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	<title>Más vida que arteLidón Sancho &#8211; Más vida que arte</title>
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	<description>Por Lidón Sancho</description>
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		<title>Es por tu bien</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Aug 2021 19:13:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[El señor Ximo Puig (bueno, el Consell, no vayan a creer que vivimos en un caciquismo de partido) ha prohibido el acceso para realizar senderismo y acampadas a doce de los parques naturales que existen en la Comunidad Valenciana. ¿Sus razones? Evadir posibles incendios, evitando los desastres naturales acontecidos en Grecia y Turquía. Según el [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El señor Ximo Puig (bueno, el Consell, no vayan a creer que vivimos en un caciquismo de partido) ha prohibido el acceso para realizar senderismo y acampadas a doce de los parques naturales que existen en la Comunidad Valenciana. ¿Sus razones? Evadir posibles incendios, evitando los desastres naturales acontecidos en Grecia y Turquía. Según el periódico <em>El Levante</em>, el presidente comentó preocupado que «no es un buen momento para ir al bosque».  Me hizo gracia ese comentario; me recordó a esa frase lapidaria que recita de forma taciturna un personaje secundario en películas de terror, advirtiendo a un grupo de osados adolescentes  que van a adentrarse en una espesura de la que pocos saldrán vivos. Menudo dramatismo, señor Puig.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora resulta que el gran precedente a nivel (i)legal que ha supuesto las medidas preventivas en torno a la pandemia por COVID-19 en cuanto a las restricciones de movilidad (toque de queda, movilidad perimetral limitada o accesos seleccionados solo mediante documentación acreditativa) va a mutarse en otras restricciones mucho más descabelladas. Me habría gustado que el Consell hubiese lanzado cifras de muertos ―que eso siempre asusta mucho― sobre los senderistas muertos en incendios o sobre esos incendios provocados por senderistas que les da por hacer hogueras y cantar alrededor de ellas el cumbayá o como coño se escriba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Claro que la mano del ser humano es causante de muchos de los incendios! Sin embargo, ¿es eso motivo suficiente para prohibir la entrada a un entorno natural a la mayoría de la población que no los provoca? También somos los causantes de miles de muertes y lesiones irreversibles al año por accidentes de tráfico. ¿Va a prohibir los desplazamientos en verano para que los turistas con la cartera llena no pase sus vacaciones en Benidorm y evitar así la mortalidad en carretera? Todo el daño que los seres humanos causamos y nos causamos, ¿puede evitarse del mismo modo que estamos evitando contagiarnos o provocar un incendio? ¿Qué ha cambiado en estos dos últimos años? Pues que ahora saben usar ese armamento vil y despiadado llamado <em>restricción de movilidad</em> usado durante los sendos confinamientos. Aunque, rascando esta pátina de manipulación política de saldo, en realidad a esta estrategia se le sigue llamando miedo. El investigador Jean Delumeau escribió <em>El miedo en Occidente</em> como un manual sobre la cantidad ingente de miedos que han sido usados como métodos de control contra la población. Todas las instituciones conocidas han usado estas semillas de terror, la iglesia y el estado los que más (en todos los países y épocas): el miedo al extranjero, a la mujer, a los cultos americanos e incluso, curiosamente, a la subversión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estamos inundados por el paternalismo institucionalizado, muy acostumbrados a que sea otro (un gobierno, una fuerza del orden, una marca de cosméticos, etc.) el que nos diga lo que debemos hacer o no, o lo que nos conviene. Sí, no exagero; la publicidad que no es más que la plataforma de consumo de un capitalismo cada vez más devorador empezó hace muuuucho tiempo a modificar la concepción que tenemos de nosotros mismos y construirnos un avatar, un ideal inalcanzable, imposible de lograr y, por lo tanto, insaciable y necesitado de cada vez más y más productos, servicios y préstamos bancarios para llenar ese vacío. Para acabar con ese temor que nos invade cada día.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es peligroso cuando un estado trata a su población como si fuese un menor de edad, si bien Kant ya nos advirtió que sería difícil encontrar a una sociedad que cumpliese esa mayoría de edad en la historia de la humanidad. Y más peligroso aún cuando un partido político como Vox que ni siquiera gobierna en el ayuntamiento de Toledo ―aunque consiguió el tercer puesto con un 23,69 % de los votos en el 2019― pueda ejercer presión para que se retire el cartel de un concierto de música, alegando que insulta la imagen de la Virgen (no especifican cuál de ellas).