Antaño presumía de no correr con su bólido no contaminante; daba lecciones a los amigos. Hasta aquel día

El cazador de radares, cazado: tres veces en menos de 12 horas | Nyas Coca - Blogs lasprovincias.es

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Paco Huguet

Nyas Coca

El cazador de radares, cazado: tres veces en menos de 12 horas

Antaño presumía de no correr con su bólido no contaminante.
Daba lecciones. 
Hasta aquel día

Antaño era un conductor ejemplar, o eso decía, de esos a los que no solamente no multaban sino también de esos que no corrían. Este amigo de un amigo, con su bólido no contaminante, no tenía prisa por llegar. Y presumía de ello. De no haber sido nunca multado por exceso de velocidad (que de otras de aparcamiento no confesaba nada, como si eso no fuera un comportamiento incívico, egoísta, aunque bien es cierto que eso no suponía “poner en riesgo la vida de otras personas, nano”). Vacilaba incluso de conocer la ubicación exacta de todos los radares fijos y la habitual de los móviles, en 100 kilómetros a la redonda de sus trayectos habituales, aunque no le hiciera falta saberlo.

Hasta aquel día. Tres radares en menos de 12 horas. Nyas coca! (¡Toma castaña!).


El caso es que gozaba de meter baza en las conversaciones sobre tráfico y los límites de velocidad. Se enfadaba con los conductores que se quejaban de los elevados límites de velocidad. De los que dicen que los coches de ahora tienen muchas prestaciones que reducen los riesgos propios (de los ajenos no hablan) y que para qué hacen coches que corren tanto. Que si van a recaudar... Que si es más peligroso ir siempre a 120… Que si lo peligroso es lo mal que están las carreteras (que en algunos casos también). Que si tal… Que si cual…

Hasta aquel día.

Radar en la V-30, cerca de Xirivella. / LP

Este amigo de un amigo, disfrutaba bromeando con los amigos a los que multaban por velocidad. ¿Pero cómo es que no sabías que ahí hay un radar? ¿Pero no sabes que ahí siempre se ponen? Él era un cazador de radares. Los olía cinco kilómetros antes de llegar, incluso aunque  no hubiera una señal de aviso.

El presumía de conocer a qué velocidad saltaban los radares en función del límite marcado (vamos, la regla esa de 7 u 8 km/h de más hasta 90 km/h). Presumía de conocer la ubicación de los radares de Valencia. Hasta aquel día.

Y aquel día llegó. Tres radares lo cazaron. Tres. Tres en un mismo día. En menos de 12 horas.

Aquel día llegó sin verlo venir.

Radar en la A-23, en la provincia de Teruel.

Cierto es que, según cuenta este amigo de un amigo (que a saber), tampoco corría demasaido aquel día, como era habitual en él. La primera multa que le llegó fue del tercer radar en cazarlo; el tercero en el mismo día. Y era casi de madrugada, cerca de Teruel, en la A-23, concretamente en el km 88,6, más o menos entre la Puebla de Valverde y Sarrión. En medio de la nada, este amigo de un amigo pensó que un OVNI se le venía encima, porque se iluminó la noche. Justo iba adelantando, siempre sin correr demasiado, a 133. Pero la señal marcaba 120 y, con ese límite, el cinemómetro se activa a 131. Un tramo sin aparente peligro. ¿Para qué un radar ahí? Es una ligera pendiente descendiente, el bólido quizá se acelera… Cien euros de multa (la mitad si pagaba pronto). Y eso sí, cero puntos.

La segunda amigable carta de la Dirección General de Tráfico que le llegó a este amigo de un amigo correspondía a la segunda multa de ese mismo día, a mediados de octubre de 2015. Ese radar estaba por Pamplona. En la A-15, casi entrando en la ciudad. Kilómetro 127 o por ahí. Señal de 80. Velocidad del vehículo no contamitante: 93 km/h. De nuevo, apenas muy poco margen por encima de los 88 km/h a los que salta el radar. Cien euros más, bueno, cincuenta. Y, de nuevo, cero puntos.

Pasan los días y aquel día fatal parece haber caído en el olvido, de no ser por aquel lince al que a punto estuvo de atropellar este amigo de un amigo por Zaragoza. Un lince o un primo segundo, que no lo tiene muy claro. Por suerte, como no le gusta correr, puede desacelerar lo suficiente y esquivarlo… Ya fuera un gato montés, un lince o un tigre de bengala, se libró por lo pelos.

Hasta que llegó ese otro día.

Hasta que llegó ese otro día en que arribó otra amable carta. Esta vez del departamento de tráfico de la República Francesa. Era de aquel mismo día de octubre de 2015. No hay dos sin tres, amigacho. Decía la cartita que circulaba entre Biarritz y Hendaya el señor que no corre a 59 km/h por una vía (interurbana) con límite de 50, pero que se la dejaban en 54 km/h (porque quitan 5 de margen). Aquí el tema, con sanción reducida se iba a 90 euros. Cero puntos porque, por suerte, este amigo de un amigo no tiene permiso de conducir francés-

Antaño no corría (hoy tampoco). Jamás le había multado (por velocidad), tras 20 años de carnet. Tres en día. Nyas coca! (¡Toma castaña!). Ahora vas y presumes de que correr es peligroso.

Hasta luego.

No corran.

Me escuece Españistán. Si me pinchan no me sale horchata.

Sobre el autor

Blog personal sobre cosas útiles, reflexiones superfluas y opiniones varias sobre actualidad social, política choricera, series, libros y demás asuntillos serios y no tanto. De vez en cuando, viajes, escapadas, excursiones y propuestas de ocio.

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