"rendered":"Los enemigos de Rafa Nadal"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2013\/06\/copas-647x380.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5222\" title=\"copas--647x380\" src=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2013\/06\/copas.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"176\" \/><\/a>En la Antig\u00fcedad, los grandes h\u00e9roes no eran solo aquellos que conquistaban el mundo, ampliaban las fronteras conocidas o lograban pacificar tierras belicosas. Los que poblaban las leyendas eran quienes un\u00edan dotes guerreras con bondad, compasi\u00f3n o lealtad. Eran los valores asociados a su comportamiento lo que hac\u00edan grandes sus figuras ante los ojos de sus devotos, ya fueran Aquiles, Jas\u00f3n, Eneas o H\u00e9rcules.<\/p>\n<p>Una de esas virtudes estaba relacionada con el honor del guerrero. El honor imped\u00eda aprovecharse de la debilidad, mostrar crueldad con el derrotado o chantajearle con sus seres queridos para lograr un fin. Son actitudes de las que se vanagloriaba tambi\u00e9n un caballero en la Edad Media hasta que Cervantes nos mostr\u00f3 lo rid\u00edculo que parec\u00eda en la Espa\u00f1a del XVII a trav\u00e9s del pobre Alonso Quijano.<\/p>\n<p>Desde entonces, es dif\u00edcil encontrar h\u00e9roes de ese cariz y m\u00e1s ahora en que la televisi\u00f3n y las redes sociales convierten a un pelagatos en un suced\u00e1neo de h\u00e9roe fugaz. As\u00ed nos va.<\/p>\n<p>Sin embargo, en ocasiones, cuando surge una figura que re\u00fane aquellas condiciones cl\u00e1sicas de los h\u00e9roes antiguos, consigue, como entonces, multiplicar los afectos. Esos personajes, a menudo, est\u00e1n presentes en el mundo del deporte que es donde prevalece la lucha, el esfuerzo, la conquista y la gloria sin vinculaci\u00f3n a lo cruento. Es ah\u00ed donde hallamos a Indur\u00e1in, a Iniesta o a Nadal y nos descubrimos no solo ante su grandeza deportiva sino, sobre todo, humana. Es lo que hizo especial a la Selecci\u00f3n del Mundial o lo que hace extraordinario al renovado campe\u00f3n de Roland Garr\u00f3s.<\/p>\n<p>Una de esas virtudes cl\u00e1sicas era la humildad y el respeto al enemigo, reconociendo su val\u00eda e incluso, como el pillo de Julio C\u00e9sar, exaltando su potencia para mejorar a\u00fan m\u00e1s la propia imagen tras la conquista. Nadal demuestra cada d\u00eda su talla no tanto ganando sino animando al rival, como hizo con Federer a quien consol\u00f3 en su ba\u00f1o de l\u00e1grimas en 2009 o como hizo ayer, cuando le falt\u00f3 tiempo para felicitar al alicantino David Ferrer y para admitir que la gloria no es eterna y hay que saber ser agradecido.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Antig\u00fcedad, los grandes h\u00e9roes no eran solo aquellos que conquistaban el mundo, ampliaban las fronteras conocidas o lograban pacificar tierras belicosas. Los que poblaban las leyendas eran quienes un\u00edan dotes guerreras con bondad, compasi\u00f3n o lealtad. 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