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paternalismo e indignación son una combinación parecida al napalm: es imposible escapar de ella con vida; es la antesala a una dictadura sin precedentes  que puede dar más pánico que nunca con la tecnología de su parte y esa obsesión por infantilizar a la población mediante dicha tecnología. Quieren cuidar de mí evitándome daño alguno en los bosques cuando las calles son el lugar donde es más probable que muera debido a una conversión de la nación cada vez más asfixiante y déspota, ideológicamente intolerante y con discursos cada vez más polarizados. Resulta que ese proteccionismo que los sendos gobiernos a lo largo del tiempo y ancho del mundo pretenden inocular a la población no incluyen la vigilancia de instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Central Europeo que son los verdaderos dueños de nuestras, cada vez más, miserables vidas. Y si confunden proteccionismo con comunismo es cuando voy a enfadarme de verdad. Asimismo, cuando hablo de protección tampoco hablo de una fuerza del orden que vele por mi seguridad a costa de que otros paguen el pato. Existen miles de casos históricos al respecto como, por ejemplo, las patrullas civiles denominadas PAC (Patrullas de Autodefensa Civil) que surgieron en Guatemala como respuesta a los atentados acaecidos en la capital y que se dedicaron a masacrar población indígena en las zonas rurales, creyéndolos «aliados naturales de la guerrilla». Mi seguridad no tiene que costarle la vida a otra persona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la reducción a la abolición de los derechos fundamentales existe un paso muy corto. Y esa pequeña zancada es cada vez más difícil de ver cuando la disfrazan de peligros y ofensas que solo hacen enfrentarnos entre nosotros y matarnos a garrotazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Dónde comenzó, entonces, esta retirada social, este vaivén en un barco que nos lleva de la ceca a la meca sin rumbo y que nos da igual en qué puerto acabe atracando? Creo que el filósofo José Antonio Marina ya lo clavó en su obra <em>Anatomía del miedo, un tratado sobre la valentía</em>: claudicamos en el momento que cambiamos libertad por seguridad. Empezó por una seguridad vital, de mi valiosa vida, y acabó siendo la seguridad de mi empleo, de mi coche aparcado en la calle o de mi acceso a internet. Fue entonces cuando abrazamos esa dulce frase que nos descargó de todas las responsabilidades y quebraderos de cabeza: lo hago por tu bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Dios vino a verme</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Sep 2020 13:34:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Dios vino a verme. Pero antes, el Demonio ya se había pasado por aquí. Me dijo que me alejara de los hombres ingratos y sin corazón, de los aduladores y sus lisonjas, de sus regalos envenenados y sus promesas a medias. Vino por mi casa, con su perfume almizclado a madera quemada, quince minutos antes [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dios vino a verme. Pero antes, el Demonio ya se había pasado por aquí. Me dijo que me alejara de los hombres ingratos y sin corazón, de los aduladores y sus lisonjas, de sus regalos envenenados y sus promesas a medias.</p>
<p>Vino por mi casa, con su perfume almizclado a madera quemada, quince minutos antes de que el Todopoderoso tocara a mi puerta. Me dijo: «Mira, Lidón, haz las maletas, borra esos números de teléfono que te desgastan los labios. Vente conmigo al sur, aquí ya no te quieren porque te envidian y ya has quemado todas las naves que te habrían llevado al cielo. Los hombres te tienen miedo y a mí me gustan las mujeres que les aterran. Vente conmigo, princesa, y yo te daré la fama que ya tienes brillando sobre tu cabeza pero atravesando cada corazón que pase por tus manos. Te convertiré en una leyenda hermosa y terrible.»</p>
<p>Eso me decía, con su americana estampada de rosas rojas y su pañuelo de seda agarrado al cuello mientras le daba vueltas a la cucharilla de su café: «Deja este erial de ciegos y mudos, de cobarde y mezquinos, de personas que no sienten las palabras que te dicen. Y yo te conseguiré aquello que aún no sabes que quieres.»</p>
<p><a href="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/09/La-estrategia-de-Dios-y-la-del-diablo-864x648.png"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-253" src="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/09/La-estrategia-de-Dios-y-la-del-diablo-864x648.png" alt="" width="864" height="648" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/09/La-estrategia-de-Dios-y-la-del-diablo-864x648.png 864w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/09/La-estrategia-de-Dios-y-la-del-diablo-864x648-300x225.png 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/09/La-estrategia-de-Dios-y-la-del-diablo-864x648-768x576.png 768w" sizes="(max-width: 864px) 100vw, 864px" /></a></p>
<p>Luego se fue y me quedé casi convencida en vaciar mis armarios y llenar el resto de años. Y, ciertamente, a un consejo le hice caso: borré todos los números de aquellos hombres crueles, menos uno, al que llamé para que viniera a tomarse un té. Vino justo después del Diablo con sus alpargatas de playa y arena en el pelo.</p>
<p>Se sentó y, sin decirme nada, me sonrió, le dio un sorbo a su taza y me entregó una caja que albergaba un destino que jamás hubiese imaginado para mí y que me proporcionó la paz pero no la fama. Me miró y me dijo: «El Diablo iba a darte algo que era suyo. Yo solo te ofrezco aquello que siempre ha sido tuyo.» Y se fue, con la misma arena en su pelo pero con más color en sus mejillas.</p>
<p>Menos mal que no borré el teléfono de Dios. Y si, a estas alturas, aún crees que esto es un relato religioso es que no has entendido nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Juventud, terrenal tesoro</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Apr 2020 16:22:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy mi madre me ha traído mis poemas de juventud. Usando a mi perra como caballo de Troya, nos hemos citado en la cola del banco. He leído mi antología de pie, en la cocina, con la vergüenza y la risa encajadas en las mejillas. Al lado de cada poema, el nombre del causante o [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy mi madre me ha traído mis poemas de juventud. Usando a mi perra como caballo de Troya, nos hemos citado en la cola del banco.</p>
