{"id":684,"date":"2010-11-14T08:13:52","date_gmt":"2010-11-14T08:13:52","guid":{"rendered":"http:\/\/firmas.lasprovincias.es\/mariajosepou\/?p=684"},"modified":"2010-11-14T08:13:52","modified_gmt":"2010-11-14T08:13:52","slug":"berlanga-sin-mas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mariajosepou\/2010\/11\/14\/berlanga-sin-mas\/","title":{"rendered":"Berlanga, sin m\u00e1s"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\"><a href=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2010\/11\/00002541051.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-685\" src=\"\/mariajosepou\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2010\/11\/00002541051.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"205\" \/><\/a>Me niego a titular una columna sobre Berlanga recurriendo al t\u00f3pico. Ni &#8216;bienvenido m\u00edster Berlanga&#8217; ni &#8216;Los viernes, sin milagro&#8217;. Prefiero dejarlo en su nombre. Nada m\u00e1s. Nada menos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si ahora nos parece grande, dentro de diez a\u00f1os nos parecer\u00e1 inmenso. Y dentro de veinte m\u00e1s a\u00fan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con \u00e9l ocurre como con los grandes monumentos: el Coliseo, la Torre Eiffel o el Empire State. Cuando queremos hacerles una foto de cerca, el resultado nos decepciona. Apenas sacamos un par de piedras o de vigas. Al ver la foto comprobamos que, aunque \u00e9sa era la imagen a los pies del monumento, no ofrece la impresi\u00f3n grandiosa que nos daba a nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La raz\u00f3n es que estamos demasiado cerca para tener una visi\u00f3n completa y proporcionada de lo que es. Desde abajo nos parece inabarcable. Y efectivamente lo es. Tanto que nuestro objetivo no tiene capacidad de recogerlo todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con Berlanga nos ocurre eso. Sobre todo, en su tierra. Lo hemos tenido tan cerca, tan a mano, tan de cada d\u00eda, que no somos capaces de apreciar su enormidad. Berlanga es tan nuestro que nos resulta normal recordarle al pasear por las arenas de Pe\u00f1\u00edscola o al ver una cacer\u00eda de gente corriente con aires de grandeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero Berlanga no era un directorucho alimentado de subvenciones irresponsables, sin ideas pero con mucha carne fresca que mostrar con un halo de snobismo feroz. \u00c9l fue capaz de retratar a una sociedad con sus contradicciones, sus hipocres\u00edas y sus paranoias. Pero sobre todo fue capaz de hacerlo con la sencillez aparente que contiene una profundidad asombrosa. En una palabra, de hacerlo de un modo genial. Literalmente genial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Berlanga es nuestro Fellini, un nombre cuya menci\u00f3n en las enciclopedias no depende de haber sido amigo o enemigo de los que mandan. \u00c9l est\u00e1 por derecho propio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por haber sido capaz de crear tipos, caracteres, modelos que diferencian al cl\u00e1sico del prescindible. Berlanga es ya un cl\u00e1sico del cine espa\u00f1ol. Y del humor valenciano, tan despreciado por nosotros mismos y tan admirado por los otros. Su mordacidad era un bistur\u00ed capaz de abrir las tripas de Espa\u00f1a en canal, algo que se echa de menos hoy.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me niego a titular una columna sobre Berlanga recurriendo al t\u00f3pico. Ni &#8216;bienvenido m\u00edster Berlanga&#8217; ni &#8216;Los viernes, sin milagro&#8217;. 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