{"id":146,"date":"2020-03-29T20:03:27","date_gmt":"2020-03-29T18:03:27","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/?p=146"},"modified":"2020-03-29T20:39:35","modified_gmt":"2020-03-29T18:39:35","slug":"paris-un-paseo-por-la-rive-gauche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.lasprovincias.es\/reinterpretandoelmapa\/2020\/03\/29\/paris-un-paseo-por-la-rive-gauche\/","title":{"rendered":"Par\u00eds: un paseo por la rive gauche"},"content":{"rendered":"<p>En ocasiones me planteo c\u00f3mo ser\u00eda mi vida en otros lugares o qu\u00e9 lugar elegir\u00eda si tuviera que hacer las maletas de hoy para ma\u00f1ana, quiz\u00e1s en una de las circunstancias de la vida que para los afortunados occidentales nos son tan lejanas, como el exilio. Otras veces, como estos d\u00edas de confinamiento en los que escribo, siento la necesidad de pasear por calles distintas a las que veo por la ventana. Mi mente vuela siempre al mismo lugar: Par\u00eds. La <em>Ville Lumi\u00e8re<\/em>, la m\u00e1s bella ciudad del mundo\u2026 son mil los sobrenombres de la capital francesa. Par\u00eds es un lugar central en el mundo y en la historia, una de las no m\u00e1s de tres urbes globales, y uno de esos pocos lugares que todos reconocen sin haberlo visitado, pero que quiz\u00e1s no tantos conocen.<\/p>\n<p>Nuestro paseo por Par\u00eds ser\u00e1 hoy mi paseo por Par\u00eds. El que no puedo salir a dar. Por eso os voy a llevar a la <em>rive gauche\u00a0<\/em>(margen izquierda, en franc\u00e9s), la mitad de la ciudad que queda al sur del Sena; la menos tur\u00edstica y \u2013a la vez- la m\u00e1s parisina. Porque la imagen de Par\u00eds que todos tenemos, la de la ciudad bohemia, art\u00edstica, cultivada y discretamente elegante est\u00e1 a este lado del r\u00edo, a este lado de Francia y a este lado del mundo: la margen izquierda del Sena no son solo unos barrios, tambi\u00e9n es la historia del siglo XX de todo un pa\u00eds que sigue siendo un imperio cultural y el centro espiritual de una forma de ver la vida. La <em>rive gauche\u00a0<\/em>fue al existencialismo lo que Roma al catolicismo y no solo porque Jean-Paul Sartre escribiera sobre el ser y el vac\u00edo entre el bullicio sosegado de las cafeter\u00edas del <em>6\u00e8me arrondissement<\/em>, tambi\u00e9n \u2013y sobre todo- porque naci\u00f3 all\u00ed, alrededor de los caf\u00e9s en los que Sartre y Beauvoir ten\u00edan mesa fija, un esp\u00edritu intelectual que hoy todav\u00eda se conserva.<\/p>\n<p>Par\u00eds naci\u00f3 a este lado del r\u00edo. La antigua <em>Lutetia parisiorum\u00a0<\/em>romana se fund\u00f3 sobre lo que hoy es la rue Monge, entre el Jardin des Plantes y el m\u00edtico barrio Latino, justo donde encontramos el \u00fanico monumento romano rese\u00f1able de la ciudad de la luz: el anfiteatro romano, del que apenas queda la planta. Sin embargo, con la ca\u00edda de la ciudad romana y su desaparici\u00f3n tras las invasiones vikingas, la ciudad reconstruida en la isla de la Ciudad \u2013donde se encuentra la catedral de Notre-Dame- y expandida sobre la margen derecha, dej\u00f3 hu\u00e9rfano el otro lado del Sena hasta la irrupci\u00f3n de la universidad, que dio nombre a la <em>rive gauche\u00a0<\/em>durante varios siglos: <em>L\u2019Universit\u00e9<\/em>, por oposici\u00f3n a <em>La Cit\u00e9\u00a0<\/em>\u2013la isla- y <em>La Ville\u00a0<\/em>\u2013la margen derecha-, como nos recuerda Victor Hugo en su obra dedicada al magn\u00edfico templo g\u00f3tico.<\/p>\n<p>Podemos comenzar el paseo por el barrio Latino, alrededor de la Sorbonne, sede de la \u00fanica universidad parisina hasta su disoluci\u00f3n tras los acontecimientos de mayo de 1968. All\u00ed nos aguarda la mezquita m\u00e1s grande del mundo occidental, construida a principios del siglo XX en estilo \u00e1rabe magreb\u00ed, y posiblemente la m\u00e1s importante de cuantas podamos visitar quienes no somos musulmanes. Pero el templo m\u00e1s rese\u00f1able del <em>quartier\u00a0<\/em>no es la mezquita: subiendo en direcci\u00f3n hacia el Jard\u00edn de Luxemburgo, que alberga el Senado franc\u00e9s y tambi\u00e9n el modelo original de la estatua de la Libertad \u2013hoy lo que veremos es una r\u00e9plica-, que sirvi\u00f3 a Bartholdi para realizar la que fue regalada por los franceses a Estados Unidos, encontramos el Panth\u00e9on.