<p>He leído mi antología de pie, en la cocina, con la vergüenza y la risa encajadas en las mejillas. Al lado de cada poema, el nombre del causante o la causa por las cuales escribí uno u otro: señales en un campo de batalla en el que combatí con la pasión de las valientes, las que no nos avergonzábamos de decirle a un chico que le amábamos hasta morir y que sabíamos que la virginidad era una carga de la cual había que deshacerse pronto, para que no nos desearan puras sino dispuestas.</p>
<p>Son francamente terribles; no me refiero al carácter terrible de las tragedias sino a lo inocente de su escritura y a su carencia de complejidad lírica. Sin embargo, cada una de esas poesías contenía un crisol de dolor y de angustia, una clepsidra que medía la esperanza y el amor, insoportables de vivir si no se relataban en un papel escrito a máquina, aunque ahora las vea con la compasión que se les tiene a los inferiores. En este momento, siento esos versos como los estigmas de Jesucristo en la cruz, muriendo por todos a los que amó. Son una letanía de palabras que se repiten sin cesar: dolor, angustia, corazón, alma, lágrimas, sangre, miedo, muerte, suspiro, nada.</p>
<p>Los leo y me viene a la cabeza la pregunta de cómo pude soportarme durante tanto tiempo, amando a brazo partido, abalanzándome al vacío donde deberían haber habido brazos que me atraparan o enamorándome hasta las trancas de un ideal que construía en mis ensoñaciones hasta quemar mis bastiones, sin posibilidad de refugio. No me hablo con desprecio, sino con la sabiduría que dan los años, las hostias y las personas que apuntalan tu vida o la desmadejan hasta dejarte desnuda, sola y contigo misma a la vez. Me he dado cuenta de que tampoco me alejé demasiado en los siguientes años de aquella adolescente que descargaba su desesperación en poemas encadenados y llenaba sus pulmones de pura melancolía. Seguí igual: amando a brazo partido (hasta que me lo partían), abalanzándome al vacio (hasta que tocaba el fondo embarrado) y enamorándome hasta las trancas de ese ideal de hombre en el cual depositaba mucho corazón y poca vista.</p>
<p>En este camino me perdí, sin entender que el primer sendero empieza en tus pies, con tus carencias y taras, con los sueños que quieres cumplir y las promesas que te hiciste y con la maleta llena solo de ropa que sea tuya y que te quepa solo a ti. Llevo un tiempo siguiendo esa ruta que me ha proporcionado el silencio para escucharme, el tiempo para entenderme y la calma para perdonarme. Y volvemos a lo mismo: una vez he acabado de aniquilar lo que no es verdaderamente mío, vuelvo a amar con la intensidad de un incendio descontrolado, apostando todo lo que tengo cuando muero entre las sábanas, recorriendo cada centímetro de amor sin miedo y consumiéndome sin resistencias. Solo existe una diferencia entre esa adolescente ―jodidamente enamorada de todo y todos― y yo, la adulta y es que primero voy yo, y luego, vas tú. Esa entrega que doy ahora es una fortaleza bien armada y viene de la tierra más firme: el amor por una misma.</p>
<p><a href="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/20200101_152440.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-226" src="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/20200101_152440.jpg" alt="" width="2272" height="2319" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/20200101_152440.jpg 2272w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/20200101_152440-294x300.jpg 294w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/20200101_152440-768x784.jpg 768w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/20200101_152440-1003x1024.jpg 1003w" sizes="(max-width: 2272px) 100vw, 2272px" /></a></p>
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		<title>Vivir</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Apr 2020 11:09:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Maltrátalo. Dale donde más le duele. Somételo a una resistencia titánica y búscale los puntos débiles para inundarlos de cansancio. Apriétalo en sus esquinas y recovecos. Vuélvelo en tu contra, retorciendo sus partes hasta crear una geometría desmadejada. Llénalo de humo. Ahógalo en alcohol barato y que flote en un mar donde no hay esperanzas [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Maltrátalo.</p>
<p>Dale donde más le duele.</p>
<p>Somételo a una resistencia titánica y búscale los puntos débiles para inundarlos de cansancio.</p>
<p>Apriétalo en sus esquinas y recovecos.</p>
<p>Vuélvelo en tu contra, retorciendo sus partes hasta crear una geometría desmadejada.</p>
<p>Llénalo de humo.</p>
<p>Ahógalo en alcohol barato y que flote en un mar donde no hay esperanzas posibles.</p>
<p>Prívalo de sueño y de que sueñe.</p>
<p>Somételo a la oscuridad de la habitación. Exponlo al sol más alto de la mañana.</p>
<p>Agótalo en la noche con miedos y fantasmas esperándote en el pasillo.</p>
<p>Desequilibra sus bordes con un amor desesperado, con una espera infinita.</p>
<p>Muéstralo a un espejo que te odia y que tú desprecias.</p>
<p>Envuélvelo con amantes torpes y besos ensalivados de tierra.</p>
<p>Entiérralo en futuros inciertos y en destinos terribles.</p>
<p>Trátalo con dureza, con indiferencia, a latigazos.</p>
<p>Quítale la compasión de sus manos y lánzala a los perros del alma, para que la devoren.</p>
