{"id":273,"date":"2020-11-07T03:39:20","date_gmt":"2020-11-07T02:39:20","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mihijomellama\/?p=273"},"modified":"2020-11-07T03:39:20","modified_gmt":"2020-11-07T02:39:20","slug":"virus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/mihijomellama\/2020\/11\/07\/virus\/","title":{"rendered":"VIRUS"},"content":{"rendered":"<p>La delgadez de Agust\u00edn, su cara con ojos saltones que conflu\u00edan en una nariz afilada y su despeinado pelo gris rizado, le daban un aire crispado a su peculiar figura. Bruscamente abri\u00f3 la puerta de la tienda y fue directo al mostrador. El dependiente, con las gafas sobre la frente, el ce\u00f1o fruncido, recostado sobre su asiento y con los brazos en jarras, estaba ensimismado mirando a la pantalla de su ordenador como si algo no fuese bien.\u00a0 Agust\u00edn carraspe\u00f3 molesto y, como ni siquiera le miraba, le espet\u00f3:<\/p>\n<p>\u2015\u00bfEs que no piensa atenderme?<\/p>\n<p>El empleado alz\u00f3 la vista sin apenas mover la cabeza, le mir\u00f3 pausadamente como si le estuviese analizando, y con voz pesarosa, mientras se levantaba, le dijo:<\/p>\n<p>\u2015S\u00ed, s\u00ed. Naturalmente que pienso atenderle. \u00bfQue desea el se\u00f1or?.<\/p>\n<p>\u2015Quiero uno de esos programas que se anuncian tanto -dijo Agust\u00edn-, esos que bloquean a ese virus inform\u00e1tico tan peligroso capaz de transmitirse electr\u00f3nicamente por la red, que hace enfermar a las personas y puede producir hasta la muerte.<\/p>\n<p>Agust\u00edn era un sujeto pusil\u00e1nime muy obsesionado por su salud debido a la r\u00e1pida expansi\u00f3n de la segunda ola de la pandemia del coronavirus, por lo que apenas sal\u00eda de su casa y casi siempre estaba sentado delante de su ordenador. Su angustia vital se increment\u00f3 por las noticias de las redes sociales que se refer\u00edan a una nueva epidemia provocada por otro virus que se propagaba electr\u00f3nicamente a trav\u00e9s de la red, por internet, y que contagiaba a los usuarios, provoc\u00e1ndoles convulsiones que pod\u00edan llegar a ser mortales.<\/p>\n<p>Esa misma ma\u00f1ana sinti\u00f3 que se hab\u00eda infectado por ese virus cuando se despert\u00f3 muy temprano y, como era su costumbre, lo primero que hizo fue encender su ordenador. Al comenzar a pulsar el teclado, percibi\u00f3 un agudo escalofr\u00edo por la punta de los dedos que se propag\u00f3 como un calambre repentino por los brazos, y lleg\u00f3 hasta la cabeza, dej\u00e1ndole bloqueado e imp\u00e1vido. No supo qu\u00e9 hacer, sent\u00eda escalofr\u00edos por todo su cuerpo, pero sus manos estaban tan sudorosas como su frente. Pens\u00f3 que se iba a desmayar, pero no ocurri\u00f3 nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Entonces record\u00f3 que la noche anterior, antes de acostarse, hab\u00eda recibido la informaci\u00f3n de que ese nuevo virus transmit\u00eda una corriente el\u00e9ctrica a trav\u00e9s del ordenador que contagiaba al usuario cuando al encenderlo comenzaba a teclear, tal y como \u00e9l acababa de hacer. Comprendi\u00f3 que no le hab\u00eda ocurrido nada grave porque las descargas peligrosas se produc\u00edan al pulsar las teclas tras una posterior conexi\u00f3n, como ocurre en las reacciones anafil\u00e1cticas. De eso sab\u00eda mucho Agust\u00edn, porque era al\u00e9rgico y conoc\u00eda que las segundas reacciones son las que pueden ser m\u00e1s agudas y mortales.<\/p>\n<p>El empleado le mir\u00f3 circunspecto, esta vez de arriba abajo, puesto que ya estaba de pie. Era uno de los tipos raros que hab\u00edan venido preguntando por lo mismo, debido a esas noticias alarmantes que circulaban desde hac\u00eda unos d\u00edas por las redes sociales, pero que deb\u00edan ser <em>fakes<\/em>. Dud\u00f3 si decirle que todo eso eran cuentos sin fundamento, pero al fin y al cabo apenas ten\u00eda clientes, porque la gente sal\u00eda muy poco de sus casas, as\u00ed que le sigui\u00f3 la corriente a ver cu\u00e1nto daba de s\u00ed aquel extra\u00f1o personaje.