{"id":5692,"date":"2013-12-17T22:16:37","date_gmt":"2013-12-17T20:16:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/?p=5692"},"modified":"2013-12-17T22:16:37","modified_gmt":"2013-12-17T20:16:37","slug":"el-futbol-es-asi-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/2013\/12\/17\/el-futbol-es-asi-2\/","title":{"rendered":"El f\u00fatbol es as\u00ed"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2013\/12\/djukic-destitucion-665x250.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5693\" title=\"djukic-destitucion--665x250\" src=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2013\/12\/djukic-destitucion.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"112\" \/><\/a>El f\u00fatbol es de las pocas actividades en las que el fracaso acarrea la ca\u00edda de quien dise\u00f1\u00f3 la estrategia del desastre. En eso, se parece a la guerra: quien lleva a un ej\u00e9rcito a perder la batalla tiene que asumir las responsabilidades de su error. Del mismo modo, un entrenador ha de decir, como ayer Djukic, \u201cel culpable soy yo\u201d. Y asumir su defenestraci\u00f3n sin histerias ni revanchas.<\/p>\n<p>Es lo opuesto a la vida p\u00fablica, ya sea la pol\u00edtica, ya sea la econ\u00f3mica. En \u00e9stas, por lo general, nadie acepta su derrota ni deja el cargo admitiendo que la estrategia ha sido incorrecta. O, al menos, son pocos los que lo hacen. Por lo general, pasa lo contrario. Empiezan por no admitir que han fracasado; si lo hacen, buscan culpables fuera, y por \u00faltimo terminan por intentar ilusionar diciendo que la pr\u00f3xima ser\u00e1 la vencida. Como si no nada.<\/p>\n<p>Con ellos deber\u00edamos poder hacer como los clubes de f\u00fatbol: en cuanto ven que la cosa se tuerce y que el equipo va de mal en peor, no esperan ni a terminar la temporada. Se va fuera y viene otro de refresco en su lugar. Es verdad que en ocasiones cambian entrenadores por no asumir que el problema est\u00e1 en los directivos pero, al menos, se ve libertad para intentar una nueva v\u00eda que evite la hecatombe. En la pol\u00edtica no ocurre eso. Hay que aceptar que el estratega no sabe por d\u00f3nde va, dejarle que cometa todas las tropel\u00edas del mundo y, con suerte, conseguir que la presi\u00f3n interna de los partidos le haga recapacitar m\u00e1s que la voz alterada del ciudadano.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito econ\u00f3mico ni qu\u00e9 decir. Lo estamos viendo a diario. Aquellos que nos llevaron al precipicio son los mismos que nos prometen salir de \u00e9sta. \u00bfDe cu\u00e1l? habr\u00eda que preguntarles. Si no han sabido evitar que el coche se despe\u00f1ara, \u00bfc\u00f3mo pretenden que nos creamos que son capaces de sacarlo del agujero? Sin embargo, as\u00ed es. El f\u00fatbol y la guerra son as\u00ed. Primarios, pero con m\u00e1s flexibilidad para el cambio que otras materias aparentemente m\u00e1s capaces de lograrlo. Es verdad que no son comparables pero en ambos hay mucho en juego. Que se lo digan a Almunia, precisamente. Si no la vida, s\u00ed al menos el motor de \u00e9sta.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El f\u00fatbol es de las pocas actividades en las que el fracaso acarrea la ca\u00edda de quien dise\u00f1\u00f3 la estrategia del desastre. En eso, se parece a la guerra: quien lleva a un ej\u00e9rcito a perder la batalla tiene que asumir las responsabilidades de su error. 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