<p>Devóralo, muerde la piel cercana a tu boca, mastica tu sabor para entenderte.</p>
<p>Engúllelo, no dejes nada para nadie.</p>
<p>Cúbrelo con palabras ajenas para que no encuentren las tuyas y te delaten.</p>
<p>Que nadie sepa qué haces con tu cuerpo, albergando un alma única.</p>
<p>Que nadie sepa qué haces con tu alma, albergando un cuerpo finito.</p>
<p>Ese cuerpo que sometes, maltratas, devoras, entierras, desequilibras… para sentirte viva.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Poder</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Apr 2020 16:23:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Así, desde la esperanza y a bocajarro, podríamos todos. Podríamos comenzar a revisar nuestras viejas ópticas y sacarles lustro por si aún nos valen para observar el mundo; ver dónde hemos marcado el pie en la arena de nuestros antiguos pensamientos ―donde hay mucho de viciado y mohoso― y borrar esa huella para continuar por [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Así, desde la esperanza y a bocajarro, podríamos todos. Podríamos comenzar a revisar nuestras viejas ópticas y sacarles lustro por si aún nos valen para observar el mundo; ver dónde hemos marcado el pie en la arena de nuestros antiguos pensamientos ―donde hay mucho de viciado y mohoso― y borrar esa huella para continuar por otro sendero que nos descubra un nuevo modo de vivir y, tal vez, de pensar. Podríamos, por una vez, no buscar una unión utópica pero sí un bello respeto (no he dicho consenso ni mayoría) por todos nosotros y, a partir de ese milagro, construir nuevas relaciones. Por supuesto que se podría: presentar batalla al embuste político en el que estamos danzando, encontrar dónde se han quedado las riendas de este caballo desbocado que nos va a conducir a la tristeza de nuestros mayores y a la pobreza de casi todos.</p>
<p style="text-align: left;">Podríamos, en mi sueños de niña donde hay globos de colores que me impulsan al aire, abrirnos la piel y transformarnos en ese ser en acto que ansiaba Aristóteles, o en el superhombre de Nietzsche o en el ser autónomo que deseaba Kant. Ahora todos duermen en siglos pasados y solo me vienen las desesperanzas de Adorno y Horkheimer: ellos sabían bien que la sociedad moderna estaba acostada plácidamente sobre un lecho de falsa libertad del individuo y un proceso de deshumanización galopante. No eran positivistas ni positivos, las guerras ya se habían encargado de hacerlos de ese modo. Yo tampoco soy de esas dos vertientes en un confinamiento donde parece que todas las premisas que me lanzan en las noticias estuvieran verificadas. Quieren que pensemos como ese infeliz pavo que fue comprobando día tras día, con lluvia o con sol, en festivos y laborables, que le daban de comer a las nueve de la mañana y, creyéndose a salvo, se sorprendió de que le cortaran el cuello un mañana a las nueve en punto el día anterior a Acción de Gracias. Inductivismo inocente, lo llamaba Popper y pareciera que seguimos ahí, tragándonos el desayuno a las nueve de la mañana con proposiciones envenenadas de mentiras, tergiversaciones y dinero bien invertido en mercenarios de la información.</p>
<p style="text-align: left;">Ese poder ya no lo creo al alcance hoy. Poder, refiriéndome a que podamos movernos colectivamente. Hoy me viene más a la cabeza el otro poder, ese dominio de los unos sobre los otros que tanto estudió Foucault, intentando conocer los mecanismos y dispositivos de ese poder y cómo crea relaciones desiguales, engaña encubriéndose en instituciones paternalistas, genera miseria y la siembra en generaciones que ni siquiera conoceremos. Ese poder es el que está pegando fuerte ahora: decide sobre nuestras vidas, nuestro modo de relacionarnos, de hablarnos, de escribirnos y hasta que llegue el momento que decida cómo pensarnos tú y yo, o yo conmigo misma, o todos como sociedad amansada. Así lo narraba él mismo: «La historia de las luchas por el poder, y en consecuencia las condiciones reales de su ejercicio y de su sostenimiento, sigue estando casi totalmente oculta. El saber no entra en ello: eso no debe saberse.» Sin embargo, nos daba una llave para librarnos de semejante herencia: «El saber es el único espacio de libertad del ser.» Lo que no sabe el señor Foucault es que hoy yo quería saber más para sentirme más libre. He visto al dueño de una librería que hay cerca de mi casa mover volúmenes arriba y abajo y me ilusioné a entrar, pero la puerta estaba cerrada. Desde dentro me ha dicho que no me podía abrir «porque me meto en un lío si lo hago.» Y he pensado que es verdad, querer saber más ahora mismo se ha convertido casi en un delito.</p>
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		<title>Todos los que mataron a Don Quijote</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2020 19:38:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Visiono fascinada el largometraje El hombre que mató a Don Quijote, del director Terry Gilliam temiendo que los expertos de la gran obra literaria me apaleen por la cantidad de licencias estilísticas contemporáneas que Gilliam desgrana en su película y que a mí me parecieron curiosas y divertidas pero que no recuerdo si son fieles [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Visiono fascinada el largometraje <em>El hombre que mató a Don Quijote</em>, del director Terry Gilliam temiendo que los expertos de la gran obra literaria me apaleen por la cantidad de licencias estilísticas contemporáneas que Gilliam desgrana en su película y que a mí me parecieron curiosas y