<\/p>\n<p>\u2015Pero \u00bfqu\u00e9 tipo de antivirus quiere, se\u00f1or?<\/p>\n<p>\u2015Pues mire, el m\u00e1s potente que tenga, a ver, a ver\u2026<\/p>\n<p>Agust\u00edn miraba receloso por todas las estanter\u00edas repletas de cajitas de elementos para ordenadores, escudri\u00f1ando como quien quiere evitar que le oculten algo. Hab\u00eda paquetes sin abrir amontonados por los suelos, relacionados con todo tipo de aparatajes y accesorios inform\u00e1ticos. Intent\u00f3 mover unas cajas para ver qu\u00e9 hab\u00eda detr\u00e1s, pero el dependiente intervino para desviar su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2015Mire aqu\u00ed usted, se\u00f1or, estos antivirus son los mejores, tal vez sean los m\u00e1s caros, pero seguro que as\u00ed bloquear\u00e1 cualquier contaminaci\u00f3n de su ordenador. Ll\u00e9vese tranquilo cualquiera de ellos. \u00c9ste, por ejemplo -dijo con rotundidad.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfSeguro que es el mejor?- respondi\u00f3 Agust\u00edn-. No me importa que sea el m\u00e1s caro, es cuesti\u00f3n de vida o muerte, \u00bfes que no lo entiende?.<\/p>\n<p>\u2015S\u00ed, s\u00ed se\u00f1or, claro que lo entiendo- dijo el empleado, cansado de aquel sujeto y ya dispuesto a venderle un programa antivirus que antes o despu\u00e9s le ser\u00eda de utilidad. Al fin y al cabo era lo que ped\u00eda-. Mire usted, este antivirus es muy efectivo, por eso vale 120 euros, pero le aseguro que quedar\u00e1 muy satisfecho.<\/p>\n<p>Agust\u00edn se fue a su casa desconfiando de todo, pero con el antivirus en su mano. No hab\u00eda dicho nada a su mujer para no asustarla. Como al salir no hab\u00eda apagado el ordenador, seguir\u00eda encendido a su llegada y as\u00ed podr\u00eda instalar el antivirus sin riesgos, pues el \u00fanico peligro era si lo encend\u00eda de nuevo, ya que en ese caso cuando \u00e9l pulsase el teclado se reinfectar\u00eda y tendr\u00eda las convulsiones malignas.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, la mujer de Agust\u00edn, era corpulenta, de apariencia opuesta al fr\u00e1gil aspecto de su esposo. Su t\u00f3rax era ancho y fornido con brazos largos y las manos grandes. Al contario de su marido sonre\u00eda mucho, lo que ampliaba su ampulosa cara de carrillos sonrosados y labios prominentes.\u00a0 Su ocupaci\u00f3n preferente eran las labores del hogar por lo que habitualmente vest\u00eda un bat\u00edn de andar por casa y unas zapatillas de fieltro con suelas de goma. Esa ma\u00f1ana Mar\u00eda ten\u00eda en su cabeza la limpieza a fondo del despacho de su marido.<\/p>\n<p>Aprovechando su ausencia, Mar\u00eda limpi\u00f3 todos los recovecos del despacho, sobre todo debajo del enjambre de cables que rodeaban al ordenador. Ten\u00eda miedo de que le diese la corriente as\u00ed que, como otras veces que estaba sola, desconect\u00f3 la regleta que daba la electricidad a todos los aparatos. Cuando acab\u00f3 no le fue dif\u00edcil encender el ordenador, como hab\u00eda hecho en otras ocasiones, para que su marido no se percatase de nada, pues no le gustaba que le tocaran sus cosas.<\/p>\n<p>Mar\u00eda estaba en la cocina cuando oy\u00f3 a su esposo abrir la puerta.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Hola! -le dijo desde lejos-. \u00bfC\u00f3mo te ha ido?<\/p>\n<p>\u2015Todo bien -le respondi\u00f3 Agust\u00edn-, y se fue a su despacho.<\/p>\n<p>Mar\u00eda estaba cocinando cuando oy\u00f3 un golpe seco seguido de ruidos sordos como de muebles movi\u00e9ndose. Al abrir la puerta del despacho vio a Agust\u00edn en el suelo, inconsciente, con los labios amoratados, espuma por la boca y convulsionando sin parar. Desesperada sin saber qu\u00e9 hacer grit\u00f3 auxilio, y su vecina llam\u00f3 a urgencias.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La delgadez de Agust\u00edn, su cara con ojos saltones que conflu\u00edan en una nariz afilada y su despeinado pelo gris rizado, le daban un aire crispado a su peculiar figura. Bruscamente abri\u00f3 la puerta de la tienda y fue directo al mostrador. 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