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	<title>Edipo sin esfinge | Más vida que arte - Blogs lasprovincias.es</title>
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	<description>Por Lidón Sancho</description>
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		<title>Edipo sin esfinge | Más vida que arte - Blogs lasprovincias.es</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Nov 2019 21:32:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi marcapáginas de Medea ha encontrado a Edipo sin esfinge, sin casualidades (porque no existen); un libro de relatos del escritor Javier Caravaca que ha logrado levantar mis ganas muertas y hastiadas de abrir libros en cualquier librería y cerrarlos al minuto con una sensación mezclada de tristeza y náusea agarrada a mi estómago. No, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>Mi marcapáginas de Medea ha encontrado a <em>Edipo sin esfinge</em>, sin casualidades (porque no existen); un libro de relatos del escritor <strong>Javier Caravaca</strong> que ha logrado levantar mis ganas muertas y hastiadas de abrir libros en cualquier librería y cerrarlos al minuto con una sensación mezclada de tristeza y náusea agarrada a mi estómago.</p>
<p>No, no ha sido un encuentro fortuito al modo de la pareja de <em>Cuando Harry encontró a Sally</em>, un largometraje que he logrado odiar por la sobada importancia que le han dado a ese orgasmo fingido de Meg Ryan: ni que fuera la única que lo ha hecho en cine tan divinamente, ―que se lo digan a las actrices porno y sus magníficos gorgoritos―; nunca he creído en un destino aleatorio sino, más bien, en esa visión de los acontecimientos que son como los dibujos de unir puntos y que acaban conformando una figura, antes difusa.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Los escritores, y más los poetas, somos unas personas vanidosas, como decía Nietzsche: nos da igual que sea un pavo real el que escuche recitar nuestros versos, un bisonte o las olas del mar. Sin embargo, entre los escritores nos alentamos y nos inspiramos mutuamente y Javier Caravaca ha vuelto a devolverme la esperanza de una literatura plagada de raíces clásicas a través de los múltiples guiños que siembra en sus cuentos sobre seres mitológicos, una buena dosis de realidad echada a la cara de malas maneras y una ironía que es la sal de la vida para ahuyentar el aburrimiento y la depresión.</p>
<p>Sin duda, he tenido que tragar saliva y contener el aire en algunos relatos para tener el desatino de sumergirme en ellos, construidos con el horror como material y la desesperanza como hilo argumental ―algo que me ha fascinado y me ha espantado a la vez, como seres de luz y de sombra que somos―; otros me han causado una excitación entre mis recovecos y esquinas, entre mis neuronas y el pálpito de la sangre bajando hacia donde morimos todos de amor o de culpa.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>A Medea no le ha dado tiempo de reposar entre sus páginas (pobre Medea, siempre sin descanso y entre desgracias) pues me lo zampé en una tarde alargada de frío y manta. Y, entre sus narraciones, vislumbré el inconsciente del escritor, en sus palabras que salen desde las vísceras y la rabia, o desde el placer y sus potencias.</p>
<div id="attachment_189" style="width: 410px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-189" src="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2.jpg" alt="" width="400" height="690" class="size-full wp-image-189" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2.jpg 400w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2-174x300.jpg 174w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px"></a><p id="caption-attachment-189" class="wp-caption-text">Edipo sin esfinge, de Javier Caravaca</p></div>
<p>Es muy difícil escribir en estos tiempos cuando no existe pausa y nos rodean tantas pantallas reclamando el alma que vendimos hace tiempo. Por eso, la valentía de Caravaca al hacernos sabedores de un mundo con poca pasión y ética es bien loable y arriesgada; con ella nos relata esas sendas que necesitamos transitar para sobrevivir como especie.</p>
<p>Su prosa es cinematográfica, líquida y trabajada pacientemente ―me lo imagino a través de una copa de vino en la lobreguez de una estancia, inventando sueños sin cumplir y maneras de despertar a las musas dormidas― y su atrevimiento en el vocabulario es una punzada en el costado que te obliga a levantarte y revisar de nuevo vocablos olvidados en los dos volúmenes de la RAE que tengo en mi estantería: aguardan entre mi cristalería de vino que espera a ser llenada por el líquido ancestral mientras leo sus páginas empapadas de sensualidad y de demasiadas verdades olvidadas.</p>
<p>Ay, el olvido…nunca nos consuela por culpa de los escritores.</p>
</body></html>
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