divertidas pero que no recuerdo si son fieles al Cervantes que conocemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leí <em>El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha</em> con calzador, es decir, obligada por el profesor de literatura de tercero de bachillerato y este, a su vez, forzado por la enjundia de semejante obra literaria. Y no podías escapar de su relato, pues cada tres capítulos había examen de por medio (que es el mejor método para aprender y, sobre todo, disfrutar de una materia concreta, ¿verdad?). Por lo que, como empatizarán conmigo, sabrán que ni lo disfruté ni tuve el sosiego para desgranar los miles de mensajes, bellezas y desgracias que en él acontecen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso, ver en los fotogramas a un Adam Driver convertido en el escudero Sancho Panza (y del cual ya me enamoré con su interpretación en la serie <em>Girls</em> y comprendí todo su potencial como actor) y un Don Quijote encarnado por la mismísima bestia parda de la interpretación que es Jonathan Pryce es un gran comienzo, al menos para mí. Y lo supe porque, a medida que la película avanzaba, me entraron unas ganas irrefrenables de saltarme la cuarentena e irme a casa de mi madre a por los dos volúmenes cual forajida. Obviamente, luego me sentí una mala hija al querer moverme por la mera pulsión de una lectura y no por el amor materno que es oro líquido. Supe, al fin, contenerme y saber disfrutar de las imágenes del largometraje que se desplegaban ante mí como la cola de un pavo real con sus excesos y atrezos casi imposibles.</p>
<div id="attachment_212" style="width: 1210px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/estrenos-semana-trailer-hombre-que-mato-don-quijote-2018-1527699765310.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-212" loading="lazy" class="size-full wp-image-212" src="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/estrenos-semana-trailer-hombre-que-mato-don-quijote-2018-1527699765310.jpg" alt="" width="1200" height="676" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/estrenos-semana-trailer-hombre-que-mato-don-quijote-2018-1527699765310.jpg 1200w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/estrenos-semana-trailer-hombre-que-mato-don-quijote-2018-1527699765310-300x169.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/estrenos-semana-trailer-hombre-que-mato-don-quijote-2018-1527699765310-768x433.jpg 768w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2020/04/estrenos-semana-trailer-hombre-que-mato-don-quijote-2018-1527699765310-1024x577.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></a><p id="caption-attachment-212" class="wp-caption-text">Adam Driver y Jonathan Pryce</p></div>
<p>Reí y lloré por la ternura que el director ha puesto en cada secuencia y le admiré por los sudores que le costó cristalizarla (casi veinte años de camino para llegar hasta ella). Pero, ante todo, me hizo reflexionar por otros senderos que aquellos basados en la obra de Cervantes y que me desnudan ante lo que soy: una socióloga. Y es que todos, en cierto modo, hemos matado al Quijote. No porque ya nadie se atreva a leerlo, ni siquiera a oler sus páginas cargadas de sueños, sino por el simple hecho de que la nobleza de ese hidalgo maltrecho pero digno, caballeroso con las mujeres, valeroso en las afrentas, generoso en vocablos elaborados y diligente en enseñanzas adonde fuera y con quien fuera, enamorado hasta las trancas de toda belleza, seguidor de ensoñaciones e incansable aventurero ya no existe en nadie que conozca. Alguien dijo, en un momento dado, que todos los españoles somos unos quijotes. ¡Qué más les gustaría a los hombres ser como él! Yo solo nombraría a alguien que se le asemeja poderosamente pero guardaré el secreto, no vaya a ser que vengan los gigantes a presentarle batallas imposibles de ganar, muy propio de este país donde solo matan a los valientes.</p>
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		<title>La distancia</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Mar 2020 16:42:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Circulan como la peste por los grupos de whatssap cientos de vídeos lacrimógenos y frases rotundas en esta época de amor y de cólera que nos invitan a reflexionar sobre cómo, cuándo, dónde y con quién perdemos nuestro tiempo, o lo ganamos, claro; a ser conscientes del presente, del valor de un abrazo, de una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Circulan como la peste por los grupos de whatssap cientos de vídeos lacrimógenos y frases rotundas en esta época de amor y de cólera que nos invitan a reflexionar sobre cómo, cuándo, dónde y con quién perdemos nuestro tiempo, o lo ganamos, claro; a ser conscientes del presente, del valor de un abrazo, de una quedada al sol, a la sombra, de pie, tumbados, agarrados por las caderas o de las manos, o simplemente, mirándonos sin sosiego. Sobre la introspección en la pausa, sobre las metas en la quietud de nuestra casa, sobre el terror a la soledad y a la locura, sobre la vida que sigue, a pesar del miedo que nos tenemos.</p>
<p>Ahora cargo con mi tono implacable sobre vosotros: ¿de verdad necesitabais esto para saber todo lo anterior? Porque yo no lo necesitaba en absoluto, ni lo pedí, aunque igual sí que lo deseé para vosotros, los cadáveres, como bien os conoce mi amigo Javi. Si has sido incapaz hasta ahora de saber lo importante que es no terminar una conversación enfadada con alguien que quieres, decirle un te quiero a alguien que permanece alejado para que sepa que sigue en tu corazón, a abrazar a quien deseas, amas, te cae bien o te ha hecho un favor; a sentir que la vida corre en las terrazas y en los paseos, en los cines con los compañeros de palomitas, en la cama cuando todas las luces entran en ti y se apagan fuera… entonces, necesitas mucho más que una cuarentena para saber vivir.</p>
