{"id":143,"date":"2020-03-19T18:01:35","date_gmt":"2020-03-19T17:01:35","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=143"},"modified":"2020-03-19T18:01:35","modified_gmt":"2020-03-19T17:01:35","slug":"y-dios-creo-saint-tropez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/03\/19\/y-dios-creo-saint-tropez\/","title":{"rendered":"Y Dios cre\u00f3&#8230; Saint-Tropez"},"content":{"rendered":"<p>Todas las historias de lugares costeros empiezan contando que, en alg\u00fan momento, fue un discreto pueblo de pescadores, con la evocaci\u00f3n de alguna escena sorollesca \u00a0de ni\u00f1os en la playa y bueyes estirando de las barcas. Esta no ser\u00e1 distinta: corr\u00eda el a\u00f1o 1956 y Brigitte Bardot, que todav\u00eda no era el mito que es hoy, se ba\u00f1aba en una peque\u00f1a y rec\u00f3ndita playa de piedra fina de un pueblo de pescadores.Era la playa de Ponche, solo separada por una peque\u00f1a fortaleza defensiva del siglo XV y un bello paseo de unos cien metros salpicado por las olas del puerto de Saint-Tropez.<\/p>\n<p>La misma pel\u00edcula que hizo de Bardot el icono del cine franc\u00e9s (<em>Et Dieu cr\u00e9a\u2026 la femme<\/em>, de Roger Vadim), inici\u00f3 el mito de la Costa Azul en un peque\u00f1\u00edsimo pueblo de apenas cuatro mil habitantes a una hora en coche de la autopista m\u00e1s cercana. All\u00ed, en su atalaya en mitad del golfo al que da nombre, un pueblo discreto convertido en s\u00edmbolo del lujo y de la aspiraci\u00f3n m\u00e1xima; Saint-Tropez es el lugar m\u00e1s deseado del mundo y el pueblo m\u00e1s conocido de Francia.<\/p>\n<p>La Costa Azul tiene la fama de lugar para el derroche; de belleza, de placeres y \u2013sobre todo- de dinero. Los atascos de deportivos de lujo en La Croisette de Cannes, los yates millonarios apilados en \u2013el nombre lo dice todo- el muelle de los Multimillonarios de Antibes, o el desfile de moda constante frente al casino de Montecarlo son la imagen de una regi\u00f3n que todos conocen. Pero en el extremo contrario hay un oasis de calma en el que el pueblo de pescadores que siempre comienza las historias (Benidorm, Marbella\u2026) no ha cambiado desde su salto a la fama.<\/p>\n<p>A casi dos horas en coche desde M\u00f3naco, en el extremo oriental de la Costa Azul, Saint-Tropez encabeza una regi\u00f3n donde la pl\u00e9tora del lujo m\u00e1s exagerado se sustituye por la discreci\u00f3n de las buenas cosas. El peque\u00f1o pueblo de pescadores, rodeado por su puerto por un extremo y por peque\u00f1\u00edsimas playas de piedra, mantiene su esencia con calles estrechas por las que no circulan coches, casas antiguas de colores tierra, y peque\u00f1as plazas con alguna terraza.<\/p>\n<p>La discreci\u00f3n y la esencia del lugar no nos deben confundir: es un atractivo tur\u00edstico de primera magnitud, y prueba de ello es el atasco permanente que sufre la estrecha carretera que le brinda acceso durante los meses de verano (aunque hay alternativa: el helic\u00f3ptero y el yate, para los m\u00e1s pudientes, y el barco de l\u00ednea que parte de Port Grimaud y Saint-Maxime cada hora). Sin embargo, una vez se pone un pie en <em>St-Trop\u2019<\/em>, como familiarmente la llaman los veraneantes parisinos, no se percibe la congesti\u00f3n de los destinos tur\u00edsticos.<\/p>\n<p>Toda visita a Saint-Tropez debe comenzar paseando por su puerto, n\u00facleo neur\u00e1lgico de la bah\u00eda, donde en verano se agolpan los yates y es f\u00e1cil encontrar a celebridades de todo el mundo con pareo y sombrero de paja. Y es que el ambiente relajado es otro de las virtudes de este lugar. Desde personajes del papel <em>couch\u00e9\u00a0<\/em>espa\u00f1ol, como Tita Cervera o Carmen Lomana, hasta el pr\u00edncipe heredero de Arabia Saud\u00ed o el presidente Macron y su esposa, se mezclan entre los transe\u00fantes sin demasiada algarab\u00eda. Es parte del c\u00f3digo: nadie se\u00f1ala, nadie mira. Solo disfrutan de sus vacaciones.<\/p>\n<p>En el puerto est\u00e1 <em>La Sardine<\/em>, restaurante de aire moderno y relajado donde se sirve cocina simple pero r\u00e1pida y unos fant\u00e1sticos helados caseros \u2013el de pera mejora cada a\u00f1o-. Unos pasos m\u00e1s all\u00e1 de la <em>Cr\u00eaperie Bretonne<\/em>, fundada en 1950, donde Marie dirige una sala humilde y su hijo Victor sirve buen\u00edsimas galettes bretonas hechas con harina de sarraceno. Son el contraste con el lado m\u00e1s \u2018cool\u2019 de los muelles, donde se agolpan un pu\u00f1ado de restaurantes de nuevo rico, con decoraci\u00f3n brillante y recargada y espect\u00e1culos musicales o de fuego durante la cena, muy frecuentados por los turistas \u00e1rabes y rusos.