{"id":5889,"date":"2014-03-08T00:30:46","date_gmt":"2014-03-07T22:30:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/?p=5889"},"modified":"2014-03-08T00:30:46","modified_gmt":"2014-03-07T22:30:46","slug":"una-familia-destronada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/2014\/03\/08\/una-familia-destronada\/","title":{"rendered":"Una familia destronada"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2014\/04\/irene-grecia-sofia-reina-atenas-644x362.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5890\" title=\"irene-grecia-sofia-reina-atenas--644x362\" src=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2014\/04\/irene-grecia-sofia-reina-atenas.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"168\" \/><\/a>Tiene un cierto halo de tristeza. La imagen de una familia real destronada, como la griega, es una estampa llena de melancol\u00eda, pena y des\u00e1nimo. Poco importa que muchos de los presentes en la estampa familiar junto a la tumba del rey Pablo, el padre de la Reina Sof\u00eda, pertenezcan ahora a familias reinantes como la espa\u00f1ola. El exilio, la p\u00e9rdida del trono o la falta de reconocimiento popular dejan a este tipo de familias en un contexto de decadencia dif\u00edcil de superar. Ni siquiera en esos momentos son una familia como las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Aunque la foto rezando juntos alrededor del pante\u00f3n, en recuerdo del medio siglo sin el rey Pablo de Grecia, sea la misma que viven a diario millones de familias en el mundo, la suya tiene un poso de tristeza muy peculiar. Vi\u00e9ndola me parece estar asistiendo a una pel\u00edcula europea dram\u00e1tica, con banda sonora de Chopin y con un director de fotograf\u00eda magn\u00edfico capaz de potenciar el negro y gris de los abrigos y de las melenas canosas de sus protagonistas.<\/p>\n<p>Es el pesar de unos hijos y unos nietos que recuerdan con dolor al patriarca pero, en el caso de una familia real, adem\u00e1s, es una dinast\u00eda la que rememora los tiempos en los que eran la c\u00faspide del Estado. No son familias normales. Por mucho que se empe\u00f1en en hacer un \u201cselfie\u201d o en casarse con plebeyas. No lo son en las bodas, ni en los nacimientos o bautismos de seis o siete nombres ni en la muerte.<\/p>\n<p>Sin duda, las l\u00e1grimas en los ojos de la Reina Sof\u00eda son las de cualquier hija ante la tumba del padre, pero a los miembros de una familia real se les ha impuesto un modo distinto de vivir incluso las relaciones familiares. La p\u00e9rdida es mucho m\u00e1s que la ausencia de la persona; es la carencia del referente, del eslab\u00f3n que les une al pasado y del sentido de toda una vida dedicada a una estirpe. Por el contrario, la reuni\u00f3n de todos en torno a \u00e9l es una p\u00e1gina de la historia. Toda familia es historia pero \u00e9stas tienen algo propio e imposible de reconocer en otras: sus nombres hablan de una etapa de Grecia, de Dinamarca o de Europa. Los nuestros, no. Por eso, quiz\u00e1s, el dolor es doble: del hijo y del miembro de la dinast\u00eda.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tiene un cierto halo de tristeza. La imagen de una familia real destronada, como la griega, es una estampa llena de melancol\u00eda, pena y des\u00e1nimo. 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