<p>Yo no lo necesitaba, de veras; mi instagram da cuenta de que siempre estoy entre amigos y amigas a los que, cada día, cada semana, les digo lo capitales que son para mí. En este momento, cuenta aquel o aquella que te llama por teléfono para saber cómo te encuentras, te manda chorradas para animarte, te pone cachonda en serio (o en broma), sale del trabajo y pasa por tu casa a saludarte desde abajo mientras estás en el balcón de tu casa, y habláis como dos Romeo y Julieta modernos en plena pandemia donde las ganas, si las hay, no las para ni dios. Los apetitos por querer a alguien, por introducir luz en sus días, por sacar lo mejor de él o de ella, por hacer planes futuros en videoconferencias y reírte bien alto en el balcón, o cantar mientras friegas los platos para que esos vecinos sepan que hay vida, mucha vida, tras las ventanas de todos… esos son los que se cuentan como peldaños hacia la felicidad.</p>
<p>Todas estas narraciones que os cuento son vivencias que mis amistades me relatan y que yo vivo. Todas ellas serán las merecedores de mi tiempo futuro; no les deberé gratitud eterna porque eso es una quimera en el ser humano pero sí gastaré mis huellas dactilares y mis emociones en ellos todo el tiempo que Leviatán me deje y mis amistades quieran. Y, todos los demás, los que permanecieron en silencio, los que no preguntaron por mí, los que prefirieron esperar a la calma, los que no supieron ver en mí un reposo, una esperanza, una fuente de energía gratuita y sana, serán un sueño que mi memoria habrá difuminado en la mañana frente a un café, sol en la terraza y un buen trozo de coca de tomate.</p>
<p>Y pienso que tal vez sí; tal vez me urgía saber qué hacer de mi tiempo al final: saber de mis miedos y mis habilidades conversados con mis amistades y sus terrores, de sus planes y yo en ellos, fascinada por su amor y por descubrir ser un alto valor para todos ellos… Darme cuenta de que, si lees esto, entonces eres una de aquellas personas que compartirán el pan y el vino conmigo porque, aunque ahora tenga mucho espacio para enviarte esto, mi tiempo sigue siendo oro para mí. Así que, ven. Entra. Acomódate. Vive en mi corazón.</p>
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		<title>Edipo sin esfinge</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Nov 2019 21:32:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi marcapáginas de Medea ha encontrado a Edipo sin esfinge, sin casualidades (porque no existen); un libro de relatos del escritor Javier Caravaca que ha logrado levantar mis ganas muertas y hastiadas de abrir libros en cualquier librería y cerrarlos al minuto con una sensación mezclada de tristeza y náusea agarrada a mi estómago. No, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi marcapáginas de Medea ha encontrado a <em>Edipo sin esfinge</em>, sin casualidades (porque no existen); un libro de relatos del escritor <strong>Javier Caravaca</strong> que ha logrado levantar mis ganas muertas y hastiadas de abrir libros en cualquier librería y cerrarlos al minuto con una sensación mezclada de tristeza y náusea agarrada a mi estómago.</p>
<p>No, no ha sido un encuentro fortuito al modo de la pareja de <em>Cuando Harry encontró a Sally</em>, un largometraje que he logrado odiar por la sobada importancia que le han dado a ese orgasmo fingido de Meg Ryan: ni que fuera la única que lo ha hecho en cine tan divinamente, ―que se lo digan a las actrices porno y sus magníficos gorgoritos―; nunca he creído en un destino aleatorio sino, más bien, en esa visión de los acontecimientos que son como los dibujos de unir puntos y que acaban conformando una figura, antes difusa.</p>
<p>Los escritores, y más los poetas, somos unas personas vanidosas, como decía Nietzsche: nos da igual que sea un pavo real el que escuche recitar nuestros versos, un bisonte o las olas del mar. Sin embargo, entre los escritores nos alentamos y nos inspiramos mutuamente y Javier Caravaca ha vuelto a devolverme la esperanza de una literatura plagada de raíces clásicas a través de los múltiples guiños que siembra en sus cuentos sobre seres mitológicos, una buena dosis de realidad echada a la cara de malas maneras y una ironía que es la sal de la vida para ahuyentar el aburrimiento y la depresión.</p>
<p>Sin duda, he tenido que tragar saliva y contener el aire en algunos relatos para tener el desatino de sumergirme en ellos, construidos con el horror como material y la desesperanza como hilo argumental ―algo que me ha fascinado y me ha espantado a la vez, como seres de luz y de sombra que somos―; otros me han causado una excitación entre mis recovecos y esquinas, entre mis neuronas y el pálpito de la sangre bajando hacia donde morimos todos de amor o de culpa.</p>
<p>A Medea no le ha dado tiempo de reposar entre sus páginas (pobre Medea, siempre sin descanso y entre desgracias) pues me lo zampé en una tarde alargada de frío y manta. Y, entre sus narraciones, vislumbré el inconsciente del escritor, en sus palabras que salen desde las vísceras y la rabia, o desde el placer y sus potencias.</p>