<\/p>\n<p>Este templo c\u00edvico de estilo neocl\u00e1sico, aut\u00e9ntica catedral de la religi\u00f3n republicana, que toma el nombre del archiconocido monumento romano erigido originalmente por Agripa, es una construcci\u00f3n civil de planta eclesial, fue concebido inicialmente como iglesia, pero se dedic\u00f3 posteriormente a honrar a los h\u00e9roes nacionales franceses de la pol\u00edtica, las artes, las ciencias y las letras: desde Voltaire a V\u00e9il, pasando por Rousseau, Curie, Monnet, Dumas, Braille, o el arquitecto que da nombre a la calle frente al edificio que \u00e9l mismo proyect\u00f3, una de las m\u00e1s impresionantes de la ciudad, Soufflot \u2013quien, por cierto, se inspir\u00f3 para su c\u00fapula en otro monumento romano: la iglesia de la Academia de Espa\u00f1a -. Al menos para m\u00ed, la sensaci\u00f3n m\u00edstica que ofrece este edificio en el que se siente el peso de la historia y de la libertad es incomparable y quiz\u00e1s solo se le acerque, por la voluptuosidad arquitect\u00f3nica, la que ofrece la bas\u00edlica de San Pedro del Vaticano.<\/p>\n<p>Bajando de nuevo hacia el r\u00edo que nos gu\u00eda en este viaje, tras pasar frente a la no menos impresionante iglesia de Saint-Sulpice, que destaca en esta constante m\u00e1gica y deliciosa de edificios haussmannianos, est\u00e1 la plaza de Saint-Germain-des-Pr\u00e9s, el coraz\u00f3n del barrio m\u00e1s elegante y deseado de Par\u00eds, donde encontramos <em>Les Deux Magots<\/em>, mi cafeter\u00eda preferida del mundo.<\/p>\n<p>All\u00ed, sentados en la terraza, con vistas a la iglesia m\u00e1s antigua de Par\u00eds, cuyos or\u00edgenes datan del siglo VI, en una plaza amenizada por la m\u00fasica callejera y el reconocible ruido del tr\u00e1fico sobre el adoquinado de las calles hist\u00f3ricas de Par\u00eds. <em>Les Deux Magots<\/em>, que debe su nombre a la escultura de dos macacos que decora el lugar y que hoy da nombre a uno de los m\u00e1s c\u00e9lebres premios literarios franc\u00f3fonos, es un bistr\u00f4t franc\u00e9s fundado en 1885, cuando todav\u00eda estaba fresco el recuerdo de Napol\u00e9on III y de la reforma de Par\u00eds; posiblemente el m\u00e1s elegante y tradicional de todos ellos, con permiso de su vecino <em>Caf\u00e9 del Flore<\/em>.<\/p>\n<p>En su terraza, atestada siempre de turistas y personalidades locales de la pol\u00edtica, de la academia y de las artes, con las sillas perfectamente alineadas como es costumbre en Par\u00eds, a modo de un teatro de variedades donde se sirve comida y en el que el espect\u00e1culo es la vida de la ciudad, mientras se recuerda a Picasso, Hemingway, Breton, Aragon o Verlaine, habituales reconocidos del local, se pueden consumir platos sencillos y cl\u00e1sicos de la cocina francesa \u2013como el <em>croque Monsieur <\/em>o una simple <em>omelette au fromage<\/em>-, que dejan siempre algo de espacio en el est\u00f3mago para sus magn\u00edficos postres, entre los que destaca la <em>incontournable\u00a0<\/em>tarta Tatin, inventada en la ciudad. No s\u00e9 si una visita a Par\u00eds vale la pena si no se ha pasado por <em>Les Deux Magots<\/em>, pero lo que s\u00e9 seguro es que solo por visitar <em>Les Deux Magots<\/em> vale la pena viajar hasta Par\u00eds.