{"id":6314,"date":"2014-10-04T22:32:07","date_gmt":"2014-10-04T20:32:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/?p=6314"},"modified":"2014-10-04T22:32:07","modified_gmt":"2014-10-04T20:32:07","slug":"tocar-a-gloria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/2014\/10\/04\/tocar-a-gloria\/","title":{"rendered":"Tocar a gloria"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2014\/10\/Unknown.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6315\" title=\"Unknown\" src=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2014\/10\/Unknown.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"165\" \/><\/a>Una de las cosas que m\u00e1s sorprenden a muchos occidentales cuando visitan un pa\u00eds de mayor\u00eda musulmana es la llamada a la oraci\u00f3n. Es un momento emocionante que tiene una magia especial. De pronto parecen hablarse los minaretes de todas las mezquitas de la ciudad. Para quienes no sabemos \u00e1rabe hay algo que se nos pierde en esos c\u00e1nticos que recuerdan a los fieles la grandeza de Dios y la necesidad de parar todo para hincarse de rodillas y rezar. Pero a\u00fan desconociendo el sentido, esa especie de letan\u00eda indica que por encima de todas nuestras ocupaciones, hay una principal y sagrada.<\/p>\n<p>Lo curioso es que el encuentro con una fe tan p\u00fablica como la isl\u00e1mica es, para muchos, impactante, antropol\u00f3gicamente sublime y digno de grabar en sus m\u00f3viles o en sus c\u00e1maras para contarlo, con detalle, a sus amigos y familiares al volver del viaje. Algunos, incluso, no encuentran incoherencia entre esa admiraci\u00f3n por lo for\u00e1neo y el rechazo a las campanas de su pueblo. Sin pudor, muestran un v\u00eddeo de Estambul a la hora del rezo como gran cosa y, al mismo tiempo, se quejan de que el p\u00e1rroco se empe\u00f1e en tocar las campanas antes de misa. Las campanas son nuestras llamadas a la oraci\u00f3n y mucho m\u00e1s, como bien saben quienes reconocen los toques tradicionales, aunque muchos se hayan perdido. Las campanas eran el Whatssap de nuestros ancestros. As\u00ed se comunicaban las defunciones, las alertas por pirater\u00eda o los incendios. Ahora, con suerte, nos quedan los avisos para las misas, las horas o la alegr\u00eda de las grandes ocasiones.<\/p>\n<p>Eso es, precisamente, lo que vive Valencia desde ayer y durante todo el d\u00eda de hoy. Las campanas tocan como solo lo hacen en momentos especiales, no en vano, no es frecuente el cambio de Arzobispo. Eso es lo que dice el Micalet y todas las campanas de la Di\u00f3cesis desde que ayer entrara en ella el cardenal Ca\u00f1izares. Como suele suceder, los ritos religiosos a\u00fan mantienen determinadas costumbres preciosas, propias de otros tiempos pero dignas de apreciar en estos. Por ejemplo, salir a recibir al nuevo prelado en el primer pueblo de la Di\u00f3cesis por donde pase. En el caso de Valencia, viniendo de Madrid, esa localidad es Villargordo del Cabriel. Como sabemos, llegar hoy a cualquier punto del mundo resulta muy f\u00e1cil y est\u00e1ndar. Era tan sencillo como tomar un avi\u00f3n en Roma y aterrizar en Manises. Sin embargo, la iglesia opta por ese ritual de llegar despacio, por los caminos de Espa\u00f1a, y \u201centrar en la Di\u00f3cesis\u201d e incluso pararse a reposar en el Colegio Jes\u00fas-Mar\u00eda antes de la toma de posesi\u00f3n. Es lo propio del rito: marca los tiempos y separa lo mundano de lo sacro. No es intercambiar una cartera y un despacho. Es entrar en el coraz\u00f3n de los fieles y ponerse a su servicio. Por eso las campanas advierten de algo especial. Lo es. Como lo son unos sonidos en peligro de extinci\u00f3n que deber\u00edamos cuidar m\u00e1s.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las cosas que m\u00e1s sorprenden a muchos occidentales cuando visitan un pa\u00eds de mayor\u00eda musulmana es la llamada a la oraci\u00f3n. Es un momento emocionante que tiene una magia especial. De pronto parecen hablarse los minaretes de todas las mezquitas de la ciudad. 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