<div id="attachment_189" style="width: 410px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-189" loading="lazy" src="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2.jpg" alt="" width="400" height="690" class="size-full wp-image-189" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2.jpg 400w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/11/2-174x300.jpg 174w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a><p id="caption-attachment-189" class="wp-caption-text">Edipo sin esfinge, de Javier Caravaca</p></div>
<p>Es muy difícil escribir en estos tiempos cuando no existe pausa y nos rodean tantas pantallas reclamando el alma que vendimos hace tiempo. Por eso, la valentía de Caravaca al hacernos sabedores de un mundo con poca pasión y ética es bien loable y arriesgada; con ella nos relata esas sendas que necesitamos transitar para sobrevivir como especie.</p>
<p>Su prosa es cinematográfica, líquida y trabajada pacientemente ―me lo imagino a través de una copa de vino en la lobreguez de una estancia, inventando sueños sin cumplir y maneras de despertar a las musas dormidas― y su atrevimiento en el vocabulario es una punzada en el costado que te obliga a levantarte y revisar de nuevo vocablos olvidados en los dos volúmenes de la RAE que tengo en mi estantería: aguardan entre mi cristalería de vino que espera a ser llenada por el líquido ancestral mientras leo sus páginas empapadas de sensualidad y de demasiadas verdades olvidadas.</p>
<p>Ay, el olvido…nunca nos consuela por culpa de los escritores.</p>
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		<title>Hunos políticos</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jul 2019 09:17:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[No se escandalicen ustedes aún; no he cometido ninguna falta de ortografía en el título de este artículo. Esa h tiene un porqué, o un quién, más bien dicho: Atila, rey de los hunos cuya frase atribuida &#8220;Yo soy el martillo del mundo&#8230;donde mi caballo pisa no crece la hierba&#8221; da cuenta de la destructividad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No se escandalicen ustedes aún; no he cometido ninguna falta de ortografía en el título de este artículo. Esa h tiene un porqué, o un quién, más bien dicho: Atila, rey de los hunos cuya frase atribuida &#8220;Yo soy el martillo del mundo&#8230;donde mi caballo pisa no crece la hierba&#8221; da cuenta de la destructividad en sus conquistas y purgas y sobre cómo le hizo la vida imposible al pobre Teodosio de Roma, mareándolo como una perdiz, con el ahora te dejo tranquilo y ahora te invado.</p>
<p>Leo en un artículo del National Geographic (que siempre tiene mucho empaque) que Atila invadió el Imperio Romano y llegó hasta las puertas de su capital para socorrer a la hermana del emperador, Honoria, con la que deseaba casarse. Amoroso propósito (si no contamos con los cientos de muertos que dejaría tras la estela de su caballo).</p>
<div id="attachment_155" style="width: 862px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/07/Atila-el-Huno.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-155" loading="lazy" class="size-full wp-image-155" src="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/07/Atila-el-Huno.jpg" alt="Atila, rey de los hunos." width="852" height="678" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/07/Atila-el-Huno.jpg 852w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/07/Atila-el-Huno-300x239.jpg 300w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/07/Atila-el-Huno-768x611.jpg 768w" sizes="(max-width: 852px) 100vw, 852px" /></a><p id="caption-attachment-155" class="wp-caption-text">Atila, rey de los hunos.</p></div>
<p>Ahora viene la comparación con nuestro políticos, también con un comportamiento similar al pueblo huno pero no con tan amoroso propósito. Los que ya no son concejales, diputados y alcaldes queman los fuertes que ya no van a gestionar dejando tras de sí un caos de presupuestos y proyectos culturales que quedan a mitad y, peor aún, sin pagar, entre muchos otros como sociales o económicos; pero la cultura es siempre la primera víctima en esta película de terror político que estamos viviendo. Y, claro está, todo esto solo para joder al que viene detrás y que lidie con esas personas a las que los antiguos políticos han abandonado sin tener la más mínima consideración por su esfuerzo y trabajo, o destituido tras estar al frente de una gestión digna.</p>
<p>Entonces, aquellos que ocupan sus nuevos cargos vuelven a subirse al caballo de Atila (por si aún queda algo en pie) y terminan por asestar el espadazo a los avances que se han logrado en la anterior legislatura, peleando como quien engulle carroña.</p>
<p>La diferencia entre el pueblo huno y ellos reside en que los primeros aniquilaban con aquello con lo que, de momento, no se sentían identificados cultural y socialmente. Pero los humanos solemos aprender de nuestros errores (a veces) como aquel gesto de Isabel la Católica al preguntar, sentada en el trono del rey Boabdil (último califa de Al-Andalus) qué eran esas letras que rodeaban toda la estancia; al decirle que afirmaban &#8220;Solo Alá es el Dios verdadero y Mahoma es su profeta&#8221; ella se negó a destruir dichas inscripciones, argumentando la gran belleza de la sala de los Reyes. Para ella, era un despropósito borrar semejante plenitud arquitectónica.</p>
<p>Pero, parece ser, que a nuestros políticos se las trae al pairo y no creen en absoluto que la cultura sea un valor digno de conservar legislatura tras legislatura y la devoran como Saturno a sus hijos.</p>