<\/p>\n<p>La plaza de Saint-Germain-des-Pr\u00e9s, junto al bulevar hom\u00f3nimo, es el centro neur\u00e1lgico de un barrio burgu\u00e9s de precios desorbitados y una tranquilidad que nos recuerda que es all\u00ed \u2013y no en los Campos El\u00edseos o en la rue Rivoli, al otro lado del r\u00edo- donde vive el Par\u00eds m\u00e1s <em>class\u00e9<\/em>; pero tambi\u00e9n es un icono franc\u00e9s. Lo germanopratense, gentilicio del barrio, excede lo urbano y tiene significado pol\u00edtico: de all\u00ed surgi\u00f3 la gauche caviar, esa izquierda aburguesada mitterrandista que es el socialismo urbano franc\u00e9s y tambi\u00e9n all\u00ed se evoca cuando se habla de la derecha germanopratense, intelectual y educada en el barrio con independencia de su origen, que puebla los pasillos del Palais Bourbon y el Palais de Luxembourg \u2013sedes del parlamento franc\u00e9s, ambas en la <em>rive gauche<\/em>&#8211; y que ahora controla \u2013felizmente, confieso- el Palacio del El\u00edseo.<\/p>\n<p>Pero volvamos a nuestro relato y paguemos la cuenta, seguramente abultada, de <em>Les Deux Magots<\/em>. A pocos pasos de all\u00ed, en el cruce entre rue Jacob y rue Napol\u00e9on, a\u00fan podremos cargar algo para el paseo: en la pasteler\u00eda <em>Ladur\u00e9e<\/em> (justo frente a otra m\u00edtica brasserie parisima: <em>Le Pr\u00e9 aux Clercs<\/em>), inventora del celebre <em>macaron<\/em>, venden los mejores del mundo. Mientras los comemos \u2013mi preferido es el de frambuesa, aunque no rechazo ninguno de los frutales-, sinti\u00e9ndonos cineastas de la <em>Nouvelle Vague<\/em>, podemos seguir caminando siguiendo la rue Jacob, que pronto cambiar\u00e1 su nombre para ser una de las calles m\u00e1s famosas de Par\u00eds: la cinematogr\u00e1fica rue de l\u2019Universit\u00e9.<\/p>\n<p>Justo antes de que las placas nos indiquen el cambio de nombre, en el n\u00famero 56 de rue Jacob, se encuentra un edificio anodino, que no destaca entre la uniformidad parisina, en cuya discreci\u00f3n nos oculta uno de los acontecimientos m\u00e1s importantes de la historia universal. Porque as\u00ed es Par\u00eds, uno de esos pocos lugares donde han pasado tantas cosas que incluso las m\u00e1s importantes no lo parecen tanto. Pues, all\u00ed, en lo que fuera un destartalado hotel recientemente transformado en sede del Instituto de Estudios Pol\u00edticos (m\u00e1s conocido como Sciences Po), se encuentra el H\u00f4tel d\u2019York, en cuyas salas, el 7 de septiembre de 1783, se suscribi\u00f3 nada menos que el tratado de paz que reconoc\u00eda finalmente la independencia de los Estados Unidos: a un lado de la mesa se sentaban Benjamin Franklin, John Jay y John Adams; al otro, el plenipotenciario del rey brit\u00e1nico. Hoy lo hacen en el mismo lugar los estudiantes de la m\u00e1s prestigiosa\u00a0<em>grande \u00e9cole\u00a0<\/em>francesa. La actitud parisina nos har\u00e1 pasar por alto el hito si no nos fijamos bien: la placa que hasta hace unos a\u00f1os lo recordaba fue retirada. Discreci\u00f3n, ante todo.<\/p>\n<p>Si sigui\u00e9ramos por rue de l\u2019Universit\u00e9, sin abandonarla hasta el final, adem\u00e1s de pasar por una sucesi\u00f3n incesante de legaciones extranjeras, ministerios, la propia Asamblea Nacional francesa y algunos importantes museos como el de Quai Branly, ideado por el presidente Chirac para exhibir piezas de las culturas del ultramar franc\u00e9s, llegar\u00edamos hasta el Campo de Marte \u2013que, de nuevo, toma prestado el nombre a la capital italiana- y a la vista m\u00e1s sorprendente de la Tour Eiffel, que nos saluda impresionante solo cuando torcemos la cabeza, tras salir de la estrecha calle. Pero no ser\u00e1 en este paseo cuando nos detengamos a observarla, ya habr\u00e1 oportunidad. Al fin y al cabo, la Tour Eiffel tiene la peor vista de Par\u00eds: \u00a1no se ve la propia torre!<\/p>\n<p>Antes de llegar all\u00ed, solo tres lugares excusan nuestra atenci\u00f3n. Primero, el Museo Rodin, dedicado al escultor que le da nombre y que ocupa un <em>h\u00f4tel particulier<\/em>\u2013el nombre que reciben las mansiones burguesas francesas- justo frente al Hospital Nacional de los Inv\u00e1lidos, otro de los iconos republicanos, donde se rinde homenaje perpetuo a Napol\u00e9on I y donde, por cierto, est\u00e1 enterrado su hermano, el rey espa\u00f1ol Jos\u00e9 I, a quien sus sucesores le pusieron f\u00e1cil que hoy podamos considerarle el mejor del siglo XIX. Pero permitidme que dediquemos la tarde al Museo de Orsay, uno de los pocos del mundo que merecen las enormes colas a sus puertas.