<\/p>\n<p>Pero si hay un lugar esencial es <em>Le S\u00e9n\u00e9quier<\/em>, el bistr\u00f4t franc\u00e9s por excelencia de la Costa Azul, con una decoraci\u00f3n y una carta que recuerda a una versi\u00f3n veraniega de las cafeter\u00edas del barrio parisino de Saint-Germain-des-Pr\u00e9s. Abierto desde 1887, <em>Le S\u00e9n\u00e9quier<\/em> estaba all\u00ed antes incluso que lo que hoy conocemos por Saint-Tropez y por sus m\u00edticas mesas rojas de madera han pasado los escritores, fil\u00f3sofos y artistas que desde finales del siglo XIX desembarcaban en el puerto. Y, aunque no fue all\u00ed donde naci\u00f3 la tarta <em>trop\u00e9zienne <\/em>(una brioche dulce rellena de tres tipos de crema), dulce t\u00edpico del pueblo creado en 1955 por un pastelero del lugar, que se vende ahora en sus locales en toda la regi\u00f3n, sin duda la terraza del S\u00e9n\u00e9quier son el mejor lugar para degustarla.<\/p>\n<p>En Saint-Tropez hay dos ambientes: el pueblo y las largu\u00edsimas playas v\u00edrgenes de Ramatuelle, un municipio vecino pero que se integra en el ambiente y en la cultura popular tropeziana. Incluso quien odia la playa, tiene que ba\u00f1arse al menos una vez en la vida en la de Pampelonne, la m\u00e1s reconocida de toda Francia y \u2013a\u00fan as\u00ed- tranquila. Este magn\u00edfico arenal de varios kil\u00f3metros de longitud y aguas transparentes solo es accesible en coche hasta los aparcamientos cercanos, con plazas limitadas. No solo es maravilloso para el ba\u00f1o y el paseo, tambi\u00e9n es uno de los lugares m\u00e1s discretos que se pueden encontrar en toda Europa.<\/p>\n<p>El sosiego de la playa solo lo quiebran dos lugares que forman parte del relato gastron\u00f3mico franc\u00e9s pese a la simplicidad de sus platos, pues no se frecuentan por su comida sino por su ambiente relajado y su ubicaci\u00f3n privilegiada. El m\u00e1s popular, el hist\u00f3rico\u00a0<em>Le Club 55<\/em>, conocido en Espa\u00f1a por ser el chiringuito de playa preferido del rey Juan Carlos, donde se puede tomar desde un refresco a precio razonable hasta botellas a\u00f1ejas de Dom P\u00e9rignon de decenas de miles de euros, acompa\u00f1ado de platos abundantes y relajados de la cocina provenzal. Unos cientos de metros m\u00e1s abajo, <em>Tiki Beach<\/em> es un espacio abierto de aspecto polinesio donde se sirve comida playera tanto en mesa como en el <em>chill out<\/em>; justo al lado del \u00fanico alojamiento de la zona, el camping de caba\u00f1as tahitianas <em>Kon Tiki<\/em>, que permiten disfrutar de la playa saliendo directamente a la arena desde la cama \u2013eso s\u00ed, a unos precios respetables y por periodos m\u00ednimos de una semana-.<\/p>\n<p>El contrapunto con la calma y la exclusividad de Saint-Tropez lo pone la marina de Port Grimaud, una villa n\u00e1utica construida al estilo de Empuriabrava o Sotogrande, con un entramado de canales artificiales, que inspir\u00f3 a su modesto equivalente espa\u00f1ol, Port Saplaya. Un lugar para un paseo curioso y no demasiado interesante o para alquilar una embarcaci\u00f3n \u2013a precios mucho m\u00e1s razonables que en el puerto tropeziano- para pasar una ma\u00f1ana navegando las tranquilas aguas de la bah\u00eda.<\/p>\n<p>De vuelta a Saint-Tropez, los cin\u00e9filos querr\u00e1n visitar el museo dedicado al cine que ocupa una antigua caserna de la Gendarmer\u00eda francesa, en homenaje al filme de Jean Girault (<em>Le Gendarme de Saint-Tropez<\/em>) y tras un paseo de compras por las boutiques de las m\u00e1s prestigiosas casas francesas e internacionales, agolpadas en tres estrechas y agradables calles en un extremo del n\u00facleo urbano, si se trata de una ocasi\u00f3n especial, podemos disfrutar del selecto men\u00fa y la decoraci\u00f3n incre\u00edble que el restaurante de la firma de moda fundada por Christian Dior \u2013nombrado con el juego de palabras <em>Des Lices<\/em>-, o probar la cocina japonesa con inmejorables vistas del puerto en <em>Kinugawa<\/em>, la versi\u00f3n local del restaurante parisino. Pero, recuerde, <em>la tropezienne ne dit pas St.-Trop\u2019<\/em>.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todas las historias de lugares costeros empiezan contando que, en alg\u00fan momento, fue un discreto pueblo de pescadores, con la evocaci\u00f3n de alguna escena sorollesca \u00a0de ni\u00f1os en la playa y bueyes estirando de las barcas. 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