<p>Reflexionando me vienen dos ideas a la cabeza; la primera es obvia: la clase política no es digna de confianza, ni siquiera aquella que, en principio, luchó por tus proyectos. La segunda es que seguimos siendo una sociedad deficitaria en ética del trabajo para valorar la labor de miles de profesionales que nos dejamos la piel en un campo tan árido como es la cultura en España.</p>
<p>Y, ¿saben ustedes? Siempre se les echó la culpa a la gobernante comunidad cristiana sobre la quema de libros en la biblioteca de Alejandría. En realidad, tanto Julio César, como la intolerancia cristiana, la posterior invasión musulmana e incluso la propia dejadez de su ciudadanía autóctona acabó con ella. Blancos, azules, rojos o verdes se comportaron de igual vil y despreocupada manera y gobernantes y gobernados se cruzaron de brazos ante el desastre. Las generaciones siguientes son las que pagaron el pato, claro,  perdiéndose una fuente de conocimiento albergada en los miles de libros desaparecidos.</p>
<p>Más de viente siglos después, seguimos así: entre todos la mataron y ella sola se murió.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>«Esto es la guerra»</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jan 2019 12:20:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lidón Sancho</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Esa es la frase que la jefa de mi amiga le dijo cuando mi amiga le preguntó porqué no le había permitido cambiar el turno de Navidad con una compañera para poder estar con su hijo. Fue la reacción a la protesta de las trabajadoras por unos horarios de «revolución industrial» que ni les permite [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esa es la frase que la jefa de mi amiga le dijo cuando mi amiga le preguntó porqué no le había permitido cambiar el turno de Navidad con una compañera para poder estar con su hijo. Fue la reacción a la protesta de las trabajadoras por unos horarios de «revolución industrial» que ni les permite hacer descansos entre turnos y que son tratadas como ganado.</p>
<p>Ahora me vendrá el lector resabiado diciéndome que la opresión laboral ha existido desde que el mundo es mundo pero ya no me vale la excusa histórica a un grave problema social que afecta no solo al ámbito laboral. Esa problemática la llamo el «síndrome del apocalipsis» donde habitan dos grupos: aquellos que han sobrevivido a la hecatombe y colaboran entre ellos en un mundo hostil y aquellos que piensan que su supervivencia es lo primero y se convierten en caníbales.</p>
<p>Describo al caníbal social: es aquella persona que, viéndote por el retrovisor prácticamente en paralelo contigo, se incorpora igualmente al carril y a ti te toca frenar; al que no pone en intermitente en ninguna de sus maniobras; al que pasa en rojo, le pitas y te insulta a ti; al que te roba pero lo suficiente para que sobrevivas y sigas pagando; al que sentado, sin mirarte desde su mesa de médico, te dice que te ahogas porque tienes ansiedad (y no porque llevas una infección pulmonar desde hace una semana) y te receta medicamentos que te vuelven imbécil; al que te cruzas en el ascensor y no responde a los buenos días; al que usa el teléfono sin cascos y a ti te toca escuchar su música de mierda o simplemente es aquella persona al que le importa un carajo tu bienestar.</p>
<p>Quien no se haya dado cuenta de cómo van las cosas es precisamente un miembro de este grupo. Este comportamiento social es pasivo y activo, es decir, se es un caníbal por omisión de auxilio o por comisión de dicha acción. Y es grave que esto suceda justo ahora porque estamos ―desde mediados de la década de los 90― ante una revolución emocional donde los estudios médicos sobre las emociones se han triplicado. Sabemos más de lo que sentimos y, sin embargo, nos hemos vuelto más crueles e insensibles.</p>
<div id="attachment_138" style="width: 610px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/01/18957511.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-138" loading="lazy" class="size-full wp-image-138" src="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/01/18957511.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx.jpg" alt="Esto es Mad Max, señores. Foto: George Ogilvie." width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/01/18957511.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx.jpg 600w, https://static-blogs.lasprovincias.es/wp-content/uploads/sites/26/2019/01/18957511.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><p id="caption-attachment-138" class="wp-caption-text">Esto es Mad Max, señores.<br />Foto: George Ogilvie.</p></div>
<p>No permitáis ya que nadie vuelva a deciros «esto no es personal» porque todo lo es: el trabajo, las amistades, las interacciones del día a día, la cajera que te sonríe, la persona que te empuja en el metro y no se disculpa, el funcionario que te ayuda con un papeleo o el político que te ha mentido…porque todo lo que somos es emocional y la inteligencia no va ayudarte a sentirte mejor cuando alguien te rechace.  La ciencia desestimó al corazón y ahora la ciencia se desdice y pide perdón. Se disculpa por relegar de lo imprescindible aquello que nos hace ser humanos.</p>
<p>Miro a mi alrededor y me espanta las relaciones sociales que tenemos: veo amor en mis interacciones personales pero la mayoría de los días me encuentro ante un pasotismo social donde las personas no solo son islas sino que, frente a sus intereses, arrollan al desconocido o desconocida para llegar ellos antes a una meta mediocre. O tenemos mucho dolor y nos sobra el ajeno o es que no calculamos bien las consecuencias que nuestros actos pueden dañar al otro.</p>
<p>Y ahora, dime, ¿de qué grupo eres tú?</p>
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