<\/p>\n<p>Este templo de las artes de toda clase, desde pintura y escultura hasta artes decorativas, ocupa el espacio magn\u00edfico de la antigua estaci\u00f3n de Orsay, en la calle que le da nombre \u2013y tambi\u00e9n sirve de metonimia para el ministerio de Exteriores franc\u00e9s-, justo frente al Sena, saludando con la mirada de sus torres-reloj al museo del Louvre, en la <em>rive droite<\/em>. La colecci\u00f3n del Orsay, gustosamente finita y abarcable, pero sublime, es de las m\u00e1s variadas e interesantes de Europa, aunque yo me limitar\u00e9 a pediros que no os march\u00e9is sin contemplar la escultura <em>L\u2019Ours blanc<\/em>, de Fran\u00e7ois Pompon, cuya mirada penetrante y sus l\u00edneas exquisitas inspiran una tranquilidad incomprensible, quiz\u00e1s m\u00e1gica. Aunque hasta nuestro oso ha llegado el mercado y la direcci\u00f3n del museo no ha perdido la oportunidad: hoy se expone en el centro del <em>Caf\u00e9 de l\u2019Ours<\/em>, la cafeter\u00eda principal del museo, cuyas mesas, en forma de barra, est\u00e1n orientadas hacia la escultura.<\/p>\n<p>Antes de que caiga la noche parisina y dediquemos las \u00faltimas horas de la noche a una cena en Vesuvio, el restaurante italiano m\u00e1s cl\u00e1sico del bulevar Saint-Germain, o quiz\u00e1s en alguno de los locales del bulevar Saint-Michel, mucho m\u00e1s concurridos y con un ambiente m\u00e1s festivo, no debemos perder la oportunidad de hacer una visita a <em>La Grande \u00c9picerie de Paris<\/em>. Esta enorme despensa <em>chic<\/em>de la capital francesa, es la tienda de alimentaci\u00f3n m\u00e1s famosa de la ciudad, que forma parte de los grandes almacenes cl\u00e1sicos de la <em>rive gauche\u00a0Le Bon March\u00e9<\/em> (\u2018A buen precio\u2019, en franc\u00e9s, aunque nada m\u00e1s lejos de su realidad presente). Si los supermercados del mundo tuvieran un rey, ser\u00eda \u00e9ste. All\u00ed podemos encontrar cualquier cosa que un <em>gourmand,<\/em>\u00a0un <em>bon vivant\u00a0<\/em>pueda desear: desde una oferta infinita de quesos franceses hasta una selecci\u00f3n de los espumosos m\u00e1s exclusivos.<\/p>\n<p>Eso s\u00ed, si el bolsillo o el h\u00edgado no nos permiten un <em>magnum\u00a0<\/em>de vino de Champagne, \u2013lo segundo, seguro; lo primero, depende-, podemos contentarnos con una copa en el bar dedicado exclusivamente a este oro l\u00edquido con burbujas en la c\u00faspide de la Tour Montparnasse: el \u00fanico rascacielos del Par\u00eds intramuros \u2013los hay fuera de los l\u00edmites de la ciudad- y el edificio m\u00e1s pol\u00e9mico de Francia alberga en su \u00e1tico un restaurante, <em>Le Ciel de Paris<\/em>, que adem\u00e1s de servir para la cena men\u00fas absurdamente caros y de dudosa calidad y desayunos a precio moderado y vistas exquisitas de la Tour Eiffel, cuenta con una barra destinada a los amantes del champagne. Sobre nuestro particular promontorio, en un taburete de cuero y entre las luces relajadas del sal\u00f3n de dise\u00f1o ecl\u00e9ctico que nos devuelve a la d\u00e9cada de 1970, podemos brindar por la libertad \u2013esa que no disfrutamos tanto como quisi\u00e9ramos mientras escribo estas l\u00edneas-, como si estuviera sonando La Marsellesa en el Rick\u2019s Caf\u00e9 de Casablanca, dici\u00e9ndonos que, pese a todo, siempre nos quedar\u00e1 Par\u00eds.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En ocasiones me planteo c\u00f3mo ser\u00eda mi vida en otros lugares o qu\u00e9 lugar elegir\u00eda si tuviera que hacer las maletas de hoy para ma\u00f1ana, quiz\u00e1s en una de las circunstancias de la vida que para los afortunados occidentales nos son tan lejanas, como el exilio. 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